La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

jueves, 28 de marzo de 2013

Hilflosigkeit, inseguridad

Hilflosigkeit: así denomina Freud al estado originario del sujeto. Lo conocemos como desamparo. Palabra que a su vez designa un estado de abandono, de desvalimiento, de falta de recursos. También de desnudez: el infans se halla ante la imposibilidad de sobrevivir sin asistencia ajena, siendo que en su vida intrauterina no conocía pausa entre necesidad y satisfacción; su piel, sus sentidos son impactados por cantidades que provienen tanto del interior de su cuerpo como del exterior del mismo. Una unidad psiquesoma cuya tranquilidad ha sido desalojada por el nacimiento. Que será apenas recuperada a través de la experiencia de satisfacción, posible solamente mediante la asistencia del otro.  
Así, los tiempos iniciales de vida del humano oscilan entre el desamparo provocado por su prematurez, que lo ubica en un estado de dependencia absoluta del otro para la supervivencia, y el amparo que este puede ofrecerle. Amparo que va trascendiendo los cuidados corporales, que será también amoroso, identificatorio, y significante. En el lazo con el otro se generará la matriz de los sentimientos de amparo y desamparo que acompañarán al sujeto a lo largo de su vida. Pero las marcas que deja el desamparo originario serán imperecederas. Ese estado de desamparo toma la forma de angustia automática, que se hará presente ante cada situación traumática. Es una angustia diferente de la que conocemos como angustia señal -que antecede la aplicación de defensas psíquicas-, que está ligada al complejo de castración, y que – en un sentido– oficia de tope a la aparición de aquella otra angustia: la ligada al desamparo es una angustia que no tiene representación. Es desnudez, desamparo, desvalimiento, abandono, estar sin recursos. Hilflosigkeit.
Si el otro primordial es el agente que proporcionará amparo, en el devenir del sujeto humano los lazos, la sociedad instituida, la creencia religiosa, para muchos la ciencia, y los diversos grupos de pertenencia e instituciones, ocuparán ese lugar. Todos ellos impregnados por un mundo simbólico que aporta sentido al sin-sentido de base que habita en la psique humana. Todo lo cual proporciona un bienestar mínimo necesario para el investimiento de la vida. El sentido socialmente instituido transmite consigo el patrimonio común de certeza (Aulagnier). Es decir, puntos cardinales de significación que sólo podrán modificarse mediante transformaciones colectivas, y que se ofrecen como puntos de anclaje para que el sujeto teja su propia significación, y sobre los cuales también podrá cuestionar lo instituido.
Toda experiencia de sinsentido podrá adquirir dimensiones traumatizantes y desencadenar angustia automática.

La inseguridad
Así, la función de amparo que cumplen estos diversos lugares, proporcionan consistencia simbólica (que le hace sentir seguridad al Yo) por permitir y proporcionar sentido. Asimilaremos la sensación de inseguridad a un modo de manifestación a nivel del Yo del estado de desamparo, producido por falta de sentido: falta de significación, de consistencia en lo simbólico, el estar frente a una experiencia que queda fuera del sentido causando imposibilidad de hallar un sentido propio. Pero, veremos más adelante, que este estado de desamparo puede producirse por otras causas.
Veíamos entonces que el patrimonio común de certeza ofrece ciertas garantías fundamentales de sentido, de sentido que ampara. Que ampara al sujeto -lo protege- de la irrupción de angustia de desamparo o automática: prototipo de la reacción frente a lo traumático. Y esto es fundamental: sea por el avance no ligado de la pulsión, o por acontecimientos del mundo exterior. Como señala Piera Aulagnier para el discurso materno, y ampliándolo nosotros para el mundo socio-cultural: el patrimonio común de certeza contenido en el discurso del conjunto es un para-fantasma: ofrecen de freno a la emergencia de fantasmas ligados al desamparo, y a la angustia que los acompañan. También, agregamos, son un freno a los movimientos pulsionales de desligadura, y a la descarga pulsional sin ligadura.
Extendiendo lo sostenido por Freud en Psicología de las masas y análisis del Yo, diremos que caído el lugar de certeza del grupo social, este tiende  a disgregarse. También si propone un sentido imposible de ser investido por los sujetos: una suerte de patrimonio común de certeza que contiene la paradoja de arrojar a los sujetos a la incerteza. Lo que implica algo fundamental: se rompe la alianza simbólica que liga (aun en el conflicto) a los integrantes del mismo. Y esto es central para lo que aquí queremos desarrollar.
Esto puede producirse por distintos caminos: alteración del orden político (dictaduras por ejemplo), diversos tipos de catástrofes sociales, crisis profundas económicas, guerras, etc. Pero debemos agregar un modo de ser de la sociedad que hemos venido desarrollando en El Psicoanalítico, que coincide con la forma que el orden económico, social y cultural ha tomado en estas últimas décadas, acompañado y sostenido por los medios masivos de comunicación y el lugar central que estos ocupan en la conformación del discurso dominante en una sociedad, y por la tecnología sobre la cual estos están instalados.

Sociedad actual, psique e inseguridad
Esta breve introducción nos permitirá ahora abordar la llamada inseguridad, que como tema circula de modo persistente entre los sujetos, y que tiene una presencia mayúscula en los medios masivos de comunicación. Como se resalta en diversos textos de este número (Entre la dicha y la inseguridad, Algunos aportes respecto de la Inseguridad, El otro amenazante. Reflexiones acerca del sentimiento de inseguridad): la inseguridad de la que se habla es habitualmente la delincuencial. Podemos cuestionar sin temor a equivocarnos que se reduce a este tipo de violencia el tema de la inseguridad. Tampoco nos equivocaremos en que haciendo foco en ella quedan ocultas otras violencias, otro tipo de ilícitos. Como por ejemplo los manejos que las grandes corporaciones hacen de la economía, dejando como efectos colaterales fenómenos como los vistos en estos últimos tiempos en EEUU, Grecia y España, y que hemos padecido en Argentina, en la que aún están presentes sus efectos. Pero también, es evidente que dichas corporaciones cuentan con la colaboración de muchos Estados que se ocuparán de resarcirles de sus pérdidas (pérdidas que se dan en ese casino que para Weber se había convertido la economía) mediante planes de ajuste. Este es un tipo de ilícito que perjudica a la mayor parte de la sociedad. Pero no es denunciada como tal ni por los Estados (obviamente porque son sus ejecutores), o lo es de manera parcial y acotada, ni por los medios masivos (que están controlados o son propiedad de las mismas corporaciones que cometen los ilícitos).
Así, podemos mencionar varios factores que pueden desencadenar inseguridad en los sujetos, entendiéndola como un modo de expresión del desamparo:
Un factor es el que proviene de la crisis de instituciones de la sociedad, cuya confianza ha disminuido considerablemente, como por ejemplo la escuela y la justicia; otro factor – ya citado - es el que producen las grandes corporaciones al sumir cíclicamente en el desamparo económico a buena parte de la población – llegando a quedar excluida parte de la misma -, acompañado esto por acciones y omisiones del aparato estatal; y finalmente, tenemos la que proviene del incremento de la delincuencia, su forma y su frecuencia. En Argentina nos encontramos con algunos de los factores citados precedentemente, acompañados de incertidumbre económica, la dependencia de una parte de la población de planes asistenciales, el nivel de desocupación que existe sobre todo entre los  jóvenes y que afecta su proyecto identificatorio; también los pueblos afectados directamente por la Megaminería están expuestos a experiencias de desamparo, pero su organización en asambleas ambientales seguramente es un tope al mismo (ver textos en este número de Germán Ciari y María Cristina Oleaga). Por supuesto que esto no es uniforme en toda la sociedad, no afecta a las clases altas ni a muchos de los que participan del proyecto político imperante a nivel estatal, ya que este proyecto les ofrece garantía de sentido, y otros sectores de la población se benefician de planes asistenciales sin advertir la espada de Damocles que los mismos significan, pero también porque han recuperado su modo de vida luego de la crisis de los años 2001/2002; pero es cierto también que la masa de excluidos por la crisis de esos años y anteriores, no ha dejado de estar presente, y no es fácil de mensurar. De todas maneras, todo lo aquí mencionado lejos está de agotar la temática de la inseguridad.

El Otro y la inseguridad
Estos serían factores externos, “objetivos”. Vamos a decir que todos ellos están alimentados por las significaciones de época, transmitidas por el Otro, esa instancia inmanente del colectivo social, creación anónima y colectiva, heredero de las figuras de amparo originarias. Decimos que son factores externos y “objetivos” porque se trata de hechos de la realidad que impactan sobre el Yo de manera traumática. Pero hay otros, que no le van a la zaga, y que también tienen su origen en el Otro. Que no debemos olvidar que es una instancia que también actúa desde el interior de la psique del sujeto, y en el caso en cuestión, produciendo efectos a nivel del registro pulsional. Porque tanto lo identificatorio como lo pulsional se ven afectados por ese Otro que sostendremos que es el principal promotor de inseguridad.
Las significaciones que transmite el Otro en nuestro históricosocial– ya mencionadas en muchos textos de esta publicación – alientan a lo ilimitado, a un supuesto control racional de la naturaleza y la sociedad, ubicando como institución central a la economía.
Como hemos mencionado en otras ocasiones: el Otro realiza una demanda permanente de consumo de objetos y actividades, produciendo un estado de insatisfacción constante. Exige la presencia de un sujeto siempre joven, saludable, on line, consumiendo como fin de su vida, y siempre feliz, proponiendo un modelo identificatorio por excelencia, como lo es el winner. Modelo imposible. Tal como resulta imposible cuanto más se desciende en la escala socioeconómica acceder a los bienes que el Otro exige que se consuman, para pertenecer. Esto se deriva en un estado de hiperconexión e hiperactividad que genera stress por imposibilidad de ligadura pulsional, pero también estados de frustración y desinvestidura. También fragiliza los lazos sociales, o los transforma en riesgosos: el otro devenido en enemigo potencial. Porque además, entre los objetos de consumo está lo que ofrecen los medios masivos de comunicación, que en una maquiavélica maniobra alientan el consumo a la par que difunden de modo permanente hechos de violencia que significan al otro como enemigo. También la dificultad en establecer lazos deviene por lo efímero instalado por la temporalidad y la superficialidad, ya que estos quedan afectados por la aceleración del tiempo causada por el aumento del ritmo de producción y consumo.
Diremos que todo esto trasciende en buena medida las discusiones políticas habituales, por estar en el núcleo de un modo de ser de la sociedad que no ha sido criticado ni desenmascarado. El Estado de Bienestar, los gobiernos populistas actualmente presentes en Latinoamérica, han sido y parecen ser intentos de cambiar este estado de cosas, pero lo cierto es que lo proclaman pero dejan intacto el núcleo de la problemática –tal la característica de este modo de gobierno -. La falta de una mirada verdaderamente crítica a nivel del colectivo –un colectivo avasallado por todos los factores que hemos citado -permite la persistencia de este estado de cosas. La falta de participación colectiva con real conocimiento de causa de los problemas de la sociedad, la idealización de ciertos liderazgos que impide una mirada crítica, una concepción de la política anclada en que las decisiones vienen “de arriba”, o en que quien está en el poder debe tomar en cuenta lo que el pueblo necesita y dárselo…  son todas formas alejadas de la política pensada como una participación directa de los sujetos en los problemas que les incumben. Formas ligada al imaginario de la delegación y la representación.

El Otro: Hilflosigkeit
Para terminar: podemos decir entonces que el Otro es el principal factor de inseguridad, por lo tanto de desamparo. Otro que no debe confundirse con el aparato estatal: este en todo caso lleva a cabo sus dictados, lleva adelante – y en los modos de gobierno citados, de modo contradictorio y conflictivo – su significación central. Claro que el magma de significaciones que habitan al Otro es heterogéneo, y como se ha resaltado en otros textos de este número que hemos citado, ciertos modos de agrupamiento pueden oficiar de amparo y disminuir / combatir la sensación de inseguridad, y permitir que el sujeto salga de su parálisis o resignación. Haciendo la salvedad de que el agrupamiento no es sinónimo de lo bueno. Porque no debemos dejar de lado que los agrupamientos también puede estar al servicio defender los intereses de clases dominantes (como pasó en Argentina en las asambleas que se realizaban a la vera de las rutas, con participación de empresarios rurales y peones, que tuvieron lugar durante 2008 en el mentado conflicto del campo/gobierno), o estar al servicio de perseguir “terroristas”, judíos, negros, musulmanes…
Pero otros modos de agruparse– y esto es lo que aquí nos interesa y que es resaltado en los textos citados - puede permitir la apertura del cerco de las significaciones instituidas, su cuestionamiento y favorecer (a partir de una organización que las contenga en su estructura) la institución de significaciones que se oponen a las que el Otro promueve, que están centradas en el individualismo, el consumo, la felicidad, lo ilimitado: nos referimos a modos de agrupamiento que promuevan significaciones ligadas al proyecto de autonomía:  las de libertad, igualdad, pasión por el saber y la justicia y la verdad. Las asambleas ambientales, las barriales, los grupos de obreros que llevan adelante la experiencia de fábricas recuperadas, las asambleas estudiantiles ocurridas hace un par de años, también la creación artística, el pensamiento crítico en diversas disciplinas (como la filosofía y psicoanálisis) pueden ser lugares de destitución de ese Otro. Deben establecer un estado de vigilancia y denuncia de lo instituido, a la par que deben promover la institución de otras formas de lazo entre los sujetos. Fuente: http://www.elpsicoanalitico.com.ar

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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