La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

viernes, 28 de febrero de 2014

El discurso autoritario

Todo discurso autoritario supone una identificación masiva frente a aquello concebido como La Verdad. En los grupos de riesgo con características manipuladoras, cuya dinámica de abuso psicológico y emocional pretende abarcar por completo la vida de sus miembros, dicha Verdad se cristaliza en fundamento último de la existencia del grupo y del individuo; si es que puede hablarse deindividuo en estructuras que forcluyen las esferas de la intimidad y la identidad personal a favor de su disolución en la totalidad colectiva.
Remontándonos al modelo clásico de transmisión de la información, el discurso autoritario, sin importar el ámbito social en el que lo encontremos, presupone siempre a un emisor que se considera a sí mismo como garantía de verdad de aquello que enuncia. Por lo tanto, no hace falta confirmar lo que el emisor dice, no es necesario; la autoridad y la veracidad se confunden a su servicio. Su palabra es palabra plena, dado que la misma tiene su fuente y fundamento en un Otro infalible, absuelto de toda posibilidad de error, y a través del cual el emisor habla. Ese Otro es aquel tercero garante, al que se refería Roman Jakobson.

La voz del líder

Será la figura del líder, representante contemporáneo del legendario “flautista de Hamelin”, quien asumirá la transmisión de laVerdad en estos grupos; y cuya aceptación, sin disenso, será aquella puerta de entrada que conduzca a sus seguidores a la esperada trascendencia. Líder que, como ya se ha señalado en numerosas ocasiones, se erige como una figura carismática y dueña de un poder sagrado y fascinador, cuyos mandatos deben ser obedecidos sin oportunidad de réplica. Y es ese mismo poderdel líder el que va a permitir, a posteriori, la instrumentación de actitudes de desprecio, humillación, intimidación y exigencias hacia los miembros del grupo, manipulando sus sentimientos de culpa y otorgándoles el perdón, según la obediencia o rebeldía que muestren frente a sus mandatos divinos.

La personalidad autoritaria

Merece recordarse, en este contexto, aquel antológico escrito de Theodor Adorno, “La personalidad autoritaria”, que concebido para proporcionar una aproximación al psiquismo de los líderes totalitarios del siglo XX, encuentra total actualidad en nuestro tiempo a la hora de trazar un perfil de los líderes de los grupos de manipulación psicológica. Partiendo de la tesis de que debajo de todo fundamentalismo (ya sea político o religioso) subyace una mentalidad autoritaria, Adorno se proponía demostrar que existe una cierta estructura de personalidad, con una dinámica y conflictiva propias, que se exterioriza en conductas sociales prejuiciosas y reaccionarias hacia los demás. Entre dichas características de personalidad señalaba: su visión caótica del medio social, su moral rigorista apegada a la letra, su hostilidad interior proyectada, sus creencias persecutorias y su dificultad para apreciar las individualidades, como rasgos típicos al servicio de necesidades profundas que cumplirían una función imprescindible para que el líder logre conservar su sensación de integración e identidad personal, en personalidades íntimamente frustradas, y frecuentemente decepcionadas con sus propias capacidades.  Podrían hallarse allí, y en los casos más extremos, las raíces de la pulsión masoquista destinada a aportar su cuota de seguridad por el mecanismo de disolución del yo: la personalidad original, que rechazada, termina siendo disuelta en una entidad superior y poderosa (Dios, o cualquier otra entidad similar).

La escucha ausente

La transmisión unidireccional de la Verdad por parte del líder, conlleva además el olvido de su capacidad de escucha. Al decir de Roland Barthes, pareciera que los lugares de la misma ya estuvieran ocupados de antemano. Nos referimos, especialmente, a los dominios del creyente y del discípulo, tal como los señalara en “Lo obvio y lo obtuso”.  Su posesión de la Verdad obtura la posibilidad de un verdadero diálogo. La escucha queda tapada, negada, anulada por su saber obtenido. Solo queda el monólogo, enhebrado en su discurso autoritario.

Los razonamientos paralógicos

Otro aspecto característico del discurso totalitario del líder en estos grupos radica en la estructura de su mensaje. La sutileza del mismo responde al equilibrio entre razonamientos inverosímiles y una demostración, pretendidamente irrefutable, de los acertados fundamentos de sus tesis. La elaboración de este discurso se basa en la construcción de razonamientos paralógicos que, partiendo de una premisa correcta, se desenvuelven hasta distorsionarse, para desembocar en conclusiones cuasi delirantes. El psiquiatra Jean Marie Abgrall expone un ejemplo característico de este tipo de construcciones discursivas, que aunque tomado de un contexto ajeno a nuestro tema, nos sirve para ilustrar lo distintivo de esta forma de razonamiento: “La naturaleza está amenazada porque están muriendo los árboles. Hay que salvar a los árboles. Ahora bien, los castores derrumban los árboles para hacer sus presas. Para salvar a la naturaleza, hay que matar a los castores. Ustedes, los que aman a la naturaleza, ¡síganme y matemos a los castores!” [1]. Podemos ver que el postulado inicial es exacto, también lo son sus consecuencias, con la sola excepción de que los castores que se pretende eliminar forman parte también del equilibrio natural. Se derrumba con ello toda la lógica del discurso.

Aislamiento

El discurso autoritario puede arraigarse profundamente en la psique grupal, especialmente a partir de la instrumentación progresiva y velada del aislamiento al que son inducidos los miembros del grupo respecto a sus marcos de referencia habituales. Con distintas excusas, se los aleja temporaria o permanentemente de su familia, amigos, trabajo o estudios, lo que al dejarlos inestables, y en una situación de virtual orfandad, los obliga a apelar a nuevos marcos referenciales a los que poder aferrarse, siendo sólo los establecidos por el líder los que en ese contexto se hallan disponibles.

Dinámica maniquea y exaltación del conflicto

No debe dejar de señalarse el hecho de que todo discurso autoritario conlleva la necesaria existencia de un enemigo al que hay que derrotar (sea este la sociedad, el gobierno, o cualquier ente ajeno al grupo). Se trata de la dinámica maniquea característica frecuente de estas agrupaciones, la cual asentada en un tipo de pensamiento blanco/negro, concibe la lucha y el conflicto  como las únicas alternativas para el triunfo definitivo de la Verdad. Recurramos nuevamente a Barthes, en su imprescindible “El grado cero de la escritura”, a propósito del lenguaje político, tantas veces afín al lenguaje de los grupos manipuladores: “Encontraremos entonces, en toda escritura, la ambigüedad de un objeto que es a la vez lenguaje y coerción: existe en el fondo de la escritura unacircunstancia extraña al lenguaje, como la mirada de una intención que ya no es la del lenguaje. Esa mirada puede muy bien ser una pasión del lenguaje, como en la escritura literaria; puede también ser la amenaza de un castigo, como en las escrituras políticas: la escritura está entonces encargada de unir con un solo trazo la realidad de los actos y la realidad de los fines. Por ello el poder o la sombra del poder siempre acaba por instituir una escritura axiológica, donde el trayecto que separa habitualmente el hecho del valor, está suprimido en el espacio mismo de la palabra, dado a la vez como descripción y como juicio. La palabra se hace excusa (es decir un otra parte y una justificación). Esto, que es verdadero para las escrituras literarias, donde la unidad de los signos está incesantemente fascinada por las zonas de infra o de ultra-lenguaje, lo es más aún para las escrituras políticas, donde la excusa del lenguaje es al mismo tiempo intimidación y glorificación: efectivamente, el poder o el combate son los que producen los tipos más puros de escritura” [2]. Para Barthes, la exaltación de la lucha, desde un contexto de poder, es paradigma del más absoluto discurso autoritario.

Conocimiento o creencia

En “Cómo leer a Lacan”, el filósofo esloveno Slavoj Zizek destaca, a propósito de la psicología del fanático fundamentalista (todo buen líder manipulador lo es) el curioso hecho de que dichas personalidades no creen “en algo”, sino que lo saben directamente. Para el líder, La Verdad (sea que esta se traduzca en una supuesta revelación divina, en un conocimiento superior de cualquier índole, o en una teoría gradualmente desarrollada) supone una serie de enunciados cuasi empíricos que constituyen un conocimiento directo: no hay otra posibilidad, por lo tanto, que aceptarlos como tales, no requieren comprobación alguna. Curioso hecho que los distancia del más sincero creyente, para quien la fe y la consiguiente duda son las dos caras de una misma moneda. Todo fundamentalista, y todo líder fanático, considera sus principios una modalidad positiva de conocimiento. Es llamativo en ese sentido, tal como señala Zizek, la proliferancia actual de grupos en los cuales los significantes Ciencia o científico forman parte de su misma denominación grupal. Ello viene a señalarnos la pretendida reducción de la creencia al conocimiento positivo. Frente a lo sabido de hecho, solo resta la aceptación.
Aceptación que finalmente, encarnada en una obediencia ciega a los mandatos y propósitos de estos flautistas contemporáneos, procurará desterrar la singularidad y la autenticidad de sus seguidores, los cuales deslumbrados por sus melodías, serán espectadores pasivos de la claudicación del sujeto. Fuente: El psicoanalítico  

Artilugio de control en casa para pacientes con depresión mayor

Barcelona, 26 ene (EFE).- La Fundación i2CAT y el Parque Sanitario de Sant Joan de Déu han desarrollado un prototipo tecnológico que monitoriza en su hogar a pacientes con depresión mayor colocándoles sensores en el teléfono, las llaves, su reloj o su colchón para controlar su estado, actividad y posibles recaídas.
La Fundación i2CAT, un centro de innovación tecnológica creado por la Generalitat en 2003, ha presentado este proyecto europeo, en el que trabaja desde el año 2011, durante la celebración esta semana en Barcelona de la I Jornada eSalud Mental, en la que se han mostrado como las TIC pueden ayudar en los trastornos mentales.
El proyecto se denomina ‘Help4Mood’ y está pensado para que haga de “psicólogo virtual” y atienda a los pacientes desde casa, según Sebastià Sallent, director de la Fundación i2CAT.
Sallent ha desvelado que el proyecto iniciado hace tres años se encuentra ya en la recta final y que ya han desarrollado un prototipo que en breve será validado durante los ensayos clínicos finales en el Reino Unido, Rumanía y España.
En España, este ensayo se lleva a cabo en la ciudad de Barcelona, donde un grupo de pacientes del Hospital Sant Joan de Déu ha participado durante las diferentes pruebas piloto.
Según ha explicado Soraya Estévez, miembro del Área de eSalud y eDependencia de i2CAT, “el proyecto dispone de un sistema de monitorización del paciente que permite recolectar datos de modo no intrusivo y mediante el uso de sensores no estigmatizantes”.
Estos sensores han sido ubicados en el móvil del paciente, en la llave, en el reloj, así como en el colchón para saber, por ejemplo, si el paciente se pasa más horas estirado o durmiendo en la cama, síntoma que podría evidenciar una recaída en la depresión.
Estos datos son enviados automáticamente al centro médico, donde se analizan y, con los cambios observados, los médicos pueden prever si el paciente empeora y actuar preventivamente.
El sistema incorpora, además, la figura del agente virtual, que puede interactuar con el paciente, y también está diseñado para que periódicamente genere un informe de evolución del enfermo, documento que puede ser integrado en la historia clínica electrónica mediante el uso de protocolos de comunicaciones estandarizados, según sus impulsores.
En este proyecto, que cuenta con un presupuesto de 3 millones de euros financiados por el VII Programa Marco de la Unión Europea, también han colaborado la Universidad de Edimburgo, la Universidad Politécnica de Cataluña, la Universidad Politécnica de Valencia y la FVA (Italia).
Según Sallent, el objetivo final es crear un innovador sistema de monitorización del paciente de depresión mayor en su hogar “para conseguir un control más exhaustivo de su estado, evitando las recaídas y los desplazamientos innecesarios al hospital”.
El director de la fundación ha destacado la importancia de la innovación en las nuevas tecnologías basadas en Internet y cómo “con su aplicación se pueden mejorar y racionalizar los servicios sanitarios actuales manteniendo la calidad asistencial”. Fuente: psiquiatria.com


jueves, 27 de febrero de 2014

Llamado a la abolición del DSM y del CIE

Un amplio grupo de psiquiatras, liderados por el doctor S. Timimi, han enviado una petición formal al Colegio de Psiquiatras de Reino Unido en la que solicitan la abolición de los sistemas de clasificación diagnóstica, CIE y DSM. La petición se ha acompañado de una campaña de recogida de firmas en la plataforma Change.org, que, en el momento de redactar este artículo, contaba con el apoyo de más de 1.000 firmantes en tan sólo dos días tras su lanzamiento. En declaraciones a los medios, S. Timimi ha afirmado que: “El proyecto del DSM no se puede justificar, ni en sus principios teóricos ni en la práctica. Tiene que ser abandonado para que podamos encontrar formas más humanas y eficacesde responder a la angustia mental”.
En el comunicado, titulado “No más etiquetas diagnósticas” (No more psychiatric labels), realizan una revisión exhaustiva de los motivos y de la evidencia científica en la que sustentan esta posición, estableciendo las siguientes conclusiones:

Los diagnósticos psiquiátricos no son válidos.
El uso de los diagnósticos psiquiátricos aumenta la estigmatización.
La utilización de diagnósticos psiquiátricos no ayuda a la decisión sobre el tratamiento a elegir.
El pronóstico a largo plazo de los problemas de salud mental ha empeorado.
Estos sistemas imponen las creencias occidentales sobre los trastornos mentales en otras culturas.
Existen modelos alternativos, basados en la evidencia, para proporcionar una atención eficaz en salud mental.
El escrito, supone una declaración sin tapujos, de lo que estos psiquiatras consideran acerca del quehacer de su trabajo y del futuro de la salud mental. “La psiquiatría se encuentra atrapada en un callejón sin salida”, aseguran en la introducción al texto. La recopilación de estudios científicos sobre epidemiología, las investigaciones transculturales y los ensayos clínicos de eficacia del tratamiento “ponen de relieve hasta qué punto los datos son inconsistentes con el modelo médico dominante, basado en diagnósticos, y considerado como el paradigma organizativo de la práctica clínica”. “El uso continuado de los sistemas de clasificación diagnóstica para la realización de la investigación, la formación, la evaluación y el tratamiento de las personas con problemas de salud mental es incompatible con un enfoque basado en la evidencia, capaz de mejorar los resultados”. Por tanto,“ha llegado el momento de facilitar que la teoría y la práctica en salud mental superen este estancamiento, eliminando los sistemas de clasificación diagnóstica CIE y DSM”.
En relación con la etiología de los trastornos mentales, el comunicado señala que “el fracaso de la investigación científica básica para revelar cualquier disfunción biológica específica o cualquier marcador fisiológico  o psicológico que sirva para identificar un determinado diagnóstico psiquiátrico es sobradamente reconocido”. “La única excepción importante a la falta de apoyo sobre la etiología de un diagnóstico es el trastorno por estrés postraumático, que atribuye los síntomas al resultado directo de un trauma”. Además, “existe un amplio cuerpo de evidencia que vincula los episodios psiquiátricos, considerados como más graves, como las alucinaciones auditivas y la psicosis, a situaciones de trauma y abuso, incluyendo el abuso sexual, el físico y el racial, la pobreza, el abandono y el estigma”. Por este motivo, “es importante tratar de comprender las experiencias psicóticas dentro del contexto de la historia de vida de la persona. No hacerlo puede resultar perjudicial porque empaña y añade confusión acerca de los orígenes de las experiencias y conductas problemáticas, teniendo la posibilidad de ser entendidas”.
Los autores del texto se muestran preocupados ante la falta de validez de los sistemas de clasificación diagnóstica y manifiestan que  “el hecho de que la investigación científica básica no haya podido establecer ningún marcador biológico específico para ningún diagnóstico psiquiátrico, pone de manifiesto que los sistemas de clasificación actuales no comparten el mismo valor científico para pertenecer a las ciencias biológicas que el resto de la medicina”. Sin embargo, afirma el comunicado, “nuestra incapacidad para encontrar correlatos biológicos no debe ser vista como una debilidad. En lugar de empeñarnos en mantener un línea de investigación científica y clínicamente inútil, debemos entender este fracaso como una oportunidad para revisar el paradigma dominante en salud mental y desarrollar otro que se adapte mejor a la evidencia”.
A este respecto, el documento recoge los estudios y meta-análisis que avalan la eficacia de determinadas intervenciones psicológicas, así como las investigaciones sobre el efecto placebo asociado a los psicofármacos, afirmando que el modelo biologicista en enfermedad mental está obsoleto. El desequilibrio bioquímico en el que se basa el tratamiento farmacológico en salud mental, “no se ha podido demostrar”, según señala.
Asimismo, detallan los graves perjuicios que puede suponer para las personas ser tratadas bajo la perspectiva biológica (la estigmatización, la falta de búsqueda de las verdaderas causas del problema, la confianza ciega en la medicación…), así como los riesgos y la falta de eficacia del tratamiento farmacológico, citando las investigaciones, incluso realizadas por la Organización Mundial de la Salud, que evidencian, al comparar transculturalmente poblaciones de personas con trastorno mental que no habían recibido ningún tratamiento farmacológico con personas con trastorno mental que sí lo habían recibido, que  “los pacientes con trastorno mental, fuera de EE.UU. y Europa, presentan unas tasas de recaída significativamente más bajas y son significativamente más propensos a alcanzar una plena recuperación y menor grado de deterioro a largo plazo, aunque la mayoría haya tenido un acceso limitado o nulo a medicación antipsicótica”.
“En resumen, parece que actualmente contamos con una evidencia sustancial que muestra que el diagnóstico en salud mental, como cualquier otro enfoque basado en la enfermedad, puede estar contribuyendo a empeorar el pronósticode las personas diagnosticadas, más que a mejorarlo”, señala el documento. “Por lo tanto, la única conclusión basada en la evidencia que se puede extraer es que los sistemas psiquiátricos diagnósticos formales, como el DSM y el CIE, deberían abolirse”.
Como alternativa, el grupo de psiquiatras que ha elaborado el documento, propone la implantación de nuevos paradigmas, basados en la evidencia, “que pueden ser desarrollados e implementados fácilmente”, e instan a la colaboración y el debate conjunto con otros profesionales de la psicología, sociología, filosofía, medicina, etc. Concluyen su comunicado, enumerando los siguientes “buenos puntos de partida”, tanto en la búsqueda de factores causales como en la realización de la práctica clínica:
Etiología: las investigaciones sobre la estrecha asociación entre situaciones traumáticas, sobre todo, en la infancia y adolescencia, y trastornos mentales como la psicosis, dan cuenta de que los factores contextuales deben integrarse en la investigación.
Práctica Clínica: Si bien los resultados sobre la eficacia del tratamiento farmacológico no ha mejorado en 40 años de investigación, existen otras alternativas, “en áreas tan diversas como los servicios de psicoterapia, los servicios comunitarios en salud mental, abuso de sustancias e intervención con parejas”, que han incorporado el peso que juega la alianza terapéutica o el apoyo social en la eficacia de la intervención, mejorando la eficacia de las resultados. Determinados movimientos basados en un enfoque de “recuperación” o “rehabilitación”, en vez de en un modelo de enfermedad y de clasificación diagnóstica, así como los programas que defienden un modelo integrado de atención a la salud mental y física, “son buenos ejemplos de cómo la evidencia puede incorporarse para facilitar un cambio de la cultura institucional”.
En definitiva, el texto supone un reconocimiento formal de las aportaciones y de la eficacia de las intervenciones psicológicas, así como del paradigma biopsicosocial y del enfoque basado en la rehabilitación, que defiende esta rama de la ciencia. Lo insólito del documento, es que es un hito que esta afirmación esté siendo avalada por un grupo de psiquiatras, comprometidos con su profesión y preocupados por mejorar la atención que se presta en salud mental.

jueves, 20 de febrero de 2014

La ética del psicoanálisis

por Marcelo Augusto Pérez El PSICOANÁLISIS es ante todo una ética, luego una técnica orientada a una praxis de orden clínico. Siendo entonces una ética no puede quedar enmarcado en un estricto campo teórico-académico que autorize su Acto. Un diploma no autoriza a un analista. Mucho menos un diploma en psicología. Creemos que muchos se equivocan si siguen pensando que un certificado por sí mismo puede autorizarlos en su actividad. No sólo se equivocan sino que caen en una gravísima falta-de-ética al creer que un conjunto de materias (y de docentes) es suficiente para avalar un acto; acto que se sostiene bajo transferencia y que, no pocas veces, horroriza a más de uno. ¿Qué es lo que autoriza a un abogado, a un artista o a un mecánico? Parecería que en los últimos dos se ve claro que no es un diploma; pero resulta a veces dudoso en el primer caso. ¿Por qué? ¿Por ser una actividad que se estudia en una facultad? ¿No es acaso necesario adquirir un saber para la mecánica automotriz y ni hablar para quien se considere un Artista en toda su extensión? ¿No caerán las profesiones-académicas en una paradoja gravísima al pensar que un par de sellitos detrás de un diploma es suficiente para sostener una actividad? Hablo desde el lugar de quien estudió y se recibió de Licenciado en Psicología: es decir que llevo trás de mí la impronta de un dato empírico y la vergüenza ajena de algunos colegas que creen que ese dato es condición suficiente para recibir pacientes en su consultorio. En realidad es suficiente si uno los recibe para hacer psicología. Pero para hacer psicoanálisis eso no es suficiente, máxime cuando quizás sea mejor analista un antropólogo o un filósofo o un médico que un psicólogo. Obviamente, si un médico funciona como analista y no como médico. Hacer psicoanálisis no es hacer psicología: el psicoanálisis no es una psicología. Ni siquiera, ni mucho menos como se pretende rotular la materia en ciertas facultades, psicología-profunda. El descubrimiento Freudiano subvierte al sujeto de la certeza, esto es al "pienso, luego existo". Lo que el psicoanálisis viene a contarnos es otra historia; justamente "soy donde no me pienso". ¿Y qué quiere decir esto? Esto quiere decir que las "leyes" de la conducta que tanto importan a la psicología; el Yo que se trata de fortificar como si fuese un órgano carente de vitaminas; las estadísticas generales que sirven para crear técnicas de diagnósticos que rotulan y clasifican al ser humano... todas estas tendencias bien llamadas científicas (y cuanto más se acercan a las experiencia animal, biológica, parecen que son más científicas aún); todas ellas, digo, no hacen más que alejar al psicoanálisis de la psicología. Quizás sea la psicología, como lo expresó alguna vez M.Foucault, el principal enemigo del psicoanálisis. El hombre no hace lo que quiere, sino lo que puede. Hay Otra escena que le sucede: es allí donde no se piensa. No tiene la culpa de ser así; pero nunca está libre de responsabilidad. No hablamos pues de "culpas", sí de un accionar ético para con el otro. La psicología es el estudio de la conducta. Para ello tiene herramientas bien firmes: técnicas de exploración proyectivas y psicométricas, entre otras, le sirven al psicólogo para sacar un diagnóstico en base a ciertas cosas que le han ocurrido a otros y en otros tiempos. El psicólogo, al igual que el médico, mira al paciente: con esa mirada puede saber si está bien vestido, si usa anteojos, si tiene un dedo cortado, si camina cojo. Todo esto es un buen material para que el psicólogo pueda seguir su trabajo de diagnóstico. Para el psicoanálisis la conducta, así como la inteligencia, o la bondad y las buenas costumbres; son un dato más; muchas veces -sino casi siempre- engañosos. Seríamos muy inocentes si a juzgar por cómo viste un analizante podríamos elaborar un diagnóstico de estructura. Nada puede decir el psicoanálisis por la conducta de un sujeto; repito: nada. Si un sujeto se pone a gritar en una esquina cualquiera y, a la vez, a romper vidrios de un coche y, a la vez, a golpear a la gente: eso, para los psicoanalistas, no significa más que un sujeto que grita, rompe vidrios y golpea. No podemos decir que es un psicótico, ni un perverso ni un neurótico. Podríamos, en todo caso, decir que está cometiendo una locura. Pero de locuras estamos rodeados por doquier: obsesivos que se lavan díez veces las manos después de saludar, histéricas que forman largas filas durante largas noches para ver a su ídolo, obsesivos que recorren los baños de las estaciones de trenes en busca de sexo; histéricas que se involucran en "magias y brujerías" de todo tipo o en rituales compulsivos e históricos ; obsesivos que pierden millones de pesos en varias horas a la ruleta, etc., etc., etc. Locuras por doquier... Hasta el rito de no dar la sal en la mano (parece una locura, ¿no?) pertenece al orden de la neurosis obsesiva: pero esto es sólo un rasgo, no una estructura: el psicoanálisis descubre rasgos perversos en estructuras neuróticas, rasgos obsesivos en estructuras histéricas, rasgos psicopáticos en estructuras obsesivas, etc. Si bien el diagnóstico es importante para abordar un análisis; a los psicoanalistas nos tiene sin cuidado si un sujeto ve un negrito o una negrita en la lámina III del Rorschach; o si no responde las catexias negativas del Cuestionario Desiderativo. Si bien los test proyectivos (que basan su concepción justamente en la idea de lo inconsciente) pueden servir a que la psicología sea más científica y más dura (y de hecho son las técnicas aceptadas en los ámbitos Forenses) para el psicoanálisis esto no hace más que engordar el discurso Universitario y el discurso Amo de la ciencia. Y, a decir verdad, este Saber Amo es la demanda del paciente; Saber que miles de psicólogos ( ignorando acaso que lo Inconsciente rebalsa de sabiduría ) pretenden cubrir e incluso con una respuesta en forma de Consejo. Paradoja inaudita si la hay: que se nos demande un consejo no es curioso; lo sorprendente es que los mismos profesionales no se-adviertan que estudiar una carrera universitaria no habilita para aconsejar a nadie. Parece que responder desde el lugar de la tía o del amigo puede resultar interesante. Lo importante, para el psicoanálisis, es el Uno por Uno y el Aquí y Ahora. ( Y esto para quienes creen que el psicoanálisis no es "gestáltico" ). Lo importante es todo lo que el sujeto dice sobre sus vínculos y su historia: sobre sus padres, sus parejas, sus amigos, sus hijos. ( Y esto para quienes creen que el psicoanálisis no es "sistémico" .) Lo importante, finalmente, es lo que el sujeto demanda expresar en ese momento, puesto que en el curso de su discurso se irá construyendo el mismo deseo inconsciente. ( Y esto para quienes creen que el psicoanálisis es psicología profunda: lo inconsciente no es lo profundo, es lo psíquico real y está en la cadena discursiva. ) Todo esto tiene implicancia clínica. No es lo mismo ir a una psicoterapia, en donde generalmente se "engorda" el Yo del paciente y este sale muy obeso, muy rellenito; que hacer un psicoanálisis, en donde el analizante hace su trabajo y paga por ello; en donde se deberá enfrentar con su vacío, con su angustia, con sus resistencias... No es lo mismo un terapeuta que al ver llegar al paciente lo ve rengo y cree que esto es ya un problema a tener en cuenta; que escuchar la palabra del analizante. En mis pasos por hospitales neuropsiquiátricos y en conversaciones con estos Amos de la Ciencia Psíquica, he llegado a escuchar que se diagnostica una estructura con solo observar ciertos eventos, que la psiquiatría llama "episodos", o por la forma de peinarse del paciente: son los mismos psiquiatras que después se llenan la boca diciendo que el psicoanálisis es cerrado y pasó de moda... Me pregunto a qué moda se refieren... quizás a la de la historia de la clínica que hace unos cuantos siglos viene estudiando el cuerpo muerto y creyendo que cuanto más se parecen las experiencias humanas a la de los animales más científica es la cuestión? [No todos los psiquiatras son así, desde luego: muchos saben que el Borda está lleno de obsesivos, el Moyano colmado de histéricas, y ambos contienen más pobres que locos.] Un analizante puede estar rengo, puede usar anteojos, puede vestir con colores fuertes: pero esto no habla de su síntoma: pensar lo contrario lo creo de un reduccionismo atroz, una verdadera miopía. Su síntoma es sólo áquel del que se queja. Del que se queja y quiere desembarazarse. Si su pierna coja no es motivo de queja, entonces esto no es un síntoma analítico. Y no hay forma de saber de qué se queja un analizante sino escuchándolo; sino cuando él HABLA. Sólo se le pide una cosa: hable. En psicoanálisis, un síntoma tiene estructura de lenguaje. Es, como un sueño, un fallido, un olvido; un significante que se está diciendo ( y hablo en presente para quienes creen que el psicoanálisis trata del pasado ) para ser escuchado dentro de una cadena discursiva. Esa cadena discursiva, ese bla-bla-bla, es lo que un psicoanalista debe escuchar en el curso de una sesión, ese discurso que el analizante dice sin saber de qué habla y, a la vez, diciendo lo que no quiere. La medicina responde a la demanda del paciente y vía farmacología, tapa el síntoma lo antes posible, para silenciar al dolor... Dos verbos encontrados: hable versus calle... a ver si se cansa. Ese verbo puede resultar, muchas veces, angustiante: siempre es mejor que el otro me resuelva todo con sólo mirarme. Muchas veces hacer psicología quiere decir hacer medicina; esto es: dar consistencia al narcisismo del paciente; seguir alienando identificaciones imaginarias con las que el paciente viene y las cual trata de sostener; taponar la falta, etc. Hacer psicología es muchas veces evaluar, diagnosticar y curar a un sujeto por vías de su conducta o de su vestuario (que acaso es sólo un disfraz). La ética del psicoanáliis implica no curar ( el sujeto se-sana, el analista no es ningún Salvador ); no aconsejar; no posicionarse en el rol del amigo o de la tía; no juzgar y ni siquiera rotular un cuadro clínico. Las brujas no existen pero sin embargo... No es menos sorprendente que, a las puertas del siglo XXI, miles de psicólogos se encarguen, con sus mejores intenciones, de dicho trabajo. En fin, no todo es oro ni todos los que vagan... Fuente: www.psicocorreo.com.ar 

Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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