La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

lunes, 27 de mayo de 2013

¿Existe el TDAH?

A la psiquiatría hace tiempo que se le ve el plumero. Son tantas las enfermedades y trastornos que se describen en sus manuales que hoy en día lo raro es no tener nada. Después de hacer saltar las alarmas al incluir las rabietas en el último Manual de Pediatría DSM (la biblia de los psiquiatras) y después de ver como el gobierno estadounidense declara en un informe que 1 de cada 5 niños tiene un trastorno de la salud mental, cifras que parecen un insulto al sentido común de la población, porque es imposible que tantos niños estén mentalmente enfermos, aparecen unas declaraciones de Leon Eisenberg, el psiquiatra que “descubrió” el TDAH, que no dejan indiferente a nadie que viva o trabaje con niños.
El semanario alemán Der Spiegel, en un artículo en que ponía en relieve el aumento de enfermedades mentales en la población alemana, explicó que Eisenberg dijo, siete meses antes de morir, cuando contaba ya con 87 años, que “el TDAH es un ejemplo de enfermedad ficticia”.

Los inicios del TDAH

Los primeros intentos por tratar de explicar que había niños con TDAH sucedieron en 1935. Por aquellos tiempos, los médicos habían tratado por primera vez a niños de primaria con un carácter inquieto y con dificultad para concentrarse en lo que se les pedía, bajo el diagnóstico de síndrome post-encefálico. Fue un intento que no cuajó porque claro, la mayoría de esos niños nunca habían tenido encefalitis.
En los años sesenta apareció el protagonista de nuestra historia, Leon Eisenberg, quien volvió a hablar de dicha enfermedad, pero esta vez con otro nombre, “reacción hipercinética de la infancia”. Bajo dicho diagnóstico pudo tratar a alumnos difíciles, probando diferentes psicofármacos con ellos. Empezó con dextroanfetamina y luego utilizó el metilfenidato, droga con la que consiguió su objetivo y que hoy en día prevalece como tratamiento de elección: los niños enérgicos se transformaban en niños dóciles.
En el año 1968 se incluyó la “reacción hipercinética de la infancia” en el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM) y desde entonces forma parte de dicho manual, sólo que ahora recibe el conocido nombre de Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

El logro de Eisenberg y sus colaboradores fue conseguir que la gente creyera que el TDAH tiene causas genéticas, que es una enfermedad con la que se nace. Él mismo dijo, junto con las palabras en que decía que era una enfermedad inventada, que la idea de que un niño tenga TDAH (entendemos que la idea de que un niño sea muy movido y sea un alumno problemático) desde el nacimiento estaba sobrevalorada. Sin embargo, al conseguir que esto calara en la población y en los padres, el sentimiento de culpa desaparece, los padres se sienten aliviados porque el niño ha nacido así y el tratamiento es menos cuestionable. En 1993 se vendieron en las farmacias alemanas 34 kg de metilfenidato. En el año 2011 se vendieron 1.760 kg.
El conocido psiquiatra, que llegó a hacerse cargo de la gestión del servicio de psiquiatría en el prestigioso Hospital General de Massachusetts en Boston, donde fue reconocido como uno de los más famosos profesionales de la neurología y de la psiquiatría del mundo, decidió confesar la verdadlo que debería hacer un psiquiatra infantil es tratar de determinar las razones psicosociales que pueden producir problemas de conducta. Ver si hay problemas con los padres, si hay discusiones en la familia, si los padres están juntos o separados, si hay problemas con la escuela, si al niño le cuesta adaptarse, por qué le cuesta, etc. A todo esto añadió que, lógicamente, esto lleva un tiempo, un trabajo y acompañado de un suspiro concluyó: “prescribir una pastilla contra el TDAH es mucho más rápido” meses antes de morir afectado de un cáncer de próstata, añadiendo que (a lo que yo añadiría “y mucho más ventajoso para el negocio de la psiquiatría”).

El negocio de la psiquiatría

Como he dicho al principio de la entrada parece que la psiquiatría es un monstruo capaz de llevarse cualquier cosa por delante, con un hambre voraz, que no se detiene y que hará todo lo posible por tratar de conseguir que toda persona sana acabe tomando una u otra medicación para tratar su (no) enfermedad. Se les ve el plumero, y una prueba más de ello es que ya existe la próxima enfermedad que será difundida por toda la infancia: el trastorno bipolar o enfermedad maníaco-depresiva.
Hasta los años noventa era una afección desconocida en los niños. Ahora ya es uno de los diagnósticos más frecuentes en psiquiatría infantil, hasta el punto que las visitas por este trastorno se han multiplicado por 40 en menos de diez años, siendo muchos de los “enfermos” niños de dos y tres años.
Uno de los responsables de la llegada del trastorno bipolar a EE.UU. es el psiquiatra Joseph Biederman, que lleva años haciendo estudios y conferencias sobre el tema y que recibió 1,6 millones de dólares entre el año 2000 y el 2007, procedentes de las farmacéuticas que fabricaron los medicamentos para dicho trastorno, al parecer para dedicarlos a seguir investigando la enfermedad.
Pero esto no es todo. Para conocer el alcance real del negocio de la psiquiatría, para ver hasta qué punto se inventan las enfermedades para luego poder dar los fármacos que ya existen, un estudioDSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), es decir, los que hacen el manual de psiquiatría de referencia mundial, 95 (el 56%) tenía una o más relaciones financieras con las empresas de la Industria Farmacéutica. realizado por la psicóloga estadounidense Lisa Cosgrove reveló que, de los 170 miembros del grupo de trabajo del

¿Existe el TDAH?

Yo no sé si existe o no existe (y eso que el que la inventó dice que no), ni tampoco me toca a mí responder a esta pregunta, sin embargo estoy seguro de que son muchos los niños diagnosticados cuyo único pecado ha sido ser demasiado movidos, o ser demasiado insistentes a la hora de demandar de sus padres un poco más de atención. Ya hace más de dos años os ofrecí dos entradas en las que explicaba cómo se diagnostica el TDAH, para que vierais que no existe ninguna prueba diagnóstica de ningún tipo que determine que un niño tiene el mencionado trastorno. Todo se hace en base a la observación y en base al cumplimiento o no de unos criterios o parámetros que los niños normales deben hacer.
Ahora bien, ¿qué es ser normal? Krishnamurti dijo que “no es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”, así que quién sabe, quizás los niños que se rebelan ante el intento de domesticarles, aquellos que no soportan estar sentados escuchando cosas que no les interesan, aquellos que preferirían poder decidir qué hacer en sus vidas en todo momento, aquellos que quieren probarlo todo y no dejarse nada, quizás sean al fin y al cabo los más cuerdos.
No digo que ninguno de estos niños no tengan nada. No digo que no necesiten ayuda, porque es muy probable que muchos de ellos tengan muchos problemas, pero nunca he creído en la existencia de un trastorno que afecte al 10% de los niños y mucho menos he creído en la cura milagrosa del metilfenidato, porque si bien los niños cambian su comportamiento, los problemas que hicieron que el niño funcionara de un modo no aceptado siguen ahí.

sábado, 25 de mayo de 2013

La libertad es un espejismo cerebral

La cantidad de información que llega al cerebro proveniente de los órganos de los sentidos es de 11 millones de bits por segundo, pero la capacidad de información de nuestra consciencia no sobrepasa los 45 bits por segundo.
FUENTE | LaFlecha
 
 
Esto significa que la inmensa mayoría de nuestra actividad cerebral es inconsciente. Sin embargo, el llamado yo consciente piensa que todo lo que sucede está bajo la iluminación de la consciencia. De la misma manera que no se ha podido constatar la existencia de ese yo en ninguna parte del cerebro, es muy probable que la libertad sea también una ilusión, una construcción cerebral, ya que esa libertad va unida al yo consciente.

La mayoría de nosotros cree que, a no ser que estemos bajo coacción o sufriendo por una enfermedad mental, todos tenemos la capacidad de tomar decisiones y hacer elecciones libremente. Con otras palabras: que estamos en posesión de lo que llamamos 'libre albedrío' o voluntad libre. Que no dependemos de fuerzas físicas ni del destino. Que nuestro yo es el que decide y elige. No obstante, parece que la neurociencia moderna piensa, al menos una parte de los neurocientíficos entre los que me encuentro, que esa creencia no es más que una ilusión, de manera que el fantasma de la falta de libertad nos acecha.

Parece evidente que nuestras decisiones y elecciones son el resultado de toda una serie de factores sobre los que no tenemos ningún control consciente: la herencia genética, las experiencias que hemos vivido y que dormitan en nuestra memoria, la mayoría de ellas implícita o inconscientemente, pero que pueden ser activadas en cualquier momento, las circunstancias actuales o los fines que hayamos planificado previamente. En realidad, seguimos asumiendo la existencia de un homúnculo dentro del cerebro que sería el que toma las decisiones y realiza las elecciones, aunque la existencia de ese homúnculo ha sido ya rechazada desde el punto de vista neurocientífico, no sólo por la ausencia de un centro cerebral que lo albergue, sino porque exigiría la presencia de otro homúnculo dentro del primero y así sucesivamente.

En la literatura filosófica encontramos tres posturas diferentes ante el tema de la libertad: el determinismo, el libertarianismo y el compatibilismo. Determinismo y libertarianismo sostienen que si nuestra conducta está determinada, la libertad es una ilusión. Los libertarios invocan una entidad metafísica, como el alma, como la causa de nuestros actos voluntarios y libres. Los compatibilistas afirman que tanto los deterministas como los libertarios están equivocados y que la libertad es compatible con el determinismo. Los compatibilistas admiten, pues, algo evidente: que sucesos neurales inconscientes determinan nuestros pensamientos y acciones y que ellos están a su vez determinados por causas previas sobre las que no tenemos ningún control.

DESAZÓN POR LA FALTA DE LIBERTAD

La posible falta de libertad nos provoca una desazón importante. Como dicen los anglosajones, es algo 'contraintuitivo'. De ahí que muchos hayan recurrido a la física cuántica para evitar el determinismo, aludiendo que a nivel cuántico ese determinismo es inexistente y que la probabilidad y el azar son los que dominan ese ámbito. Pero se ha argumentado que sustituir el determinismo por el indeterminismo o por el azar o la probabilidad no soluciona el problema, antes bien lo empeora.

La física cuántica nos dice que a nivel de las partículas elementales subatómicas no existe el determinismo, que éstas no se rigen por las leyes de Newton de la macrofísica. Las leyes de causa y efecto no rigen a ese nivel. El problema es que el funcionamiento de las neuronas de nuestro cerebro se realiza a un macronivel regido por las leyes de Newton. Imaginémonos lo que ocurriría si, por ejemplo, trasladásemos el indeterminismo cuántico al macronivel de las sociedades.

Con otras palabras: si las decisiones o elecciones son el resultado de sucesos aleatorios, el libre albedrío tampoco existiría. Como ya dijo Spinoza hace unos 350 años, nuestra creencia en el libre albedrío no sólo refleja nuestra impresión subjetiva y personal de control consciente sobre nuestras acciones, sino que es el resultado de nuestra ignorancia de las verdaderas causas que determinan esas acciones.

Algunos neurocientíficos, entre los que me encuentro, y también filósofos, no se asombran de la posibilidad de la falta de libertad, ya que muchas cosas en las que firmemente creemos no son lo que parecen.

LA PERCEPCIÓN, UNA ILUSIÓN

Todas nuestras percepciones son en realidad ilusiones, ya que no tenemos acceso ninguno a la realidad, como ya expresó hace siglos Immanuel Kant. Nuestra mente simula la realidad y prefiere, porque no tiene más remedio, ese símil de la realidad a la realidad misma.

El planteamiento de la falta de libertad en neurociencia parte de los conocidos experimentos de Benjamin Libet en los años 80 del siglo pasado. No voy a repetirlos ya que son harto conocidos, sino a hacer un breve resumen.

Cuando requerimos a un sujeto sano y normal que realice un movimiento simple podemos detectar una onda negativa en el registro de la actividad eléctrica de la corteza cerebral, onda llamada de disposición o de preparación motora, que comienza varios cientos de milisegundos antes de que se produzca el movimiento. La impresión subjetiva de querer realizar el movimiento es posterior y está más cerca del movimiento que del comienzo del potencial preparatorio. Esta impresión subjetiva es, por tanto, así como el movimiento, el resultado de una actividad cerebral inconsciente.

Ante estos resultados, que han sido corroborados y ampliados posteriormente en otros laboratorios, Benjamin Libet planteó que en los 200 milisegundos que hay entre la impresión subjetiva y el movimiento el cerebro tenía la posibilidad de vetar ese movimiento, argumentando que un veto no es un acto voluntario y no produciría un potencial de disposición, porque si lo hacía no habría tiempo suficiente en los 200 ms entre la impresión subjetiva y el movimiento. A esto Libet lo llamó free won't en vez de free will. Resulta difícil aceptar que acciones negativas tengan que ser diferentes a las acciones positivas. Y, efectivamente, sujetos entrenados para dejar de hacer una determinada acción mostraron también un potencial de disposición previo al movimiento. De esta manera, la objeción de Libet quedó descartada.

Experimentos realizados en Berlín por el Profesor John-Dylan Haynes y colaboradores utilizando resonancia magnética funcional mostraron que los investigadores eran capaces de predecir 6 segundos antes de tomar una decisión cuál sería el resultado. Por supuesto que la impresión subjetiva de libertad de acción tenía lugar pocos milisegundos antes de la decisión, como en el experimento de Benjamin Libet.

PREDOMINA EL CEREBRO INCONSCIENTE

Estos resultados son difíciles de compaginar con el sentido que tenemos que somos los autores conscientes de nuestras acciones. Antes de ser conscientes de nuestros actos el cerebro ya ha determinado lo que vamos a hacer, pero creemos que esa toma de consciencia es la causa de nuestra acción. Para la mayoría de las personas, estos resultados son sorprendentes. Sobre todo porque la falta de voluntad resulta no sólo algo molesto, sino como dije antes contraintuitivo para la mayoría de las personas. En neurociencia ya no lo son tanto, ya que sabemos que tanto el movimiento como la impresión subjetiva de la voluntad son resultado de la actividad cerebral, y la inmensa mayoría de esa actividad cerebral discurre de manera inconsciente.

Aparte de ello, los términos que son corrientes en filosofía no tienen un correlato exacto en neurociencia. Por ejemplo, 'propósito' o 'intencionalidad' son términos cercanos a 'libertad', pero en neurociencia no decimos, para poner sólo un ejemplo, que tenemos el reflejo corneal, que hace que parpadeemos cuando tocamos la córnea, para proteger el ojo. Eso es una forma de pensamiento teleológico que no constituye ninguna explicación del mecanismo del reflejo.

Tampoco podemos decir que las raíces de una planta absorben el agua con el propósito de llevar agua a sus hojas. O que el corazón tiene el propósito de llevar la sangre a los tejidos del organismo. Se ha calculado la cantidad de información que llega al cerebro proveniente de los órganos de los sentidos. Es de poco más de 11 millones de bits por segundo. Sin embargo, la capacidad de información de nuestra consciencia no sobrepasa los 45 bits por segundo; cuando calculamos disminuye incluso a 12 bits por segundo.

Esto significa que Sigmund Freud se quedó corto y que la inmensa mayoría de nuestra actividad cerebral es inconsciente. Nuestros pensamientos e intenciones emergen de causas profundas de las que no somos conscientes y sobre las que no tenemos el mínimo control. Además, el llamado yo consciente se atribuye funciones que no le corresponden, ya que pensamos que todo lo que sucede está bajo la iluminación de ese foco de la consciencia. Este tema de la consciencia es importante como veremos luego para rebatir los argumentos de los compatibilistas.

Aunque de manera continua notamos cambios en nuestras experiencias, pensamientos, estados de ánimo, percepciones, conductas, etc., no somos conscientes de los estados neurofisiológicos que los producen. ¿Es posible entonces que nuestra impresión subjetiva de libertad no sea correcta? Claro que es posible. Otras impresiones subjetivas han resultado ser falsas, y no sólo me refiero a las ilusiones ópticas, sino, por ejemplo, a que el sol girase alrededor de la tierra, creencia mantenida desde Aristóteles en el siglo IV a.C. hasta Copérnico en el siglo XVI. Veinte siglos nada menos con una impresión subjetiva falsa. Y todavía hoy decimos que el sol sale por Oriente y se pone por Occidente.

LA LIBERTAD, PARTE DE LA ILUSIÓN DEL YO

La libertad es una parte de la ilusión del 'yo', es decir, de la existencia de una persona u homúnculo que controla todo lo que sentimos y obramos. Y de la misma manera que no se ha podido constatar la existencia de ese yo en ninguna parte del cerebro, es muy probable que la libertad sea también una ilusión, una construcción cerebral, ya que esa libertad va unida al yo consciente.

Uno de los mejores ejemplos de pérdida del sentido de libertad es el hipnotismo. Aquí, se producen movimientos inducidos por el hipnotizador sin que el sujeto tenga la impresión de voluntad. Es algo parecido a lo que ocurre en el síndrome de la mano ajena, en el que el paciente, debido a una lesión cerebral, tiene la convicción que su mano es movida por otra persona o controlada desde fuera de él. En el caso del hipnotismo es muy curioso lo que ocurre cuando el experimentador hipnotiza a una persona y le ordena que camine a gatas por el suelo. Si lo despierta en ese momento y le pregunta al sujeto que qué hace en el suelo a gatas, el sujeto dice que estaba buscando una moneda que se le había caído. Es un ejemplo del yo consciente, que es un intérprete, como dice Michael Gazzaniga, o habría que decir incluso un mistificador. Es intérprete porque se inventa una historia plausible ya que desconoce las causas de esa conducta. Y es mistificador porque está engañando al afirmar algo que no es cierto.

Cuando estimulamos ciertas regiones del cerebro y hacemos que se muevan las extremidades, el sujeto tiene la impresión de que es él el que voluntariamente provoca los movimientos, aunque sea falso. Sin embargo, en otros casos, como cuando se estimula directamente la corteza motora del cerebro, se producen movimientos que el sujeto sabe que no son inducidos por él.

En todos estos casos la conclusión es que la impresión subjetiva de voluntad y el propio movimiento no son simultáneos en el tiempo, como vimos en los experimentos de Libet, pero tampoco en el espacio, es decir, no tienen su origen en las mismas regiones cerebrales. Pueden ir juntos en algunos casos, pero en otros no, lo que indica que su localización es distinta. Las posturas ante el tema de la libertad son muy diferentes, pero las principales se resumen en el determinismo, que afirma que estamos determinados, como el resto del universo por las leyes físicas, lo que incluye el cerebro, lo que llevó a Einstein a preguntarse que por qué el cerebro iba a ser una excepción.

El determinismo cree que todos los sucesos, incluidas las acciones humanas, están predeterminadas, una noción que es incompatible con la libertad. Hay que diferenciarlo del fatalismo que es la creencia de que todo suceso, pasado, presente y futuro, ya está predeterminado por Dios o por otra fuerza omnipotente; es lo que en religión se denomina predestinación. El fatalismo lleva a la inacción total, ya que todo esfuerzo por nuestra parte sería inútil. Y quedarse sentado observando los acontecimientos es ya una elección que tendrá sus consecuencias. Que nuestras elecciones dependan de causas previas no significa que no importen.

CUENTO ÁRABE SOBRE EL FATALISMO

Un ejemplo de fatalismo lo tenemos en el antiguo cuento árabe que refiere el escritor Somerset Maugham en su obra de teatro Sheppey:

"Había un mercader en Bagdad que envió a su criado al mercado a comprar provisiones, y al cabo de poco tiempo el criado volvió con la cara blanca y temblando y dijo: Maestro, justo ahora cuando estaba en la plaza del mercado fui empujado por una mujer que estaba entre el gentío, y cuando me volvía vi que era la Muerte la que me había empujado. Me miró e hizo un gesto amenazante; ahora, préstame por favor tu caballo que me voy de la ciudad para evitar mi destino. Voy a ir a Samarra y allí la Muerte no me encontrará. El mercader le dejó el caballo y el criado se montó en él, clavó las espuelas en sus costados y se marchó tan veloz como podía galopar el caballo. Entonces el mercader se fue al mercado y vio a la Muerte entre la multitud, se acercó y le dijo: ¿Por qué hiciste un gesto amenazador a mi criado al que viste esta mañana? Eso no fue un gesto amenazador, respondió la Muerte, sólo fue una expresión de sorpresa. Estaba asombrado de verlo en Bagdad, porque yo tenía una cita con él esta noche en Samarra.

Otro grupo de filósofos, los llamados libertarios, afirman que somos completamente libres, algo que hoy mantienen pocos. Y, finalmente los compatibilistas, que sostienen que aunque estamos sometidos a las leyes físicas que rigen el universo, somos libres. Como este grupo es el que más se oye últimamente, me voy a detener en sus argumentos.

Los compatibilistas insisten en que la libertad, la responsabilidad moral y nociones semejantes son compatibles con el determinismo. Por ejemplo, afirman que la mayoría de las personas en Occidente que eligen estudiar una carrera lo hacen libremente y son responsables moralmente de esa elección, aunque sea el producto de deseos y creencias.

Desde luego no creo que sea mi caso. Yo iba decidido a estudiar ingeniería industrial y estuve todo el verano tomando clases particulares de dibujo y matemáticas para decidir poco antes de la matriculación en septiembre que iba a estudiar medicina. Todavía hoy no sé por qué tomé esa decisión. Estamos, por tanto, ante uno de los problemas que plantea el compatibilismo. El tema de la consciencia en la toma de decisiones y la libertad y la responsabilidad moral.

El filósofo estadounidense Sam Harris dice que el concepto popular de libertad se basa en dos supuestos: 1) que cada uno de nosotros puede actuar de manera diferente a como lo hace, y 2) que nosotros somos la fuente consciente de la mayoría de nuestros pensamientos y acciones. Ambos supuestos, dice, son falsos. O nuestras voluntades están determinadas por causas previas y no somos responsables de ellas, o son el producto del azar y tampoco somos responsables de ello.

Aún suponiendo que la mente fuera un alma inmaterial, las operaciones inconscientes de ese alma no garantizarían más libertad que las que nos proporciona la fisiología inconsciente de nuestro cerebro. Si no sabemos lo que esa alma va a hacer en el momento siguiente tampoco tenemos control sobre nuestras acciones.

EL SIGNIFICADO DE TENER LIBERTAD

Pensemos lo que significaría tener libertad. Necesitaríamos ser conscientes de todos los factores que determinan nuestros pensamientos y acciones y tener un control absoluto sobre ellos.

Sam Harris dice que podemos decidir lo que hacemos, pero no podemos decidir lo que queremos decidir hacer. Con otras palabras: no controlamos nuestra mente porque como agentes conscientes somos sólo una parte de esa mente. Somos libres de hacer lo que queremos hacer, pero ¿de dónde vienen los deseos de hacer algo? Cuando ahondamos en las causas psicológicas de nuestras decisiones nos enfrentamos siempre al misterio. El filósofo alemán Schopenhauer decía que el hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere. Pasemos ahora a ocuparnos de los argumentos de los compatibilistas. Según éstos, para que una persona sea libre tienen que cumplirse tres condiciones.

La primera es que la persona tiene que tener varias alternativas a elegir y que puede elegir algo diferente a lo que elige. Es la condición de poder actuar de otra manera. En este argumento, a mi entender, se confunde la libertad con los grados de libertad. Todos los animales tienen la capacidad de elección, pero no todos tienen los mismos grados de libertad. A medida que el sistema nervioso central se desarrolla a lo largo de la evolución, se hace más complejo, aumentan los grados de libertad, de manera que los humanos tenemos más grados de libertad que otros mamíferos, y éstos que los anfibios, etcétera.

Pero el hecho de disponer de varias opciones no significa que se tenga libertad para escogerlas. Ciertamente, podemos elegir entre varias opciones, pero el problema no es la oferta de opciones sino por qué elegimos una opción y no otra; en otras palabras: si la elección ha estado determinada por la llamada libertad o por condicionamientos que no son conscientes para el individuo. Si identificamos los grados de libertad con lo que llamamos libertad, entonces todos los animales son libres.

En relación con esta condición que sostiene que la persona es libre si pudiera haber querido hacer otra cosa, el filósofo estadounidense, Sam Harris, dice que eso es como decir que una marioneta es libre mientras esta quiera las cuerdas que la manejan. La segunda condición de los compatibilistas para que exista libertad es que la decisión debe depender de la propia persona, llamada también la condición de autoría.

Aquí no se hacen distinciones entre funciones conscientes e inconscientes. Ahora bien, si la conducta de una persona está controlada por impulsos inconscientes no decimos que la persona es libre, al menos así lo entiende la psicología. Ante dijimos que los compatibilistas aceptaban lo evidente, a saber que los sucesos neurales inconscientes determinan nuestros pensamientos y acciones y que éstos están a su vez determinados por causas previas sobre las que no tenemos ningún control.

Pues, a pesar de ello, el filósofo estadounidense, Daniel Dennett, sostiene que todos somos responsables no sólo de los actos conscientes, sino también de los sucesos inconscientes de nuestro cerebro que son tan nuestros como los primeros. El que no seamos conscientes de las causas de nuestras acciones no niega la libertad. Esto es el argumento de la autoría llevado al extremo.

Ante este argumento podría decirse que no nos consideramos responsables de lo que hace el riñón o el hígado, que funcionan de manera inconsciente, pero que también son nuestros. En realidad, en el sentir popular de lo que hacen nuestros órganos internos nos sentimos más bien las víctimas que las causas. Algún filósofo preguntó: ¿Somos también responsables de lo que hacen nuestras bacterias intestinales porque son nuestras? La tercera condición de los compatibilistas es obvia: que lo que decida la persona tiene que estar sometido a su control y ese control debe estar libre de cualquier tipo de coacción. Es lo que se ha llamado también la condición de control. Esta condición contradice en parte a la condición de autoría. Y la condición es total si en vez de control se dijese "control consciente".

Siempre me ha llamado la atención lo contraintuitivo que resulta decir que es posible que no tengamos libertad, desde luego en el sentido en el que solemos usar esa palabra. Sin embargo, a nadie le llama la atención que no tengamos control alguno consciente sobre lo que almacenamos en la memoria, cuando esos contenidos van a ser claves para el futuro del organismo.

Cualquier vivencia es comparada automáticamente con esos contenidos para poder decir, desde luego inconscientemente, si suponen un peligro para la supervivencia del organismo o no. Esta comparación también es completamente inconsciente. Hay que decir que la memoria es mucho más importante que la libertad desde el punto de vista biológico.

LA IMPRESIÓN DE LA LIBERTAD, UNA ILUSIÓN

En resumen, que los experimentos realizados hasta ahora, primero con la electroencefalografía, luego con técnicas modernas de neuroimagen, como la resonancia magnética funcional y la tomografía por emisión de positrones o PET, han arrojado resultados que indican que la impresión subjetiva de libertad es una ilusión.

Si experimentos futuros apuntasen a la existencia de la libertad, tendríamos que cambiar de opinión, pero hoy por hoy no veo ningún argumento satisfactorio, y tampoco ningún experimento, que eso indique. Las consecuencias de esta afirmación son múltiples y en muchas disciplinas: en religión, en el derecho penal, en bioética y en muchas otras.

Ya en Estados Unidos ha habido casos en los que sujetos que habían delinquido afirmaron que no habían sido ellos, sino su cerebro. Por eso algún neurocientífico ha dicho que tendríamos que hacer 'como si' la libertad realmente existiese.

El filósofo Saul Smilansky dice que para mantener nuestros mundos moral y personal intactos necesitamos la ilusión de la libertad. La ilusión nos ayuda a mantener, y en parte incluso a crear, aspectos cruciales de nuestra realidad moral y personal. Entendiendo por ilusión una definición de diccionario que reza: una idea o concepción falsa; una creencia u opinión que no está de acuerdo con los hechos. El concepto que Smilansky tiene de ilusión es parecido al que expresó Sigmund Freud en su obra El porvenir de una ilusión, o sea ilusión en la que el cumplimiento de un deseo es el factor prominente de su motivación ignorando, de esta manera, sus relaciones con la realidad.

En el libro del filósofo alemán Hans Vaihinger Die Philosophie des Als Ob (La filosofía del como si), el autor habla de praktische Fiktionen (ficciones prácticas). Ya al comienzo de este capítulo Vaihinger nos dice: "en el umbral de estas ficciones nos encontramos enseguida uno de los conceptos más importante que la humanidad ha formado: el concepto de libertad; las acciones humanas se consideran libres y por ello responsables y enfrentadas al curso necesario de la naturaleza… El concepto contradice no sólo la realidad observada, en la que todo sigue leyes inmutables, sino a sí mismo: pues una acción absolutamente libre, fortuita, que surge de la nada, es moralmente tan sin valor como una acción absolutamente necesaria... La humanidad ha desarrollado estos importantes conceptos a lo largo de su desarrollo por necesidad psíquica inmanente, porque sólo sobre su base es posible la cultura y la moralidad".

Vaihinger, que publicó su libro en 1911, cita a varios autores que son de la misma opinión y menciona que durante siglos ha estado vigente la libertad no sólo como hipótesis, sino incluso como dogma irrefutable. Critica también que se niegue teóricamente la libertad, pero que se la coloque en la práctica como fundamento del derecho penal. En su opinión si tiene que haber castigo tiene que tener lugar también la culpa, pero ésta no existe si se niega la imputabilidad y la libertad.

En realidad, la filosofía del 'como si' se practica en España hace tiempo. Hacemos como si fuésemos demócratas, como si fuésemos europeos, como si nos preocupase el interés general, como si los cuatro poderes fuesen independientes, como si nos interesase la investigación y el desarrollo, etcétera, etcétera.

Resumiendo mi opinión sobre el tema de la libertad yo diría: una cosa es hacer como si fuésemos libres para mantener el orden y la cohesión en la sociedad, y otra muy distinta es creernos nuestros propios engaños. Algunos autores han comparado la mente con un avión que vuela con un piloto automático. Todas las difíciles operaciones y cálculos necesarios se realizan fuera de nuestro control. A muchas personas este hecho les infunde un terrible miedo a volar. Preferirían un piloto consciente que controlase todas las operaciones. Es un deseo pío, pero que no coincide con la realidad. En Alemania aprendí el siguiente dicho: "El que en la oscuridad del bosque silba puede que ahuyente su miedo, pero no por eso va a ver más claro".

viernes, 24 de mayo de 2013

Bloqueo cerebral

Hacerse pipí en la cama, tener rabietas o escasa tolerancia a la frustración, participar en un juego familiar o no saber perder pueden ser síntomas de una causa más profunda: "Un cerebro que está bloqueado". La mejor forma para entenderlo es explicar un caso concreto.
Luis es un chico de trece años que acude por primera vez al médico. Los padres explican que, a los dos años, era un niño alegre, juguetón y vivaz, aunque algo sensible e inquieto. Comentan un desarrollo tardío del lenguaje, de modo que en la guardería les aconsejaron aplicar un tratamiento de logopedia desde los tres a los cinco años. La respuesta fue bastante satisfactoria.
En el parvulario les comentan que el niño tiene dificultades para discriminar las formas y que, a pesar de ser un chico listo, le cuesta aprender los colores. A los cuatro años les dicen que le cuesta distinguir las vocales y los números, que los hace al revés y, finalmente, le diagnostican dislexia. Por este motivo, se ponen en manos de una reeducadora y Luis recibe un tratamiento desde los seis a los nueve años. Repite el segundo y cuarto cursos de Primaria.
Los padres están desalentados porque han probado todos los sistemas: premios, castigos, amenazas, etc., para intentar que Luis se concentre, estudie y haga los deberes. Él empieza a estar muy deprimido, desganado y desmotivado, hasta el punto que ya no quiere ir al colegio porque no se siente a gusto con sus compañeros. La madre explica que a los cuatro meses de embarazo tuvo pérdidas y estuvo muy preocupada porque creía que iba a perder al bebé. El parto fue provocado y acabaron utilizando fórceps. Luis empezó a andar a los diez meses, después de haber usado "parque" y andadores.
Hace poco se detectó un desarrollo muy desorganizado de su psicomotricidad, con problemas para utilizar mecanismos de coordinación propios de su edad. También se evidenciaron grandes dificultades para mover bien los ojos. Los ojos de Luis son torpes, se mueven con lentitud e ineficacia y le impiden leer bien. Además, presenta un problema grave de visión en el ojo derecho que, hasta el momento, nadie le había detectado.
Es un niño diestro -escribe con la mano derecha-, que utiliza el ojo izquierdo como dominante. Por lo tanto, no ha conseguido construir un buen sistema de ordenamiento de la información a nivel cerebral. No posee unas coordenadas, se pierde en el espacio y en el tiempo.
A los seis años, sus padres habían recibido la noticia de que Luis tenía un coeficiente intelectual absolutamente normal. Y, efectivamente, es despierto, pero no sabe definir muy bien las diferencias que existen entre una decena y una centena y sigue sin entender las operaciones "llevando". Además de ser inteligente, es muy sensible y se siente enormemente fracasado al comprobar que no se aclara en el mundo de los códigos. Se siente muy distinto de los demás.
Esta historia corresponde a un caso típico de "bloqueo cerebral". Es el caso de un cerebro sano, que llega a este planeta después de vivir una amenaza de "muerte" al cuarto mes de gestación, que nace en unas condiciones ligeramente "traumáticas", pero llega a nuestro regazo con un riquísimo proyecto para desarrollar y que detiene su proceso de maduración en el momento en que se establece un choque intenso entre sus capacidades reales y las exigencias del medio. Si observamos a nuestro alrededor, seguro que podemos identificar alguno de estos niños que tiene algunas dificultades porque nadie ha descubierto la causa de su problema.
La raíz del problema es un trastorno de desarrollo que afecta a los mecanismos básicos de comunicación entre los dos hemisferios y una marcada pobreza de la función visual que bloquea totalmente el ojo derecho, que debería ser su ojo dominante. Imagínate cómo puede funcionar un "sistema nervioso" en el que el oído dominante es el derecho, el ojo dominante el izquierdo, los dos hemisferios cerebrales se comunican mal y trasvasan poca información y los mecanismos de respuesta parten del lado derecho (mano derecha).
No es de extrañar que el chico se haga pipí en la cama, manifieste en casa conductas que desesperan a los padres (rabietas, escasa tolerancia a la frustración, incapacidad para participar en un juego familiar y perder, etc) porque consideran que no supera la conducta de un niño de cuatro años. Después de diversas exploraciones se comprobó que, efectivamente, su nivel de desarrollo no supera los cuatro años, tanto desde el punto de vista afectivo, como de organización mental. Pero no debemos olvidar que es un chico listo e inteligente, que no ha conseguido construir mecanismos de codificación y decodificación y que está fraguando un futuro muy complejo.
 La solución es tratar las causas y llegar a desbloquear el sistema
Los padres aceptaron trabajar en las causas del problema y el propio Luis estaba con unas ganas tremendas de resolver sus dificultades y poder llegar a demostrar todo lo que sus sistemas de función pueden dar de sí. La clave del éxito está en entender el desarrollo infantil desde una concepción global.
Cuando un niño presenta un problema de maduración o de rendimiento, hay que estudiarlo primero desde el punto de vista funcional, hacer un diagnóstico causal y, en todo caso, remitirle a un profesional especializado en un tema determinado, que se considere prioritario. En el caso de Luis, se dio a los padres y a los educadores unas determinadas estrategias educativas: unos ejercicios para organizar el trabajo combinado de los dos hemisferios cerebrales y mejorar la respuesta motora, un tratamiento biológico que facilitara el desbloqueo y, además, la ayuda de un optómetra para mejorar la funcionalidad de su visión.
Lo que no se debe hacer es aplicar, indiscriminadamente, tratamientos dirigidos a suprimir o modificar los síntomas que presenta, siguiendo el procedimiento de la lógica simplista que propone: si el niño no se sienta, hay que colocarle sentado; si no anda, hay que ponerlo de pie; si no habla, hay que enseñarle a hablar; si no lee o le cuesta leer, tiene que leer una hora cada día; y si no aprende, hay que repetirle muchas veces aquello que no entiende.

Hace poco se detectó un desarrollo muy desorganizado de su psicomotricidad, con problemas para utilizar mecanismos de coordinación propios de su edad. También se evidenciaron grandes dificultades para mover bien los ojos. Los ojos de Luis son torpes, se mueven con lentitud e ineficacia y le impiden leer bien. Además, presenta un problema grave de visión en el ojo derecho que, hasta el momento, nadie le había detectado.

Es un niño diestro -escribe con la mano derecha-, que utiliza el ojo izquierdo como dominante. Por lo tanto, no ha conseguido construir un buen sistema de ordenamiento de la información a nivel cerebral. No posee unas coordenadas, se pierde en el espacio y en el tiempo.

A los seis años, sus padres habían recibido la noticia de que Luis tenía un coeficiente intelectual absolutamente normal. Y, efectivamente, es despierto, pero no sabe definir muy bien las diferencias que existen entre una decena y una centena y sigue sin entender las operaciones "llevando". Además de ser inteligente, es muy sensible y se siente enormemente fracasado al comprobar que no se aclara en el mundo de los códigos. Se siente muy distinto de los demás.

Esta historia corresponde a un caso típico de "bloqueo cerebral". Es el caso de un cerebro sano, que llega a este planeta después de vivir una amenaza de "muerte" al cuarto mes de gestación, que nace en unas condiciones ligeramente "traumáticas", pero llega a nuestro regazo con un riquísimo proyecto para desarrollar y que detiene su proceso de maduración en el momento en que se establece un choque intenso entre sus capacidades reales y las exigencias del medio. Si observamos a nuestro alrededor, seguro que podemos identificar alguno de estos niños que tiene algunas dificultades porque nadie ha descubierto la causa de su problema.

La raíz del problema es un trastorno de desarrollo que afecta a los mecanismos básicos de comunicación entre los dos hemisferios y una marcada pobreza de la función visual que bloquea totalmente el ojo derecho, que debería ser su ojo dominante. Imagínate cómo puede funcionar un "sistema nervioso" en el que el oído dominante es el derecho, el ojo dominante el izquierdo, los dos hemisferios cerebrales se comunican mal y trasvasan poca información y los mecanismos de respuesta parten del lado derecho (mano derecha).

No es de extrañar que el chico se haga pipí en la cama, manifieste en casa conductas que desesperan a los padres (rabietas, escasa tolerancia a la frustración, incapacidad para participar en un juego familiar y perder, etc) porque consideran que no supera la conducta de un niño de cuatro años. Después de diversas exploraciones se comprobó que, efectivamente, su nivel de desarrollo no supera los cuatro años, tanto desde el punto de vista afectivo, como de organización mental. Pero no debemos olvidar que es un chico listo e inteligente, que no ha conseguido construir mecanismos de codificación y decodificación y que está fraguando un futuro muy complejo.

La solución es tratar las causas y llegar a desbloquear el sistema

Los padres aceptaron trabajar en las causas del problema y el propio Luis estaba con unas ganas tremendas de resolver sus dificultades y poder llegar a demostrar todo lo que sus sistemas de función pueden dar de sí. La clave del éxito está en entender el desarrollo infantil desde una concepción global.

Cuando un niño presenta un problema de maduración o de rendimiento, hay que estudiarlo primero desde el punto de vista funcional, hacer un diagnóstico causal y, en todo caso, remitirle a un profesional especializado en un tema determinado, que se considere prioritario. En el caso de Luis, se dio a los padres y a los educadores unas determinadas estrategias educativas: unos ejercicios para organizar el trabajo combinado de los dos hemisferios cerebrales y mejorar la respuesta motora, un tratamiento biológico que facilitara el desbloqueo y, además, la ayuda de un optómetra para mejorar la funcionalidad de su visión.

Lo que no se debe hacer es aplicar, indiscriminadamente, tratamientos dirigidos a suprimir o modificar los síntomas que presenta, siguiendo el procedimiento de la lógica simplista que propone: si el niño no se sienta, hay que colocarle sentado; si no anda, hay que ponerlo de pie; si no habla, hay que enseñarle a hablar; si no lee o le cuesta leer, tiene que leer una hora cada día; y si no aprende, hay que repetirle muchas veces aquello que no entiende.

El nuevo DSM y el TDAH

Freud fue el primero que comenzó a verlo y Lacan siendo psiquiatra de profesión no dejó de advertirlo. ¡¡Cuidado con los psiquiatras!!
A la psiquiatría hace tiempo que se le ve el plumero. Son tantas las enfermedades y trastornos que se describen en sus manuales que hoy en día lo raro es no tener nada. Después de hacer saltar las alarmas al incluir las rabietas en el último Manual de Pediatría DSM (la biblia de los psiquiatras) y después de ver como el gobierno estadounidense declara en un informe que 1 de cada 5 niños tiene un trastorno de la salud mental, cifras que parecen un insulto al sentido común de la población, porque es imposible que tantos niños estén mentalmente enfermos, aparecen unas declaraciones de Leon Eisenberg, el psiquiatra que “descubrió” el TDAH, que no dejan indiferente a nadie que viva o trabaje con niños.
El semanario alemán Der Spiegel, en un artículo en que ponía en relieve el aumento de enfermedades mentales en la po...blación alemana, explicó que Eisenberg dijo, siete meses antes de morir, cuando contaba ya con 87 años, que “el TDAH es un ejemplo de enfermedad ficticia”
El psiquiatra que "descubrió" el TDAH confesó antes de morir que "es una enfermedad ficticia"

martes, 14 de mayo de 2013

Un psicoanalista peculiar, soñador y sensitivo: Sandor Ferenczi

Ferenczi, (El "enfant terrible" del psicoanálisis)
(1873-1933)
por Isabel Monzón
www.imonzon.com.ar
isamonzon@yahoo.com

No es fácil hacer una breve reseña para aludir a una obra tan vasta y rica como la de Ferenczi.1 A pesar de haber sido uno de los mejores clínicos de nuestra ciencia, su influencia no es del todo reconocida y su nombre sigue siendo soslayado, a veces por ignorancia y en demasiadas ocasiones porque sus ideas son citadas como si fueran de otros. Asimismo, el no leer su obra - como la de otros psicoanalistas "olvidados" - es característico del dogmatismo que reina en nuestra ciencia. La Argentina, un país arrasado por ideas y movimientos políticos totalitarios, ha sido caldo de cultivo más que oportuno para las que he bautizado de "invasiones inglesas" e "invasiones francesas". 2 Pero, a pesar de todo, se le reconozca o no, es innegable que Ferenczi ha dejado una impronta en la teoría y en la práctica psicoanalítica en general y también en la referida al trabajo con los niños. Pionero entre pioneros, como lo bautiza Sándor Lorand 3, Ferenczi fue para muchos de sus colegas un enfant terrible 4. Freud, que reconocía su talento y su aguda mirada clínica, alguna vez lo llamó "mi hijo querido". 

Ferenczi pre-analítico
Ferenczi publica, entre 1899 y 1907, sus textos conocidos como Los escritos de Budapest. Entre ellos queremos destacar "Espiritismo" (1899), "Dos errores de diagnóstico", "Conciencia y Desarrollo" (1900), "El Amor en las Ciencias" (1901), "La homosexualidad femenina" (1902), "El valor terapéutico de la hipnosis" (1904), "Acerca de la neurastenia", "Estados sexuales intermedios" (1905) y "Acerca del tratamiento por sugestión hipnótica" (1906). Recién recibido de médico, relata Roudinesco, Ferenczi trabajó en el Hospital Saint- Roch, en el cual, cuarenta años antes, Philippe Ignace Semmelweis había tratado de que se le reconociera su descubrimiento acerca del carácter infeccioso de la fiebre puerperal. "Lo mismo que su ilustre predecesor, Ferenczi se mostró muy pronto adepto a la medicina social. Siempre dispuesto a ayudar a los oprimidos, a escuchar a las mujeres en dificultades y a aliviar a los excluidos y a los marginales, asumió en 1906 la defensa de los homosexuales, en un texto valiente presentado a la Asociación Médica de Budapest. En él refutaba los prejuicios reaccionarios de la clase dominante, que tendían a señalar como responsables del desorden social a las personas denominadas uranistas". Llegó a ser representante del Comité Humanitario Internacional para la Defensa de los Homosexuales, fundado por Magnus Hirschfeld en 1897. Abogando por reformas legales, intentó sensibilizar a sus pares, oponiéndose a las perspectivas discriminadoras y homofóbicas propuestas por Krafft-Ebing y Möebius, en especial a la consideración de la homosexualidad como una enfermedad degenerativa.
Es en 1907 que Ferenczi llega al psicoanálisis, luego de haber tenido noticias de los experimentos de Jung con asociaciones de palabras. Al mismo tiempo, vuelve a leer y a revalorizar La interpretación de los sueños. A partir de ese momento, la vida del vulnerable húngaro quedaría, hasta el fin de sus días, ligada al psicoanálisis. El psicoanálisis, por su parte, quedará para siempre ligado a él.

Lélekelemzés
Entre 1908 y 1909 escribe seis trabajos que tienen como intención difundir a la aún joven ciencia en el mundo de los médicos húngaros. Cuando los recopila los bautiza con el término de Lélekelemzés, nombre con el que traduce al húngaro la palabra Psychoanalyse creada por Freud. Lélekelemzés significa "Cura del alma" o "Estudio del alma". A la vez que lo invita a presentar su trabajo, Freud le pide que le agregue la palabra "psicoanálisis". Ferenczi aceptó, rebautizando a su recopilación: Estudio del alma: ensayos en el campo del psicoanálisis. El pedido del creador de la "cura por la palabra" resulta significativo 5. ¿Si había elegido para su ciencia la conjunción de las palabras griegas Psykhe y Análysis, por qué parecía ahora renegar de ellas? Psykhe-anima en latín - significa soplo, aliento, mientras que "psíquico" remite a anímico, espiritual, del alma. "Análisis" hace referencia, en uno de sus sentidos, a la acción de desatar, soltar. La psicología, por su parte, es el tratado de las funciones del alma. 6
Ferenczi tuvo, desde el principio de su encuentro con el psicoanálisis y hasta el final de su vida, muy claro que esta ciencia es el estudio y la cura del alma humana. Es por esta razón que de su Lélekelemzés queremos destacar especialmente uno de los ensayos, Psicoanálisis y pedagogía, su carta de presentación ante la comunidad psicoanalítica, en tanto Freud lo invitó para que lo leyera en el Primer Congreso Internacional de Psicoanálisis realizado en Salzburgo en 1908. Allí Ferenczi pronuncia estas palabras, lamentablemente, muy vigentes:
El estudio de las obras de Freud y los análisis efectuados personalmente pueden convencer a cualquiera de que una educación defectuosa no sólo es fuente de defectos caracterológicos, sino también de enfermedades, y de que la pedagogía actual constituye un auténtico caldo de cultivo para las neurosis más diversas. Pero el análisis de nuestros enfermos nos conduce, a pesar nuestro, a revisar nuestra propia personalidad y sus orígenes; estamos convencidos de que la educación guiada por las más nobles intenciones 7 y realizada en las mejores condiciones - fundada sobre principios erróneos aún en vigor - ha influenciado nocivamente y de múltiples maneras el desarrollo natural; si a pesar de todo conservamos la salud, lo debemos seguramente a nuestra constitución psíquica más robusta y resistente de lo normal. De todas formas, aunque no hayamos enfermado, muchos sufrimientos psíquicos inútiles pueden ser atribuidos a principios educativos impropios; y bajo el efecto de la misma acción, la personalidad de algunos de nosotros ha resultado incapaz de disfrutar sin inhibición de los placeres naturales de la vida.
Ferenczi va aún más lejos cuando afirma que la pedagogía cultiva la negación de las emociones y de las ideas: "La pedagogía obliga al niño a mentirse a sí mismo, a negar lo que sabe y lo que piensa. El principio de la pedagogía actual es difícil de definir. Se parece mucho a la mentira. Pero mientras que los mentirosos y los hipócritas ocultan las cosas a los demás o les muestran emociones e ideas inexistentes, la pedagogía obliga al niño a mentirse a sí mismo, a negar lo que sabe y lo que piensa". Continúa luego con una reflexión que alude a lo que Winnicott, tiempo más tarde, llamará "verdadero self":
Los sentimientos y las ideas rechazadas de este modo, inmersas en el inconsciente, no quedan sin embargo suprimidos; a lo largo del proceso educativo se multiplican, crecen y se aglomeran en una especie de personalidad distinta escondida en las profundidades del ser, cuyos objetivos, deseos y fantasías están en general en contradicción absoluta con los objetivos y las ideas conscientes.
Es comprensible que las ideas del "peculiar, soñador y sensitivo"8 psicoanalista húngaro sean desmentidas: cuestionan, desde sus raíces, los principios educativos postulados por el "docto" Schreber:
Ferenczi aboga por una reforma pedagógica que permita evitar el rechazo de las propias ideas y emociones. Pensando, como solía hacer Freud, en las posibles objeciones a las reflexiones que ofrece, Ferenczi las contesta una por una. A la probable argumentación de que estaría fomentando el egoísmo, responde que el peligro reside, en realidad, en la hipocresía. 9
El análisis psicoanalítico no conduce al reino desenfrenado de los instintos egoístas, inconscientes y a veces incompatibles con los intereses del individuo, sino a la ruptura con los prejuicios que dificultan el conocimiento propio, a la comprensión de los motivos hasta ahora inconscientes y a la posibilidad de un control de los impulsos que se han convertido en conscientes.
Concluye su trabajo sosteniendo la necesidad de fundar una pedagogía que se base sobre la comprensión y la eficacia, no sobre dogmas.
En el prefacio a las Obras Completas de Ferenczi, Michaël Balint nos informa que Psicoanálisis y pedagogía fue, en vida de su autor, solamente publicado en húngaro. A pesar de ser el fruto de la primera reflexión sobre pedagogía escrita por un psicoanalista, el texto quedó enterrado en la ignorancia y el olvido. Es Balint quien produce su exhumación, al traducir y publicar las obras completas de su maestro.
Entre otros aportes que Sándor Ferenczi hizo a nuestra ciencia se halla su insistencia, ante Freud, de la necesidad que los analistas atraviesen un período de auto conocimiento profundo de sí mismos, aún más completo que el de sus pacientes. Análisis llamado, por algunos, didáctico.10 

Psicoanálisis con el niño que habita en el adulto
En 1929, en su trabajo Principio de Relajación y neocatarsis, Ferenczi relata: "Discutiendo con Anna Freud sobre algunas medidas técnicas, me planteó ella esta oportuna cuestión: 'Trata usted a los pacientes como trato yo a los niños en mis análisis infantiles.' Tuve que darle la razón." Es que en esos tiempos Ferenczi ya sabía que, atendiendo pacientes graves, era imprescindible que él se saliera de ciertos moldes: "Durante mi larga práctica analítica, me he hallado constantemente en trance de infringir algunos de los consejos técnicos de Freud". A veces, los pacientes de Ferenczi, en lugar de quedarse obedientemente tendidos sobre el diván, se levantaban de golpe, caminaban por el consultorio y le hablaban mirándolo a los ojos. Eran personas que necesitaban que la sesión se prolongara, que él las atendiese en sus domicilios o que les diera más de una sesión por día. Seres de una gran labilidad emocional que estaban atravesando momentos difíciles y recordando situaciones traumáticas. Ferenczi tenía que crear, como los analistas de niños, una técnica distinta a la utilizada por Freud con sus pacientes adultos neuróticos. Para eso, le era necesario transgredir. De esta demanda, originada en la clínica, nació la tan cuestionada - inclusive por el mismo Freud - "técnica activa" ferencziana.
Otro de los escritos para comentar, imprescindible para dar cuenta del aporte que Ferenczi hizo al psicoanálisis, es la conferencia que dio en 1931 en la Asociación Psicoanalítica de Viena: Análisis de niños con adultos . Reconoce, en primer lugar, la labor pionera en el análisis infantil de Hermine Hug Hellmuth 11, para luego valorizar los aportes de Melanie Klein, de Anna Freud y de August Aichhorn.
En lo que me concierne, no he tenido demasiados contactos con niños en el psicoanálisis y ahora estoy sorprendido al tropezarme con este problema por un camino distinto. ¿Cómo he llegado a él? (...) Al tener una especie de fe fanática en las posibilidades de éxito de la psicología de las profundidades, he considerado los eventuales fracasos más como una consecuencia de mi escasa habilidad que como fruto de la "incurabilidad", hipótesis que me ha conducido necesariamente a modificar la técnica en aquellos casos difíciles que resultaban imposibles de proseguir con la técnica habitual.
Ferenczi explica que utiliza con sus pacientes "difíciles" y en estados muy regresivos, técnicas propias del análisis infantil. Se encuentra, así, con el niño que aún existe en el adulto y comprueba no sólo que éste puede comportarse como una pequeña criatura, sino también que el analista puede tomar, por obra de su contratransferencia, un rol similar al que los padres y educadores asumen frente a los niños:
Es innegable que los niños son influenciables, que tienden a apoyarse sin resistencia sobre alguien "grande", en sus momentos de debilidad, que existe un elemento de hipnosis en la relación entre niños y adultos, y hay que acomodarse a esta realidad. Así que el gran poder que los adultos tienen frente a los niños, en vez de utilizarse, como se hace a menudo, para imprimir nuestras rígidas reglas en el psiquismo maleable del niño, podría ser utilizado para educarlos con mayor independencia y con mayor sentido de la responsabilidad.
Muchos de los pacientes a los que Ferenczi alude habían sido víctimas, durante su infancia, de situaciones traumáticas ocasionadas por abuso sexual. El psicoanalista húngaro continuará con este controvertido tema en Reflexiones sobre el traumatismo 12, en su Diario Clínico y en 1932, al comunicar su muy polémica conferencia Confusión de lenguas entre los adultos y el niño. El lenguaje de la ternura y el de la pasión. 13 En esta ocasión afirma:
Nunca se insistirá bastante sobre la importancia del traumatismo y en particular del traumatismo sexual como factor patógeno. Incluso los niños de familias honorables de tradición puritana son víctimas de violencias y violaciones mucho más a menudo de lo que se cree. Bien son los padres que buscan un sustituto a sus insatisfacciones de forma patológica, o bien son personas de confianza de la familia (tíos, abuelos), o bien los preceptores o el personal doméstico quienes abusan de la ignorancia y la inocencia de los niños.
Más adelante, Ferenczi dice que esos adultos con predisposiciones patológicas confunden los juegos y conductas de los niños con los deseos de una persona sexualmente adulta, confusión que los lleva a abusar de las criaturas. El niño puede intentar protestar, pero a la larga es vencido por la fuerza y la autoridad aplastante del adulto. Llevado por el temor y la indefensión, se doblega a la voluntad del agresor y lo introyecta, para poder seguir sosteniendo con él un vínculo de ternura. A este mecanismo de defensa psíquico Ferenczi lo llamará "identificación con el agresor". Suele atribuírsele a Anna Freud la creación de este concepto. En su Diccionario de Psicoanálisis, Laplanche y Pontalis lo definen:
Mecanismo de defensa aislado y descrito por Anna Freud (1936): el sujeto, enfrentado a un peligro exterior (representado típicamente por una crítica procedente de una autoridad, se identifica con su agresor, ya sea reasumiendo por su cuenta la agresión en la misma forma, ya sea imitando física o moralmente a la persona del agresor, ya sea adoptando ciertos símbolos de poder que lo designan. (...)
Un poco más adelante, los autores del Diccionario mencionan a Ferenczi diciendo que cuando éste utiliza el término identificación con el agresor lo hace en un sentido muy especial: la agresión a la que se hace referencia es el atentado sexual del adulto, que vive en un mundo de pasión y de culpabilidad, sobre el niño que se supone inocente. El comportamiento descrito como resultado del miedo es una sumisión total a la voluntad del agresor; el cambio provocado en la personalidad es "(...)la introyección del sentimiento de culpabilidad del adulto". (Ferenczi, 1932).
Laplanche y Pontalis han leído mal. Si Ferenczi habla de la identificación con el agresor en 1932, no puede haber sido Anna Freud la responsable de "aislar y describir" ese mecanismo de defensa en 1936, año en el que publica su libro El yo y los mecanismos de defensa. Más aún, leyendo atentamente el capítulo IX, titulado precisamente La identificación con el agresor, podemos discernir que, aunque Anna Freud no se refiera en este trabajo a casos de abuso sexual, la descripción que hace es muy similar a la de Ferenczi. Por otra parte, en su larga trayectoria como psicoanalista de niños, ella tuvo la ocasión de comprobar casos de abuso y a ellos se refirió en varios de sus trabajos. La hija de Freud tuvo un gesto claro de reconocimiento hacia Ferenczi cuando, en relación a las innovaciones técnicas del psicoanalista húngaro -es decir, la técnica activa- el 29 de noviembre de 1931 le escribe a Lou Andreas-Salomé: No me preocupa, en tanto y en cuanto quien practique este método sea Ferenczi porque tiene la necesaria moderación, pero otros no deberían ponerlo en práctica. Mucho me temo que Ferenczi se va a alejar pronto de nosotros y a encerrarse. Anna sabía que el sensible y talentoso Sándor se veía condenado al ostracismo pero, desmintiendo lo que sus sentidos y su comprensión le señalaban, ella prefería creer que se trataba de un camino elegido en lugar de ser efecto del obligado exilio provocado por la discriminación de su padre y de Jones. El que alguna vez fuera reconocido como Visir Secreto, fue señalado, al fin de sus días, como cabeza de turco. 14
Víctima de una anemia perniciosa, Ferenczi murió en mayo de 1933, con la promesa de Ernest Jones de publicarle Confusión de lenguas entre los adultos y el niño en la International Journal of Psyco-Analysis. Poco antes de morir Ferenczi, Freud le escribe a Jones una carta en la que dice que una paciente de Sándor, la señora Severn, parecía haberle provocado a su analista una pseudología phantástica. 15 En junio, Jones le contesta diciéndole que la "paranoia" 16 de Ferenczi se había puesto en evidencia "a la vista de su último articulo para el congreso" y que veía contraproducente publicar, ahora que él había muerto, su último artículo, ya que sería un perjuicio y un descrédito para el propio autor. Y agrega: "Sus postulados científicos y sus declaraciones sobre la práctica analítica no constituyen más que una sarta de errores que solamente sirven para desacreditar al psicoanálisis y dar pábulo a sus enemigos". El polémico y valioso trabajo en el que Ferenczi no solamente denuncia sino que, además, teoriza acerca de la frecuencia del abuso sexual contra la infancia fue conocido recién en 1949, gracias a Michaël Balint.

No traducir, no publicar, no pensar
En su Prólogo al Diario Clínico 17 de Ferenczi, Judith Dupont 18 relata que para Balint era imperiosa la necesidad de que, tanto la Correspondencia Freud-Ferenczi. (1921-1932) como el Diario Clínico aparecieran juntos, en tanto son textos que se complementan, esclareciendo uno al otro. Si pasó mucho tiempo para conocerse en Francia, al español todavía no ha sido traducida. Luego de la muerte de Etcheverry, pareciera que Amorrortu ha desistido de la edición de estos textos, tan prometidos como esperados. ¿Será que la editorial no los encuentra redituables? ¿Quiénes leerían este epistolario?. Atravesados primero por las ideas kleinianas y luego por la lacanianas, parecería que los psicoanalistas argentinos no tenemos ni tiempo ni interés para leer a Ferenczi, fenómeno que no sucede en otros países. Tanto en España como en Francia las ideas del talentoso húngaro son, desde hace muchos años, descubiertas y valorizadas.19 De modo similar, en su colaboración al libro Grandes Psicoanalistas, compilado por Nasio, This se pregunta, en 1996, por qué, si la correspondencia entre Freud y Ferenczi - 1236 cartas- duró un cuarto de siglo, no fue traducida durante tanto tiempo al francés: "¿Censura, prohibición de leer?" La hipótesis de This es acertada, es indudable que de eso se trata. Y que para derrotar a esa censura, paradojalmente, la única forma que tenemos es leer, indagar e insistir para que la publicación de la Correspondencia se realice. Nadie nos puede negar el derecho a pensar.

Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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