La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

viernes, 28 de febrero de 2014

El discurso autoritario

Todo discurso autoritario supone una identificación masiva frente a aquello concebido como La Verdad. En los grupos de riesgo con características manipuladoras, cuya dinámica de abuso psicológico y emocional pretende abarcar por completo la vida de sus miembros, dicha Verdad se cristaliza en fundamento último de la existencia del grupo y del individuo; si es que puede hablarse deindividuo en estructuras que forcluyen las esferas de la intimidad y la identidad personal a favor de su disolución en la totalidad colectiva.
Remontándonos al modelo clásico de transmisión de la información, el discurso autoritario, sin importar el ámbito social en el que lo encontremos, presupone siempre a un emisor que se considera a sí mismo como garantía de verdad de aquello que enuncia. Por lo tanto, no hace falta confirmar lo que el emisor dice, no es necesario; la autoridad y la veracidad se confunden a su servicio. Su palabra es palabra plena, dado que la misma tiene su fuente y fundamento en un Otro infalible, absuelto de toda posibilidad de error, y a través del cual el emisor habla. Ese Otro es aquel tercero garante, al que se refería Roman Jakobson.

La voz del líder

Será la figura del líder, representante contemporáneo del legendario “flautista de Hamelin”, quien asumirá la transmisión de laVerdad en estos grupos; y cuya aceptación, sin disenso, será aquella puerta de entrada que conduzca a sus seguidores a la esperada trascendencia. Líder que, como ya se ha señalado en numerosas ocasiones, se erige como una figura carismática y dueña de un poder sagrado y fascinador, cuyos mandatos deben ser obedecidos sin oportunidad de réplica. Y es ese mismo poderdel líder el que va a permitir, a posteriori, la instrumentación de actitudes de desprecio, humillación, intimidación y exigencias hacia los miembros del grupo, manipulando sus sentimientos de culpa y otorgándoles el perdón, según la obediencia o rebeldía que muestren frente a sus mandatos divinos.

La personalidad autoritaria

Merece recordarse, en este contexto, aquel antológico escrito de Theodor Adorno, “La personalidad autoritaria”, que concebido para proporcionar una aproximación al psiquismo de los líderes totalitarios del siglo XX, encuentra total actualidad en nuestro tiempo a la hora de trazar un perfil de los líderes de los grupos de manipulación psicológica. Partiendo de la tesis de que debajo de todo fundamentalismo (ya sea político o religioso) subyace una mentalidad autoritaria, Adorno se proponía demostrar que existe una cierta estructura de personalidad, con una dinámica y conflictiva propias, que se exterioriza en conductas sociales prejuiciosas y reaccionarias hacia los demás. Entre dichas características de personalidad señalaba: su visión caótica del medio social, su moral rigorista apegada a la letra, su hostilidad interior proyectada, sus creencias persecutorias y su dificultad para apreciar las individualidades, como rasgos típicos al servicio de necesidades profundas que cumplirían una función imprescindible para que el líder logre conservar su sensación de integración e identidad personal, en personalidades íntimamente frustradas, y frecuentemente decepcionadas con sus propias capacidades.  Podrían hallarse allí, y en los casos más extremos, las raíces de la pulsión masoquista destinada a aportar su cuota de seguridad por el mecanismo de disolución del yo: la personalidad original, que rechazada, termina siendo disuelta en una entidad superior y poderosa (Dios, o cualquier otra entidad similar).

La escucha ausente

La transmisión unidireccional de la Verdad por parte del líder, conlleva además el olvido de su capacidad de escucha. Al decir de Roland Barthes, pareciera que los lugares de la misma ya estuvieran ocupados de antemano. Nos referimos, especialmente, a los dominios del creyente y del discípulo, tal como los señalara en “Lo obvio y lo obtuso”.  Su posesión de la Verdad obtura la posibilidad de un verdadero diálogo. La escucha queda tapada, negada, anulada por su saber obtenido. Solo queda el monólogo, enhebrado en su discurso autoritario.

Los razonamientos paralógicos

Otro aspecto característico del discurso totalitario del líder en estos grupos radica en la estructura de su mensaje. La sutileza del mismo responde al equilibrio entre razonamientos inverosímiles y una demostración, pretendidamente irrefutable, de los acertados fundamentos de sus tesis. La elaboración de este discurso se basa en la construcción de razonamientos paralógicos que, partiendo de una premisa correcta, se desenvuelven hasta distorsionarse, para desembocar en conclusiones cuasi delirantes. El psiquiatra Jean Marie Abgrall expone un ejemplo característico de este tipo de construcciones discursivas, que aunque tomado de un contexto ajeno a nuestro tema, nos sirve para ilustrar lo distintivo de esta forma de razonamiento: “La naturaleza está amenazada porque están muriendo los árboles. Hay que salvar a los árboles. Ahora bien, los castores derrumban los árboles para hacer sus presas. Para salvar a la naturaleza, hay que matar a los castores. Ustedes, los que aman a la naturaleza, ¡síganme y matemos a los castores!” [1]. Podemos ver que el postulado inicial es exacto, también lo son sus consecuencias, con la sola excepción de que los castores que se pretende eliminar forman parte también del equilibrio natural. Se derrumba con ello toda la lógica del discurso.

Aislamiento

El discurso autoritario puede arraigarse profundamente en la psique grupal, especialmente a partir de la instrumentación progresiva y velada del aislamiento al que son inducidos los miembros del grupo respecto a sus marcos de referencia habituales. Con distintas excusas, se los aleja temporaria o permanentemente de su familia, amigos, trabajo o estudios, lo que al dejarlos inestables, y en una situación de virtual orfandad, los obliga a apelar a nuevos marcos referenciales a los que poder aferrarse, siendo sólo los establecidos por el líder los que en ese contexto se hallan disponibles.

Dinámica maniquea y exaltación del conflicto

No debe dejar de señalarse el hecho de que todo discurso autoritario conlleva la necesaria existencia de un enemigo al que hay que derrotar (sea este la sociedad, el gobierno, o cualquier ente ajeno al grupo). Se trata de la dinámica maniquea característica frecuente de estas agrupaciones, la cual asentada en un tipo de pensamiento blanco/negro, concibe la lucha y el conflicto  como las únicas alternativas para el triunfo definitivo de la Verdad. Recurramos nuevamente a Barthes, en su imprescindible “El grado cero de la escritura”, a propósito del lenguaje político, tantas veces afín al lenguaje de los grupos manipuladores: “Encontraremos entonces, en toda escritura, la ambigüedad de un objeto que es a la vez lenguaje y coerción: existe en el fondo de la escritura unacircunstancia extraña al lenguaje, como la mirada de una intención que ya no es la del lenguaje. Esa mirada puede muy bien ser una pasión del lenguaje, como en la escritura literaria; puede también ser la amenaza de un castigo, como en las escrituras políticas: la escritura está entonces encargada de unir con un solo trazo la realidad de los actos y la realidad de los fines. Por ello el poder o la sombra del poder siempre acaba por instituir una escritura axiológica, donde el trayecto que separa habitualmente el hecho del valor, está suprimido en el espacio mismo de la palabra, dado a la vez como descripción y como juicio. La palabra se hace excusa (es decir un otra parte y una justificación). Esto, que es verdadero para las escrituras literarias, donde la unidad de los signos está incesantemente fascinada por las zonas de infra o de ultra-lenguaje, lo es más aún para las escrituras políticas, donde la excusa del lenguaje es al mismo tiempo intimidación y glorificación: efectivamente, el poder o el combate son los que producen los tipos más puros de escritura” [2]. Para Barthes, la exaltación de la lucha, desde un contexto de poder, es paradigma del más absoluto discurso autoritario.

Conocimiento o creencia

En “Cómo leer a Lacan”, el filósofo esloveno Slavoj Zizek destaca, a propósito de la psicología del fanático fundamentalista (todo buen líder manipulador lo es) el curioso hecho de que dichas personalidades no creen “en algo”, sino que lo saben directamente. Para el líder, La Verdad (sea que esta se traduzca en una supuesta revelación divina, en un conocimiento superior de cualquier índole, o en una teoría gradualmente desarrollada) supone una serie de enunciados cuasi empíricos que constituyen un conocimiento directo: no hay otra posibilidad, por lo tanto, que aceptarlos como tales, no requieren comprobación alguna. Curioso hecho que los distancia del más sincero creyente, para quien la fe y la consiguiente duda son las dos caras de una misma moneda. Todo fundamentalista, y todo líder fanático, considera sus principios una modalidad positiva de conocimiento. Es llamativo en ese sentido, tal como señala Zizek, la proliferancia actual de grupos en los cuales los significantes Ciencia o científico forman parte de su misma denominación grupal. Ello viene a señalarnos la pretendida reducción de la creencia al conocimiento positivo. Frente a lo sabido de hecho, solo resta la aceptación.
Aceptación que finalmente, encarnada en una obediencia ciega a los mandatos y propósitos de estos flautistas contemporáneos, procurará desterrar la singularidad y la autenticidad de sus seguidores, los cuales deslumbrados por sus melodías, serán espectadores pasivos de la claudicación del sujeto. Fuente: El psicoanalítico  

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



Temas

Lo más importante de este blog son tu experiencia, tus comentarios Your feedback






Form View Counter
ecoestadistica.com