La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

sábado, 25 de agosto de 2012

The pane of glass y la revolución psiquiátrica

The pane of glass”, en referencia a lo expresado por una persona con esquizofrenia para explicar lo que sentía se interponía entre ella y el resto de la humanidad, es el título de un libro publicado en 1959 por John Bartlow Martin. En él llamaba la atención sobre las precarias condiciones en las que se encontraban los hospitales psiquiátricos de la época en Estados Unidos, así como las pocas esperanzas de mejoría que abrigaba todavía en esas fechas la numerosísima población (850.000) que estas instituciones encerraban.

Este libro, junto a otros publicados en años anteriores ...  fueron semilla y motor de lo que para algunos fue la tercera revolución psiquiátrica, y no me refiero simplemente a la introducción de los psico-fármacos, sino al movimiento de la psiquiatría comunitaria.

Pero, a diferencia de los otros libros a los que hacía referencia, el de J. B. Martin no incluye fotografías. ...

I. Dentro del manicomio. Exactamente el Columbus State Hospital donde, tras presentar el importante problema que la enfermedad mental supone para la salud americana, describe su estructura y funcionamiento, así como la situación de masificación y penuria asistencial dentro del hospital, donde algunos de sus residentes llegaban a tener períodos de ingreso de hasta 75 años. 2.700 pacientes para 1.800 camas presupuestadas (aún un número modesto comparándolo con los 14.000 asilados en el Hospital Pilgrim de Nueva York).

El hospital se extiende por 333 acres, pero está masificado: más gente entra a los manicomios de Ohio al año que aquellos que inician estudios superiores. En 1955, los pacientes rompieron 1677 cristales en estos edificios.

Entre los 2.700 pacientes mentales en “Columbus (Ohio) State Hospital” hay muchos como estos hombres que simplemente se sientan y esperan durante todo el día.

Estos son los privilegiados en Columbus, aquellos suficientemente bien para salir al exterior sin supervisión. La mayoría se contentan con sentarse y charlar. Pero a esta mujer le gusta hacer ejercicio balanceándose en la rama del árbol.

Un fugado y un nuevo paciente llegan a Columbus. Solo el 4% ingresan voluntariamente, aunque la mayoría de primeros ingresos son dóciles. La mejor oportunidad para la recuperación de un paciente se da cuando llega al hospital, entonces recibe un montón de atención.

Esta paciente ha estado aquí 9 años. Nunca habla y, como muchos otros, prefiere el suelo a una silla.
Un caso de depresión aguda. Este hombre puede permanecer inmóvil cruzado sobre la cama durante horas en un estado de melancolía imposible de mitigar.

Enfermeras y auxiliares sujetan a un paciente recibiendo electroshock. Este tratamiento, junto a los tranquilizantes, mejora el manejo de los internos, aunque algunos doctores niegan su valor como terapia.


II. Pabellón de agitados.Un reportaje sobre los pacientes suicidas y violentos, incluyendo los lúgubres detalles de un terrorífico calvario: el electrochoque” es el subtítulo de la segunda entrega, y después de leer el ambiente institucional y el transcurso de una sesión electroconvulsiva previa a la utilización de anestesia y relajantes musculares, así como algunas de sus “indicaciones”, sin duda que no es exagerado. Escasamente dotados de personal auxiliar, precisamente aquellos profesionales directamente en contacto y por más tiempo con los pacientes, un centenar de pacientes problemáticos podían estar “supervisados” exclusivamente por un cuidador. “Los cuidadores ganan 50 dólares a la semana. Trabajan 44 horas. Algunos trabajan aquí y a la vez tienen otro puesto de trabajo en una fábrica. Esta práctica no ayuda a la eficiencia. Un mal cuidador puede desmontar el trabajo de un buen psiquiatra. Hay dos por pabellón. Más de la mitad son mujeres. La mayoría de cuidadores varones son granjeros u obreros. El hospital lo único que exige para ello es ser ciudadano, residente en Ohio y de entre 18 y 70 años. No todos pueden leer y escribir. Uno es un ex-delincuente, contratado durante la condicional”.


En el multitudinario comedor, donde los problemas pueden surgir de inmediato, un auxiliar dispensa vitaminas, anticonvulsionantes y tranquilizantes a los pacientes del pabellón 8.

Un momento tranquilo en la vida de un paciente violento. Nótense las muñequeras de sujeción. Lleva todas sus pertenencias en los bolsillos.

En cada cambio de turno, las enfermeras del pabellón 8 deben controlar todos los narcóticos. Ayudando a la Srta. Mary Pulsinelly están los cuidadores Robert Rurode y Walter Stratton.

Electrochoque. Enfermeras y cuidadores sujetan a una paciente mientras el Dr. Wilson Shortridge manipula la máquina de choques. Algunos pacientes sufren fracturas durante estos tratamientos.

Este inhóspito cubículo es una “habitación de aislamiento”, reservada para pacientes suicidas, peligroso y problemáticos.

En uno de los destartalados corredores del pabellón 8, un paciente queda como congelado, “atrapando mis nervios”. La plantilla del hospital no se muestran alarmados al verlo; un paciente ha estado haciendo esto durante años.

En uno de los sótanos se encuentra esta “cuna de contención” que antes se usaba para los pacientes violentos, ahora sólo un trasto.


Fotos © Larry Keighley/The Post
Fuente: Psiquifotos

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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