La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

jueves, 7 de marzo de 2013

Sándor Ferenczi

Un físico contemporáneo puede leer los Princicpia mathematica de Isaac Newton por curiosidad, interés u otras razones; pero no es indispensable para su formación. Puede no leerlos porque sólo necesita estudiar la producción que le es  contemporánea.  Diferente es el caso de los psicoanalistas. Muchísimas publicaciones actuales son refritos sin gusto ni sustancia, que una y otra vez “rizan el rizo”. Creo que con los clásicos del psicoanálisis  ocurre lo que dice I. Calvino: siempre tienen  algo nuevo para decirnos.
               
Quizás el más vituperado psicoanalista de la primera generación haya sido Sandor Ferenczi, cuyo valor sólo sea comparable con el otro gran clásico, Karl Abraham. Uno y otro son los imprescindibles.
Ferenczi Sandor, como se dice en Hungría, nació el 7 de julio de 1873,  el mismo año en que se unieron las ciudades de Buda y Pest, situadas en las orillas opuestas del Danubio. Era el octavo de doce hermanos nacidos en una familia de intelectuales. Su padre tenía una librería donde se organizaban reuniones culturales y conciertos de cámara. La madre, Rosa, era un  persona distante y fría, que arrastraba una depresión clínica a causa de la muerte de una hija apenas menor que Sandor.
¿Cómo era, en pocas palabras? P. Roazen  lo describe así: "muchos consideran que Ferenczi fue el más cordial, más humano, más sensible de los miembros del grupo psicoanalítico. Ferenczi era un  hombre de baja estatura y de carácter expresivo, poético y nada egotista. Que se interesaba por las demás personas y siempre estaba dispuesto a ayudar. Era una persona encantadora e imaginativa, tenía la capacidad para concebir ideas nuevas sin estar seguro de creer en ellas realmente" (Roazen, 1978).

“Mi gran Visir secreto”
Después de haber leído, rechazado, releído y finalmente estudiado La Interpretación de los Sueños, conoce  en 1908  a Freud, que queda cautivado desde el primer encuentro con el joven y talentoso médico, que desde 1902 tenía una producción propia en Psiquiatría (sobre paranoia y homosexualidad).
Para valorar la importancia de la relación que mantuvieron, podemos tomar en consideración el volumen de su intercambio epistolar: más de 1200 cartas  entre los años 1908 a 1933 (mientras que Jones fue destinatario de 400 cartas y  Jung de 350).
Un año después de haber tomado contacto con Freud, escribe Transferencia e introyección [1], trabajo que revela la rapidez de su apropiación de conocimientos en el campo del psicoanálisis.
Tres años después de que se creara la Asociación Psicoanalítica Internacional [2] a instancias de Ernest Jones se fundó un comité secreto compuesto por doce miembros, que incluyó a Ferenczi.
Escribió  artículos muy simpáticos movido por el afán interpretativo de casi todo, verdadero  furor interpretandis. Escribió acerca de esas cosas que me generaban curiosidad cuando era chico  (a algún lector también le habrá ocurrido). Por ejemplo, sobre las causas de los escalofríos producidos por el rechinamiento del vidrio [3] (1923).
Freud discutía con su “Gran Visir secreto” los trabajos antes de su  publicación. Un solo ejemplo que revela la afinidad de pensamiento entre ambos: uno de los siete trabajos de Metapsicología perdidos aparecieron cuando se recuperó un baúl de correspondencia y fue editado 1992 por Ilse Grubrich-Simitis (trad. esp. 1989).
Cuando en 1919 los bolcheviques toman el poder en Hungría, Ferenczi se hace cargo de la primera Cátedra universitaria de Psicoanálisis en el mundo.
Su apasionamiento por la clínica, su penetrante inteligencia, la riqueza de sus ideas, lo llevaron a hallazgos y a equivocaciones  notables; pero no sólo por estas últimas Ernest Jones (quien fue primero paciente y posteriormente enemigo acérrimo) lo estigmatizó con diagnósticos y lo descalificó con un  argumento que se volvió a utilizar muchas veces: el alejamiento de la IPA era equivalente al abandono del psicoanálisis (Azouri, 1984, p. 226). Tal vez por eso esta reseña tienda a acentuar sus virtudes. Nuestra posibilidad de leerlo hoy debería evitar “tirar el bebé  con el agua de la bañera”.
En Historia del Movimiento Psicoanalítico, al describir la situación del Psicoanálisis en Hungría Freud dice que comenzó con un psicoanalista, y con el tiempo se desarrolló una Asociación y además una corriente de psicoanálisis liderada por Ferenczi, de quien dice: "aun solo vale por toda una Asociación".

Psicoanálisis para todos
Tenía el vehemente propósito de ir siempre más allá en la terapia psicoanalítica, tanto en la inclusión de pacientes graves como en la profundidad del análisis. Por esta razón conjugó la utilización de los instrumentos y del método establecido con  innovaciones técnicas con el fin de adaptarla a situaciones y pacientes excepcionales.
Esa activa búsqueda comienza en 1918 y es dada a conocer en el V Congreso Internacional de Psicoanálisis, que se llevó a cabo en Budapest a fines de  septiembre. Su denodado propósito de superar resistencias, elaborar las  experiencias traumáticas, de  evitar la sugestión, la seducción y la  manipulación, de promover la libertad del paciente, lo llevaron a introducir sucesivas modificaciones técnicas pero con conciencia de los riesgos.
Además de su sagacidad clínica tenía una preocupación  maternal  por curar, a diferencia de Freud.
Ferenczi propugnó la necesidad del análisis completo para los psicoanalistas; no el análisis didáctico para que colegas presuntamente sanos se iniciaran en el método [4],   porque estaba convencido que los analistas llegaban con sus pacientes hasta donde habían llegado en sus análisis personales. “Ante todo, tenemos que ser analizados a fondo, hasta ‘tocar roca’”, con el propósito de no obstaculizar con nuestras resistencias y rasgos de carácter el tratamiento exhaustivo [5]. A esta necesidad de un análisis a fondo de los analistas le dio el estatuto de segunda regla fundamental.
Ferenczi tenía el propósito de llevar el análisis hasta el final, hasta los enclaves del sufrimiento y las inhibiciones inalcanzables con la técnica clásica, como poseído por una suerte de furor curandis, no cabe duda. Dice: "me convertí poco a poco en especialista en análisis de niños con los adultos, me convertí poco a poco en especialista de casos particularmente difíciles de los que ahora me ocupo tras muchos años de ejercicios. Fórmulas tales como ‘la resistencia del paciente es insuperable‘, o ‘el narcisismo no permite profundizar más en este caso‘, o incluso ‘la resignación fatalista frente a la aparente estancamiento de un caso‘, ya no son admisibles para mí. Pienso que mientras el paciente vuelva, no se rompe el hilo de la esperanza. Debía pues plantearme siempre la misma cuestión: ¿es la resistencia del paciente quien provoca el fracaso, o se trata más bien de que nuestra comodidad se resiste a adaptarse a las particularidades de la persona en el plano de la aplicación del método?" (cursivas mías). Tenemos que considerar que trabajaba con pacientes que a partir de la década del  ‘50 serán diagnosticados como borderline.

El psicoanálisis transgresivo”
Así llama Guy Rosolato (1981) al proceso analítico que viola deliberadamente las reglas del encuadre  –especialmente la de abstinencia-, con el propósito de superar impasses en los tratamientos. Identifica tres modos de transgresión técnica: las transgresiones por medio de técnicas activas, de sustitución, y por  técnicas liberadoras. Las tres variantes incluyen las transformaciones de la técnica promovidas por Ferenczi.
Entre 1918 y 1932 introdujo los cambios que se fueron sucediendo en cuatro etapas:
* “técnica activa” va de 1919 a 1926;
* técnica elástica”, desde 1926 hasta 1928;
* “técnica de relajación y la neocatarsis”, desde 1929 hasta 1932;
* del “análisis mutuo”, en los últimos años de su vida.
Estas modificaciones comienzan a ser fundamentadas en Dificultades técnicas de un  análisis de histeria [6]: además de escuchar e interpretar (que consideraba  pasivos),exige a los pacientes que se encuentran en un “punto muerto” resistencial que enfrenten la angustia y no eviten las situaciones críticas. También imparte órdenes y prohibiciones estratégicamente elegidas que extienden la abstinencia del analizando;  por ejemplo, de la masturbación.
Pero en 1920, en Congreso de La Haya limita su utilización a determinadas situaciones clínicas concretas como recurso de excepción [7].
Era consciente de los riesgos que corría con sus innovaciones. Evaluaba los resultados de las experiencias y volvía a cambiar cuando se demostraban insuficientes o desembocaban en el fracaso [8].
Cuatro años después describe el uso de “fantasías provocadas” [9], que consistía en proponerle al paciente que fantasee con aquellas situaciones que trata de evitar.
En “Principio de relajación y neocatarsis” [10] propone “dejar hacer” a ciertos pacientes, alentar la espontaneidad y aceptarla con genuina benevolencia, porque empezó a cobrar fuerza la hipótesis de que la causa de las perturbaciones eran traumatismos realmente acontecidos.
En 1931 [11] plantea que la resistencia es producto de la contratransferencia y de la comodidad de los analistas. Promueve la emergencia de vivencias en las que pueda retornar el traumatismo experimentado en la infancia en la forma de recuerdos para ser elaborados por el “analizando”, como re-denomina  al “paciente” (para acentuar la actividad que debe tener  -expresión retomada y traducida por Lacan como “analizante”, con el mismo objetivo-).
El último período, el del “análisis mutuo”,  es el resultado de su crítica a los efectos de la frialdad y la hipocresía del analista en el trato con su paciente. Propone que el analista manifieste de manera directa los sentimientos e impulsos surgidos al calor de la relación transferencial (no confesiones respecto de su vida) tal como en su momento le propuso a Freud que hicieran entre ellos. Esta época está testimoniada en su Diario clínico (que va desde el mes de  enero hasta octubre de 1932).

El niño sufre horrores de traducción
En un trabajo que recomiendo enfáticamente llamó “confusión de lenguas entre los adultos y el niño”, al “malentendido” traumatizante que se produce cuando los niños se expresan con ternura, y los adultos responden de un manera que resulta violenta para aquéllos porque traducen las expresiones infantiles a su lengua, que es la de la pasión de la sexualidad adulta [12]. “El niño habla el lenguaje de la ternura y el adulto  le responde en el lenguaje de la pasión” [13].
Describe tres tipos de traumatismos producidos por la pasión de los adultos: el de la “seducción incestuosa”, que no activa defensas en el niño sino “identificación con el agresor” (expresión de su cuño); en segundo lugar el “insufrible castigo”, que induce fijaciones y escisiones causadas por el miedo; y  el “terrorismo del sufrimiento”, causado por adultos significativos, de quienes el niño aprende expresiones y experimenta vivencias que hacen, por ejemplo que “una madre sufriente pueda hacer de su hijo su niñera vitalicia”.
Ferenczi estaba muy atento a la capacidad extraordinaria que pueden desarrollar  los chicos para asumir como tarea de su vida la “curación” de los padres. Esta hipótesis se encuentra en un breve trabajo llamado  El Sueño del Bebé Sabio [14]. Allí cuenta cómo ciertos niños se fueron transformando en improvisados terapeutas de sus padres neuróticos, psicóticos o perversos,  que de adultos padecen las consecuencias de aquel esfuerzo.

Análisis infinito y más allá
Desde un viaje por Italia que emprendieron al comienzo de su relación, el vínculo entre los dos S.F. tuvo épocas intensamente conflictivas. En parte por esta razón y en parte por su  anhelo de que los análisis fueran completos,  escribe en 1928 sobre El problema del fin de análisis [15]. Nueve años más tarde Freud publica Análisis Terminable e Interminable,  cuando Ferenczi ya había muerto.
Al reproche de Ferenczi de no haber interpretado su transferencia negativa [16] (en rigor, ambivalente),  Freud responde que no la percibió. Es un poco dudoso; quizás Freud estaba muy atento a la cohesión política del movimiento,  y no les señalaba estos sentimientos enojosos a los discípulos si no se producía una ruptura (aunque sí podía aludir a ellos en cartas a terceros).
En Confusión de Lenguas, mucho años antes, y mucho antes todavía, en 1927 en El fin de Análisis [17], Ferenczi habla de la “terminación natural” de un análisis y de la necesidad de llevar el análisis a fondo. “Terminación natural” son los términos que va a utilizar Freud en 1937. En cuanto a la cuestión de los límites, ya vimos que en Confusión de Lenguas Ferenczi decía que se  trata de llegar hasta “tocar roca”.
Pero también a modo de reproche le decía a Freud que “no todo es transferencial”. ¿Qué quería decirle –y decirnos-? Quería introducir el espinoso tema de los efectos que el analista como persona real, con su neurosis, sus fantasmas y sus rigideces provoca en el paciente.
Esta  semblanza es breve pero  nos permite preguntarnos si Ferenczi  retornó al pre-freudismo o si no fue acaso el  primer post-freudiano.
Murió el 22 de mayo de 1933, a los 66 años, de las complicaciones de una o anemia perniciosa (anemia de Biermer). Esta enfermedad hoy se cura simplemente con Vitamina B12 (30 comprimidos = 85 pesos). Fuente: El psicoanalítico

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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