La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

jueves, 6 de noviembre de 2014

¿Puede el sistema de salud mental causar paranoia?, de Tamasin Knight

Desde que me involucré activamente en la salud mental me he dado cuenta de que mucha gente etiquetada de paranoica ha tenido otro diagnóstico psiquiátrico previo. Esto hace que me plantee que tal vez la aparición de esta paranoia, en lugar de estar causada  por desequilibrios bioquímicos o incluso vulnerabilidades psicológicas, es probable que tenga sus raíces en la participación de la gente en el sistema de salud mental y como resultado del prejuicio y discriminación que reciben por parte de la sociedad.
Una vez que te diagnostican tienes que vivir sabiendo que posees menos derechos que un criminal, sabiendo que te pueden drogar forzosamente y sabiendo que el 46% de los psiquiatras son partidarios de quitarte aún más derechos con la introducción de órdenes de tratamiento obligatorio[1]. Dada esta situación, ¿de verdad es tan difícil comenzar a generalizar (especialmente cuando es probable que todo esto te lleve a estar sumido en un estado de desconfianza)? La persona diagnosticada puede comenzar hablando metafóricamente –el miedo de que el sistema de salud mental les persigue se transfiere a otra autoridad poderosa como el FBI o la Mafia–. La sensación de que la gente está conspirando contra ti o te están espiando también se puede explicar de esta manera. La mujer que se queja de que hay cámaras en su apartamento grabándola puede estar manifestando una reacción a experiencias de ser observada en la planta, o después de que hayan instruido a sus padres para monitorizar sus patrones de alimentación. Puede ser también que mucho de lo que los usuarios dicen que suena como paranoia sea en realidad un reflejo de la realidad que los profesionales de salud mental prefieren no reconocer. El hombre que dice que se hacen reuniones secretas sobre él puede estar describiendo perfectamente las reuniones en las que varios trabajadores de salud mental hablan sobre él. La persona que dice que le están robando sus pensamientos mientras le administran forzosamente neurolépticos se acerca bastante a la verdad.
Además, debido a la naturaleza del sistema de salud mental, parece que es perfectamente comprensible que la gente pueda verse afectada por un estado de desconfianza o “paranoia” más general como consecuencia del propio sistema, pero yo siento que se trata más bien de una respuesta natural al sistema –“¡Sólo por el hecho de estar paranoico no quiere decir que no vayan a por ti!” –. De hecho, siento que tal sospecha en ocasiones es necesaria si las prácticas opresivas e inútiles quieren ser cambiadas. Las numerosas excusas que te dan de porqué no puedes ver tus notas, y si llegas a ver que varias partes de ellas han sido tachadas, pueden hacer que la gente se pregunte: ¿qué están intentando esconder? Cuando los trabajadores de salud mental insisten en transformar todo lo positivo de ti en negativo – un alto logro se convierte en un síntoma de obsesión, tener ambición se convierte en grandiosidad – seguramente no sea difícil llegar a la conclusión de que están en tu contra. Y cuando sabes que, al menos algunas veces, te pueden internar sin ninguna duda es difícil no sentirse perseguido, no sentir que van a por ti. Se ha demostrado que la gente que vive bajo la opresión del racismo se vuelve más paranoica que la que no. Parece que es porque  la desconfianza auténtica y entendible como consecuencia del racismo se generaliza a otros ámbitos. Pero ¿no es posible que de igual manera la gente que está en un estado de desconfianza como consecuencia del sistema de salud mental pueda empezar a hacer inferencias “paranoides” sobre otras situaciones – y así los comentarios neutrales se conviertan en críticas y burlas, el sonido que se escucha en la planta de abajo en un ladrón –?
La discriminación que sufren por parte de la sociedad aquellas personas con diagnóstico psiquiátrico también juega un papel importante en el desarrollo de la paranoia. ¿Es realmente tan difícil para alguien que es rechazado en repetidas ocasiones para trabajos por utilizar los servicios de salud mental, alguien que vive entre vecinos prejuiciosos, alguien que tiene que soportar la dosis casi diaria de cobertura mediática negativa, llegar a sentir desconfianza en otras situaciones o de sus amigos? Cuando se unen a un nuevo grupo se suelen convencer de que otros miembros están hablando y riéndose de ellos. Si ves que toda la sociedad está tu contra, cuando entra gente nueva en tu vida… ¿qué evidencia tienes que te pueda convencer de que van a ser diferentes? De forma similar, si la gente está acostumbrada a que le traten de una manera injusta, cuando reciben una llamada sin respuesta en mitad de la noche, ¿qué prueba tienen de que no son los compañeros de trabajo intentando que no descanse para que lo haga mal en una evaluación al día siguiente?
De nuevo, la gente que ha sido discriminada por su diagnóstico puede hablar metafóricamente, o sus preocupaciones sobre los prejuicios pueden considerarse exageradas. Puede que me estén escuchando a través de las paredes. Puede que me estén mirando cada vez que salgo de casa. Puede que me estén leyendo la mente para aumentar mi sufrimiento. Sin embargo, después de escuchar a otras personas que han sido acosadas y realmente perseguidas por su diagnóstico, estas exageraciones parecen ser no sólo entendibles, sino objetivamente correctas. De hecho, considerando las condiciones bajo las cuales muchos usuarios tienen que vivir, parece ser que la persona que dice que otros “están contra mí” puede estar mostrando percepciones excepcionales acerca del prejuicio y la discriminación que a menudo se dirigen hacia las personas con diagnóstico psiquiátrico. En los casos en los que el prejuicio/discriminación parece jugar un papel mayor al causar el sufrimiento de alguien, quizá podría ser mejor ayudarle a enfrentarse al prejuicio más que intentar convencerles por medio de fármacos o terapia cognitivo-conductual de que viven entre vecinos encantadores, y que por tanto el problema está en ellos.
Estas dos causas propuestas, el sistema de salud mental y el prejuicio/discriminación, no son necesariamente dos factores separados. La combinación más obvia de ambas podría darse en el caso de trabajadores prejuiciosos de salud mental; pero también me parece que el asunto del diagnóstico está unido. A menudo he encontrado que el prejuicio parece estar causado por el diagnóstico en sí mismo, más que por las experiencias reales. Si le dices a alguien que tienes una “enfermedad mental” o le cuentas cuál es tu diagnóstico, el resultado pueden ser prejuicio e incomprensión. Sin embargo, si describes exactamente las mismas experiencias, diciendo por ejemplo cómo te sientes en lugar de utilizar el diagnóstico, la persona a la que le estás hablando será más comprensiva y presentará un comportamiento menos prejuicioso muchas veces. Por lo que puede ser que el prejuicio provocado por el proceso de etiquetado pueda ayudar a causar paranoia.
Podría parecer que hay muchas maneras de prevenir o reducir esta paranoia “secundaria”, pero creo que la principal y quizá más importante es simplemente el reconocimiento de que algunas de las prácticas utilizadas en los servicios de salud mental pueden inducir paranoia.
[1] Nota de PV: la autora del texto reside en Inglaterra, y por tanto estaríamos frente a una denuncia de lo que en nuestro país podría pretender llegar a ser el TAI: tratamiento ambulatorio involuntario, o dicho de otra manera: medicación forzosa.

martes, 15 de julio de 2014

La madre de Freud, Ferenczi y la teoría de la seducción

Por Samuel Slipp, M.D. 

El artículo de Ferenczi, “La confusión de lenguas entre el adulto y el niño”, presentado en el Congreso Psicoanalítico Internacional de 1932 en Wiesbaden, resumía los planteamientos finales de Ferenczi antes de su muerte, ocurrida poco menos de un año después del congreso. En este trabajo, el autor reafirma su “fuerte y creciente énfasis en el efecto de los factores traumáticos, los cuales han sido sistemáticamente desconsiderados en las tardías revisiones de la patojeaseis de la neurosis”. A lo largo de toda su vida, Ferenczi se había concentrado en la interacción entre la fantasía y la realidad externa. El se adhirió a esta convicción tan intensamente, que incluso se arriesgó a poner en juego su amistad con Freud a pesar de ser éste un vínculo profundamente valorado por él. Freud se había opuesto a la exposición de este artículo, pues él había previamente abandonado su Teoría de la Seducción en 1897, fecha a partir de la cual se focalizó fundamentalmente en los impulsos intrapsíquicos y en las fantasías.
En primer lugar, me gustaría considerar en este artículo, las razones por las cuales Freud habría abandonado su Teoría de la Seducción. Esta materia ha sido de gran interés para mi a lo largo de muchos años. En mi artículo “Factores Interpersonales en la Histeria: La Teoría de la Seducción de Freud y el caso de Dora” (Slipp, 1977), y en un reciente libro publicado por mi (Slipp 1984, me he permitido cuestionar su abandono de la Teoría de la Seducción y plantear algunos conflictos básicos de Freud en relación con su madre, como elementos implícitos a dicha decisión. En este sentido, he trabajado con la hipótesis de que Freud habría abandonado la Teoría de la Seducción, como una manera de negar el verdadero impacto traumático sufrido debido a la influencia de terceros, a partir de sus dificultades para manejar sus propios conflictos pre-edípicos con su madre.
Como un modo de aportar evidencia, que sustente esta hipótesis, usaré otro artículo de Sándor Ferenczi (1919), así como también un sueño de Freud y una carta de éste a Fliess. En el sueño de Freud (1900), que ocurrió en el periodo de la muerte y el funeral de su padre, en octubre de 1896, nos relata que en este sueño él veía un signo, parecido a los carteles impresos de “No fumar” que se encuentran en las salas de estación de trenes, y que decía: “Se ruega cerrar un ojo”. Me gustaría proponer al respecto que la significación del “ojo que él cierra”, simboliza su ceguera sobre las influencias traumáticas que terceros, especialmente su madre, habrían tenido en él, en tanto que el “ojo abierto” simboliza su capacidad de mirar sus propios pensamientos y sentimientos infantiles. Esta interpretación del anuncio impreso en este sueño, puede ser inferida también a partir de la carta escrita por él a Fliess el 3 de octubre de 1897 (Bonaparte et al., 1954),donde Freud le relata, que cuando tenía la edad de 4 años, y durante un viaje en ferrocarril en dirección a Viena, habría visto a su madre desnuda. No obstante, Freud condensó este recuerdo con otro que aludía a un anterior viaje en tren, donde él había observado unas columnas de fuego, posiblemente de gas, y las habría asociado con almas quemándose en el infierno. En esta misma carta, Freud le cuenta a Fliess que, siendo aun un niño, su nodriza habría tenido para con él conductas seductoras y habría sido quien le enseñó sobre la existencia del infierno. Posteriormente esta nodriza fue arrestada y súbitamente desapareció de la vida de Freud. Una hipótesis tentativa sería plantear que cuando Freud vio a su madre desnuda en el tren, pudo haber sentido sensaciones sexuales hacia ella, habiendo temido perderla, y ser eventualmente castigado.
Freud comienza su autoanálisis en julio de 1897, época en la que ya había abandonado la Teoría de la Seducción, tal como se refleja en la carta a Fliess del 21 de septiembre. Esto viene a reflejar con meridiana claridad, que Freud continuaría recordando un conjunto de experiencias de seducción por parte de su nodriza - en tanto madre sustituta- y también con su propia madre, a pesar de que él no incorporó en su posterior teoría de los impulsos, la consideración del real impacto de terceros. Los conflictos de Freud con su madre nunca serían analizados del todo, sin embargo ellos se habrían expresado en la fobia a los trenes que él sufrió a lo largo de su vida (Jones, 1953).
Una revisión de las distintas hipótesis, que otros autores han planteado en relación al motivo por el cual Freud abandonó la Teoría de la Seducción, es posible de ser realizada antes de continuar con el desarrollo de mi propia línea de pensamiento. Masson (1984), plantea que Freud estaba protegiendo a su amigo Wilhelm Fliess, quien había practicado una cirugía nasal a Emma Eckstein en febrero de 1895. Sin embargo, Freud no abandonó la Teoría hasta 1897, e incluso en fecha posterior (Jones, 1953). En el sueño de la inyección de Irma, Freud (1900) describe esta cirugía nasal y acusa abiertamente a Fliess (Otto en el sueño) por su incompetencia e irresponsabilidad. Es interesante notar que, en el tiempo de la publicación de este sueño en 1900, Freud y Fliess tuvieron una discusión en Achensee, y uno podría pensar si es que no habría una conexión directa entre estos dos eventos. Su amistad se deterioró gradualmente a partir de ese momento y terminó definitivamente 4 años después.
Otro autor, Krull (1986) postula que Freud habría abandonado la Teoría de la Seducción para proteger a su padre. Este autor considera el sueño antes citado, sobre el cierre de uno o ambos ojos, como un elemento determinante en la decisión adoptada por Freud. A pesar de reconocer que la interpretación preferida de Freud era la versión del cierre de un ojo, Krull hipotetiza que el mensaje onírico refería la admonición de no mirar en el pasado de su padre. Krull deduce que Freud se habría defendido de sus emociones frente a un padre que buscaba cubrir su vergüenza por ser un judío asimilado y por el hecho de haber tenido un encuentro sexual o un divorcio con una misteriosa mujer llamada Rebecca. En este planteamiento se considera que la mayoría de los seductores en la Teoría de Freud eran hombres, lo que podría haber implicado a su padre también. Sin embargo, Freud no era el hijo obediente, encubridor de las debilidades de su padre, como propone Krull. Por ejemplo, Freud fue muy crítico respecto de la sumisión de su padre, cuando a éste un no judío le botó el sombrero, como él lo describe en la Interpretación de los Sueños (Freud, 1900). Por otro lado, en la misma carta a Fliess de 1897 (Bonaparte, et al., 1954), Freud niega claramente que su padre tuviera algo que ver con sus síntomas neuróticos, y más bien plantea que su nodriza habría sido la única persona que habría sido seductora con él. Como se puede ver, la evidencia existente para sustentar las hipótesis de Masson y Krull son escasas.
Retomando el desarrollo de mi hipótesis de que Freud habría abandonado la Teoría de la Seducción debido a conflictos irresueltos con su madre, quisiera en primer lugar revisar los inicios de la relación matrimonial de los padres de Freud: Jakob y Amalie, y posteriormente las experiencias infantiles de Freud mismo.

Retrospectiva sobre Amalie Freud
El matrimonio de la madre de Freud, Amalie, con su padre Jakob en 1855, estuvo cargado de dificultades desde sus inicios. Amalie era una atractiva y joven mujer de veinte años, con una buena dote, quien provenía de una familia Vienesa de clase media. Ella no necesitaba casarse con Jacob, quien era 20 años mayor que ella, viudo con dos hijos, y que vivía en Freiberg, una pequeña ciudad en Moravia, que fue parte de Checoslovaquia después de la Primera Guerra Mundial. Por otro lado, la parte positiva, era que Jacob tenía un negocio establecido como comerciante de lanas, Emanuel, el hijo primogénito, ya estaba casado y vivía fuera de la casa y Philipp de 19 años, estaba probablemente pronto a partir. De este modo, cuando Amalie se casó y se fue a Freiberg, parecía existir la esperanza de una vida futura juntos a solas, es decir, económicamente segura.
Sigmund nació un año después del matrimonio, y su segundo hermano Julius, al año siguiente. En el segundo año de matrimonio los negocios de Jacob fracasaron, debido a la construcción de la nueva vía férrea septentrional que no se detenía en Freiberg, a la depresión económica y la inflación, y al boicot de las firmas judías a raíz del antisemitismo que siguió a la revolución Checa de 1848 (Jones, 1953). Así, la esperanza de Amalie de seguridad económica, como compensación por haberse casado con un viudo mayor, se esfumó. Pero esta no fue la única pérdida que ella tuvo que sufrir. En marzo de 1858, su hermano Julius murió de tuberculosis en Viena (Krull, 1986). En abril de ese año, su hijo Julius de seis meses de edad, también murió. Luego Amalie se embarazó de nuevo de su tercer hijo, Ana. Es posible suponer que Amalie no sólo podría haberse sentido desilusionada y atrapada en su matrimonio, sino que probablemente estaba de duelo por la muerte de su hermano y de su hijo.

Retrospectiva de Sigmund Freud
La temprana infancia de Sigmund Freud comprendió situaciones de gran confusión, como consecuencias de las repetidas mudanzas de la familia y también debido a la interrupción de muchos de sus vínculos significativos. Sigmund fue criado los dos primeros años de su vida por su nodriza, Resi Wittek, una mujer católica mayor de origen checo. A ella le estaba permitido llevar a Sigmund a la iglesia, y fue quien inculcó en él las ideas del cielo y del infierno. Amalie estaba enterada de esto, y le decía a Sigmund que debía venir de la iglesia y predicar a la familia. ¿Por que una madre judía permitiría que su hijo fuera llevado a la iglesia? ¿Estaba ella preocupada de sus embarazos y pérdidas?, ¿estaba alentando la asimilación de Sigmund para apalear los efectos del antisemitismo? o ¿estaba irritada con su marido? En 1897, en una carta a Fliess (Bonaparte et al., 1954), Freud reconoce sus sentimientos de culpa por sus celos infantiles y los deseos de muerte hacia su hermano Julius. El poco después de la muerte de Julius, se cayó de un taburete haciéndose un corte en la mandíbula, quedándole a consecuencia de esto, una cicatriz de por vida. Es posible interpretar que la caída de Sigmund de un lugar elevado y el hecho de haberse provocado una cicatriz, podrían simbolizar la pérdida de la disponibilidad emocional de su madre y una penitencia por su culpa.
Por otro lado, Freud, estaba confundido por la presencia de tres madres en su vida. El, en su infancia, las dividió de la siguiente manera. Pensó que su padre Jakob estaba casado con Resi, su nodriza. Ellos eran sus abuelos, ya que ambos eran ancianos y representaban figuras de autoridad. Esto fue confirmado por su sobrino John y su sobrina Pauline, quienes viviendo muy cerca, llamaban a Jakob, “abuelo”. Estos eran los hijos de María y del hijo mayor de Jakob, Emanuel. Sigmund llegó a la conclusión de que su otro hermanastro, Phillip, estaba casado con su madre Amalie, ya que ambos eran de la misma edad. De acuerdo con Jones (1953), esto parecía “ordenado y lógico, pero todavía estaba el delicado hecho de que Jakob, su padre, y no Philipp, durmiera en la misma cama que Amalie. Todo muy complicado”. Jones además, señala que en enero de 1859, un mes antes del nacimiento de Ana, Philipp sorprendió a la nodriza Resi robando y la hizo arrestar. Debido a que Sigmund sospechaba que Philipp estaba implicado en la desaparición, le preguntó por ella. Philipp le contestó a modo de juego, “Sie ist eingekastelt”, lo que literalmente significaba que ella había sido puesta en un cofre, sin embargo, como expresión coloquial quiere decir presa. Cuarenta años más tarde, Freud recuerda su llanto y su súplica para que Philipp abriera el cofre, por temor a que su madre también se hubiera perdido. En ese momento su madre entra. El había pensado que su desobediente hermano, había puesto también a su madre en el cofre. En análisis posteriores, Sigmund asoció el cofre con el útero, y debido a que había asociado a Philipp con alguien que “pone personas en cofres”, tuvo la fantasía de que su medio hermano y su madre habían estado juntos y que otro indeseado hermano nacería. Sigmund, como niño pequeño, temía que su madre real pudiera desaparecer, como lo había hecho su madre sustituta. De algún modo, esto estaría ligado a lo sexual, y su madre podría abandonarlo física y emocionalmente debido al nacimiento de otro hermano.
Pero, ¿porqué tendría Freud que asociar la desaparición de su madre o de su madre sustituta con el sexo? Yo sugeriría que fue a causa de su nodriza Resi. En 1897, en una carta a Fliess (Bonaparte et al., 1954) concerniente a la seducción, Freud señala “En mi caso mi padre no jugó un rol activo.....mi fundamental originador (de neurosis) fue una fea, vieja pero hábil mujer que me enseñó acerca de Dios y del infierno”. Freud pudo haber asociado la pérdida de Resi con un castigo por la actividad sexual, ya que ella era descrita como seductora y como la persona que le enseñó acerca de los castigos del infierno.
Es interesante notar, que en el último artículo de Ferenczi (1932), “Confusión de lenguas”, señala que después de que un adulto es seductor con un niño, el adulto puede poner su propia culpa en el niño, quien es entonces castigado. ¿Era el temor de Freud al castigo por la sexualidad, no sólo producto de su propia imaginación, sino también un efecto de las primeras experiencias seductoras de Resi, asociado a la amenaza con el infierno? Además, Ferenczi señaló que luego que un niño ha sido seducido puede desarrollar una sexualidad precoz. Freud (1899) recuerda en sus “Memorias Ocultas”, que él y su sobrino John tenían comportamientos seductores con su sobrina Pauline. El sueño tenía que ver con la desfloración de una niña y había también una mujer campesina que le ofrecía un delicioso pan negro. ¿Sería Resi la mujer campesina, quien lo había introducido en las delicias de la sexualidad temprana?.

La desnudez como medio de intimidación
El evento más significativo, que ensombreció el futuro de Sigmund Freud, ocurrió, en mi opinión, en marzo de 1860, cuando la familia, después de vivir un año en Leipzig, se trasladó en tren a Viena. En la misma carta a Fliess (1897), a la que se hace referencia anteriormente, Freud señala que “entre los dos y los dos años y medio de edad, la libido hacia su matrem había despertado, la ocasión debe haber sido el viaje con ella de Leipzig a Viena, durante el cual pasamos una noche juntos y debo haber tenido la oportunidad de verla nudam ... y el hecho de que recibí a mi hermano menor de un año (quien murió en pocos meses), con deseos agresivos y celos infantiles reales, dejando su muerte el germen de la culpa en mí. He sabido por mucho tiempo que mi cómplice en el crimen, entre el año y los dos años, fue un sobrino un año mayor que yo... Pareciera ser que ocasionalmente tratábamos a mi sobrina, un año menor, en forma ofensiva. Mi sobrino y mi hermano menor (Philipp) determinaron no sólo el lado neurótico de todas mis amistades, sino también su profundidad. Mi ansiedad de viajar, que usted ha podido ver en toda su magnitud”.
Existen algunas revelaciones en esta carta a Fliess, en las que Freud claramente señala la fuente de su neurosis. Cabe señalar, que hay un error en el tiempo, ya que el viaje en tren desde Leipzig a Viena ocurrió cuando Freud tenía casi cuatro años de edad, y no dos años y medio. El viaje en tren de Freiberg a Leipzig, ocurrió a los dos años y medio, y fue en este viaje, en el que vio las llamaradas de gas y pensó en las almas quemándose en el infierno. Según Jones (1953) Freud comprimió los recuerdos de estas dos experiencias en uno. En su recuerdo más temprano, su nodriza - la madre sustituta - fue seductora, mientras que en el recuerdo posterior, lo fue su madre ¿Tenía Freud temor de perder también a su madre, tal como había perdido a Resi, y de ser castigado en el infierno por su sexualidad? Una evidencia más del gran impacto producido en Freud al ver a su madre desnuda, es el hecho de que usara términos latinos para referirse al evento. En un fascinante artículo sobre la vida de Heinrich Schlieman, Niederland (1965) señala que los recuerdos de experiencias terroríficas pueden a menudo ser expresadas sólo intelectualmente, cuando son traducidas a una lengua extranjera. En este sentido, un individuo obtiene una distancia yoica que le permite manejar la experiencia abrumadora. Esto explicaría el uso de Freud de los términos latinos para madre y desnudo, para representar un evento descrito por su biógrafo Jones como “asombroso”.
Desearía ofrecer otro pedazo de evidencia especulativa, concerniente a la relación de Freud con su madre. Después del quiebre de su amistad con Fliess, Freud desarrolló una relación similar con Ferenczi. Ambos compartieron sus secretos y a menudo en sus trabajos se presenta material biográfico disfrazado. Me parece que el artículo de Ferenczi(1919) titulado “la desnudez como medio de intimidación” puede haber contenido material revelado por Freud.
En este artículo, Ferenczi describe a dos madres, que se exponen a su hijo con motivos sádicos. En el primer caso, la madre ha perdido inesperadamente a su hijo menor y está constantemente preocupada por el tema del suicidio. Esta sexualmente frustrada en la relación con su marido y ha transferido su atención al hijo mayor. Ella sabe que si se desviste y se baña desnuda enfrente del hijo sobreviviente, “el niño tendrá un recuerdo imperecedero que podría dañarlo e incluso arruinarlo por completo”. Ella entonces se adelanta a este hecho e inspira terror mediante su desnudez, consciente de sus sentimientos hostiles hacia su hijo. Incluso “tenía una fantasía en la que el trágico destino de su hijo mayor era transferido al menor”. ¿Pudo haber estado Ferenczi describiendo las experiencias de Freud con su madre desnuda, disfrazándolo al invertir el orden del hermano?. En el tiempo en que la familia de Freud se mudaba de Leipzig, ¿Podría haber tenido Amalie ideas suicidas, debido a que volvía a su hogar en Viena avergonzada de sus circunstancias?. Estaba casada con un hombre mayor, quien había fracasado de nuevo en sus negocios en Leipzig. Probablemente Jakob también estaba deprimido, pudiendo esto, afectar su relación matrimonial afectiva y sexualmente. Amalie había perdido a su hermano y a su hijo, y estaba embarazada de nuevo de su cuarto hijo. Este embarazo sólo la atrapaba a un matrimonio con un marido fracasado.
En el segundo caso expuesto por Ferenczi (1919) en su artículo sobre la desnudez, describe a una madre que se muestra desnuda frente a su hijo, a fin de asustarlo. Esto “curó” al niño de correr tras de la madre, y de la negación de dormir sin ella. ¿Era acaso Sigmund, ese pequeño e inseguro niño, cuya vida había sido perturbada por dos mudanzas y por la pérdida de significativas figuras de vinculación? ¿Tendría él miedo de perder a su madre, y por esto, le habría pedido dormir con ella?.
En la carta de Freud a Fliess relacionada con el haber visto a su madre desnuda, el siguiente pensamiento se refiere a la muerte de su hermano, frente a quien se sentía culpable. ¿Estaría la madre de Sigmund castigándolo por seguir vivo, mientras su hermano Julius estaba muerto?, ¿Le habrá traspasado ella su propia culpa a través de un mecanismo de identificación proyectiva?. ¿Sería en esta forma, en la que ambos casos mencionados en el artículo de la desnudez, se relacionarían con Freud? Ferenczi menciona la inundación de libido que provoca en la inmadura estructura yoica del niño, este tipo de experiencias, las que son reprimidas y expresadas en fobias. En el caso de Freud, su experiencia con la desnudez de la madre resultaría en el desarrollo de la fobia a los trenes por el resto de su vida.
Como comentario adicional, Freud (1900) elabora en La interpretación de los sueños, algo en relación con lo mencionado en su carta a Fliess, sobre su sobrino John y su hermano Philipp como determinantes de los aspectos neuróticos de todas sus relaciones de amistad. “En mi vida emocional siempre insistí en que debería tener un amigo íntimo y un odiado enemigo. Tuve siempre la habilidad para proveerme a mi mismo de ambos, y no ha pasado infrecuentemente, que la situación de mi infancia se reprodujera completamente, de que el amigo y el enemigo se dieran en una misma persona - aunque, por supuesto, no al mismo tiempo o con constantes oscilaciones, como pudo haber ocurrido en mi temprana infancia -”. Esto entrega algunas luces acerca de la relación de amistad de Freud con Ferenczi y también con Fliess, quienes inicialmente fueron sus amigos más cercanos y posteriormente fueron considerados como enemigos. Una podría preguntarse si habría ocurrido la escisión al interior del movimiento psicoanalítico si Freud no hubiera tenido estos aspectos neuróticos en su personalidad.
Aunque Freud señala que el era el hijo favorito de su madre, existe considerable evidencia de que su relación con Amalie tuvo un lado ambivalente. La descripción de Amalie hecha por Judith Berenays Heller (1956) y Martin Freud (1983) la retratan como una gran belleza, algo narcisista, impetuosa, melancólica y con un control tiránico sobre su familia. Ella prefirió siempre a sus hijos antes que a sus hijas, y vivía vicariamente a través de los logros de Sigmund. Jakob era descrito como un hombre de naturaleza bondadosa, cálido, simpático y soñador. Se veía a sí mismo como un fracasado, y de hecho no logró nunca restablecer su situación económica en Viena. La familia vivía en la pobreza y necesitó ayuda económica de sus hijos en Inglaterra y de la familia de Amalie. Esta es la constelación familiar que yo describiría (Slipp 1976,1984), como alentadora del desarrollo de una depresión. En esta familia, el padre dominante (aquí Amalie), presiona al niño a desempeñarse socialmente y vive vicariamente a través de él. El niño no se gratifica por el logro directamente, aunque el padre pudiera jactarse frente a otros, de los logros del niño, para alimentar su propio narcisismo. Llamo a esto la doble vinculación del éxito, en tanto el niño teme ser rechazado por el fracaso, pero no es recompensado por el éxito. Aunque el niño puede resentir esta presión y explotación, la agresión es reprimida por miedo al abandono. Resulta interesante que Freud mencionara haber sufrido neurastenia y depresión (Schur, 1972). Hay también evidencia, de que Freud tenía conciencia de su rabia reprimida. Jones (1953) cita a Freud dirigiéndose a su esposa Martha después de sus ocasionales arranques: “Ya que soy violento y apasionado, con toda clase de demonios que no pueden emerger, ellos retumban en mi interior o son liberados contra ti, mi querida”. En una carta de Freud a Breuer, (Jones, 1953) él plantea “incluso si llegara a ser Docente, la cátedra no sería mi interés fundamental, y mi Martha, una profesora nacida en Alemania, se quedaría sin su fina posición”. Pareciera existir una transferencia de la ambivalencia hacia su madre y su necesidad de vivir vicariamente a través de él, sobre su esposa Martha. Posiblemente la agresión de Freud hacia su madre, pudo también expresarse inconscientemente hacia su esposa, particularmente a través de la falta de interés sexual que él mostrara hacia ella a partir de los 41 años (Bonaparte et. al. 1954, carta a Fliess, 31 de octubre de 1897). A pesar de que su abstinencia pudo también estar relacionada con su ataque al corazón sufrido en 1894 (Schur, 1972) y con una medida de control de la natalidad.
Jones (1955) y Roazen (1984) reportan que Freud tenía ataques de indigestión antes de ser visitado por su madre los sábados. ¿Tenía Freud dificultades con “digerir” la presión de su madre, y de manejar su propia ambivalencia hacia ella? Cuando su madre murió a la edad de 95 años en 1930, Jones (1957) reporta que Freud le escribió comentándole acerca del aumento de sus sensaciones de libertad personal y de que no sufría ninguna aflicción. En cambio, su hermano Alexander lamentó profundamente su pérdida. Freud no asistió al funeral, siendo representado por su hija Anna. Freud plantea en esta carta que su falta de aflicción y pena, podría explicarse por la avanzada edad de su madre y por que su muerte constituía para ella una liberación del sufrimiento que padecía a raíz de la gangrena de su pierna, por la que requería morfina. El dice, “yo no tenía permitido morir mientras ella estuviera viva, (Freud ya tenía cáncer) y ahora puedo. De algún modo el valor de la vida ha cambiado notablemente en un estrato más profundo”. Así el planteamiento de Freud de no tener “permiso para morir” fue experimentado como una complacencia a las demandas de su madre. Su muerte sirvió aparentemente para liberarlo de estas demandas.
He presentado el abandono de la Teoría de la seducción por parte de Freud, por la imposibilidad de analizar sus reprimidos sentimientos ambivalentes hacia su madre. A través de su vida, sintió la presión de actuar para su madre, lo cual es característico en las familias de los depresivos (Slipp, 1976). El tenía un especial temor al abandono de su madre, debido a las experiencias que tuvo en la infancia. Estas incluyen el haber sido seducido por su nodriza y el mostrarse seductor hacia su sobrina, ambas desaparecidas. Así, Freud parece haber asociado la pérdida de los objetos con el castigo por el deseo sexual. En esencia, enfocándose sólo en los impulsos infantiles, Freud pudo evitar el tomar en cuenta las influencias de los otros. Haciendo que el objeto parezca pasivo, simplemente como objetivo de los impulsos infantiles, la actividad de los otros puede ser negada.
En su carta a Fliess en septiembre 1987, Freud, (Bonaparte et al., 1954), deja implícito que una vez rechazada la Teoría de la Seducción, podía sacarse el vestido de novia, ya que nunca sería una novia famosa. De hecho, Ferenczi probó ser el verdadero y leal amigo que fue, manteniendo la teoría de la seducción. Ferenczi continuó tomando en cuenta ambos lados: los eventos traumáticos externos y los impulsos del niño, y haciendo esto mantuvo la completitud de la teoría y el tratamiento psicoanalítico. Ferenczi rehusó dejar que Freud cerrara un ojo a la realidad externa, como en el sueño que había tenido en el tiempo del funeral de su padre. En su último escrito “La Confusión de Lenguas” (1932), Ferenczi reabre los dos ojos del psicoanálisis y combina las dos grandes contribuciones teóricas de Freud, la Teoría de la seducción y la Teoría del impulso, en una unidad.
Me gustaría reconocer la ayuda de William G. Niederland, quien ha hecho importantes contribuciones a la integración de los factores intrapsíquicos con la influencia de los otros; tal como en el caso Schreber y en el Síndrome de sobrevivencia. Fuente: indepsi

sábado, 28 de junio de 2014

Servidumbre y relación analítica: la cuestión del abuso de transferencia

"Finalmente aparece la cuestión de la servidumbre que puede producirse en un tratamiento analítico. Es también Piera Aulagnier quien ha señalado y descrito minuciosamente esta cuestión, que denomina abuso de transferencia.
La situación de asimetría que tiene lugar en la práctica analítica, remeda la situación originaria del sujeto, favoreciendo la instalación de una ilusión que permite el inicio del análisis, pero que de perdurar generará un estado de alienación. Lo que debiera haber sido el encuentro con un analista a quien se le supone un saber sobre el sujeto, se transforma en la certeza de haber hallado una fuente de saber absoluto, que se impone sobre su propio pensamiento, sobre su Yo, quedando éste a la sombra del saber del analista. Esto colma el deseo de no tener que pensar más, presente tanto en el analizando como en el analista. Así, el abuso de transferencia es “toda práctica y toda conceptualización teórica que amenacen confirmar al analizado la legitimidad de la ilusión que le hace afirmar que lo que se tiene que pensar sobre el sujeto y sobre este sujeto, ya fue pensado de una vez para siempre por UN analista y, por lo tanto, que el analista no puede esperar ni oír nada nuevo de y en el discurso que se le ofrece” [7]. La causa de este abuso es el displacer que para el analista sería pensar nuevos pensamientos y renunciar a otros, el temor a dudar sobre lo que él mismo ha tomado como certeza, en lo que podemos hallar además perniciosos efectos de pertenencia institucional o grupal. Este estado de abuso de transferencia cursa con la permanencia indefinida de un amor de transferencia y de contratransferencia, que señala en realidad que la relación analítica ha dejado de ser tal. El paciente se transformará en una suerte de seguidor de su analista, de su estilo, de su teoría, inhibiéndose de toda crítica, generalmente tratada por aquél como resistencia.
Funesto destino del Psicoanálisis en estos casos, aquello que debiera haber estado al servicio de permitirle al sujeto tomar contacto con sus servidumbres para cambiar su relación con ellas, se transforma en una más poderosa que ellas, incuestionable e invisible." Fuente: 
www.elpsicoanalitico.com.ar


viernes, 27 de junio de 2014

"La institución de la violencia" por Franco Basaglia

Del libro La institución negada, Informe de un hospital psiquiátrico. 
Franco Basaglia (Barral Editores, 1972)

En 1925, algunos artistas y escritores franceses que firmaban en nombre de la "revolución surrealista", dirigieron a los directores de hospitales psiquiátricos un manifiesto que terminaba con estas palabras: "Mañana, a la hora de la visita, cuando ustedes intenten sin la ayuda de léxico alguno comunicarse con estos hombres, podrán ustedes recordar y reconocer que sólo tienen sobre ellos una superioridad: la fuerza".
Cuarenta años más tarde –sometidos como estamos, en la mayoría de los países europeos, a una antigua ley, aún dubitativa, entre la asistencia y la seguridad, la piedad y el miedo-, la situación no es diferente: limitaciones, burocracia y autoritarismo regulan la vida de los internados para los cuales ya había reclamado Pinel en su momento el derecho a la libertad… El psiquiatra parece que aún no ha descubierto que el primer paso hacia la curación del enfermo es el retorno a la libertad, de la cual él mismo le ha privado hasta hoy. En la compleja organización del espacio cerrado, donde el enfermo mental se ha visto reducido durante siglos, las necesidades del régimen, del sistema, sólo han exigido del médico un papel de vigilante, de tutor interior, de moderador de los excesos a los cuales podía abocar la enfermedad: el sistema tenía más validez que el objeto de sus cuidados. Pero hoy el psiquiatra se da cuenta de que los primeros pasos hacia la "apertura" del manicomio producen en el enfermo un cambio gradual de su manera de situarse en relación con la enfermedad y el mundo; de su forma de ver las cosas, restringida y disminuida no sólo por la condición mórbida, sino por un prolongado internamiento. Desde que franquea el muro del internado, el enfermo penetra en una dimensión de la vida emocional…, se le introduce, en resumen, en un espacio concebido desde sus mismos orígenes para hacerle inofensivo y cuidarle, pero que se revela, en la práctica y de forma paradójica, como un lugar construido para aniquilar la individualidad: el lugar de su objetivación total…
Sin embargo, en el curso de estas primeras etapas hacia la transformación del manicomio en un hospital de curación, el enfermo no se presenta ya como un hombre resignado y sometido a nuestra voluntad, intimidado por la fuerza y por la autoridad de sus vigilantes… Se presenta como un enfermo, transformado en objeto por la enfermedad, pero que ya no acepta ser objetivado por la mirada del médico que le mantiene a distancia. La agresividad –que, como expresión de la enfermedad, pero sobre todo de la institucionalización, rompía de vez en cuando el estado de apatía y de desinterés-, cede el paso, en numerosos pacientes, a una nueva agresividad, surgida, más allá de sus particulares delirios, del sentimiento oscuro de una "injusticia": la de no ser considerados como hombres desde el momento en que están en "el manicomio".
Es entonces cuando el hospitalizado, con una agresividad que trasciende la misma enfermedad, descubre su derecho a vivir una vida humana…
Para que el asilo de alienados, después de la destrucción progresiva de sus estructuras alienantes, no se convierta en un irrisorio asilo de domésticos agradecidos, el único punto en el cual al parecer puede apoyarse, es precisamente la agresividad individual. Esta agresividad –que nosotros, los psiquiatras, buscamos para fundar en ella una relación auténtica con el paciente- permitirá instaurar una tensión recíproca, que actualmente puede servir para romper los lazos de autoridad y de paternalismo que han representado, hasta ahora, una causa de institucionalización… (agosto 1964)
… Por lo que a nosotros concierne, nos encontramos ante una situación extremadamente institucionalizada en todos los sectores: enfermos, enfermedades, médicos… Hemos intentado provocar una situación de ruptura, de forma que haga salir los tres polos de la vida hospitalaria de sus roles cristalizados, sometiéndolos a un juego de tensiones y de contratensiones en el cual todos se encontrarán implicados y serán responsables. Esto significa correr un "riesgo", única forma de poner en un plano de igualdad a enfermos y médicos, enfermos y staff, unidos en la misma causa, tendiendo hacia un fin común. Esta tensión debía servir de base a la nueva estructura: si ésta era relajada, todo caería de nuevo en la situación institucionalizada anterior… La nueva situación interna debía, pues, desarrollarse a partir de la base, y no de la cúspide, en el sentido de que, lejos de presentarse como un esquema al cual la vida comunitaria debía corresponder, esta misma vida estaba llamada a engendrar un orden respondiendo a sus exigencias y a sus necesidades; en vez de fundarse sobre una regla impuesta desde arriba, la organización se convertía, por sí misma, en un acto terapéutico…
No obstante, si la enfermedad está igualmente unida, como sucede en la mayoría de los casos, a factores sociales a nivel de resistencia al impacto de una sociedad que desconoce al hombre y sus exigencias, la solución de un problema tan grave sólo puede hallarse en una posición socioeconómica que permita, además, la reintegración progresiva de aquellos que han sucumbido bajo el esfuerzo, que no han podido jugar el juego. Cualquier intento de abordar el problema sólo servirá para demostrar que esta empresa es posible, pero queda inevitablemente aislada –y, por lo tanto, ausente de la menor significación social-, mientras no vaya unida a un movimiento estructural de base que tenga en cuenta las realidades que encuentra el enfermo mental a su salida del hospital: el trabajo que no encuentra, el medio que le rechaza, las circunstancias que, en vez de ayudarle a reintegrarse, le empujan poco a poco hacia los muros del hospital psiquiátrico. Considerar una reforma de la ley psiquiátrica actual significa no sólo enfrentarse con otros sistemas y otras reglas sobre las cuales fundar la nueva organización, sino, sobre todo, atacar los problemas de orden social que van unidos a ella… (marzo 1965)
Cualquier sociedad cuyas estructuras se basan únicamente en diferencias de cultura y de clase, así como también en sistemas competitivos, crea en sí misma áreas de compensación para sus propias contradicciones, en las cuales puede concretar la necesidad de negar o de fijar objetivamente una parte de su subjetividad…
El racismo, bajo todas sus formas, es únicamente la expresión de esta necesidad de áreas compensadoras. Y opera de este modo ante la existencia de los asilos de alienados –símbolo de lo que se podrían denominar "reservas psiquiátricas", comparables al "apartheid" del negro o al ghetto-, con la expresa voluntad de excluir todo aquello de lo cual duda porque es desconocido e inaccesible. Una voluntad justificada, y científicamente confirmada, por una psiquiatría que ha considerado el objeto de su estudio como incomprensible, y por lo tanto, fácilmente relegable en la cohorte de los excluidos…
El enfermo mental es un excluido que, en una sociedad como la actual, nunca podrá oponerse a lo que le excluye, puesto que cada uno de sus actos se encuentra constantemente circunscrito y definido por la enfermedad. La psiquiatría es, pues, la única manera –en su doble papel médico y social-, de informar al enfermo de la naturaleza de su enfermedad, y de lo que le ha hecho la sociedad al excluirle: sólo tomando conciencia de haber sido excluido y rechazado podrá, el enfermo mental, rehabilitarse del estado de institucionalización en que se le ha sumido…
Porque es aquí, detrás de los muros del asilo de alienados, que la psiquiatría clásica ha demostrado su fracaso: en efecto, en presencia del problema del enfermo mental, ha tendido hacia una solución negativa, separándole de su contexto social y por lo tanto de su humanidad… Colocado a viva fuerza en un lugar donde las modificaciones, las humillaciones y la arbitrariedad son la regla, el hombre –sea cual fuere su estado mental-, se objetiviza poco a poco, identificándose con las leyes del internamiento. Su caparazón de apatía, de indiferencia y de insensibilidad, sólo sería en suma un acto desesperado de defensa contra un mundo que le excluye y después le aniquila: el último recurso personal de que dispone el enfermo para oponerse a la experiencia insoportable de vivir conscientemente una existencia de excluido. (diciembre de 1966)
Si, originalmente, el enfermo sufre la pérdida de su identidad, la institución y los parámetros psiquiátricos le han confeccionado otra, a partir del tipo de relación objetivante que han establecido con él y los estereotipos culturales de los cuales le han rodeado. Así, pues, se puede decir que el enfermo mental, colocado en una institución cuya finalidad terapéutica resulta ambigua por su obstinación en no querer ver más que un cuerpo enfermo, se ve abocado a hacer de esta institución su propio cuerpo, asimilando la imagen de sí mismo, que ésta le impone…El enfermo, que ya sufre una pérdida de libertad que puede considerarse como característica de la enfermedad, se ve obligado a adherirse a este nuevo cuerpo, negando cualquier idea, cualquier acto, cualquier aspiración autónoma que pudieran permitirle sentirse siempre vivo, siempre él mismo. Se convierte en un cuerpo vivido en la institución y por ella, hasta el punto de ser asimilado por la misma, como parte de sus propias estructuras físicas.
"Antes de partir, las cerraduras y los enfermos fueron controlados", puede leerse en las notas redactadas por un turno de enfermeros del equipo siguiente, para garantizar el perfecto funcionamiento del servicio. Llaves, cerraduras, barrotes, enfermos, todo forma parte, sin distinción del material del hospital, del cual son responsables los médicos y los enfermeros… El enfermo es ya únicamente un cuerpo institucionalizado, que se vive como un objeto y que, a veces, intenta –cuando aún no está completamente domado-, reconquistar mediante acting-out, aparentemente incomprensibles, los caracteres de un cuerpo personal, de un cuerpo vivido, rehusando identificarse con la institución.

viernes, 16 de mayo de 2014

El Instituto Nacional de Salud Mental de EEUU anunció que abandona la clasificación del DSM

25–07–2013 / El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos anunció que abandona clasificación&nbsp determina cientos de patologías mentales con criterios externos y siempre muy acordes a las necesidades de la industria farmacéutica. La última bomba acaba de estallar días antes de que se lance al mercado el nuevo manual diagnóstico DSM V de la Asociación Americana de Psiquiatría, cuya elaboración estuvo plagada de polémicas. El National Institute of Mental Heath de EEUU abandona la clasificación DSM. El NIMH (Instituto Nacional de Salud Mental), la agencia de investigación biomédica dependiente del gobierno de EEUU y considerada la mayor proveedora de fondos de investigación en Salud Mental de todo el mundo ha anunciado que dejará de hacer uso de la clasificación del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales por considerarlo carente de validez científica. No se sometió a control externo, introduce el cambio de la concepción categorial a la dimensional, lo que hace que no haya fronteras definidas entre lo normal y lo patológico,reduciendo además el número de indicadores para la evaluación. Esto aumenta el riesgo de sobrediagnosis patologizando la vida. El manual sigue ampliando la lista de trastornos hechos a la medida de la industria farmacéutica. Ya en 1980 se habían añadido 112 nuevos trastornos mentales a la tercera edición del DSM, en latercera edición revisada (1987) y en la cuarta (1994) aparecieron otros 58 trastornos más. El “trastorno de ansiedad social“, llamado primero “fobia social“, fue uno de los siete nuevos trastornos de ansiedad creados en 1980. Para la década de 1990 los expertos lo llamaban “el trastorno del decenio” e insistieron que hasta uno de cada cinco estadounidenses lo padecía. Isaac Marks (renombrado experto en miedos y pánicos, radicado en Londres, fue quien en eldecenio de 1960 reconoció la ansiedad social) opuso gran resistencia a su inclusión en el DSM III como categoría particular de enfermedad por la lista de comportamientos comunes asociados con ese desasosiego. En 1987 se le añade la aversión a hablar en público lo que lo hace aún más elástico para incluir prácticamente a todo el mundo. Para 2008 en EEUU casi la mitad de los habitantes se reputan clínicamente enfermos de algún cuadro mental y casi la cuarta parte de la población 67,5 millones ha tomado antidepresivos. Se prescribían ya entonces 200 millones de recetas anuales para tratar la depresión y la ansiedad. Los diagnósticos correspondientes al trastorno bipolar aumentaron en 4.000 por ciento y lasobremedicación es imposible sin sobrediagnóstico. Uno de los responsables de la llegada del trastorno bipolar a EEUUes el psiquiatra Joseph Biederman, que lleva años haciendo estudios y conferencias sobre el tema y que recibió 1,6 millones de dólaresentre el año 2000 y el 2007, procedentes de las farmacéuticas que fabricaron los medicamentos para dicho trastorno, al parecer para dedicarlos a seguir investigando la enfermedad. Hasta los años 90 era una afección desconocida en los niños.Ahora ya es uno de los diagnósticos más frecuentes en psiquiatría infantil, las visitas se han multiplicado por 40 en menos de 10 años, siendo muchos de los “enfermos” niños de dos y tres años. La escandalosa relación de la “creación” de estas nuevas enfermedades con el negocio de la psiquiatría fue revelada por el estudio realizado por la psicóloga estadounidense Lisa Cosgrove quereveló que de los 170 miembros del grupo de trabajo del DSM, es decir los que hacen el manual de psiquiatría de referencia mundial, 95 (el 56 por ciento) tenía una o más relaciones financieras con las empresas de la industria farmacéutica. Es alarmante cómo han logrado psicopatologizar a la infancia, en el último DSM se incluyen hasta “las rabietas” si son más de tres a la semana durante un año. El gobierno estadounidense dice en base a estos parámetros que uno de cada cinco niños tiene un trastorno de la salud mental. Estas concepciones también son las que permitieron que se aprobara en Santa Fe recientemente una ley de autismo. El diputado Avelino Lago, a quien se debe el proyecto, manejó cifras que hablan de 32.000 niños con autismo en la provincia. El T.G.D. o espectro autista (como figura en el DSM V que amplía aún más su cobertura) se diagnostica como el TDAH con cuestionarios (en este caso el CHAT) que habitualmente responden los padres según lo que les parece poco, demasiado, habitualmente. Es decir en ambos casos no son los expertos los que diagnostican. En este caso es un instrumento que sólo es de utilidad para evaluar situaciones poblacionales a grosso modo, ya que además no permite hacer ningún diagnóstico diferencial respecto a una situación circunstancial que hace que un niño se aísle a una problemática más grave y permanente. En cambio se está usando para determinar ya en un niño de 18 meses que tiene una enfermedad incurable, que sólo puede ser tratada sintomáticamente lo cual marcará seriamente su vida de ahí en más. Es por todo esto que consideramos imprescindible pronunciarnos en contra del uso del DSM como posición ética a ser asumida por todas las instituciones que tienen a su cargo las decisiones políticas respecto a la Salud Mental de la población. 
Fuente: psicoanalisismoebius.wordpress.com

domingo, 20 de abril de 2014

Entrevista a Julia Kristeva sobre Psicoanálisis y Melancolia

DOMINIQUE GIBAULT. Zona Erógena. Nº 20. 1994.

Julia Kristeva. Semióloga y Psicoanalista de origen checo y residencia parisina. Profesora de la Universidad de París VII. Intelectual destacada, participó en los 60 y 70 en la revista "Tel Quel". Es autora de numerosos libros de semiología y semiótica ("La revolución del lenguaje poético", "Semiótica", etc. ), de psicoanálisis ("Les nouveau maladies de fame"-ver ZE/17-, "Al comienzo era el amor", etc.) e inclusive a incursionado en la literatura como novelista.
En una líneas de cruce entre sus diversas pasiones y vertientes, aunque con una perspectiva predominantemente psicoanalítica, Julia Kristeva a publicado primero "Historias de amor" y más tarde "Sol negro", explorando los territorios emocionales desde el amor, la pasión, y la amistad, hasta la depresión y la melancolía.
Es justamente a las comarcas de la melancolía y la depresión que procura esta entrevista ser una introducción, una invitación a pensar. Invitación cuya introducción bien puede cerrarse con las primeras lineas que abren "Sol Negro":
"Escribir sobre la melancolía solo tendría sentido para aquellos a quienes la melancolía satura o si el escrito viniera de la melancolía.
Trato de hablarles de un agobio de tristeza, de un dolor intransmisible que nos absorbe a veces, y a menudo, perdurablemente, al punto de hacernos perder el gusto por toda palabra, por todo acto, el gusto mismo por la vida".

- Puede ser que sea necesario explicar suscintamente lo que hoy se entiende por melancolía.
- Efectivamente el término cubre realidades muy diferentes, digamos y -disculpen si voy algo rápido - se pueden distinguir tres significaciones referidas al término "melancolía". Por una parte, para la psiquiatría es una dolencia grave que se manifiesta por una lentificación psíquica, ideatoria y motora, por una extinción del gusto por la vida, del deseo y de la palabra, por el cese de toda actividad y por la atracción irresistible del suicidio.
Por otra parte existe una forma más suave de este abatimiento que (como la primera) alterna a menudo con estados de exitación, forma ligada a estados neuróticos y que llamamos depresión. Los psicoanalistas suelen tener que vérselas muy a menudo con la depresión. En fin, para el sentido común, para una opinión difusa la melancolía sería una "ola del alma", un "spleen", una nostalgia de la que se reciben los ecos en el arte y la literatura y la que, siendo del todo una enfermedad reviste el aspecto a menudo sublime de una belleza.
Recuerdo en mi libro que lo bello nació en el país de la melancolía, que es una armonía más allá de la desesperación.
- En cuál de estos tres terrenos se ha ubicado usted ?
- Mi punto de partida es clínico. Teniendo en cuenta observaciones psiquiátricas, estoy muy atenta a la herencia de Freud, Abraham, Klein. En "Duelo y melancolía"(1917), se sabe, Freud establece una equivalencia entre la melancolía y la experiencia del duelo: hay en ambos casos, una pérdida irremediable del objeto amado - aunque también, secretamente, odiado -una imposibilidad de sobrellevar esta pérdida. Con esta reflexión sobre la depresión y la muerte, Freud encara ya la segunda parte de su obra, que se expresará totalmente en "Más a11á del principio del placer"(1920): si continua siendo verdadero para él que la vida psíquica está dominada por el principio de placer, le aparece más y más claramente que la tendencia portadora de la pulsión es la pulsión de muerte. Es una verdadera revolución, que numerosos analistas rechazan, pero que me parece indispensable reconsiderar frente a ciertas psicosis por ejemplo, y por supuesto, frente a la melancolía. En tanto Eros significa creación de lazo, Thanatos o pulsión de muerte, quiere decir desintegración de lazos, ruptura de los circuitos, comunicaciones, relaciones con el otro...
- Desintegración de lazos? No es esta idea la que ud. utiliza para definir el cuadro que usted llama "melancólico-depresivo"?
-Precisamente, después de haber destacado las diferencias entre melancolía y depresión, considero que es totalmente posible hablar de un "conjunto melancólico-depresivo". Por qué? Porque más allá de las diferencias que no se trata de juntar, se encuentran por lo menos dos particularidades comunes. Por una parte la "desinvestidura de los lazos", la ruptura de las relaciones. "No -parecen decir los melancólicos y los deprimidos - vuestra sociedad, vuestras actividades, vuestras palabras no nos interesan, estamos en otra parte, no estamos, no somos, estamos muertos". Por otra parte, la "desvalorización del lenguaje". El discurso deprimido puede ser monótono o agitado, pero la persona que lo sostiene da siempre la impresión de no creer en él, de no habitarlo, de mantenerse fuera del lenguaje, dentro de la cripta secreta de su dolor sin palabra. Este interés por la palabra depresiva me parece ser mi aporte personal a la escucha y a tratamiento psicoanalítico de la depresión. En efecto, todo el problema está allí. Si el depresivo se desprende del lenguaje, si considera el lenguaje como banal o falso, cómo podremos entrar en contacto con su dolor "por la palabra"(puesto que es con la palabra que opera el psicoanalista) ? Insisto entonces sobre la importancia de la voz, o de los signos, que pueden devenir nuestra mediación hacia el depresivo. En fin, me parece importante el mostrar también como este sufriente, a menudo mudo que es el depresivo, es un afectivo secreto, un apasionado o un incomprendido. La melancolía sería, en suma, una perversión innombrable, blanca. Nos toca a nosotros conducirla a las palabras... y a la vida.
Estas observaciones clínicas, como ustedes ven, tienen múltiples implicancias. Por ejemplo, si la melancolía es nuevamente el "mal del siglo", si el número de las depresiones se acrecienta, no es también dentro de un contexto social donde los lazos simbólicos están cortados?
Vivimos una fragmentación del tejido social que no puede ofrecer ningún socorro, más bien al contrario un agravante, en la fragmentación de la identidad psíquica que vive el depresivo. Por otra parte el acento puesto por Freud sobre la pulsión de muerte, lo que se llama el "pesimismo freudiano", lejos de ser un síntoma personal del doctor vienés debido a la proximidad de la Segunda Guerra Mundial, nos permite cambiar nuestra concepción de la identidad psíquica tal como el mundo moderno- trastornado, caótico, saturado de violencia y de criminalidad- nos lo presenta cotidianamente. Y si el "deseo" no fuera sino una película genial y entretenida pero extremadamente frágil que se desarrolla sobre el océano de la pulsión de muerte? La cultura aparece entonces como un bien precioso pero fugaz.
El melancólico que rehusa la vida porque ha perdido el "sentido de la vida" nos obliga, entonces, a buscar los medios para reencontrar el sentido: entre nosotros, para él, pero también para toda una generación.
Es decir que una preocupación clínica, al nivel profundo en donde nos sitúa el depresivo respecto del sentido de la vida, es una preocupación que toca las raíces, antaño religiosas, de la cultura. Una pregunta que realzo en filigrana dentro de esta óptica: una civilización que ha abandonado el sentido de lo Absoluto del Sentido no es necesariamente, una civilización que debe enfrentarse a la depresión? O también: el ateísmo es implícitamente depresivo? O incluso: Dónde se encuentra la immanencia optimista del ateísmo implícitamente moroso? En la forma? En el arte?
- Usted decía también estar atenta a la piquiatría.
- Una parte importante de mi libro está consagrada a la depresión femenina: más frecuente y en cierta medida más difícil de atravesar en razón de la adherencia, a menudo insuperable de una mujer con relación a su madre. Constato también el rol determinante del apego de la madre, en todas las formas de melancolía. Incluso el pánico del obsesivo frente a su propia depresión me parece atarse al hecho que el obsesivo esté ligado a su madre deprimida y que la irrupción de la melancolía en él lo confronte a la idea de considerarse como una mujer deprimida -idea intolerable... Qué relación con la psiquiatría que combate la depresión con los antidepresivos? Viene de formularse la hipótesis que "el gen de la depresión" se transmite por el cromosoma X, el femenino. Hipótesis esquemática a verificar...No le falta, sin embargo, convergencia con las posiciones psicoanalíticas. La interpretación analítica ¿no trata precisamente ella, de separar al depresivo de su adherencia con la madre amada-odiada, de darle otras palabras y otros deseos?
Habría que cuidarse tanto del dogmatismo psiquiátrico como de dogmatismo psicoanalítico. Los progresos en el dominio de los antidepresivos dan medios potentes para actuar sobre los neurotransmisores y a menudo es el único medio de superar una melancolía grave. Aunque pasa que a menudo, los antidepresivos o las sales de litio, si bien restablecen los fluidos, en cuanto al paciente da la impresión de tener un discurso mentalizado, "robotizado".
Es entonces cuando la psicoterapia o el psicoanálisis pueden intervenir respecto se los remanentes profundos de la personalidad, ligando el afecto al lenguaje y a los otros.
- La imagen contemporánea de la melancolía, tal como usted la define, admite entonces que todo se juegue alrededor de la cuestión de las relaciones del sujeto con los otros, lo social y él mismo. Pero al mismo tiempo, ¿qué era él exactamente dentro de esto?
- El primer melancólico griego, Bellérophon, aparece en La llíada: desesperado, él se consume de tristeza y, abandonado de los dioses, no cesa de vagar evitando a los hombres. Hipócrates, en su teoría de los humores (humores, como líquidos corporales), atribuye la melancolía a la bilis negra.
El texto más importante de la antigüedad griega acerca del sujeto, me parece ser "Problemata 30": de pseudo-Aristóteles. Extrae la melancolía de la patología y la ve, sobretodo como un estado límite de la naturaleza humana, como una crisis "natural" si se quiere, reveladora en consecuencia de la verdad del ser. El melancólico sería, entonces, el hombre de genio. Esta concepción fascina a los filósofos modernos, por supuesto. Pues si lo resumiéramos en una forma lapidaria, esta daría lo siguiente: el estado depresivo es la condición del pensamiento, de la filosofía, de la genialidad.
En efecto, porque cambiaríamos el pensamiento, o las formas artísticas si antes no hubiéramos afrontado su banalidad. La depresión, en suma, en el umbral de la creatividad. Pero una depresión nominada y por lo tanto atravesada.
- A continuación todo se modifica?
- Insensiblemente, imperceptiblemente, a través del neoplatonismo y el lazo que se establecerá entre la melancolía y el cosmos: Saturno, planeta de la depresión. "La Melancolía" de Durer (1514) será el logro célebre de esta corriente. Además, de manera más radical con el cristianismo, el que, por una parte verá en la melancolía un pecado, pero, por otra parte en las experiencias místicas, sugerirá la melancolía como vía de acceso a Dios. Es la "acedia" de los monjes de la Edad Media.
- Solo la influencia cristiana es señalable en la Edad Media?
-No, por supuesto. También está el esoterismo, una cuestión que trato indirectamente a través de mi interpretación del soneto del Nerval, "El Desdichado". Las cartas del Tarot, el Príncipee Negro de la melancolía. Son de las tantas metáforas que remiten a los estados de constitución y de disolución de la materia, y que podríamos descifrar también como metáforas que deben entregar una imagen de la constitución y de la disolución de la identidad psíquica, de la constitución y la disolución del lazo social.
- Para quedarnos un instante más en la historia, cuáles son las otras rupturas, las otras transformaciones que, una vez pasada la Edad Media marcan nuestra concepción de la melancolía?
-Numerosos puntos merecerían amplios desarrollos, pero abreviando puedo decir esto. En Europa, en los siglos XV y XVI aparecen por ejemplo en los poetas la Dama Melancolía, y, en los protestantes, un recrudecimiento del tema melancólico. Es lo que corta con el imaginario que consagra al hombre del Renacimiento como un personaje exhuberante y jovial, lanzado al porvenir con la diva botella en la mano. Atención, no digo que esta imagen es falsa. Digo que no está sola, que coexiste con la adquisición de una enfermedad, definida como el trazo fundamental de la humanidad -muy visible a mi juicio en el pintor Hans Hobbein el Jóven. Asi las cosas a pesar de esta Dama Melancolía, el Renacimiento francés, y más aún, el siglo XVII o el siglo XVIII, no son melancólicos. Francia parece escapar al mal de Europa. Considero de hecho que de un modo general, la cultura francesa en el curso de su desarrollo histórico, ha sobrepasado o tal vez, simplemente recubierto el movimiento melancólico, de erotismo y de retórica. Gracias a Sade y gracias a Bossuet.
- Sin embargo hoy en Francia hay autores como Marguerite Duras, de la que usted habla largamente en su libro, que dan a su obra la coloración de la melancolía...
-El individuo no es la cultura. Sin embargo es exacto hacer notar que en Marguerite Duras encontramos numerosas figuras de melancólicos. A mujeres amadas, a la figura maternal, fuente de odio y de ira interior. O también el desplegar de la homosexualidad femenina, implícita y furibunda. La puesta en escena del raport con la otra mujer y, a través de ella, con la figura maternal, es de una gran lucidez en Duras. Debemos reconocerle una suerte de genio, a la vez clínico y hechicero. En revancha, hay en toda su obra como un llamado a la fusión con un estado de enfermedad y de melancolía femenina, una fascinación algo complaciente con la disolución y los abismos. En este sentido es una literatura que me parece no catártica, ella hace lo que Nietzsche llamaba el nihilismo, del pensamiento contemporáneo. No hay más allá, ni aun aquel de la belleza del texto. Vean como son los escritos de Duras: una escritura laxamente negligente, a instancia de un arreglo o de un maquillaje preparados para sugerir una enfermedad a no sobrellevar, a mantener. Textos a la vez cautivantes y mortíferos. A menudo me entretuve con estos con mis estudiantes y saben cómo reaccionan ellas ? Por la fidelidad y por el temor. Ellas lo dicen: ellas aprehenden la lectura de sus libros sobre todo cuando son frágiles... Porque tienen temor de quedarse en ellos. La verdad de Duras las aprisiona.
Hoy no es el sexo el que perturba o produce temor, sino el dolor permanente, el cadáver potencial que somos. Quién quiere mirarlos a la cara? La depresión es el secreto (secret), tal vez lo sagrado (sacré) moderno. Fuente: www.educ.ar

Michel Foucault, filosofía y psicoanálisis

Un primer acercamiento a Ingmar Bergman y su relación con el psicoanálisis


Hijo de un pastor luterano y de una dominante madre de origen valón, Ingmar Bergman nació en el seno de una familia muy estricta, en la que la buena conducta y la represión de los instintos se consideraban virtudes. No resulta pues extraño que, tanto él como su hermana Margareta, se refugiaran en un universo imaginario: juntos compraban trozos de película para el proyector familiar y construyeron también un teatro de marionetas. Bergman no contaba aún veinte años cuando dejó a sus padres para instalarse en Estocolmo. Desde entonces, se dedicó al teatro universitario y fue en esta época, entre finales de los 30 y comienzos de los 40, cuando entabló amistad con Erland Josephson y Vilgot Sjöman. En 1942, tras el estreno de una de sus obras, La muerte de Punch, Bergman fue invitado a formar parte del equipo de guionistas de la Svensk Filmindustri, donde pasó dos años revisando guiones, mientras seguía escribiendo obras favorablemente acogidas por la crítica. De hecho, nunca dejó de trabajar para el teatro, aunque lo hiciera de forma intermitente. En la decada de los 50 montó un promedio de dos obras nuevas cada invierno en el teatro municipal de Malmo, poniendo en escenas autores como Ibsen, Strindberg, Moliere, Shakespeare y Tenesse Williams, y reservando los períodos estivales para el rodaje de sus películas. Ingmar Bergman está más marcado por su infancia que ningún otro director. Ya su primer guión, Tortura, llevado a la pantalla por el importante cineasta sueco Alf Sjöberg, se basa en un recuerdo personal: el terror que inspirara a Bergman uno de sus profesores, que le hizo objeto de todo tipo de vejaciones y novatadas en Estocolmo. Al año siguiente, 1945, la Svensk Filmindustri ofrece a Bergman la oportunidad de dirigir su primera película, Crisis, adaptación de una obra danesa cuyo protagonista, como en casi todos sus primeros trabajos, es un alter ego apenas encubierto del autor, que expresa así sus temores, ansiedades o aversiones o aspiraciones personales. Irremediablemente separado de su entorno, el ser humano se halla constantemente en conflicto con la autoridad en cualquiera de sus manifestaciones, sin tener ni siquiera posibilidad de creer en una fuerza superior. Si Barco hacia la India (1947) y Prisión (1948) son perfectamente representativas de este periodo, las dos últimas obras de esta década, La sed (1949) y Hacia la felicidad (1949), muestran una nueva preocupación en Bergman, que aborda el tema de la pareja enredada en una lucha sin cuartel. Prisioneros el uno del otro, los amantes protagonistas de sus películas se entregan a un combate cuerpo a cuerpo, un torneo oratorio despiadado con evidentes resonancias de Strindberg.

Juegos de verano (1950)

Los años 50 permitieron afianzarse a Bergman. Al principio de la década rodó dos brillantes historias de amor que exaltaban a la vez el esplendor del verano sueco y los fuegos efímeros de la pasión: Juegos de verano (1950) y Un verano con Monika (1952), donde alcanzó su plenitud la sexualidad de Harriet Andersson. A partir de entonces, dos temas se entrecruzan constantemente en su filmografia: el primero, reflexivo y filosófico, analiza la angustia de un mundo que se interroga sobre Dios, la dicotomía Bien/Mal y, de una forma más general, sobre el sentido de la vida; el segundo, cáustico, brillante y satírico, borda sutiles variaciones sobre la incomunicación en el seno de la pareja. La carrera de Bergman en Suecia estuvo a punto de verse frenada a causa de la desfavorable recepción crítica de Noche de circo (1953), un análisis mordaz del deseo, el sentimiento de culpa y la vulnerabilidad humana. Pero la obtención por parte de Sonrisas de una noche de verano del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1955, volvió a situarle en posición privilegiada y le permitió abordar un proyecto que acariciaba desde tiempo atrás: El séptimo sello (1956), alegoría sobre la vida y la muerte donde refleja a la vez su concepción afectiva e intelectual de Dios y su intuición del posible holocausto nuclear. El clamoroso éxito obtenido por el film ofreció la posibilidad de dirigir, uno tras otro, cuatro importantes títulos: el primero fue Fresas salvajes (1956), con el director de cine Victor Sjöstrom como protagonista. Bergman recurriría nuevamente a sus recuerdos de infancia para efectuar un acercamiento lúcido y benévolo a la vejez, con toda su carga de lamentos y recriminaciones. Rodó después En el umbral de la vida (1957), un ejercicio de aparciencia más documental que disecciona las reacciones de tres mujeres ante la maternidad. En El rostro (1958), un mago que no es otro que el propio Bergman, se gana la vida fascinando al público y exponiéndose a la vez a sus sarcasmos. Finalmente, El manantial de la doncella (1959) es una cruel historia de violación, asesinato y venganza, basada en una balada medieval.

El manantial de la doncella (1959)

En el transcurso de los años siguientes, el estilo de Bergman experimentaría un cambio sensible. El cineasta aborda una etapa aparentemente austera. Una técnica más depurada, una temática más profunda y un marco infinitamente menos brillante se ponían al servicio de un pensamiento inquieto y desgarrado: el cineasta reconciliaba forma y fondo. La trilogía formada por Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1962) y El silencio (1963) le permitió ajustar cuentas definitivamente con su educación religiosa. Dejando a un lado su preocupación por el lugar del hombre en el Universo para considerar el del artísta en el seno de la sociedad, Bergman, se convirtió en portavoz intelectual de su tiempo, persuadido de que el ser humano había llegado a una fase crítica de su evolución y de que la apatía del mundo moderno era tan sólo el reflejo de un cierto desencanto. Persona (1966), una obra profundamente marcada por la influencia de Jung y el psicoanálisis, reunió a Bergman, que entonces vivia en la desolada isla de Faro, con la actriz noruega Liv Ullman. A su alrededor, el cineasta tejió en los años siguientes una serie de dramas que destacan por su crudeza y violencia, como La hora del lobo (1967), La vergüenza (1968) o Pasión (1970). En 1971, Bergman rodó en inglés La carcoma, con Elliot Gould, que supuso un completo fracaso comercial. Por contra Gritos y susurros (1972), alucinante estudio en blanco y negro de los últimos días de vida de una mujer enferma de cáncer y del comportamiento de sus hermanas, es encumbrada como una de sus obras maestras.

El silencio (1963)

El director sueco siempre fue consciente del impacto de la televisión, y desde 1969, año en que realizó El rito para la pequeña pantalla, mantuvo una relación fluida con el medio, también destino original de Secretos de un matrimonio (1973) y la adaptación de La flauta mágica (1974). En 1976, un escándalo fiscal llevó a Begman a exiliarse en Munich, donde dirigió para Dino de Laurentiis El huevo de la serpiente (1977), ambiciosa reconstrucción del Berlín inmediato a la posguerra. La película se hizo eco del desasosiego y las preocupaciones del realizador como ocurrió también en De la vida de las marionetas (1980), donde se reflejan la impotencia y el sentimiento de fracaso de un individuo perseguido por la sociedad. En 1982, presentó Fanny y Alexander y anunció que sería su última producción para la pantalla grande. Fuertes connotaciones autobiográficas aclaran retrospectivamente los temas de su obra: la fascinación por el mundo de los actores, el temor a los tabúes religiosos, la complicidad con el universo femenino, el descubrimiento de la muerte... Todo dentro del marco de una gran familia de Upsala a principios del siglo XX, visto a través de los ojos de un niño de doce años que, una vez más, puede considerarse el alter ego de Bergman. A partir de entonces, trabaja regularmente en el medio televisivo, para el que dirige títulos como Después del ensayo (1983), Los dos bienaventurados (1986) o En presencia de un payaso (1997), mientras que sus guiones son llevados al cine por otros cineastas, generalmente cercanos a su entorno, como su hijo Daniel Bergman, firmante de Niños del domingo (1992), el danés Bille August, que trasladó a la pantalla Las mejores intenciones (1992), y su ex-compañera sentimental, la actriz y directora Liv Ullman, realizadora de Confesiones privadas (1997) e Infiel (2000).

Análisis de Persona desde el psicoanálisis

Ingmar Bergman produjo una de las más grandes, emocionantes y arriesgadas obras del cine moderno en cualquier parte del mundo. Desde Crisis en 1946 hastaSaraband en el 2003, refinó constantemente su forma de contar historias y personajes, cambió y amplió su visión del mundo y creó el suyo propio como hacen los grandes artistas. Me considero afortunado por haber vivido durante sus años más prolíficos como director. Pudimos seguir su admirable progreso desde un Verano con Mónica a Fresas salvajes, a otro nivel conPersona Gritos y susurros hasta su obra maestra,Fanny y Alexander y, como colofón extraordinario,Saraband. Es maravilloso poder mirar atrás y redescubir esas películas para los más jovenes. (Martin Scorsese) [1]

Volvemos a mi estimado Ingmar Bergman ahora conPersona (1966), una de los obras fundamentales de su filmografía y de la historia del cine con la que se nos sumerge de lleno en el tema de la identidad y del reconocimiento a través del otro. Obra maestra no sólo por su argumento sino por la belleza fascinante de su blanco y negro (Sven Nykvist) y sus sugerentes y significativos primeros planos. Interpretaciones sobresalientes de Bibi Andersson en el papel de la enfermera Alma y Liv Ullmanen el de la actriz Elizabeth Vogler, Persona nos narra una extraña historia de simbiosis y vampirización entre estas dos mujeres.

I. PERSONA Y MÁSCARA: Sobre los personajes de Elizabeth y Alma 

Para reflexionar acerca de esta película quizá sea importante empezar por destacar su título y su relación con el arquetipo junguiano del mismo nombre que víncula la persona con la máscara.Efectivamente, la etimología de persona viene del latín persona que definía la máscara que utilizaban los personajes teatrales. A su vez la persona del latín proviene del etrusco phersusproveniente del griego prospora (pros: delante y opas: cara, es decir, por delante de la cara). Por lo tanto, y tomando esta dimensión etimológica, ya podemos observar que la persona como máscara, como algo por delante de la cara, vela o pretende disimular algo que se halla detrás de ella: otra cara, otro rostro que la máscara precisamente oculta. Veamos como Jung define la persona en su dimensión arquetípica:

sin embargo, como su mismo nombre indica, la persona es tan sólo una máscara de la psique colectiva, una máscara que transmite la engañosa sensación de ser individuo y que, no siendo más que realmente un papel interpretado en el que toma la palabra la psique colectiva, hace que los otros y nosotros mismos pensemos que seríamos individuales.

Al analizar la persona, disolvemos la máscara y descubrimos que lo que aparentaba ser individual es en el fondo colectivo [...] En términos psicológicos, la persona no es en absoluto "real". La persona es un compromiso entre el individuo y la sociedad que tiene por objeto que "cada uno de nosotros aparenta ser". Cada uno de nosotros adopta un nombre, adquiere un título, ejerce una función, y es esto o aquello.  Como es natural, todas estas cosas son hasta cierto punto reales, pero en comparación con la individualidad del sujeto en cuestión su realidad es sólo secundaria, un mero compromiso en el que en ocasiones los demás participan en mucha mayor medida que él. La persona es una mera apariencia... [2]

- Sobre el personaje de Elizhabet Vogler 

Este texto de Jung tiene su traslación en el lenguaje de Bergman en el comentario que le hace la doctora (Margaretha Krook) que atiende a Elizhabet desde que cayó en el estado de silencio en el que se mantiene desde que dejó de hablar en una representación de Electra , y que tras descartar cualquier causa fisiológica o neurológica, le prescribe retirarse a una casa en una isla con una enfermera que la cuidará y de la que la doctora es también supervisora (Alma). Sus palabras son:

¿Crees que no lo entiendo? El desesperado sueño de la realidad, no de lo aparente sino de lo real. Consciente en todo momento, vigilante ante el abismo que hay ante lo que eres para los demás y lo que eres para tí misma. La sensación de vértigo y el deseo constante de ser descubierta por fin, de quedar expuesta en evidencia, quizá incluso aniquilada. Cada tono de voz oculta una mentira, cada gesto una falsedad, cada sonrisa una mueca. ¿Suicidarse...? No, no... Es muy feo. No es tu estilo, pero puedes quedarte inmóvil, en silencio, así al menos no mientes y puedes aislarte en tí misma, sin interpretar ningún papel, sin tener que exteriorizar gestos falsos. Eso crees, pero la realidad es retorcida. Tu escondite no es en absoluto hermético, la vida se filtra por todas partes. Te ves obligada a reaccionar. Nadie te pregunta si lo tuyo es real o irreal, si eres auténtica o eres falsa. Ese extremo sólo tiene importancia en el teatro y, a veces, ni tan siquiera allí. Yo te entiendo Elizhabet, entiendo tu silencio, tu inmovilidad, que refuerzes tu voluntad con ese fantástico sistema. Te entiendo y te admiro. Creo que deberías seguir en el papel hasta agotarlo por completo. Hasta que deje de ser interesante. En ese momento podrás dejarlo poco a poco... como tus otros papeles.


Liv Ullman (a la izquierda) como Elizabeth Vogler
Hay una escena sumamente significativa cuando en su habitación del hospital Elizabeth contempla escenas del horror de la guerra de Vietnam. Se observa su profunda inquietud ante ese horror (toma figura en la televisión la escena de un bonzo ardiendo)... De repente se hace mayor la densidad del horror ante esa dimensión cruel de la vida. Hay algo en ella que ya nos sugiere lo que parece atenazar a Elizabeth: el miedo a la vida. Como si más allá de la máscara tan sólo aguardara el horror del sinsentido. De hecho unas escenas más adelante, ya retiradas ambas en la casa de la isla, Alma le pregunta si está de acuerdo sobre el el texto de un libro que está leyendo (y que nos recuerda las dudas del caballero Antonius, el cruzado protagonista de la película ya comentada en este blog El septimo sello). Al final Elizabeth afirma con la cabeza su acuerdo sobre el texto que dice:

... la dolorosa conciencia de nuestra condición terrenal erosiona lentamente la esperanza que tenemos depositada en la salvación eterna. El combate entre la fe y nuestras dudas ante la oscuridad y el silencio es una de las pruebas más terribles y definitivas de nuestro abandono, de nuestro aterrador e impronunciable conocimiento.

La afirmación de Elizhabet a este texto confirma el estado de desorientación que la aqueja y la mantienen en ese estado de retiro y aislamiento que no es más que su miedo, o más que miedo terror a la vida. Para los gestálticos este es un conocido estado que Fritz Perls definió en su conocida metáfora del proceso terapéutico como el de ir pelando una cebolla e ir atravesando sus capas. A una de esas capas Perls las llamó "substrato fóbico". Esta se caracteriza como aquel momento de desconcierto en la que nos damos cuenta de que ya no nos sirven los "recursos neuróticos" (la capa que Perls llama de Clichés y roles) a la vez que experimentamos un gran miedo a profundizar porque ya no sabemos (no controlamos) donde nos dirigimos tanto hacia nosotros mismos como en nuestra relación con el mundo. Es un momento de miedo y desconcierto... en ocasiones de caos. Dice Jung al respecto, y en una aproximación muy parecida a la de Perls:

Cuando la orientación consciente se derrumba, lo sucedido no es cosa baladí. Se trata de un pequeño fin del mundo, en el que todas las cosas retornan una vez más al caos de los comienzos. Uno se siente expuesto, desorientado, como un navío sin gobierno entregado al capricho de los elementos. [3]

Hallamos a Elizabeth Vogler perdida en esta capa, presa de este profundo miedo a la vida, presa de su terror hacia ella que no es más que también miedo a sí misma, presa, finalmente,de una nueva máscara como bien le indica la doctora.

- Sobre el personaje de la enfermera Alma 

A estas palabras de la doctora que ponen de relieve la falsedad, a la vez que la realidad de la máscara, podemos añadir las palabras de Alma, su enfermera, quien nos describe perfectamente eso que Jung define como  la engañosa sensación de ser individuo [...] no siendo más que realmente un papel interpretado en el que toma la palabra la psique colectiva.  Creo que de una manera un tanto simbólica, Alma hace su monólogo mientras parece aplicarse alguna crema en su rostro. Veamos:

Es extraño. Vamos por la vida de cualquier manera, sin detenernos a pensar. Me casaré con Carl Henrich, tendré hijos y los criaré. En mi interior lo tengo todo decidido. No hay nada que reconsiderar. Eso da seguridad, y además tengo un trabajo que me gusta. Eso es bueno, en otro sentido, pero es bueno... Sí.

Bibi Andersson como la enfermera Alma
Es decir, Alma no es más que "aquello que se espera de ella", y a ello no ofrece grandes cuestionamientos, a pesar de que al final de sus palabras, en su tono de voz, emerge una cierta duda. La máscara, en su respuesta a lo colectivo, nos da seguridad, nos refugia en nuestro limitado mundo de "lo seguro".

Estos nos permite reflexionar dos consideraciones necesarias a realizar sobre el arquetipo de la persona. Por un lado esta su dimensión de identificaciones con los padres y también con los ideales colectivos, y que en el caso de Alma se nos muestran como maternidad, familia y trabajo seguro. En el psicoanálisis este aspecto de la persona recibe el noimbre de ideal del yo y constituye un modelo al que el sujeto intenta adaptarse y que le depara seguridad por ser colectivamente aceptado. Por otro lado la persona incluye también el conocido en psicoanálisis como yo ideal, es decir, un tipo de identificación con otro ser al que se considera de manera notable por su cualidades:

El yo ideal sirve de soporte a lo que Lagache ha descrito con el nombre de identificación heroica (identificación con personajes excepcionales y prestigiosos): «El yo ideal se revela también por la admiración apasionada hacia grandes personajes de la historia o de la vida contemporánea, que se caracterizan por su independencia, su orgullo, su ascendiente. [4]

Pronto observamos esta admiración de Alma por Elizabeth, célebre actriz de teatro y cine. En relación a la sencilla Alma, enfermera que aun satisfecha de su trabajo, se siente  insegura y dudosa de sus capacidades, Elizabeth aparece como ese personaje excepcional sobre el que Alma se proyectará tras la llegada a la isla. De hecho, en uno de sus monólogos, Alma nos muestra también esa presencia del yo ideal de la persona, en comparación con la pobre impresión que tiene de ella su pareja Carl Henrich:

Dedicar toda tu vida a algo... Ya sabes... Creer en algo e intentar conseguirlo. Encontrarle sentido a la vida. Eso me gusta. Dedicarse a algo obstinadamente, con tenacidad, sin rendirse. Significar algo para los demás. ¿No es bonito? Ya se que puede parecer infantil, pero es lo que creo.


II. EN LA ISLA (I): SOBRE LA TRANSFERENCIA ESPECULAR 

En un interesante artículo, la psicoanalista Sylvie Le Poulichet reflexiona sobre el silencio del analista y dice:

... el silencio del psicoanalista se ajusta en el eco de su propio lugar [...] no se puede reducir al hecho de callar la persona del analista. Es que este lugar [...] sólo cobra consistencia en tanto hace surgir otros lugares [...], pero también ciertos espectros. El lugar del analista, como su silencio, posee entonces la cualidad de una sombra que bosquejándose, despierta y revela ciertos actos psíquicos, así como la perspectiva de una incógnita. [5]

En la isla (una especie del temenos junguiano) Elizabeth continua en silencio mientras Alma habla y habla... Poco a poco el silencio de Elizhabet se va transformando en la escucha atenta y paciente y la mirada interesada y comprensiva que la van transformando en una especie de psicoterapeuta o psicoanalista de Alma en cuya escucha y mirada esta encuentra el no juicio que la lleva a narrar cada vez con más profundidad su historia, a la vez que se va dando el fenómeno de la proyección en forma de transferencia, y que en un momento dado hace que Alma le diga a Elizhabet:

Nadie se ha molestado en escuharme a mi como tú ahora, tú me estas escuchando. Me parece que eres la primera persona que me escucha [...] No paro de hablar, pensarás que soy una pesada, pero es tan agradable. Da una sensación de calidez, nunca me había sentido así... Siempre quise tener una hermana. Tengo un montón de hermanos. Tiene gracia, luego llegué yo. He estado toda mi vida rodeada de hombres. Me gustan los hombres, pero que te voy a contar a tí con toda tu experiencia como actriz...

Y así, poco a poco, el relato de Alma va trazándose sobre el acogedor silencio de Elizabeth hecho de escucha y mirada, también acompañado en ocasiones del contacto físico de un masaje o una sencilla caricia... Escuha, mirada, contacto tierno y cariñoso y silencio, extraordinario receptáculo para la palabra de Alma y para su transferencia sobre Elizabeth.
"Me parece que eres la primera persona que me escucha" (Alma)
A través de ese silencio acogedor que destaca la escucha, la mirada y el contacto, Alma va abriendo su relato al más allá de su máscara hasta llegar a un episodio doloroso de su biografía donde emergió, en una de las escenas de más intensidad erótica del cine, la fuerza del deseo, la impulsividad sexual y el intenso placer que, no obstante, desembocan en el embarazo inesperado y el aborto. En el relato de Alma surge su profundo sentimiento de culpa y se apunta también al personaje velado tras la persona... al otro rostro que se oculta tras el rostro de la máscara, y llorando amargamente dice:

No tiene sentido... no tiene ningún sentido. Luego tenemos remordimientos absurdos. Tu no entiendes... ¿Y que pasa con todo aquello en lo que creemos...? ¿No deberíamos respetarlo? ¿Es posible que no seamos siempre la misma persona? Me refiero a que a lo mejor no fui yo quien lo hizo... ¡Que tontería! La verdad es  no se porque demonios me pongo a llorar.

"¿Es posible que no seamos siempre la misma persona?" (Alma)
Paralelamente a ello asistimos al proceso de idealización de Elizabeth por parte de Alma para, a le vez, convertirse en su propio espejo:

Ya lo ves, no he dejado de hablar. Yo hablando sin parar y tu escuchándome. Te habrás aburrido. Que interés puede tener mi vida para tí. Deberíamos ser todos como tú. Oye... Sabes que pensé una noche que vi una película tuya... Entré en casa, me vi en el espejo y me dije: me parezco a ella. No me malinterpretes, tú eres más guapa, pero en ciero modo nos parecemos, me parece que podría convertirme en tí si me esforzase un poco, quiero decir interiormente y tu podrías convertirte en mi como si nada, aunque tu alma sería demasiado grande. se saldría por todas partes.

Creo que es interesante, para comprender el posterior desarrollo de la película, reflexionar un poco sobre el concepto que introdujo Heinz Kohut dentro de la comprensión del fenómeno de la transferencia, y al que llamó transferencia especular. Se entiende a esta como el tipo de proyección que el paciente realiza sobre el analista o psicoterapeuta y que parte del concepto indicado por Kohut como "resonancia empática", es decir: la necesidad de todo ser humano de ser reflejado - por otro - para reconocerse a sí mismo:

Si nadie en el mundo se alegra de que yo exista, si no hay nadie que me comprenda, que aprecie y ame lo que soy y lo que hago, me será muy difícil mantener un equilibrio narcisista saludable y un sentido de autoestima realista. [6]

Alma desarrolla hacia Elizabeth una de las dos direciones posibles que, en distintos niveles de intensidad, desarrolla el paciente hacia su psicoterapeuta en ese tipo de transferencia: la de transformalo en la figura esencial para su propio equilibrio psíquico interno. En el extremo de esta transferencia hallamos:

En este último tipo de transferencia se llega a valorar a tal punto el analista que cualquiera de sus respuestas, por mínima que sea, determina que el paciente se sienta bien, o por el contrario, que llegue incluso a dudar de su derecho a existir. Cada palabra, cada gesto del analista, el paciente los experiementa como una señal de aceptación o rechazo. Como una especie de veredicto emitido por el espejo. [7]

El silencio que resalta la escucha, la mirada, el contacto de Elizhabet constituyen un espejo ideal para Alma, para hallar en ellos la "resonancia empática" a la que Kohut se refiere. No obstante, y cuanto más extrema es este tipo de transferencia, los psicoterapeutas y analistas saben que es muy importante tolerar esa idealización - pues es necesaria para su paciente - y que su necesario proceso de desidealización se dé de manera gradual evitando formas demasiado radicales o abruptas, puesto que sus consecuencias pueden ser graves o incluso traumáticas.

Después de esa noche en la que Alma le revela su dolor a Elizhabet tiene un extraño sueño (la película juega constantemente con una ambiguedad deliberada entre la realidad y la fantasía) en el que de forma velada ya se anuncia la relación vampírica que se va a establecer entre ellas... La transferencia realizada por Alma sobre Elizhabet va a sufrir precisamente un cambio abrupto por el descubrimiento de una nueva realidad tras al fondo de la máscara que el silencio de Elizhabet oculta.
El sueño de Alma 

Vemos en ese sueño,simbólicamente representado, lo que ya se nos sugiere como una doble dimensión de la relación de Elizabeth con Alma: la aparente y la real representada en las dos puertas. La Elizabeth que entra por una y la que sale por la otra. La aparentemente contenedora y facilitadora y una segunda ya más sospechosa, que nos la muestra con un caracter más vampírico en el que ella parece alimentarse del mundo emocional de Alma y sobretodo de su carencia afectiva. Es muy sugerente la evolución de las últimas imágenes frente a la cámara de este fragmento, en el que el contacto no esta exento de cierta tensión sexual - tan propia del mundo de los vampiros -. Como mientras la cabeza de Elizhabet se acerca al cuello de Alma. el primer plano se va oscureciendo hasta desaparecer. Sin embargo, una de las imágenes más asociadas a la película es justamente esa que no puede verse porque en la película es justamente velada:
Elizabeth y Alma
III. EN LA ISLA (II): EL SURGIMIENTO DE LA SOMBRA Y LA TRANSFERENCIA ESPECULAR NEGATIVA 

La escena que da un cambio al desarrollo de la película se produce cuando Alma lleva unas cartas en coche. Hay una de ellas que tiene el sobre abierto... Es una carta de Elizabeth a la doctora. Alma no resiste la tentación y extrae la carta y la lee

Querida, me gustaría vivir siempre así, este silencio, este aislamiento, esta sensación del alma abatida que finalmente comienza a recobrar fuerzas. Alma me mima de un modo realmente conmovedor. A propósito, me parece que se lo está pasando bien y que se siente impresionada por mí, facinada de una manera inconsciente y deliciosa. Resulta divertido estudiarla. Anoche me confesó entre lágrimas sus pecados del pasado. Una orgía ocasional con un chico a quien no conocía y cuya conclusión fue un aborto. Le atormenta el hecho de que sus ideas sobre la vida no concuerden con su conducta.

La decepción de Alma es obvia. No sólo por su frivolización en ese "resulta divertido estudiarla", sino porque es traicionada desde el momento en el que Elizhabet revela sus "pecados" a la doctora... A partir de ese instante surge la Alma vengativa quien voluntariamente deja un cristal roto de un vaso para que Elizabeth se corte con él... Cosa que sucede. Alma la mira tras la ventana y Elizabeth le devuelve la suya sorprendida... Ambas saben que ahora las cosas han cambiado. En ese momento la pantalla se resquebraja y surgen unas imágenes aparentemente erráticas y a gran velocidad, entre las que destacan la imagen de un diablo, la de la muerte y la de una mano a la que se le está clavando un clavo (crucifixión). Tras ellas la mirada de un ojo nos abre finalmente a la segunda parte de la película: las personas se abren a sus sombras y el silencio es ahora infierno.Tras el cambio de imagen ambas protagonistas aparecen vestidas de negro y Alma le pide que le hable, que necesita que le hable... De sus palabras surgen la decepción y el enfado:

... necesito tu ayuda ahora mismo, no es complicado, únicamente necesito que me hables [...] Sólo quiero que me hables unos minutos, un minuto... puedes leerme algo de tu libro. Unas palabras...[...] De veras querida, necesito oirte hablar. Tabto te cuesta decirme una sola palabra... ¡Sabía que te negarías! No sabes como me siento. Siempre había creído que los artistas estaban dotados de una enorme capacidad de compasión. Que lo que les impulsaba a crear era su íntima voluntad de ayudar a los demás. Soy estúpida.

Tras esto surge la revelación del sentir de Alma, su dolor por la traición de Elizhabet. Recordemos que antes cité las palabras de Mario Jacoby que para el paciente en transferencia especular el psicoterapeuta puede determinar que "el paciente se sienta bien, o por el contrario, que llegue incluso a dudar de su derecho a existir.· Dice Alma:

Te has servido de mí, y ahora que ya no me necesitas sencillamente me desprecias. ¡¡Si ya se que suena a tópico barato, que suena a falso; me has utilizado y ahora me desprecias, pero es la pura verdad!! Me has hecho daño. Te has reído de mi a mis espaldas.

En su excelente comentario a esta película, Susan Sontag nos dice alrededor de la transformación del silencio en esta parte:

El silencio de la actriz se convierte en una provocación, una tentación, una trampa. Lo que desarrolla Bergman es una situación que recuerda la obra en un acto de Strindberg La más fuerte, que describe un duelo entre dos personas, una de las cuales se mantiene agresivamente callada. Y como en la obra de Strindberg, la persona que habla, la que vuelca su alma, resulta ser más débil que la que permanece en silencio. Porque la naturaleza de dicho silencio se altera continuamente, se vuelve cada vez más potente: la mujer muda no cesa de cambiar. Cada gesto de Alma - de afecto confiado, de envidia, de hostilidad - queda invalidado por el silencio inflexible de Elizhabet. [8]

- El surgimiento de La Sombra por identificación 

Alma le revela a Elizabeth que ha leído su carta y surge entonces de ella el dolor de la traición: "¡Tu me hiciste hablar! ¡Me hiciste contarte cosas que no le he dicho a  nadie y tú luego las cuentas! ¡Vaya... que interesante!. ¡No vas a... Desde luego que vas a hablar!" Tras estas palabras surge entre ellas el diablo como el mal, la muerte como la no existencia y el dolor de la traición (el clavo clavado sobre la palma de la mano). Surge de los fondos de la psique La Sombra, el lado oscuro de la persona, el opuesto de la persona. Ambas se enzarzan en una pelea en la que Elizhabet abofetea a Alma y esta amenaza con tirarle el agua de una olla hirviendo... La sombra surge de repente por identificación con ella (- para profundizar ver el post El arquetipo de la Sombra en el cine (Parte I): Dr. Jeckyll y Mr. Hide y también el dedicado a La Chaqueta metálica: la transformación del soldado patoso), en lo que se conoce como posesión por identificación.
El enfrentamiento entre Elizabeth y Alma
- La proyección de la sombra: la transferencia especular negativa.

 La escena que sigue es muy interesante. Una Alma más calmada se dirige a Elizabeth y le dice:

¿Tiene que ser así...? Es muy importante no mentir, decir la verdad, hablar con un tono de voz sincero. ¿Puede vivir alguien sin hablar francamente? Mentir, disimular y evitar la realidad. ¿No es mejor abandonarse y aceptar las cosas que fingir? Tal vez sería un poco mejor si te mostrases abiertamente. No, tu no lo entiendes. No entiendes lo que te digo, eres inaccesible. La doctora dijo que estabas mentalmente sana pero que tu locura es la peor. Te haces la sana, y lo haces tan bien que todos te creen. Todos excepto yo que se que estas podrida.

Elizabeth se retira de repente y Alma se pregunta entonces qué ha hecho. De repente Alma, aun sin decirlo, es como si cayera en la cuenta de que le ha dicho a Elizhabet es lo mismo que podría decirse ella... Alma ve en Elizhabet a su propia sombra y ejerce sobre ella el juicio que se ejerce sobre sí misma. En la retirada de Elizabeth está también su propio auto-rechazo y en este rechazo está también su dolor más profundo: el dolor de la muerte, de la no existencia. Corre detrás de Elizabeth para pedirle perdón, para decirlo lo importante que es para ella, perdón que ésta le niega sumiéndose y sumiendo a Alma en el infierno de su silencio. Alma desesperada huye entonces diciendo: "¡¡No piensas perdonarme!! ¡Eres demasiado orgullosa y no estas dispuesta a rebajarte porque  no me necesitas para nada...! ¡¡Para nada...!! ¡¡¡Para nada...!!!

Asistimos a dos fases en esa escena. Por un lado al juicio de Elizhabet que implicaría, a diferencia de la transferencia especular de cariz positivo que vimos antes, a una dimensión de corte más negativo. Cuando hablamos de la transferencia especular vimos que podía tomar dos direcciones. Aquella en la que se idealiza al  psicoterapeuta y se lo convierte en base del equilibrio psíquico y la otra, aquella en el que el psicoterapeuta es devaluado, es decir, cuando se le proyectan los propios sentimientos reprimidos de poco valor, impotencia, inutilidad o indignidad.

Ahora bienni Elizabeth ni Alma están en una relación terapéutica, Y ni una es psicoterapeuta  ni la otra paciente, por lo menos en el contexto de lo que éste tipo de relación implica. La reacción de Elizabeth es abandonar a Alma y esta experimenta de nuevo el rechazo... El rechazo por haberse ahora portado mal. Y aquí nos hallamos en la segunda fase de esta escena: Alma no sostiene el rechazo al que siente como una reducción a la no existencia, a una muerte afectiva. Por ello persigue desesperadamente a Elizabeth pidiéndole perdón, recordándole lo importante que es para ella... lo importante que es no acabar como enemigas. Pero, en última instancia, Elizabeth le vuelve a dar la espalda y Alma se desespera.

IV. EN LA ISLA (III): SOBRE EL FENÓMENO DE LA VAMPIRIZACIÓN 

La tercera parte de la película nos habla del fenómeno de la vampirización. Quizá para comprenderla podamos recurrir una vez más a la transferencia especular:

Dado que el analista, en su función de espejo, es experimentado inconscientemente como si formara parte del paciente (el auto-objeto del que habla Kohut), resulta natural que el paciente tenga ataques de posesividad cuando se da cuenta de que el analista no sólo lo refleja a él, sino también a muchas otras personas, a las cuales puede, incluso, preferir más que a él. El paciente siente como si perdiera una parte de sí mismo. En esta situación, resulta muy importante que el analista empatice con estos miedos que están tan profundamente arraigados en el paciente, ya que esto es lo que le impedirá sentirse aprisionado por sus molestos ataques de posesividad. Si no lo hace, probablemente trate de liberarse de "las cadenas que le aprisionan" haciendo comentarios agresivos, grotescos o burlones. [9]

Esta consideranción del otro como parte de sí mismo es lo que hace a Alma susceptible de ser vampirizada. Su necesidad de Elizabeth, su necesidad de reconocerse a través del otro, la hacen dependiente de ésta y su silencio negador la precipita en los abismo de la pérdida de la identidad. En cierta manera el silencio de Elizabeth es el abismo de La Cosa lacaniana, perderse e su más allá. Tras el rechazo de Elizabeth, Alma entra en un extraño mundo donde realidad y fantasía son difíciles de discernir. Donde es difícil reconocer si lo que sucede sucede en la realidad o en la fantasía de Alma si bien, y como diría Jung, constituyen finalmente su realidad psicológica. Llega así la escena del encuentro con la pareja de Elizabeth, el señor Vogler (Gunnard Bjonstrad)...  Alma es confundida por ella y tras una breve resistencia adopta el rol de Elizabeth y, de hecho se torna ella. Tal y como ocurre en ocasiones con el mundo de los vampiros, el ser vampirizado está en conexión psíquica con el vampiro y así ve lo que ve él... y actúa como él. Es curioso cuando Elizabeth, que contempla la escena, toma la mano de Alma y la lleva al rostro de Vogler para que le acaricie... Habla por ella y a través de ella muestra cariño y ternura por Vogler, también por su hijo...
Alma, Vogler y Elizabeth: la fusión vampírica
Pero en ese proceso de vampirización, Alma también entra en contacto con la parte más sombría de Elizabeth, y así de repente y como si entrara en trance, el tono de las palabras se troca en desesperación y dice a Vogler:

¡¡La anestesia acaba conmigo... No lo soporto!! ¡¡Que verguenza, que verguenza... Que verguenza, déjame en paz, déjame en paz, estoy podrida. Soy fría e indiferente. Todo en mí es una mentira y un engaño!!

La cámara entonces se desplaza rápidamente hacia Elizabeth y nos muestra un primer plano de su rostro a la vez que suena el sonido profundo y denso de un gong: la consciencia de Elizabeth. Justo después de este primer plano, se nos muestra en la siguiente escena como Alma aparta las manos apoyadas en la mesa de Elizabeth y descubre la foto de su hijo - que en el principio de la película había roto -. Alma, ante un rostro ahora preocupado de Elizabeth le dice que tienen que hablar de este tema... "Cuéntame Elizabeth - esta niega con la cabeza - sino tendré que hablar yo". Llega entonces una de las escenas más impactantes de la película. En ella se relata el fracaso como madre de Elizabeth - ambas mujeres comparten su drama como lo que siente cierta falla como madres - y se relata en dos ocasiones, una enfocando el rostro de Elizabeth, la otra enfocando el rostro de Alma. En el enfoque del rostro de Elizabeth asistimos a su negación y desconcierto, al miedo y a su dificultad para sostener aquello que Alma le manifiesta. Aparta su mirada de ella pero finalmente va surgiendo la tristeza y el dolor con el que Elizabeth vivió una maternidad cargada de odio al hijo desde el momento de su concepción. Lo vive como un obstáculo, un problema para su belleza, su estilo de vida, su profesión de actriz... por sus sentimientos de culpa y remordimientos posteriores... por el amor que el hijo le muestra como madre, cuando ella solo desea golpearle.
El miedo de Elizabeth 
Luego se repite la escena ahora con la cámara enfocada en Alma... y al final del relato se produce el famoso primer plano de la fusión de ambas mujeres en el rostro de Alma. Ella, como si entonces se diera cuenta se resiste: "no... yo no soy como tu, no siento como tu, soy la enfermera Alma y estoy aquí para cuidarte. No soy Elizabeth Vogler, tú eres Elizabeth Vogler".
La fusión entre Alma y Elizabeth 
Tras esa escena sigue aquella en la que Alma se ha recuperado a sí misma... Aparece vestida con su uniforme de enfermera como seña de su identidad - una máscara le devuelve su integridad -: "Yo nunca seré como tú, nunca. Cambio constantemente. Nunca te apoderarás de mi" - le dice -. Alma se enfrenta al silencio de Elizabeth dando golpes sobre la mesa para que voluntariamente vuelva a surgir su identificación con Elizabeth. Su respuesta a su silencio es ahora enfrentarla con ella misma y Alma-Elizabeth le dice:

Decirlo es inútil, no sirve de nada, es una locura. Ahora no... no... siempre contra el paso del tiempo. Cuando tenía que ocurrir no ocurrió y por lo tanto fue un fracaso. Tu no reacciones, pero yo debo hacerlo y no hacia el interior. Es preciso que avise a todos los demás, a todos los desconsolados. Tomar si... ¿pero qué es lo más próximo? Se llama... No... no... no nosotros, nuestro, mío, yo, todas palabras nauseabundas responsables de un dolor incomprensible.

Es entonces cuando Alma le muestra el brazo a Elizabeth y se corta. De la herida mana sangre y éste se avalanza hacia ella para sorberla... Tras unos segundos Alma reacciona retirándole su brazo y pegándole sin cesar... El silencio de Elizabeth no oculta más que al vampiro emocional.
El vampirismo de Elizabeth sobte el brazo de Alma
V. Y MÁS ALLÁ DE LA PSICOLOGÍA...

Reducir la obra de Bergman sólo a la psicología  no sería ni justo ni acertado como bien observa Susan Sontag, y como bien se deriva de esas escenas finales contempladas desde otras intermedias. ¿A qué dolor incomprensible se refiere Alma? Alma, como Elizabeth, se refieren al dolor de la existencia, al absurdo y el sinsentido con el que esta se nos muestra en multitud de ocasiones, el dolor implícito en la propia condición humana y al silencio final de nuestros dioses, sean cuales sean estos. La lectura de Bergman parece lanzarnos a un Universo frío e indiferente en el que "las palabras nauseabundas" (nosotros, nuestro, mío, yo) transforman al hombre en un vampiro que se alimenta de sus congéneres... Su vacío es alimentado mediante el uso del otro reducido a simple objeto ("resulta divertido estudiarla"). La posición de Bergman respecto a la condición humana me parece esencialmente descrita por Sontag:

la naturaleza de su sensibilidad, cuando es fiel a ella, tiene una sola temática: las profundidades donde se ahoga la conciencia. Si para conservar la personalidad es necesario salvaguardar la integridad de las máscaras, y si para conocer la verdad acerca de la persona hay que desenmascararla, resquebrajar la máscara, entonces la verdad de la vida, globalmente considerada reside en la destrucción de toda la fachada, detrás de la cual se oculta una crueldad absoluta. [10]

La manifestacón de esta crueldad absoluta se manifiesta en el horror que experimenta Elizabeth cuando contempla al bonzo ardiendo o en la contemplación de una fotografía del holocausto en el que se observan niños y madres del gueto rodeados de soldados nazis... Imágenes que no tienen un trasfondo político sino que aparecen como manifestaciones de esta insoportable crueldad que aguarda tras la fachada. Recuerda Bergman una aproximación parecida a la que más tarde, con su habitual clave de humor, Woody Allen nos presentó en "Delitos y faltas".

Eso nos muestra también Bergman en su personaje de Elizabeth, su retracción en relación a la vida, su aspiración a la renuncia de sus máscaras, no hace más que manifestar su condición vampírica... Su silencio no es más que el vacío succionador de su carencia. Eso es lo que Alma le muestra cuando le reponde a su silencio con su identificación con ella. En otra de esas escenas donde realidad y fantasía - ¿un sueño? - se vuelven ambiguas, Alma entra en la habitación... ¿ahora del hospital...? Allí yace Elizabeth. Se acerca a ella y levantándola le susurra: "Ahora repite lo que yo diga... Nada... Nada,". Elizabeth, medio dormida, medio incosciente, finalmente lo repite. Nada...Bergman parece insistir en que tras la máscara no hay nada... nada salvo el sinsentido y la crueldad. Y así finalizaré esta entrada con unas palabras finales de Susan Sontag, quien en relación a las primeras y últimas imágenes y las últimas de la película, que tanto han dado que hablar, dice al respecto:

El tema de Persona es la violencia del espíritu. Si las dos mujeres se violan recíprocamente, es lícito decir que cada una de ellas se ha violado a sí misma de  una manera por lo menos igualmente profunda. En el paralelismo final con este tema, la misma película parece ser violada, parece emerger del caos del "cine" y de la "película como objeto" para luego volver a sumirse en él. [11]
Bibi Andersson, Bergman y Liv Ullman: Persona (1966)

__________________

[1] Scorsese, Martin en comentario del extra "Imágenes del recreo" en el DVD de Persona.
[2] Jung, C. G.  La persona como recorte de la psique colectiva en OC. Volumen 7, Editorial Trotta, par. 245
[3] Ídem anterior. Los intentos por liberar a la individualidad de la psique colectiva, par. 254
[4] Laplanche & Pontalis. Diccionario de psicoanálisis. Ver acepción "Yo ideal". Editorial Paidós.
[5] Le Poulichet, Sylvie. La efracción del silencio en El silencio del psicoanálisis (bajo dirección de J. D. Nasio) Amorrortu editores, pág. 117
[6] Jacoby, M. El encuentro analítico. La transferencia y la relación humana. Fata Morgana, pág. 74
[7] Ídem anterior, pág. 82
[8] Sontag, Susan. Estilos radicales. Editorial Debolsillo (ebook). En "Persona de Bergamn".
[9] Ver nota 6, pág. 83
[10] Ver nota 8.
[11] Ver nota 8.

Fuentes
www.cineypsicologia.com
www.uv.es

Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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