La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

miércoles, 22 de agosto de 2012

Una nota sobre mala praxis en psicoanálisis y otras psicoterapias

La psicoterapia es un terreno fértil para abusos y malos entendidos. Cuáles son los derechos de los pacientes y los límites de la ley. En el país de los psicoanalistas, ¿quién se atreve a cuestionar su saber hacer? Sin embargo, hay buenos y malos especialistas; psicoterapeutas que salvan vidas y curanderos truchos; una mayoría que pone su saber al servicio del interés del paciente y quienes se aprovechan de su poder para abusar de personas en estado de extrema vulnerabilidad. La cuestión es ¿cómo saber a priori cuál es la idoneidad profesional del psicólogo, psiquiatra, psicoanalista o cualquiera de las otras categorías que parecen lo mismo pero no son igual? Es cierto que la llamada "transferencia" que se produce en la relación psicoterapéutica complica la evaluación de los tratamientos. En su transcurso, surgen sentimientos, percepciones e idealizaciones hacia el terapeuta que son reactualizaciones de las relaciones con el padre y la madre. Pero no son reales. "El psicoanálisis es el encuentro particular de dos personas, donde una de ellas está adiestrada para sustraerse a los encantos de la otra. Pero ni la regla de abstinencia que impuso Freud ni las leyes pueden controlar que una persona se enamore", reflexiona el escritor y psicoanalista Germán García. "Aunque pasa muy poco, a mí no me escandaliza que un analista tenga una relación con un paciente. Me parece una debilidad del analista, una caída, alguien que se sale de su lugar. En cuanto a los jueces, que hagan su trabajo", dice García. Pero no todos coincidecen con esta visión. Les guste a los psicoanalistas o no, la falta de regulación y control por parte del Estado más de una vez termina en verdaderos daños. La mala praxis psicológica no es tan fácil de probar como dejar un bisturí en la panza de un operado. Pero que la hay, la hay. Descontrol. En los Estados Unidos hay varios casos de abuso sexual confirmados, y condenas que llegaron a casi los dos millones de dólares. En la Argentina, recientemente una psicóloga fue condenada a pagar 28.000 pesos a su joven paciente por "el romance fogoso" que entabló con él, quien había recurrido a ella a través de la cartilla de una prepaga para tratar su adicción a las drogas. Los camaristas la acusaron de "mala praxis psicológica", en base a artículos del Código Civil que refieren a la responsabilidad profesional, la negligencia y la omisión de cuidados de quien tiene un deber sobre la salud de otro. El Código de Ética que rige a los psicólogos argentinos establece que "no aceptarán como consultantes a personas con las cuales han mantenido vínculos sexuales, afectivos, comerciales, laborales o de otra índole que pudieran afectar de manera negativa el objetivo primordial de su práctica. Si no obstante los recaudos tomados surgiera una relación afectiva importante entre consultante y psicólogo, el psicólogo deberá realizar una derivación del consultante a otros profesionales". Sin embargo, distintos especialistas confirmaron en "off the record" que existen más casos de "abuso de transferencia" por los terapeutas de lo que se dice y se litiga. "Sobre 3.174 procesos judiciales en los que participamos, no hemos manejado más de una decena de casos vinculados a mala praxis de psicólogos y psiquiatras", informa el abogado Fernando Mariona (62), director de la compañía de seguros TPC de responsabilidad profesional médica. "La mayoría de los procesos tienen que ver con episodios de fugas, sobremedicaciones y suicidios. Lo importante es que los datos y órdenes del psiquiatra estén bien asentados en la historia clínica del paciente." El terreno es tan resbaladizo, que las normativas son muy estrictas en algunos países. El experto norteamericano Bruce Gross recomienda a sus colegas no aceptar siquiera regalos, ya que pueden interferir en la relación terapéutica o ser motivo de litigios o investigaciones sobre la ética profesional del psicólogo. Aquí, hay leyes que regulan la práctica de médicos y psicólogos. Éstos también se han dado un Código de Ética que prohibe todo contacto sexual con el paciente, protege sus derechos y exige que los pacientes (o sus familiares) firmen un consentimiento informado, es decir, una aceptación del tratamiento después de haber recibido completa información sobre sus características. Muy pocos psicólogos toman este recaudo. Y apenas el 25 % contrata, en EE.UU., un seguro anti mala praxis. Ilusión. "Cualquier psicoanalista sabe que la transferencia es una ilusión, y entre sus principios éticos básicos está jamás aprovecharse de ella con otro fin que no sea el de tratar el padecimiento de su paciente", enfatiza el psicólogo Hugo Pisanelli (52), presidente de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires. "Esto es un verdadero tabú: así como está prohibido acostarse con la madre, el psicoanalista no puede acostarse con su paciente. Al consultorio se va a hablar. Cualquier otra cosa es sospechosa, y delincuentes hay en todas partes", enfatiza el psicoanalista. Allí está la inefable Giselle Rímolo, autotitulada psicóloga y presunta responsable de la muerte de por lo menos uno de sus "pacientes" por darle una supuesta droga para adelgazar. Más recientemente, los familiares de Juan Castro iniciaron una demanda contra el psiquiatra Rubén Lescano, quien atendía al famoso periodista por su adicción a las drogas. Pero aquí nuevamente se mezclan los tantos. ¿Es responsable el psiquiatra de que un par de amigos de Castro hayan firmado su salida de la internación recomendada en la Clínica Santa Rosa? ¿Es posible tratar a pacientes graves sin asumir algún riesgo? Totem y tabú. El debate no es nuevo en el mundo, pero en la Argentina se mantiene sordo por los intereses en juego y por la especie de "fervor religioso" que despierta el mundo psi. Para empezar a desbrozar este tabú que rodea a los tótems de la salud mental, habría que entender que la formación y las habilitaciones de psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas son diferentes. Con todo, ninguno de ellos está a salvo de cometer alguna de las variantes que van de la negligencia al abuso sexual (ver aparte). Pero mientras unos son conscientes del peligro que entraña el descontrol oficial de sus prácticas, otros creen que basta contar con un grupo de colegas que avalen su técnica y haber leído todas las obras de Freud y Lacan para otorgarles chapa de "yo, argentino". De hecho, en estos momentos arrecia en Francia un debate parlamentario entre los que quieren regular el psicoanálisis como a otras prácticas involucradas en la salud mental y los psicoanalistas que luchan con uñas y dientes para que el Estado no se entrometa en la relación con sus pacientes. Pero ¿cómo evaluar la destreza profesional de un psicoterapeuta? ¿Cómo saber, en el caso de los niños bajo tratamiento, que funciona? " El problema es grave", dice el psiquiatra y psicoterapeuta cognitivo Juan Manuel Bulacio (40). Hay demasiados casos de sugestión, de personas que aplican saberes mágicos bajo el manto de la ciencia, de profesionales incompetentes, como para quedarse tranquilo. " El terapeuta no es ni puede ser el dueño de la vida de los pacientes. Siempre debería explicarle con palabras claras al paciente cómo va a trabajar. En cuanto a éste, una forma de reasegurarse es preguntar a otros especialistas, averiguar si el terapeuta trabaja en una institución reconocida y, en el caso de los niños, participar activamente en el tratamiento del hijo." " Muchas veces se confunde la ideología o la teoría –por ejemplo el psicoanálisis o la terapia gestáltica- con la calidad terapéutica, y no es así. El terapeuta no es mejor por la teoría a la que adscriba sino por su formación, su actualización y su experiencia", sostiene Bulacio. "En este campo hay muchas formas de mala praxis –evalúa-, desde el mal diagnóstico hasta el no planteamiento consensuado de objetivos terapéuticos. Si un paciente viene por problemas laborales –ejemplifica- yo no me metería con sus conflictos conyugales. O tendría que rehacer nuestro contrato terapéutico", explica el director del Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas. " Este tema está plagado de ambigüedades y peleas ideológicas. Los controles de calidad son muy malos y el paciente muchas veces queda a la deriva –reconoce Bulacio-. De esto, no se habla." Por: Alejandra Folgarait Fuente: http://www.ppba.org.ar/articulos/noticias/noticias05.htm

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



Temas

Lo más importante de este blog son tu experiencia, tus comentarios Your feedback






Form View Counter
ecoestadistica.com