La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

jueves, 17 de enero de 2013

Sobre Sándor Ferenczi

"Hungría, tan íntimamente enlazada a Austria desde el punto de vista geográfico como ajeno a ella científicamente, no nos ha aportado hasta ahora más que un solo colaborador: S. Ferenczi; pero tal, que vale por una asociación entera"
(Freud, 1914, p. 1911).

Introducción
Presentar la biografía de Sándor Ferenczi, el llamado "enfant terrible" del psicoanálisis, es intentar hacer presente uno de los espíritus más claros y lúcidos de la primera generación de psicoanalistas y, simultáneamente, brindar un claro ejemplo de como variables extra-psicoterapéuticas se entremezclan, interfiriendo y distorsionando el desarrollo de la psicoterapia debido a los inevitables conflictos de poder e intereses de sus actores. Por otro lado, hablar de él, es también referir a como el paso del tiempo invariablemente resitua los verdaderos aportes teórico-clínicos más allá de las eventuales contingencias coyunturales en que se desarrolla el conocimiento de la teoría psicológica.
Este fecundo analista, de quien se ha dicho que era el más clínico de todos los analistas de la Primera Generación y reconocido como un terapeuta extraordinario, promovió además entre sus colegas la defensa de los derechos de los homosexuales marginados y perseguidos en Europa de principios de siglo, y fue uno de los primeros clínicos en ligar la homosexualidad a la patogenia de la paranoia. Fundador y ex-presidente de la Asociación Internacional Psicoanalítica, tuvo un rol preponderante en la formulación de Programas de entrenamiento para psicoanalistas proponiendo mayor flexibilidad y una "intervención activa" por parte de los terapeutas (abogando por evitar el uso de la "neutralidad técnica" como un refugio de agresión pasiva tras la cual se manifestaban pulsiones de frialdad y crueldad), a la vez que contribuyó significativamente a la defensa de los psicoanalistas "no-médicos" y al debate del tratamiento de las víctimas de abuso sexual infantil (Stanton, 1990).
El redescubrimiento de las innovaciones de Ferenczi en las distintas áreas en desarrollo del psicoanálisis actual, sus escritos lúcidos en observaciones clínicas, su propuesta de integración de lo biológico y lo psicológico, el énfasis en la importancia del terapeuta como "persona" y en la contratransferencia como parámetro técnico, su noción del "lenguaje de la ternura y de la pasión", y su desarrollo del utraquismo y del Bioanálisis, solo por citar algunos aspectos de su obra, invitan a resituar a Sándor Ferenczi en la correcta posición que le corresponde en el concierto psicoanalítico.
"Espíritu original, audaz y creador, cauteloso al extremo de preservarse de todo dogmatismo y de conservar, de esta forma, una completa autonomía de pensamiento y de acción, Ferenczi creó una obra que aparece hoy en día como una de las mas atrayentes que el psicoanálisis haya inspirado en su tiempo, ya que, animado por una imaginación creadora permanente, imaginación muchas veces poblada de un verdadero soplo poético y épico, está constantemente cruzada por las intuiciones fulgurantes de su autor" (Bokanowski, 1997, p.5).
Destacado por un talento poco común como terapeuta, Ferenczi quien recibía los casos más complejos derivados por otros analistas de su tiempo, se abocó a la cura de lo que hoy por hoy llamaríamos: trastornos graves de carácter, personalidades "como si", estructuras "narcisistas" y pacientes limítrofes. Operando en el límite mismo en el que los parámetros técnicos del método tradicional flaqueaban, fue derivando poco a poco hacia una serie de consideraciones técnicas y teóricas que fundarían las bases de una profunda divergencia teórica entre él y Freud, a la fecha muy mal comprendida. Ferenczi propone una renovación y una mutación de los parámetros psicoterapéuticos que "inauguran un giro en la historia misma de ciertos conceptos claves del psicoanálisis a los que hoy en día, todos los psicoanalistas recurren mas o menos directamente, tanto en la teoría como en la práctica" (op.cit. p. 6), inicia la exploración de las regiones psíquicas más allá de lo edípico, de lo simbólico, e intenta explicar las capacidades de escisión del funcionamiento originario de la psiquis. Su obra incursiona en contenidos tales como: el concepto de introyección y proyección "primitivas"; la regresión en la cura psicoanalítica; la importancia de la contratransferencia en el tratamiento y la necesidad del propio análisis del terapeuta (segunda "regla fundamental" del análisis). También destaca la importancia en ciertos pacientes de la necesidad de establecer una relación simbiótica primitiva, y de prestar atención a los fantasmas precoces madre-hijo; al entorno y las huellas psíquicas maternas; y a los problemas metapsicológicos derivados de los vínculos. Realiza importantes distinciones entre el traumatismo, lo traumático y el trauma; entre el clivaje del yo y el clivaje narcisista como consecuencia de traumatismos psíquicos precoces; y entre el clivaje de los pensamientos y el cuerpo (clivaje somatopsíquico). Asi mismo, enfatiza la importancia para ciertos sujetos, de la necesidad de que se reconozcan las descalificaciones de sus afectos y de sus sensaciones subyacentes a un entorno traumatógeno (la "locura" maternal); y la importancia del amor primario y el odio primario, entendiendo el odio como medio de fijación mas fuerte que el amor (el amor del odio); y los problemas del término de la cura psicoanalítica; entre otros temas (ibid).
De esta suerte incursionar en un terreno tan prolífico e innovador, aventurarse en los inconmensurables espacios metapsicológicos por él inaugurados, y aprehender sus propuestas aún inexploradas, como el utraquismo y el Bioanálisis, parecieran demandarnos inevitablemente un esfuerzo por conocer los antecedentes biográficos de una de las historias más fascinantes que giran en el universo psicoanalítico. La presentación de esta biografía de Sándor Ferenczi, es por tanto una revisión de sus datos biográficos y el esbozo de un conjunto de hipótesis, las que si bien no desarrolladas son al menos planteadas, con miras a una comprensión más profunda de sus aportes teóricos y clínicos, y de su existencia. Este resumen biográfico considera solo tangencialmente los antecedentes de carácter profesional de la relación Freud y Ferenczi, tales como: las reuniones de los Miércoles, el rol de Ferenczi en la Asociación Internacional Psicoanalítica (IPA) y como "Gran Visir y Paladín Secreto", los primeros Congresos de Psicoanálisis, el viaje a Estados unidos de ambos con Jung, el "Comité Secreto" y las vicisitudes de las discrepancias teorico-técnicas entre ambos. El principal propósito es acercarse a los datos más personales que permiten vislumbrar la fascinante, compleja y profunda personalidad de Sándor Ferenczi.
Los orígenes
Sándor Ferenczi nació el 7 de julio de 1873 en Miskolcs, un pueblo provinciano en el norte de Hungría que, frecuentemente, servía como el primer punto de parada para los inmigrantes venidos desde el norte, cuando aun era Sándor Fränkel, (aunque en estricto rigor Alexander Fränkel). Alexander ("el protector del hombre") posteriormente cambiaria por su diminutivo Sándor (This, B., 1996, p. 77), en tanto Fränkel, seis años después devendría Ferenczi. Su padre era Baruch Fränkel nacido en Cracovia, Polonia en 1830, hijo de una familia de judíos polacos, quienes habían emigrado a Hungría, posiblemente escapando de los pogroms antisemitas. Su madre era Róza Eibenschütz, nacida también en Cracovia, Polonia, el 11 de diciembre de 1840, quien se traslada poco después a Viena, Austria. Si bien estos orígenes nos hablan de dos familias de inmigrantes judío polacos, su influjo aun nos es demasiado oscuro para develar el impacto que dicha condición marcaría en su identidad. No obstante, constituyen una señal de las marcas atávicas que se inscribirán en su historia personal, tal como lo testimonia el tradicional estereotipo de familia judía, la típica costumbre de cambiar los nombres de pila de los hijos, la sólida noción de clan familiar y la asignación de roles, y/o la profunda identidad idiosincrática judía (Freud, 1934-38).
Su padre, quien después cambiaría su nombre por Bernath Fränkel, había participado activamente en la revolución liberal, progresista y nacionalista de 1848, uniéndose a los insurgentes que se oponían al Imperio Habsburgo, haciéndose acreedor de un pasado radical y patriótico, él una vez instalado en Hungría llegaria ser administrador y luego propietario de una librería, para finalmente ejercer la profesión de impresor y editor de literatura radical y política de primera línea, e instalar una agencia que organizaba conciertos para artistas de renombre mundial. De él sabemos que en 1879, cambia su apellido Fränkel, declinando el uso del apellido Ferenczy, signo de nobleza, por el más popular Ferenczi, que en 1880 es elegido presidente de la Cámara de Comercio de Miskolcs, y que en tanto prominente figura pública vinculado a la intelectualidad de la época, congrega a su alrededor un numeroso grupo de intelectuales, artistas y pensadores de la época.
Bernarth, en 1958, a la edad de 28 años se había casado en Viena, con Róza Eibenschütz de 18 años, con quien tendrá un total de doce hijos. A la edad de 43 años, nace su octavo hijo, el pequeño Sándor, que según testimonios familiares habría sido el hijo predilecto y quien lo habria acompañado en sus variadas actividades. Sándor, dado los intereses culturales de su padre, habría pasado su infancia en una atmósfera familiar e intelectualmente estimulante, destacándose como un alumno brillante en el colegio protestante de su pueblo y, ya de adolescente se habría dedicado a escribir poemas en el estilo de Heine y a experimentar con la hipnosis cuando era todavía un estudiante de la escuela superior en Miskolcz. Cuando Sándor tenía la edad de quince años, muere su padre a los 58 años, dejándole una marca afectiva que lo acompañará durante toda su vida. Marca que signará la relación entre él y Freud, y sea que la llamemos "complejo paterno" o "desmentida del parricidio original", se articulará como una de las matrices comprensivas de la historia por venir.
Su madre Róza Eibenschütz, de quien sabemos poco, nos impacta como una mujer activa y dinámica, que acompaña a su marido en las actividades laborales, sociales y públicas, gobierna la numerosa familia, y preside la Unión de las Mujeres Judías de la ciudad. A los 48 años, trás la muerte de Bernarth, nos sorprenderá como una persona fuerte, que se hace cargo de la dirección de la librería y de la imprenta administrándola con gran éxito, e instalando otra sucursal en una ciudad vecina (Nyiregyhaza). Esta madre de doce hijos, cuenta con 33 años en el momento de nacer Sándor, ha estado embarazada ocho de los quince años de matrimonio y lo estará cuatro veces más en los próximos ocho años. Al momento de nacer Sándor, el grupo filial lo componían: Enric, el mayor que tenía trece años, Max, Sigmund -el hermano favorito de Sándor-, Ilona y María -antes llamada Ribus (posiblemente Rebeca)-, Jacobo llamado Joseph y, finalmente la pequeña Gizella de poco más de un año de edad. "Gizella y Sándor, hermano y hermana de edades muy próximas, serán educados juntos, casi como si fueran gemelos" (This, B., en Nasio, J., 1996, p. 82). Después de Sándor nacerían Maritz-Caroline, Vilma -la décima hija quien morirá antes de su primer año de vida en 1981 cuando Sándor tenía 8 años-, el hermano menor Lajos, y finalmente en 1883, Sofía.
No hay duda que un minucioso estudio de los implícitos de estos antecedentes: la disponibilidad materna afectiva al interior del grupo familiar, el rol del padre-amado fecundador perpetuo, prematuramente muerto, así como del efecto de este numeroso grupo de hermanos, que Freud llamará el "complejo fraterno de Ferenczi", arrojarán interesantes hipótesis en relación a las vicisitudes del desarrollo psicológico de Ferenczi, su dramática búsqueda del amor de pareja, su negada paternidad, su relación como "hermano mayor sin reproches", y en especial, su relación experiencial-afectiva con Freud, sugiriendo análisis ineludibles para comprender parte de los fundamentos fenomenológicos del conjunto de teorizaciones construidas por Ferenczi, tal como nos refiere B. This:
"Resulta evidente que en esta difícil atmósfera familiar, el pequeño Sándor no pudo vivir la delectatio indispensable para la plenitud de su ser y de su salud física. No hay posibilidad alguna con esa madre hiperactiva y sobrepasada, por más inteligente que fuera, de cumplir su ‘deseo vital’. Por tanto, no hay ‘seguridad básica’ haptonómica, confirmada en una relación de tranquilidad. Buscará constantemente afirmarse intelectualmente, siempre en búsqueda de nuevos estímulos, en la vana espera de lo que podría sosegarlo. Es la ‘catástrofe’ afectiva. Manifestará sin cesar la intención de ser reconocido afectivamente en el ‘Bueno’ que es, pero este anhelo jamás será colmado y su ser jamás será confirmado. Sólo encontrará frustraciones cuya acumulación constituye un trauma cuando el deseo vital no se realiza" (op. cit. pp. 83 - 84).
El desarrollo
Estimulado por un ambiente familiar rico en libros y música, Sándor desarrolló intereses culturales de gran alcance: la librería paterna le permitía disponer de gran cantidad de obras húngaras y extranjeras que tuvieron en él una gran influencia. Poetas húngaros y los grandes autores franceses, poblaron sus horas de intelectualidad y lo inician en la búsqueda de lecturas cuyas influencias filosóficas, literarias y políticas, se sumarán a aquellas que provenían directamente de un padre a la vez culto y radical. No obstante este clima librepensador en lo que a política, filosofía y literatura se refiere, se acompaña de una propuesta extremadamente reservada en relación a la vida afectiva, donde los contactos físicos eran tan infrecuentes, así como los diálogos de intimidad, sobre el cuerpo, el sexo o los afectos.
En este contexto Sándor nos dirá: "Según mi recuerdo, es seguro que de niño yo recibí de ella (su madre) demasiado poco amor y demasiada severidad, sentimentalismo y caricias eran desconocidas en nuestra familia. Mientras que con mucho cuidado eran cultivados sentimientos como: el respeto púdico hacia los padres" (Ferenczi/Groddeck, Navidad 1921, pp. 55-56). ¿Será ésta una descripción de una estructura familiar del tipo "como si", en la cual la existencia de un componente de "sobreadaptación" cohexiste con un otro de velada hipocresía en el que ocultar los malos hábitos fuera lo más importante? Así, el joven Sándor desarrollará por una doble vertiente: por un lado, un excelente alumno, joven poeta, tímido, nunca empleando palabras obscenas; y por otro, el onanista secreto, explorador de juegos infantiles homosexuales, quien frecuenta a escondidas prostitutas con dinero robado de los ingresos familiares. No obstante, Sándor intenta en determinados momentos ligar ambas dimensiones, dejando, por ejemplo, ante la vista de su madre, "olvidada" una lista de palabras obscenas escritas por él, pero que inevitablemente provocarán sermones moralizadores, inductores de culpa, más que una acogida maternal que de cuenta del real significado de esa conducta.
Ahora bien, esta madre abandonante por un lado, y admirable educadora por el otro, signará en Sándor una relación profundamente ambivalente, la que sumada a ciertas experiencias con nodrizas e institutrices, inevitables sustitutos maternos en este escenario, fundarán las condiciones del drama afectivo que cruzaría toda su vida, ofreciéndole una triple vertiente experiencial: el desgarramiento permanente entre el amor a dos mujeres, la real y el fantasma; la posibilidad de hacer de este, su drama, una fuente de conocimientos de lo intrínsecamente humano, y de ahí la osadía de compartirlo; y un material humano propicio para que sobre él se escarneciera una sociedad, que reprodujera a través de E. Jones primero, y el mundo psicoanalítico después, los idénticos patrones familiares, bajo los cuales "designificando" una experiencia compleja, se hace posible organizar un discurso "operatorio" que vehiculiza en su designificación pulsiones enmascaradas, creando una realidad "como si" u operatoria.
De su infancia sabemos de ciertos eventos de naturaleza traumática de tipo sexual: de juegos sexuales con cierta empleada, la que "... me permitió jugar con sus senos, pero luego apretó mi cabeza entre sus piernas, de modo que me asusté y sentí que me estaba sofocando" (Stanton,1990, p. 109); de una fálica rivalidad con su hermano Karl; de intensas emociones rabiosas hacia una madre excesivamente fuerte (en contraste al "débil" padre amado); y de un evento de "seducción" de parte de un niño de 6 años cuando el tenía alrededor de 5: "su pene era más grande, ‘bellamente tostado’, y con venas azules. (...) él me sedujo [verleite er mich] permitiéndome meter su pene en mi boca. Yo recuerdo el sentimiento de asco que surgió fuertemente en mí (temí que hubiese orinado en mi boca). No le permití hacerlo por segunda vez" (op. cit., p. 110).
Cuando Sándor está proximo a cumplir los 15 años, su familia se relaciona cercanamente con la familia Altschul, de la cual Gizella Altschul, quien a la sazón tenía 23 años, es una de sus miembros. Gizella pronto se casará con Géza Pálos, con quien tendrá dos hijas, Elma y Magda. (Magda se casará más tarde con el hermano menor de Sándor, Lajos). Sándor posteriormente se enamorará apasionadamente de Gizella, y luego de su hija Elma, inaugurando desde esta "compulsión a la repetición" que movilizará su "retorno de lo inconsciente", la estructura fundamental del drama afectivo que lo conflictuará por el resto de su vida.
La formación en medicina
Después de una exitosa trayectoria en la Escuela Protestante de Miskolcz, Sándor Ferenczi viaja a Viena y se inscribe en la Universidad para estudiar medicina, llegando a vivir a la casa de un tío, hermano de su padre: Zsiga (Sigmund) Fränkel, y frecuenta a su familia materna, iniciando una vida más relajada que durante su periodo escolar. "Sus años de estudio representaron su primera experiencia de independencia (...) a diferencia de su periodo escolar, no fue un alumno demasiado estudioso en la universidad; prefería dedicarse a la buena vida" (Balint, M., 1968 ,p. 13). Su hermano favorito Sigmund, en ese entonces está trabajando en una papelería cerca de Viena, así que los hermanos compartirán tiempo juntos y practicarán alpinismo.
Ferenczi obtiene su diploma de médico en 1894, a la edad de 21 años, y consecutivamente hace su servicio militar en la armada austro-húngara, decidiendo tras su regreso especializarse en neurología y psiquiatría, desarrollando su pasión por la hipnosis reforzada por la literatura francesa sobre hipnosis e histeria, y acercándose por primera vez al trabajo de Freud con Breuer. En este período su pensamiento se ve influenciado principalmente por su amigo y redactor jefe de una de las principales revistas médicas de Hungría, el diario médico Gyógyàszat, Max Schächter, al punto de hacerse llamar en broma como "Schächter miniatura" En él, Sándor ve un modelo de formación de carácter y buscará mostrarse digno de tan respetable modelo. Durante 1897, se inscribe como interno en el Rókus Hospital en Budapest, especializándose en neurología y neuropatología, y en 1898 pasa a ser doctor auxiliar en el Hospicio de los Pobres Elizabeth en Budapest al servicio de los desposeídos y las prostitutas.
Durante esta época se le pide que realice un comentario para la revista húngara dirigida por Schächter de la "Interpretación de los sueños" de Freud, cosa que él hace leyendo el texto superficialmente y concluyendo que dicho material no vale la pena de ser tomado en cuenta, sin ni siquiera juzgar oportuno considerar si contenía al menos algún elemento de verdad. Posteriormente, esta misma experiencia le permitirá en un descarnado autoanálisis mirar sus propias resistencias a aceptar un material que se situaba en el centro mismo de su mayor herida psicológica y afectiva, y que sustentaba su actitud frente a la sexualidad y a sus reprimidas representaciones.
Durante este período inicia una serie de publicaciones, llamadas actualmente "Los escritos de Budapest " (Ferenczi, 1899-1907) dentro de los cuales destacan sus escritos preanalíticos tales como: "Espiritismo" (1899), "Dos errores de diagnóstico" y "Consciencia y Desarrollo" (1900), "El Amor en las Ciencias" (1901), "La homosexualidad femenina" (1902), "Encefalopatías saturninas" (1903), "El valor terapéutico de la hipnosis" (1904), "Acerca de la neurastenia" y "Estados sexuales intermedios" (1905), "Acerca del tratamiento por sugestión hipnótica" (1906) y más de cincuenta artículos sobre la condición física de los más "desfavorecidos", en su mayor parte basados en su trabajo con prostitutas. En muchos de estos textos prefiguran ya algunos elementos de sus más tardíos trabajos sobre categorías clínicas: el proceso de la cura, la relación terapeuta-paciente, y el "Bioanálisis"; conjugándose en ellos un Ferenczi pre-psicoanalítico, cuya capacidad de observación, de análisis y de reflexión se desplaza ya fluidamente en el conjunto "utraquístico" de lo biológico, lo psicológico y lo fenomenológico (clínico). Años después, estos intereses y preocupaciones se presentisarán en el discurso psicoanalítico como un conjunto de conceptos que surgidos de su pluma, inaugurarán espacios de discusión inéditos con temas tales como "transferencia", "contratransferencia", "relaciones de objetos", "introyección", "edipo", "clivaje", "automatismo de repetición" y también polémicos, como "terapia activa", "terapia de la indulgencia", "análisis mutual", "lenguaje de la ternura y de la pasión", entre otros.
Sándor al inicio de su tercera década de vida, ejerce como médico, escribe prolíficamente y participa de modo activo en la vida política húngara, llegando a ser el representante del Comité Humanitario Internacional para la Defensa de los Homosexuales, - fundado por Magnus Hirschfeld en 1897 -, abogando por reformas legales, haciendo proselitismo y sensibilizando a sus pares sobre el tema en oposición a la perspectiva propuesta por las eminencias de ese entonces Krafft-Ebing y Möbius, en especial en relación a la consideración de la homosexualidad como una una enfermedad degenerativa. En la misma línea, alrededor de 1903, fustiga el orden médico conservador al cuestionar la actitud de la institución médica, señalando la hipocresía y los dobles estándares con que los médicos desarrollan una supuesta ética profesional hacia sus pacientes, su rol y sus pares.
Desde este escenario, el joven médico húngaro que acumula progresivamente una sustanciosa experiencia médica, clínica y terapéutica, va espontáneamente convergiendo hacia todo aquello que le clarifique los complejos mecanismos que subyacen a la experiencia humana. El sabe de Jung y de su "Test de la Asociación de palabras", se compra un cronómetro y durante un tiempo aplica dicha metodología a cualquiera que estuviera dispuesto a trabajar en ello para luego, gracias a la influencia de Phillipe Stein, retomar los artículos originalmente leídos y descartados de Breuer y Freud, y desde esta segunda perspectiva cristalizar toda la experiencia acumulada, acercandose definitivamente al pensamiento de lo inconsciente, de la psicología profunda que se gestaba en la mente de Sigmund Freud.
Este joven profesional, nos impacta como un talentoso médico, prolífico en su pluma, militante activo de la defensa de los desposeídos (prostitutas, pobres, homosexuales), critico e innovador en su pensamiento, "espíritu cultivado, ecléctico e insaciablemente curioso (...) un hombre cuya sensibilidad, personalidad firme y deseo de cuidar a los otros.." (Bokanowski, 1997., p. 10) lo convierten en un ser particularmente no contestatario, aunque profundamente subversivo, en síntesis, una personalidad genuinamente revolucionaria, que preludia aquello que inevitablemente subyugaría a Freud.
El encuentro con Freud
La relación Freud y Ferenczi, merece una especial atención pues lo primero que impresiona es lo poco o mal entendida que ella ha sido a través de gran parte de la literatura especializada. Primero que nada porque ya es un lugar común plantear que Freud después de su tormentosa relación con Fliess, nunca más habría mantenido un vínculo tan profundo con ningun otro, en segundo lugar porque cuando se alude a la relación Freud-Ferenczi generalmente se enfatizan los conflictos suscitados entre ambos a partir de la reiteradas demandas afectivas de Ferenczi, los conflictos emocionales de este y las divergencias teóricas que ambos tuvieron en los últimos tiempos. En tercer y ultimo lugar por que al hablar de la amistad de estos dos hombres, a pesar de la evidente diferencia de edad, se lo hace como si ambos fueran coetáneos y no se consideran los distintos momentos evolutivos que cada uno experimentaba producto de sus individuales desarrollos humanos.
Situación paradojal y tragicómica, si se considera que la mayoría de los estudios acerca de la historia del movimiento psicoanalítico de Jones, Gay, Kerr, Rodrigué, solo por citar algunos, se basan en las correspondencia de ambos y donde la intensidad de los contenidos vertidos en ella no dejan lugar a dudas de la profundidad del vínculo, considerando los diecisiete años de diferencia que los separaban. Desde esta perspectiva cabe destacar que "Ferenczi fue quien mayor intimidad mantuvo con Freud de todos los analistas de la nueva generación que se agruparon en torno a éste; fue el primero en ser llamado por Freud ‘querido amigo’ en sus cartas, el único que fue invitado a viajar con él durante sus vacaciones celosamente ocultadas (Balint, M., 1968, p.11). Referencias incluso mezquinas, cuando obvían que fue también el analista testigo por más de dos décadas de la historia del movimiento, testigo directo de las vicisitudes Freud-Jung, segundo hijo amado por Freud, sucesor designado frente a la eventual muerte de Freud, corresponsal de más de 2.500 cartas, paladín y gran visir secreto, hitos todos que no alcanzan siquiera a palidecer frente a las controversiales contingencias experimentadas por ambos, pero que sorprendentemente han quedado diluidos como si una intención predeterminada aspirase a desperfilar este vínculo por contener en si el germen de una amenaza nunca dilucidada.
Sabemos que Jung viaja a Viena el domingo 3 de Marzo de 1907 a visitar a Freud, y asiste al Encuentro de los Miércoles del círculo de Freud en la tarde del 6 de Marzo. "La semana siguiente, Jung prosigue a Budapest y se encuentra con el Dr. Stein (1867-1918), un amigo y colega de Ferenczi. Jung y Ferenczi se encuentran y mantienen largas conversaciones durante esta visita. El 28 de Junio, Jung escribe a Freud que "El Dr. Stein de Budapest y otro especialista mental, el Dr. Ferenczi, quieren visitarlo por algún tiempo en Viena y me han pedido que le pregunte cuando sería más conveniente para usted" (Freud/Jung, 28 de junio de 1907). Preparadas las condiciones, no será sino hasta el domingo 2 de Febrero de 1908, que Stein y Ferenczi visitan a Freud produciéndose el primer encuentro que marcará un hito en el desarrollo del movimiento psicoanalítico. Freud esta cercano a los 52 años en tanto que Ferenczi tenía 34 años. No obstante la diferencia de edad, Ferenczi y Freud congenian tanto que éste último lo invita a presentar un trabajo en el Primer Congreso Psicoanalítico en Salzburgo y, hecho inaudito, a encontrarse en Agosto con él y su familia en Berchtesgaden, donde pasaban las vacaciones estivales. Se iniciaría así una amistad que durará 25 años.
Amistad que llevará a Freud a confesar su deseo de que Ferenczi hubiese sido su yerno (M.Stanton alude al deseo de que Ferenczi desposará a Matilde, C. Lorin lo refiere a Anna), amistad de la que espera contar con un par, en la que el "querido amigo" devendrá "querido hijo", y llegara a ser su paciente durante tres semanas en septiembre de 1914 -análisis que debió interrumpirse por la movilización militar de Ferenczi y que se continua en junio de 1916 durante tres semanas más, a razón de dos horas diarias-, e informal a lo largo de la vida, y en la cual lo investirá, primero su paladín secreto y luego su "futuro sucesor". Para Ferenczi, en tanto, Freud será el "padre que aparentemente no temerá apoyarse en su hijo", aquel a quien osará ofrecer su ayuda terapéutica. Esta amistad los llevara a vacacionar juntos en Berchtesgaden (1908), USA (1909), Leyde, París, Roma, Nápoles, Palermo y Siracusa (1910) -dando origen al estigmatizado "incidente de Palermo" cuya interpretación requeriría una consideración mas detallada del momento de la relación y de las edades de los actores, que una literalidad de los juicios vertidos durante ella-, en las Dolomitas (1911), en Roma (1912), en Dalmacia (1912), y en Corfu -Grecia- (1913).
Rescatemos de entre ellos el viaje de 1909, cuando Freud es invitado junto a Carl Jung a Estados Unidos, para dictar una serie de conferencias en la Universidad de Clark, invitando a Ferenczi a unirse a ellos. Durante esa ocasión la amistad de los tres hombres se estrechara profundamente, ellos discutirán sobre psicoanálisis, comentaran las conferencias de Freud, y estrecharan sus vínculos de forma tal, que los intercambios epistolares entre Freud y Ferenczi (Ferenczi/Freud, 1908-1914) devendrán más cálidos, más estrechos e íntimos. Terminado este año, Ferenczi publicará "Transferencia e Introyección". Esta experiencia permitirá a los tres hombres, analizarse recíprocamente, interpretarse sueños y dialogar en torno a todo aquello que podemos imaginar que llenaría su espacio intelectual, y sentara las bases de una historia que los unirá en los momentos de crisis profesionales, afectivas y sociopolíticas. Paradojalmente, aunque la literatura especializada comenta este periodo de tiempo, nunca aparece con claridad la real significación que una historia de esta naturaleza alcanza en un vinculo de amistad, en términos de estabilidad, profundidad e intimidad; y por el contrario, eventos puntuales nutren a aquellos que, en un análisis de tipo "pars pro toto", decriben un estilo de relación que desminte el significado total del conjunto de eventos.
A partir del reconocimiento explícito de Freud de que muchos de los textos tanto de él como de Ferenczi habrían sido trabajados en conjunto (Freud, S., 1933), portando así tanto un saber del uno como del otro; y sumándose al obvio reconocimiento de que el sabio vienés nutrió su plexo de hipótesis analíticas con algunas de las geniales intuiciones del psiquiatra húngaro -tal como lo testimonia el concepto de "edipo" (Kerr, J., 1993), de "transferencia y contratransferencia", de "relaciones preobjetales y objetales", entre otros-, surge la duda, apoyada además por la comparación de los estilos literarios, de la edad y madurez profesional de cada uno, del entrenamiento previo en el manejo de conceptos psicodinámicos, de cuanto el artículo "Transferencia e Introyección" (1909c) tiene de Ferenczi y cuanto de Freud. Esta hipótesis, que por un lado nos plantea el reto de estudiar la estructura del discurso de Ferenczi en sus escritos pre-analíticos, tan arduamente rescatados por C. Lorin en los "Escritos de Budapest de Sándor Ferenczi" (1899-1907), a su vez podría testimoniar un grado de confianza, intimidad y comunión tal entre estos dos hombres, que humanizaría una relación, la cual a pesar de los intentos de profundización y estudio, tiende a ser vivida como si en ella se tratase de "objetos parciales".
Hipótesis cruda si una colaboración de este tipo viniese a articularse como una desmentida del talento de Ferenczi, o una afirmación de la habilidad manipulativa o instrumentalizadora de Freud, como se ha querido ocasionalmente interpretar en relación al surgimiento de la Asociación Psicoanalítica Internacional, y que Freud nunca desmintió. Articulación que amenaza con situar todo posible conocimiento histórico en una cadena, de la cual lo psicoanalítico no ha podido desprenderse, que convierte cualquier dato complejo de realidad en ideología, juego de poder y contradefensa ante la peligrosidad de un gran Otro, y que deshumaniza profundamente el proceso de desarrollo del saber psicoanalítico, del psicoanálisis y de la orgánica psicoanalítica. Parece preferible, como decía Ferenczi "no hay un derecho superior a aquel de la verdad" (Ferenczi, S., 1899-1907, p. 255), plantear una hipótesis de esta naturaleza en miras a determinar la verdadera cualidad humana de Ferenczi y el grado y profundidad de la relación de amistad de ambos, toda vez que la factibilidad de este hecho solo vendría a dar cuenta de la compleja dinámica de un proceso histórico, como el que Freud realizó con la creación, desarrollo y consolidación del saber analítico.
El drama pasional
Alrededor de sus 31 años, Ferenczi inicia una relación amorosa con Gizella Palos, dando origen así a uno de los capítulos mas desgarradores en su vida. Desgarrador por que testimoniaría con su propia vida aquello que todos sabemos desde siempre: que la "compulsión a la repetición" y el "retorno desde lo inconsciente" se sitúa exactamente en el lugar de donde surge la única opción de trascender la propia historicidad, aprender de la existencia y posicionar, desde la aceptación del "principio de realidad" frente al "principio de placer" que aspira a desmentir las experiencias dolorosas vividas, nuestra imposibilidad de huir del impacto que el brutal encuentro con lo real produce. Desgarrador por que lo situa en el epicentro de una estructura común a todos los terapeutas: su historia, su propio edipo, sus propios conflictos afectivos (Roazen, P.,1975), y él con su denuncia brutal moviliza todas las fuerzas de lo colusivo, del acallamiento, de lo desmentido. Finalmente desgarrador, por que devela descarnadamente ese mismo "Edipo", ya no como metáfora útil en el escenario analítico, sino como estructura "arquetípica" de las vicisitudes de lo humano en la búsqueda de un real encuentro afectivo adulto, más allá de la retórica y la discursividad: la resolución del amor frustrado a la madre y al padre, la renuncia a los fantasmas gratificadores alucinatorios del amor, la renuncia a poseer el "imago" encarnado en reflejos de realidad de la madre, la renuncia al parricidio paterno y a la fantasía inconsciente que lo cree posible y, finalmente la aceptación de la castración, en el reconocimiento de la imposibilidad de ocupar el lugar del padre y la aceptación de que lo real posee ese algo inalcanzable, incognoscible e incontrolable que es la mismidad del otro.
La relación de Sándor con Gizella, se inicia alrededor de 1904, ella a los 39 años, es ocho años mayor que él y está casada con Géza Palos, con quien tiene dos hijas: Elma y Magda. Geza es un hombre enfermo y rehusa divorciarse de Gizella por lo que la relación se moverá dentro de la clandestinidad. Siete años después en Julio de 1911, cuando Sándor tiene 38 años y Gizella 46, Elma Pálos, la hija mayor de Gizella, joven de 24 años, atractiva pero sentimentalmente inestable, se encuentra seriamente deprimida después del suicidio de su amante, por lo que decide consultar a Sándor. Ferenczi se siente intensamente enamorado de ella y comunica a Freud "una casi segura involucración", en la medida que percibe el fracaso de su "neutralidad analítica". El "análisis" rápidamente va quedando fuera de control y Ferenczi, confundido y entrampado entre sus intereses tanto por la madre como por la hija, acude a Freud con la intención de que éste tome a Elma en análisis, cosa que Freud, después de cierta resistencia, decide aceptar e inicia en noviembre de 1911, en Viena.
Este complejo escenario, públicamente silenciado durante largo tiempo, pero sin duda vox populi en su epoca (Erös, F., 1989), en el cual Jones se escudó para sustentar la parcial y malintencionada versión de Sándor Ferenczi, y que permaneció acallado por casi 60 años -más por instigación de los herederos de Freud que los de Ferenczi- solo recientemente se ha hecho público en las Correspondencia Freud/Ferenczi (Haynal, A., 1992) . De tal suerte, surge en la actualidad una serie de retos a la hora de entender correctamente las significaciones implícitas, tanto en lo estrictamente humano, en lo terapéutico, como en la individual evolución de Ferenczi. ¿Puede ser esto entendido como un drama amoroso?, o ¿acaso surge como el entrecruce de lo amoroso con las vicisitudes de procesos contratransferenciales perversos? ¿Es la inevitable disolución de una trasferencia narcisista de Ferenczi desplegada en un escenario donde el saber analítico aun no había incursionado? o bien, como se ha pretendido plantear, ¿es la "exoactuación" de un terapeuta falto de control y antiético?, hipotesis esta última que posteriormente será instrumentalizada para estigmatizarlo como una amenaza potencial a la hegemonía del psicoanálisis. Resulta difícil plantear respuestas en este momento, y solo cabe afirmar que el futuro esperará análisis serios, profundos, criteriosos que intenten dilucidar la estructura de este triángulo -cuarteto si consideramos el rol que Freud habría de jugar en su resolución-, con miras a ofrecer referencias del trayecto desarrollado por el pensamiento de Ferenczi para entender la estructura de lo fronterizo, de la transferencia y contratransferencia en sus manifestaciones más complejas (fronterizas, narcisisticas, perversa y psicóticas).
Gizella estaba dispuesta a renunciar a ese vínculo por la felicidad de ambos, Elma y Sándor, ella no puede darle hijos y esto constituye un deseo por él profundamente anhelado, Ferenczi fluctúa entre sus dudas sobre su elección entre ambas mujeres. Freud analiza a Elma por tres meses, y al término de este Ferenczi retoma el análisis de Elma por cinco meses más. Tiempo en que puede incorporar la interpretación de su "propio complejo maternal" y ponerla al servicio de Elma logrando separarse afectiva y analíticamente de ella. Elma viajará entonces a Estados Unidos donde se casa con el norteamericano Laurvick, al poco tiempo después. Todo el evento dejará una profunda huella en Ferenczi, que retornará secuencialmente en el tiempo. Sándor se casa con Gizella en 1919, cuando tiene 46 años y ella 55. "La convivencia entre ambos jamás se repondría de esta crisis, Gizella herida, sintiéndose ella misma dividida entre su amor a Ferenczi y su amor maternal" (Bokanowski, T., 1997, p. 16).
Triángulo complejo, que se resuelve a la vez que se perpetua fantasmagóricamente en la vida de Sándor, en virtud de un Freud, padre opinante del "querido hijo", Freud terapeuta del amor fantasmático, instaurador de la realidad en la elección del objeto real (continente de pulsiones sádicas hacia una madre originaria narcisista), y que inaugura el retorno de las pulsiones hostiles hacia un padre tempranamente muerto y por tanto, cruelmente abandonador. Más en este lugar, padre que lidiará intensamente por sus intereses refrenando el despliegue del "retorno inconsciente" de la ambivalencia hacia el padre amado, pero también resentido por su pasividad ante el objeto materno, padre que no castrará a su hijo sino que, desde la confrontación de las potencias fálicas, lo incitará a la renuncia del poder fálico infantil imaginario, que signifique la dura aceptación de la propia castración infantil, tan gráficamente significada en la metáfora de "con la ayuda de las paredes contráctiles del recto era obligado a moldear para sí mismo un órgano masculino -el miembro del adversario odiado conscientemente- con el material plástico de los omnipresentes contenidos rectales que no podría remover por sí mismo" (Ferenczi, S., 1919k, p. 95).
La disidencia
Una historia de esta intensidad, necesariamente ofrecería el material para ver disidencia y conflicto a quien quisiera encontrarlos, sin embargo cabe preguntarse si estos habrían sido tales. Empezamos a saber de las convergencias y divergencias de ambos autores a través de sus 25 años de amistad, tanto en lo teórico, lo técnico como lo clínico, pero solo más recientemente estamos alcanzando una visión de conjunto que nos permita comprender el cúmulo de datos para elaborar un análisis que devele al objeto de conocimiento al que tratamos de llegar, más que las características del sujeto que intenta develarlo. Desde esta perspectiva cabe preguntarse si una relación con estos niveles de intimidad y humanidad podría haber sido posible sin que en ella no se hubieran expuesto conflictos típicamente humanos. Sin embargo hablar de "disidencia" o "vicisitudes al interior de una relación" implica ya tomar postura, sea esta ver lo que no existe y se desearía que hubiese existido, o fuera el deseo de negar lo que existió para preservar la idealidad de los objetos.
Históricamente se ha optado por lo primero, fragmentando ciertos datos y considerando por un lado hechos tales como: las admoniciones de Freud a Ferenczi, la censura del primero a la técnica del beso (Küsstechnike), sus severas alusiones a una "segunda adolescencia", sus demandas de no publicación de uno u otro material, o sus comentarios acerca de un Ferenczi que "ya no estaba entre nosotros", hasta el descarnado "gesto de la mano extendida" (Erös, F., 1989), en tanto que por el otro, los comentarios de Ferenczi a Groddeck, sus reproches a Freud por su transferencia no elaborada o mal contenida, sus quejas de un Freud ya no disponible para él, o su en definitiva defensa de las divergencias teóricas a las que en conciencia y a partir de su "no hay un derecho superior a la verdad" no podía renunciar.
No obstante al momento actual de la comprensión de dicho vinculo, solo nos queda partir de la conciencia de la existencia de distintos tipos de discursos que atraviesan e intentan dar cuenta de un hecho real, pudiendo hablar de discursos esquizoides, orales, anales, fálicos, histéricos o genitales; y por otro lado de distintos dominios de discursividad: lo genital, lo neurótico, lo fronterizo o lo psicótico, para intentar un esfuerzo de resituar los datos en un orden comprensivo que nos ilumine la estructura real de dicha relación. Tarea pendiente aún, la que nos remite a una cierta cautela, que bien podría suspender todo juicio transitorio en espera de desarrollos más completos y abarcativos del cumulo de datos, que hoy por hoy empezamos a recabar. Tal vez solo en ese momento podamos dimensionar si dichas divergencias pueden equipararse a aquellas precedentes como la de Fliess, Jung, Adler, Stekel, Rank u otros (en las cuales lo teórico viene a aparecer como el escenario en el cual se despliega "la transferencia en vida" liderada por la "compulsión a la repetición", lo que sugiere una instrumentalización de la relación) ; o si por el contrario revelan posiciones ideológicas, hegemónicas, estratégicas, que colisionan gradual o definitivamente un vínculo particular a partir del despliegue de intereses individuales (en las cuales lo teórico viene a aparecer como "un escenario más de la vida" liderado por las humanidades particulares, sugiriendo vicisitudes de una relación) pero que no cuestionan fundamentalmente la relación a pesar de que transitoriamente la tensionen o lesionen.
Ferenczi, ya desde 1908, año en que conoce a Freud publica su primer artículo psicoanalítico "Psicoanálisis y Pedagogía", que durante su vida solo sería publicado en húngaro, y que sería sistemáticamente ignorado y luego olvidado. En él podemos encontrar "un anticipo de las posiciones que Ferenczi adoptará en el movimiento psicoanalítico" (Balint, M., 1968, p. 14) conteniendo ideas que aun hoy en día parecerían osadas, y antecediendo a un cumulo de proposiciones teóricas que surgidas de su pluma vendría a enriquecer el acerbo del discurso psicoanalítico, aunque no a oscurecer las definiciones fundamentales de dicho discurso: Freud reconoce la participación de Ferenczi en una serie de problemas fundamentales, y Ferenczi expresa sistemáticamente su gratitud al influjo de Freud en su constante producción teórica. Pero Ferenczi era un teórico innovador y profundo, un clínico con un talento poco común, que inevitablemente derivaría a cuestionar profundamente los parámetros técnicos en los cuales se fundaba la clínica analítica de ese entonces, "ofreciendo una serie de concepciones teóricas y técnicas que estarían al origen de una renovación y una mutación de ciertos parámetros teorico-técnicos allí establecidos" (Bokanowski, T., 1997, p.6).
En el límite de las innovaciones técnicas de Ferenczi, al explorar las implicancias de los aspectos transferenciales y contratransferenciales que invadían el espacio psicoterapéutico, se encuentra la propuesta de la "técnica activa" inaugurando la fuente de una profunda discrepancia que en el tiempo conflictuará la relación entre estos dos grandes teóricos. Dicha propuesta si bien inicialmente apoyada por Freud, rápidamente conduciría hacia la consideración de la problemática del fenómeno de la repetición, la regresión y la exoactuación suscitando -incluso más allá de la conciencia de Freud de lo correcto de la propuesta técnica- los temores de que ella lesionara la consolidación del movimiento psicoanalítico al ser aplicada por sujetos no idóneos e inexpertos. La "técnica activa", derivará en la "técnica de la tolerancia y la indulgencia", para finalmente conducir al "análisis mutuo"; en tanto que en lo teórico se abocará a la temática del "trauma y el traumatismo" manteniéndose anclado a la abandonada primera teoría del trauma.
Más un análisis de la trayectoria teórica de Ferenczi, no se condice con la hipótesis de una disidencia entre Freud-Ferenczi. Si se considera la evolución de sus ideas a partir de un primer periodo de contribución a los descubrimientos freudianos (1908-1914), en la cual observamos un Ferenczi aportando con conceptos claves para el andamiaje psicoanalítico -tales como: la introyección (1909), la transferencia (1909), los sueños (1909), el desarrollo y sentido de realidad (1913), el edipo (1912), la homosexualidad (1914), los símbolos (1913), el dinero (1914) entre otros-; observamos que más allá de estos seis primeros años se inicia un otro periodo de desarrollo de su pensamiento y obra (1914-1925). En este progresivamente se configura un pensamiento estrictamente psicoanalítico, que si bien consensuado con el pensamiento freudiano conlleva el germen de una corriente de pensamiento autónoma y personal que cuestiona permanentemente los efectos de la cura psicoanalítica, incursiona en espacios teóricos y técnicos originales, y propone diferentes alternativas en relación a la técnica (1919) y a su aplicación en distintos cuadros clínicos: homosexualidad (1914), histeria (1919), la hipocondría (1919), los tics (1921), los hábitos sexuales (1925), entre otros. Este periodo que finaliza con la publicación de su obra "Thalassa: psicoanálisis de los orígenes de la vida sexual" (1924) "conlleva plenamente la impronta de su originalidad y marca un cambio de giro en la evolución de su pensamiento" (op. cit., p. 33), y da paso al tercer periodo de cuestionamiento y concepción de nuevos conceptos, en el que decididamente el pensamiento ferencziano alcanza otras estaturas, no totalmente concordante, no totalmente divergente, del pensamiento de su mentor. Las propuesta psicoterapéuticas indicativas de la evolución de su técnica, así como sus propias autocríticas en el limite de la eficacia de ellas: análisis activo, la relajación y la neocatarsis, y finalmente el análisis mutual, se acompañan de diferencias de énfasis en la continuidad del pensamiento freudiano, pero no así del pensamiento psicoanalítico, tal como el progreso de la teoría y técnica psicoanalítica lo ha venido a demostrar en las ultimas décadas (Furer, M., 1995).
Desde esta perspectiva, los planteamientos de una disidencia entre Freud y Ferenczi, perfectamente pueden ser sustituidos por la hipótesis del entrecruzamiento biográfico de dos historia extraordinarias, articuladas a la luz de una profunda vinculación afectiva, reflejo arquetípico de las vicisitudes existenciales de una dialéctica parento-filial, en la que la deriva última revela la resolución edípica en su más cruda humanidad. Un hijo que pospone su trascendencia antes que matar a su padre (y por tanto desmentida del parricidio original) y un padre testimoniador de su lucha por conservar la primigenia, sin castrar ni anular la savia nueva que iluminará el tiempo por venir.
El teratoma
Ferenczi a lo largo de su vida, vio progresar en sí, una seguidilla de trastornos somáticos, que a la luz de su relación causal con eventos significativos de su existencia, uno se ve tentado a considerar como expresiones psicosomáticas: después del viaje de Elma a Estados Unidos (1913) el desarrolla una serie de pequeños achaques seguidos de fuertes dolores precordiales que atribuirá a su "hipocondría" y sufrirá de una posterior operación a la nariz; posteriormente padecerá de ciertas hemorragias internas (explicada en ese entonces por haber tragado algo) y de una extraña enfermedad atribuible a una serie de etiologías posibles, y definida como una enfermedad sin base conocida con componentes psicológicos (1917), tras este episodio decide contraer nupcias con Gizella; y finalmente desde 1929 en adelante se vio permanentemente afectado por dolores de cabeza, de corazón y dificultades para respirar, alternándose con agotamiento, desaliento y gran fatiga intelectual y física, las que atribuirá a sus procesos intelectuales creativos, acompañadas de una sistemática preocupación por el problema de la muerte.
Sin pretender desarrollar un análisis caracteriológico, se podría plantear hipotéticamente la existencia de una estructura narcisista-fálica ("uretral pasiva") adjetivada con un rasgo esquizoideo "como si" ("óseo activa"), esta última instaurada en torno al área de la pareja. Estructura de carácter que organizada en torno a un conjunto de construcciones fantasmagóricas de hijo, pareja, hermano, discípulo, terapeuta y maestro, y a mecanismos de defensa en la línea de la formación reactiva, reflejará un conjunto de esquemas de representaciones con el cual enfrenta la cotidianeidad, y que a partir de un funcionamiento corporal asintomático, progresa gradualmente hacia lo fálico-narcisita ("uretral activo"), transitando de este modo por la frontera de lo psicosomático (tan lúcidamente develado por el mismo) en un largo peregrinaje que incluirá sus componentes somáticos más comprometidos (nariz-identidad, cabeza-pensamientos, corazón-amor) (1913), hasta presentizarse con su máxima crudeza en la anemia perniciosa que lo llevaría a la muerte (linfa-defensas, sangre-vida).
Mas como fue la constante de su vida, Ferenczi hizo de este espacio un nuevo lugar de reflexión: su interés permanente por la brecha de lo psíquico y lo físico, lo condujo a interesarse por lo histérico, los tics, los fenómenos corporales (tartamudez, furúnculos, meteorismos, etc), que le permitieron plantear una serie de consideraciones que posteriormente sentarían las bases de lo que actualmente conocemos por psicosomática. Siendo el pionero indiscutido de este tipo de materia, propuso la forma dual de la adaptación psicosomática (Anpassung) entre mecanismos "autoplasticos", una forma temprana preedípica de adaptación a través de la propia modificación del organismo, en tanto expresiones de las memorias del cuerpo no mediadas verbalmente y que "modelan y troquelan la materia misma de lo viviente", y mecanismos "aloplásticos" como forma post-edípicas de adaptación, modelándose sintomáticamente en torno a las interacciones con el mundo exterior (Ferenczi, S., 1921a ).
Los años Finales
El cincuentenario de Ferenczi en 1923, marca el inicio de la década final de su vida. Ferenczi y Rank terminan de escribir "Perspectivas del Psicoanálisis" (1925), el que inicialmente elogiado por Freud viene a inaugurar una serie de conflictos al interior del Comité Secreto: el caso Rank con su publicación del Trauma del Nacimiento (Gay, P., 1988), la publicación de Thalassa: Ensayo sobre una teoría de la genitalidad (1924), el caso Reik con el problema del psicoanálisis de los legos, las divergencias entre Anna Freud y Melanie Klein (Gay, P., 1988), la muerte de Abraham (Freud, S., 1930). Estos eventos impactan profundamente en la férrea incondicionalidad de los miembros del Comité Secreto, trastocando la correlación de fuerza imperantes hasta ese momento: Jones-Abraham por un lado, Ferenczi-Rank por el otro, Eitingon-Sachs más expectantes. No obstante, la relación Freud-Ferenczi sigue liderando la mayor intimidad vincular del universo de todos estos hombres, Ferenczi propone analizar a Freud quien sufre de taquicardia y este conmovido por la oferta declina el ofrecimiento debido a su avanzada edad (70 años).
Ferenczi es invitado a Nueva York, lugar al que viaja a dar una serie de conferencias sobre teoría y práctica del psicoanálisis, y retoma el análisis de antiguos analizandos. Se encuentra con H.S. Sullivan, y después de un periplo exitoso de casi un año, pero no exento de dificultades, decide volver a Budapest, pasando por Londres donde se encuentra con Jones, y su antigua analizando Melanie Klein. Pasa el verano con G. Groddeck en Baden-Baden y en Berlín se encuentra con Eitingon. Finalmente visita a Freud en Viena "quien se sentía ofendido de que éste, ya de vuelta de América, hubiese esperado tanto tiempo para venir a verlo" (Bokanowski, T., 1997, p. 24). Jones jamás perdonará los comentarios privados de Ferenczi a Freud sobre su persona, y la animosidad de éste a Ferenczi, explicada a veces como residuo transferencial de su propio análisis con Ferenczi, como reflejo de la rivalidad fraterna de Jones, como residuo de diferencias raciales, o simplemente como vicisitudes humanas afectivas (envidia, competencia, celos, herida narcisista, etc...), se fortalecerá en los eventos venideros.
Jones dirá que Ferenczi mantuvo una postura reservada que "fue el primer indicio de su alejamiento progresivo de Freud" (Jones, E., 1953), la correspondencia entre ambos dice: Ferenczi: "Ni el tiempo ni las numerosas tempestades que amenazan en torno nuestro, podrán alterar de algún modo el vínculo personal y científico inquebrantable que nos une" (2 de octubre, 1927) , Freud responde: "Hemos andado un largo camino juntos desde 1909, siempre lado a lado, no tendría porque ser diferente para el corto trecho que nos resta por franquear" (25 de octubre, 1927). Ellos tienen 54 y 71 años respectivamente, y Freud desea que sea Ferenczi quien suceda a Eitingon en la Presidencia de la Asociación Psicoanalítica Internacional, pero la declarada posición de Ferenczi en defensa de los analistas no-médicos (al igual que la de Freud) no lo hace posible.
Ferenczi se encuentra en su apogeo profesional, organiza un ciclo de conferencias en la Sociedad Húngara de Psicoanálisis (1928), la que presidía desde hace ya quince años; invita a conferencista foráneos -entre ellos Wilhelm Reich-, atiende pacientes regularmente, publica sus textos, viaja para dar conferencias (Madrid, 1928), y se da tiempo para visitar a Freud cada vez que puede. No obstante él se quejará de que su trabajo es cada vez más difícil, de la falta de apoyo, de la amistad de sus colegas. En tanto Freud, resentirá la distancia y la progresiva marginación de Ferenczi de los avatares psicoanalíticos, así como desarrollará un creciente malestar por la profundidad del compromiso de Ferenczi con sus pacientes. La relación pasa por altos y bajos, y a fines de 1930 intercambian francas correspondencias, en las que dialogan sobre sus divergencias. Ferenczi, escribe:
"Lo qué sucede en la relación entre usted y yo (por lo menos para mí) es un enredo de diversos conflictos de emociones y posiciones. Al principio usted era mi mentor venerado y mi modelo inalcanzable, por quien albergué los sentimientos de un alumno - siempre algo confusos, como sabemos. Luego usted fue mi analista, pero como resultado de desafortunadas circunstancias mi análisis no pudo completarse. Particularmente lamento que, en el curso del análisis, usted no percibiera en mi y no pudiera llevar a la abreacción los sentimientos negativos y las fantasías que sólo fueron parcialmente transferidas" (Ferenczi, 17 de enero de 1930).
Freud replicará a está crítica a su tratamiento, pero la relación se limpia, y el intercambio epistolar se reanuda amistosamente. Ellos tienen 74 y 57 años respectivamente, pero ambos padecen serios trastornos físicos. Freud frente a la eminencia de su muerte "le solicita a Ferenczi que asuma la presidencia de la IPA ante tal eventualidad" (Stanton, M., 1990, p. 46). Ferenczi acepta.
En mayo de 1931, Ferenczi envía a Freud el borrador de "Confusión de lenguas entre el adulto y el niño: el lenguaje de la ternura y de la pasión", inaugurando una nueva serie de discrepancias y desencuentros. Freud responde críticamente al cuestionamiento implícito a su segunda teoría de la seducción, y al espacio teórico crucial que se perfila en ese texto: realidad versus fantasía, maternaje versus neutralidad (Stanton, M., 1990). El dialogo se hace áspero, y Freud deviene punzante y crítico. Cuestiona el riesgo de la Técnica del beso (Küstechnick) y amonesta severamente a Ferenczi. No obstante Ferenczi, rescatará el vínculo: "Después de haber pasado por el dolor ocasionado por el tono de nuestra correspondencia no puedo sino expresar la esperanza de que nuestra comprensión personal como amigos y como científicos no haya sido perturbada por estos desarrollos o, más bien, que ésta pronto se restaurará" (Stanton, M. 1990, p. 50) . Ferenczi se aísla en su nueva villa en Buda, y comienza su "Diario Clínico" (1932). Freud escribe animándolo a salir de su aislamiento, semi crítico "...debe salir de esa isla de sueños que habita con fantasías de niño, y una vez más unirse a la lucha por la humanidad" (ibid.), semi seductor, sugiriendo que sea el Presidente de la IPA. Ferenczi, decide pensarlo pero diez días antes del Congreso decide retirar su postulación y los esfuerzos de Freud, Brill y Eitingon para hacerlo cambiar de opinión son estériles. Ocho días después, Ferenczi visitará a Freud con motivo de la lectura final de "Confusión de lenguas"(1933b), la entrevista es tensa. Freud solicita que no presente el articulo al Congreso, ni que lo publique dentro de ese año. Ferenczi no accede y se desalienta profundamente, sufre de extremo agotamiento y se deteriora rápidamente. El tiene 59 años, en tanto Freud 76. Deja de tomar notas para su "Diario Clínico" el 2 de octubre y continua con pacientes hasta fines de año.
"Su condición empeora en el Año Nuevo y tiene serias dificultades para caminar y respirar. En febrero se retira a su lecho y lentamente pierde el uso de sus extremidades. A las 14:30 del lunes 22 de mayo muere repentinamente de una parálisis del sistema respiratorio ocasionada por la anemia. Es enterrado el 24 de Mayo en el Cementerio Judío Farkasret, en Budapest" (op. cit, p. 52).
Conclusiones
Una vida es una historia consistente, congruentemente estructurada. Los antecedentes biográficos de Ferenczi solo recientemente empiezan a conocerse. Una larga y densa sombra se ha ceñido sobre la persona de Sándor Ferenczi, en manos de Ernest Jones, y con el beneplácito de gran parte del mundo psicoanalítico, esa sombra tejió un manto de oscuridad sobre el más significativo colaborador de Sigmund Freud. A través de una prosa sutilmente tendenciosa (Jones, E., 1953) entremezcló juicios laudatorios, con deslices minusvalizantes, devaluatorios o abiertamente descalificatorios sobre Ferenczi, hasta concluir con un ácido juicio diagnóstico: personalidad psicótica con tendencias homicidas, sin más fundamentos que su propia autoridad y el contar con acceso a fuentes privadas de información. Ni siquiera la confrontación de Fromm, apoyado en antecedentes fidedignos y testimonios directos modificaron su actitud.
Solo cuando el mundo analítico se empezó a sensibilizar a este "asesinato de carácter" es que ha sido posible plantearse interrogantes cuya obviedad hoy por hoy nos deslumbran: " Si Freud consideraba a Ferenczi y a Rank insanos (tal como Jones dice que ellos fueron) ¿porqué él -el psiquiátra número uno- no los trató, tal como habría tratado a cualquiera de sus pacientes psicóticos -esperando que así lo haya hecho- con gentileza, comprensión y paciencia? ¿Porqué le volvió la espalda al "insano" Ferenczi y se opuso a estrechar la mano del hombre a quien siempre había llamado su "hijo", por el hecho de que estaba insano?" (de Forest, I., 1957) ¿Cómo Freud mantiene una actitud de diálogo y negociación propia de dos teóricos en divergencia conceptual frente a alguien que daba signos de perturbaciones psíquicas? ¿Como Freud en 1930, frente a la eminencia de su muerte designa a alguien con una enfermedad mental como su futuro sucesor?, ¿Como postularlo a la presidencia de la IPA, esperando que el saliese de su voluntario retiro?, y ¿Como Freud, Eitingon y Brill intentan hacer cambiar de opinión a Ferenczi cuando este declina postularse a esta presidencia?.
Paradojalmente ni la biografía de Breuer, ni la de Fliess, ni la de Adler, ni incluso la de Jung, pueden mínimamente comparase con la riqueza, complejidad y profundidad de la relación entre Freud y Ferenczi. Tal vez la historia quiera preservar solo la intensidad de esos otros vínculos como una variable a distinguir, pero incluso eso aun tendrá que estudiarse. Jones, quizás intentando preservar el legado de Freud, opaca también la grandeza y humanidad de su maestro, sustrayéndole aquellos referentes que más lo enaltecen, su capacidad de mantener un vínculo, estable y profundo, que permitiera el despliegue completo de toda su humanidad. Pues la relación de Freud con Ferenczi, muestra a un Freud que va más allá de lo que pudiera experimentar en todos aquellos otros vínculos, testimoniando un situarse más allá de la "compulsión a la repetición" y una capacidad de relacionarse genitalmente con un otro.
La relación de ambos hombres, se vio afectada, sin duda, por sus discrepancias teóricas en el tamiz de sus particulares personalidades. Pero parece más lógico, pensar que esta relación revela sus propias estructuras de carácter evolucionando a lo largo de los años, develando dos personajes en constante productividad intelectual, en constante autoanálisis y revisión de sus propias humanidades, y reflexionado sobre ellas para usarlas como parámetros existenciales básicos de cada venidera elaboración intelectual.
Con la escasa información con que empezamos a contar, la tesis de la "locura" de Ferenczi se hace insostenible. No obstante la verdadera historia de la relación Freud-Ferenczi solo recién se empieza a escribir. Una lectura posible es que ambos, Freud y Ferenczi, testimonian una relación a la altura de sus humanidades, y por lo mismo, aunque nos duela en nuestro narcisismo, más allá de las posibilidades de nuestra comprensión individual. La fragmentación de sus identidades en un "objeto bueno" y un "objeto malo" ha impedido por más de medio siglo una aproximación a ellos entendidos como "objetos totales", con sus aspectos positivos y negativos, y en sus análisis por tanto hemos proyectado nuestros propios fragmentos escindidos. Iniciarnos en el descubrimientos de quienes eran estos dos grandes teóricos, tal vez sea empezar a identificar el camino a recorrer testimoniado por quienes llegaron más allá incluso de lo que nos sea dable imaginar, en donde sus encuentros y desencuentros sean un reflejo de las vicisitudes vitales de las inéditas circunstancias que vivieron. Desmentida última del predominio de los impulsos tanáticos por sobre los eróticos.

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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