La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

martes, 14 de mayo de 2013

Un psicoanalista peculiar, soñador y sensitivo: Sandor Ferenczi

Ferenczi, (El "enfant terrible" del psicoanálisis)
(1873-1933)
por Isabel Monzón
www.imonzon.com.ar
isamonzon@yahoo.com

No es fácil hacer una breve reseña para aludir a una obra tan vasta y rica como la de Ferenczi.1 A pesar de haber sido uno de los mejores clínicos de nuestra ciencia, su influencia no es del todo reconocida y su nombre sigue siendo soslayado, a veces por ignorancia y en demasiadas ocasiones porque sus ideas son citadas como si fueran de otros. Asimismo, el no leer su obra - como la de otros psicoanalistas "olvidados" - es característico del dogmatismo que reina en nuestra ciencia. La Argentina, un país arrasado por ideas y movimientos políticos totalitarios, ha sido caldo de cultivo más que oportuno para las que he bautizado de "invasiones inglesas" e "invasiones francesas". 2 Pero, a pesar de todo, se le reconozca o no, es innegable que Ferenczi ha dejado una impronta en la teoría y en la práctica psicoanalítica en general y también en la referida al trabajo con los niños. Pionero entre pioneros, como lo bautiza Sándor Lorand 3, Ferenczi fue para muchos de sus colegas un enfant terrible 4. Freud, que reconocía su talento y su aguda mirada clínica, alguna vez lo llamó "mi hijo querido". 

Ferenczi pre-analítico
Ferenczi publica, entre 1899 y 1907, sus textos conocidos como Los escritos de Budapest. Entre ellos queremos destacar "Espiritismo" (1899), "Dos errores de diagnóstico", "Conciencia y Desarrollo" (1900), "El Amor en las Ciencias" (1901), "La homosexualidad femenina" (1902), "El valor terapéutico de la hipnosis" (1904), "Acerca de la neurastenia", "Estados sexuales intermedios" (1905) y "Acerca del tratamiento por sugestión hipnótica" (1906). Recién recibido de médico, relata Roudinesco, Ferenczi trabajó en el Hospital Saint- Roch, en el cual, cuarenta años antes, Philippe Ignace Semmelweis había tratado de que se le reconociera su descubrimiento acerca del carácter infeccioso de la fiebre puerperal. "Lo mismo que su ilustre predecesor, Ferenczi se mostró muy pronto adepto a la medicina social. Siempre dispuesto a ayudar a los oprimidos, a escuchar a las mujeres en dificultades y a aliviar a los excluidos y a los marginales, asumió en 1906 la defensa de los homosexuales, en un texto valiente presentado a la Asociación Médica de Budapest. En él refutaba los prejuicios reaccionarios de la clase dominante, que tendían a señalar como responsables del desorden social a las personas denominadas uranistas". Llegó a ser representante del Comité Humanitario Internacional para la Defensa de los Homosexuales, fundado por Magnus Hirschfeld en 1897. Abogando por reformas legales, intentó sensibilizar a sus pares, oponiéndose a las perspectivas discriminadoras y homofóbicas propuestas por Krafft-Ebing y Möebius, en especial a la consideración de la homosexualidad como una enfermedad degenerativa.
Es en 1907 que Ferenczi llega al psicoanálisis, luego de haber tenido noticias de los experimentos de Jung con asociaciones de palabras. Al mismo tiempo, vuelve a leer y a revalorizar La interpretación de los sueños. A partir de ese momento, la vida del vulnerable húngaro quedaría, hasta el fin de sus días, ligada al psicoanálisis. El psicoanálisis, por su parte, quedará para siempre ligado a él.

Lélekelemzés
Entre 1908 y 1909 escribe seis trabajos que tienen como intención difundir a la aún joven ciencia en el mundo de los médicos húngaros. Cuando los recopila los bautiza con el término de Lélekelemzés, nombre con el que traduce al húngaro la palabra Psychoanalyse creada por Freud. Lélekelemzés significa "Cura del alma" o "Estudio del alma". A la vez que lo invita a presentar su trabajo, Freud le pide que le agregue la palabra "psicoanálisis". Ferenczi aceptó, rebautizando a su recopilación: Estudio del alma: ensayos en el campo del psicoanálisis. El pedido del creador de la "cura por la palabra" resulta significativo 5. ¿Si había elegido para su ciencia la conjunción de las palabras griegas Psykhe y Análysis, por qué parecía ahora renegar de ellas? Psykhe-anima en latín - significa soplo, aliento, mientras que "psíquico" remite a anímico, espiritual, del alma. "Análisis" hace referencia, en uno de sus sentidos, a la acción de desatar, soltar. La psicología, por su parte, es el tratado de las funciones del alma. 6
Ferenczi tuvo, desde el principio de su encuentro con el psicoanálisis y hasta el final de su vida, muy claro que esta ciencia es el estudio y la cura del alma humana. Es por esta razón que de su Lélekelemzés queremos destacar especialmente uno de los ensayos, Psicoanálisis y pedagogía, su carta de presentación ante la comunidad psicoanalítica, en tanto Freud lo invitó para que lo leyera en el Primer Congreso Internacional de Psicoanálisis realizado en Salzburgo en 1908. Allí Ferenczi pronuncia estas palabras, lamentablemente, muy vigentes:
El estudio de las obras de Freud y los análisis efectuados personalmente pueden convencer a cualquiera de que una educación defectuosa no sólo es fuente de defectos caracterológicos, sino también de enfermedades, y de que la pedagogía actual constituye un auténtico caldo de cultivo para las neurosis más diversas. Pero el análisis de nuestros enfermos nos conduce, a pesar nuestro, a revisar nuestra propia personalidad y sus orígenes; estamos convencidos de que la educación guiada por las más nobles intenciones 7 y realizada en las mejores condiciones - fundada sobre principios erróneos aún en vigor - ha influenciado nocivamente y de múltiples maneras el desarrollo natural; si a pesar de todo conservamos la salud, lo debemos seguramente a nuestra constitución psíquica más robusta y resistente de lo normal. De todas formas, aunque no hayamos enfermado, muchos sufrimientos psíquicos inútiles pueden ser atribuidos a principios educativos impropios; y bajo el efecto de la misma acción, la personalidad de algunos de nosotros ha resultado incapaz de disfrutar sin inhibición de los placeres naturales de la vida.
Ferenczi va aún más lejos cuando afirma que la pedagogía cultiva la negación de las emociones y de las ideas: "La pedagogía obliga al niño a mentirse a sí mismo, a negar lo que sabe y lo que piensa. El principio de la pedagogía actual es difícil de definir. Se parece mucho a la mentira. Pero mientras que los mentirosos y los hipócritas ocultan las cosas a los demás o les muestran emociones e ideas inexistentes, la pedagogía obliga al niño a mentirse a sí mismo, a negar lo que sabe y lo que piensa". Continúa luego con una reflexión que alude a lo que Winnicott, tiempo más tarde, llamará "verdadero self":
Los sentimientos y las ideas rechazadas de este modo, inmersas en el inconsciente, no quedan sin embargo suprimidos; a lo largo del proceso educativo se multiplican, crecen y se aglomeran en una especie de personalidad distinta escondida en las profundidades del ser, cuyos objetivos, deseos y fantasías están en general en contradicción absoluta con los objetivos y las ideas conscientes.
Es comprensible que las ideas del "peculiar, soñador y sensitivo"8 psicoanalista húngaro sean desmentidas: cuestionan, desde sus raíces, los principios educativos postulados por el "docto" Schreber:
Ferenczi aboga por una reforma pedagógica que permita evitar el rechazo de las propias ideas y emociones. Pensando, como solía hacer Freud, en las posibles objeciones a las reflexiones que ofrece, Ferenczi las contesta una por una. A la probable argumentación de que estaría fomentando el egoísmo, responde que el peligro reside, en realidad, en la hipocresía. 9
El análisis psicoanalítico no conduce al reino desenfrenado de los instintos egoístas, inconscientes y a veces incompatibles con los intereses del individuo, sino a la ruptura con los prejuicios que dificultan el conocimiento propio, a la comprensión de los motivos hasta ahora inconscientes y a la posibilidad de un control de los impulsos que se han convertido en conscientes.
Concluye su trabajo sosteniendo la necesidad de fundar una pedagogía que se base sobre la comprensión y la eficacia, no sobre dogmas.
En el prefacio a las Obras Completas de Ferenczi, Michaël Balint nos informa que Psicoanálisis y pedagogía fue, en vida de su autor, solamente publicado en húngaro. A pesar de ser el fruto de la primera reflexión sobre pedagogía escrita por un psicoanalista, el texto quedó enterrado en la ignorancia y el olvido. Es Balint quien produce su exhumación, al traducir y publicar las obras completas de su maestro.
Entre otros aportes que Sándor Ferenczi hizo a nuestra ciencia se halla su insistencia, ante Freud, de la necesidad que los analistas atraviesen un período de auto conocimiento profundo de sí mismos, aún más completo que el de sus pacientes. Análisis llamado, por algunos, didáctico.10 

Psicoanálisis con el niño que habita en el adulto
En 1929, en su trabajo Principio de Relajación y neocatarsis, Ferenczi relata: "Discutiendo con Anna Freud sobre algunas medidas técnicas, me planteó ella esta oportuna cuestión: 'Trata usted a los pacientes como trato yo a los niños en mis análisis infantiles.' Tuve que darle la razón." Es que en esos tiempos Ferenczi ya sabía que, atendiendo pacientes graves, era imprescindible que él se saliera de ciertos moldes: "Durante mi larga práctica analítica, me he hallado constantemente en trance de infringir algunos de los consejos técnicos de Freud". A veces, los pacientes de Ferenczi, en lugar de quedarse obedientemente tendidos sobre el diván, se levantaban de golpe, caminaban por el consultorio y le hablaban mirándolo a los ojos. Eran personas que necesitaban que la sesión se prolongara, que él las atendiese en sus domicilios o que les diera más de una sesión por día. Seres de una gran labilidad emocional que estaban atravesando momentos difíciles y recordando situaciones traumáticas. Ferenczi tenía que crear, como los analistas de niños, una técnica distinta a la utilizada por Freud con sus pacientes adultos neuróticos. Para eso, le era necesario transgredir. De esta demanda, originada en la clínica, nació la tan cuestionada - inclusive por el mismo Freud - "técnica activa" ferencziana.
Otro de los escritos para comentar, imprescindible para dar cuenta del aporte que Ferenczi hizo al psicoanálisis, es la conferencia que dio en 1931 en la Asociación Psicoanalítica de Viena: Análisis de niños con adultos . Reconoce, en primer lugar, la labor pionera en el análisis infantil de Hermine Hug Hellmuth 11, para luego valorizar los aportes de Melanie Klein, de Anna Freud y de August Aichhorn.
En lo que me concierne, no he tenido demasiados contactos con niños en el psicoanálisis y ahora estoy sorprendido al tropezarme con este problema por un camino distinto. ¿Cómo he llegado a él? (...) Al tener una especie de fe fanática en las posibilidades de éxito de la psicología de las profundidades, he considerado los eventuales fracasos más como una consecuencia de mi escasa habilidad que como fruto de la "incurabilidad", hipótesis que me ha conducido necesariamente a modificar la técnica en aquellos casos difíciles que resultaban imposibles de proseguir con la técnica habitual.
Ferenczi explica que utiliza con sus pacientes "difíciles" y en estados muy regresivos, técnicas propias del análisis infantil. Se encuentra, así, con el niño que aún existe en el adulto y comprueba no sólo que éste puede comportarse como una pequeña criatura, sino también que el analista puede tomar, por obra de su contratransferencia, un rol similar al que los padres y educadores asumen frente a los niños:
Es innegable que los niños son influenciables, que tienden a apoyarse sin resistencia sobre alguien "grande", en sus momentos de debilidad, que existe un elemento de hipnosis en la relación entre niños y adultos, y hay que acomodarse a esta realidad. Así que el gran poder que los adultos tienen frente a los niños, en vez de utilizarse, como se hace a menudo, para imprimir nuestras rígidas reglas en el psiquismo maleable del niño, podría ser utilizado para educarlos con mayor independencia y con mayor sentido de la responsabilidad.
Muchos de los pacientes a los que Ferenczi alude habían sido víctimas, durante su infancia, de situaciones traumáticas ocasionadas por abuso sexual. El psicoanalista húngaro continuará con este controvertido tema en Reflexiones sobre el traumatismo 12, en su Diario Clínico y en 1932, al comunicar su muy polémica conferencia Confusión de lenguas entre los adultos y el niño. El lenguaje de la ternura y el de la pasión. 13 En esta ocasión afirma:
Nunca se insistirá bastante sobre la importancia del traumatismo y en particular del traumatismo sexual como factor patógeno. Incluso los niños de familias honorables de tradición puritana son víctimas de violencias y violaciones mucho más a menudo de lo que se cree. Bien son los padres que buscan un sustituto a sus insatisfacciones de forma patológica, o bien son personas de confianza de la familia (tíos, abuelos), o bien los preceptores o el personal doméstico quienes abusan de la ignorancia y la inocencia de los niños.
Más adelante, Ferenczi dice que esos adultos con predisposiciones patológicas confunden los juegos y conductas de los niños con los deseos de una persona sexualmente adulta, confusión que los lleva a abusar de las criaturas. El niño puede intentar protestar, pero a la larga es vencido por la fuerza y la autoridad aplastante del adulto. Llevado por el temor y la indefensión, se doblega a la voluntad del agresor y lo introyecta, para poder seguir sosteniendo con él un vínculo de ternura. A este mecanismo de defensa psíquico Ferenczi lo llamará "identificación con el agresor". Suele atribuírsele a Anna Freud la creación de este concepto. En su Diccionario de Psicoanálisis, Laplanche y Pontalis lo definen:
Mecanismo de defensa aislado y descrito por Anna Freud (1936): el sujeto, enfrentado a un peligro exterior (representado típicamente por una crítica procedente de una autoridad, se identifica con su agresor, ya sea reasumiendo por su cuenta la agresión en la misma forma, ya sea imitando física o moralmente a la persona del agresor, ya sea adoptando ciertos símbolos de poder que lo designan. (...)
Un poco más adelante, los autores del Diccionario mencionan a Ferenczi diciendo que cuando éste utiliza el término identificación con el agresor lo hace en un sentido muy especial: la agresión a la que se hace referencia es el atentado sexual del adulto, que vive en un mundo de pasión y de culpabilidad, sobre el niño que se supone inocente. El comportamiento descrito como resultado del miedo es una sumisión total a la voluntad del agresor; el cambio provocado en la personalidad es "(...)la introyección del sentimiento de culpabilidad del adulto". (Ferenczi, 1932).
Laplanche y Pontalis han leído mal. Si Ferenczi habla de la identificación con el agresor en 1932, no puede haber sido Anna Freud la responsable de "aislar y describir" ese mecanismo de defensa en 1936, año en el que publica su libro El yo y los mecanismos de defensa. Más aún, leyendo atentamente el capítulo IX, titulado precisamente La identificación con el agresor, podemos discernir que, aunque Anna Freud no se refiera en este trabajo a casos de abuso sexual, la descripción que hace es muy similar a la de Ferenczi. Por otra parte, en su larga trayectoria como psicoanalista de niños, ella tuvo la ocasión de comprobar casos de abuso y a ellos se refirió en varios de sus trabajos. La hija de Freud tuvo un gesto claro de reconocimiento hacia Ferenczi cuando, en relación a las innovaciones técnicas del psicoanalista húngaro -es decir, la técnica activa- el 29 de noviembre de 1931 le escribe a Lou Andreas-Salomé: No me preocupa, en tanto y en cuanto quien practique este método sea Ferenczi porque tiene la necesaria moderación, pero otros no deberían ponerlo en práctica. Mucho me temo que Ferenczi se va a alejar pronto de nosotros y a encerrarse. Anna sabía que el sensible y talentoso Sándor se veía condenado al ostracismo pero, desmintiendo lo que sus sentidos y su comprensión le señalaban, ella prefería creer que se trataba de un camino elegido en lugar de ser efecto del obligado exilio provocado por la discriminación de su padre y de Jones. El que alguna vez fuera reconocido como Visir Secreto, fue señalado, al fin de sus días, como cabeza de turco. 14
Víctima de una anemia perniciosa, Ferenczi murió en mayo de 1933, con la promesa de Ernest Jones de publicarle Confusión de lenguas entre los adultos y el niño en la International Journal of Psyco-Analysis. Poco antes de morir Ferenczi, Freud le escribe a Jones una carta en la que dice que una paciente de Sándor, la señora Severn, parecía haberle provocado a su analista una pseudología phantástica. 15 En junio, Jones le contesta diciéndole que la "paranoia" 16 de Ferenczi se había puesto en evidencia "a la vista de su último articulo para el congreso" y que veía contraproducente publicar, ahora que él había muerto, su último artículo, ya que sería un perjuicio y un descrédito para el propio autor. Y agrega: "Sus postulados científicos y sus declaraciones sobre la práctica analítica no constituyen más que una sarta de errores que solamente sirven para desacreditar al psicoanálisis y dar pábulo a sus enemigos". El polémico y valioso trabajo en el que Ferenczi no solamente denuncia sino que, además, teoriza acerca de la frecuencia del abuso sexual contra la infancia fue conocido recién en 1949, gracias a Michaël Balint.

No traducir, no publicar, no pensar
En su Prólogo al Diario Clínico 17 de Ferenczi, Judith Dupont 18 relata que para Balint era imperiosa la necesidad de que, tanto la Correspondencia Freud-Ferenczi. (1921-1932) como el Diario Clínico aparecieran juntos, en tanto son textos que se complementan, esclareciendo uno al otro. Si pasó mucho tiempo para conocerse en Francia, al español todavía no ha sido traducida. Luego de la muerte de Etcheverry, pareciera que Amorrortu ha desistido de la edición de estos textos, tan prometidos como esperados. ¿Será que la editorial no los encuentra redituables? ¿Quiénes leerían este epistolario?. Atravesados primero por las ideas kleinianas y luego por la lacanianas, parecería que los psicoanalistas argentinos no tenemos ni tiempo ni interés para leer a Ferenczi, fenómeno que no sucede en otros países. Tanto en España como en Francia las ideas del talentoso húngaro son, desde hace muchos años, descubiertas y valorizadas.19 De modo similar, en su colaboración al libro Grandes Psicoanalistas, compilado por Nasio, This se pregunta, en 1996, por qué, si la correspondencia entre Freud y Ferenczi - 1236 cartas- duró un cuarto de siglo, no fue traducida durante tanto tiempo al francés: "¿Censura, prohibición de leer?" La hipótesis de This es acertada, es indudable que de eso se trata. Y que para derrotar a esa censura, paradojalmente, la única forma que tenemos es leer, indagar e insistir para que la publicación de la Correspondencia se realice. Nadie nos puede negar el derecho a pensar.

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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