La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

lunes, 27 de agosto de 2012

Genie, la niña salvaje. Un caso de maltrato familiar y profesional

Los casos de niños salvajes o que han vivido confinados siempre han provocado una enorme fascinación social. Los historiales o testimonios de casos que precedieron al de
£ Genie han sido muchos y de muy diferente índole (véase Malson, 1973).
Científicamente, todavía no hay acuerdo en cuanto a la polémica naturaleza-cultura; inclusive, en el caso de "el niño salvaje de Aveyron" -el mejor documentado-, se discute sobre si los métodos de aprendizaje empleados fueron los adecuados, dadas las especiales características de Víctor (Itard, 1982; Lañe, 1984).
En 1970, y con todos los avances científicos de nuestra época, Genie, una adolescente salvaje, debido a un confinamiento de más de once años, salía de su deprivación. Los trabajadores sociales de una oficina de bienestar de Los Angeles (California) informan a la policía de una madre que se ha presentado junto con su hija en estado de abandono y
maltrato. En este caso, al maltrato que ya supone el confinamiento se unían todo tipo de abusos. Al mismo tiempo, dado el subdesarrollo en todas las áreas, la práctica ausencia de lenguaje y el estado de malnutrición evidente, Genie fue remitida al hospital infantil de la zona.
El caso Genie adquirió gran notoriedad debido a dos hechos: uno, científico, y el otro un acontecimiento social. Científicamente, Genie permitía investigar el debate herencia-ambiente (si una buena educación y tratamiento permitía compensar una infancia tan terrible) y si hay unos periodos críticos para las emociones y el aprendizaje (en concreto,
el establecimiento de los vínculos afectivos o conductas de apego y la adquisición del lenguaje). Debido a ello, el caso Genie se conoce como el "experimento prohibido", ya que ningún ser humano puede ser sometido a tal grado de confinamiento con la finalidad de investigar.
En cuanto a acontecimiento social, a las pocas semanas de ser descubierta Genie, se estrenaba en Hollywood "El pequeño salvaje", de J.F. Truffaut; científicos de todo el país fueron invitados a un pase privado.
En este trabajo -reconocida la naturaleza compleja y multifacética de la etiología del maltrato infantil-, desde una perspectiva multidisciplinar e integradora, nos servimos del modelo ecológico-sistémico de Bronfenbrenner (1979) y de los desarrollos de Belsky (1980, 1984, 1993). Metodológicamente, partiendo del análisis documental que disponemos de Genie, organizamos los datos en los diferentes niveles de análisis del modelo, junto al desarrollo ontogenético, para inferir constructos significativos, como la historia de crianza de los padres, experiencias previas en el cuidado de niños, grado de conflictos de la
pareja, interacción padres-niño, desestructuración familiar, estrés ocupacional, características del niño que influyen como variable en el maltrato y la amplitud de la asistencia que proveen sus redes sociales de pertenencia.
I. HISTORIA SOCIAL.
El 4 de noviembre de 1970 unos asistentes sociales de Los Angeles (California) descubren un extraño caso de una niña de tan sólo trece años que había estado prácticamente toda su vida aislada del mundo.
En un aprimera evaluación de su estado, presenta los siguientes síntomas:
• Subdesarrollo en todas las áreas .
• Ausencia de lenguaje.
• Malnutrición
• Evidentes síntomas de maltrato y abandono.
Para entender este caso, primero debemos describir y evaluar el entorno familiar de Genie. Su madre, al casarse, dice «mi vida ha muerto». Su marido trató de matarla.
Al padre de Genie no le gustaban los niños. Tras cinco años de matrimonio, su madre quedó embarazada y el padre intentó estrangularla otra vez. Nació el bebé y el padre no pudo soportarlo, hasta tal punto que la encerró en el garaje para no sentirle llorar. A los dos meses y medio el bebé moriría de neumonía.
Al siguiente año, nacería otro niño, que murió tan sólo dos días después. Se alegó que tragó sus propias mucosidades.
Tres años después, otro hijo nació también con los mismos problemas sanguíneos que el bebé anterior: un RH incompatible que, en este caso, se mantuvo en un aparente buen estado de salud con el paso de los días. Más adelante, el niño comenzaría a manifestar problemas para aprender a andar, hablar o incluso ir al baño. La abuela paterna se lo llevó a su casa para criarlo, para volver más adelante con sus padres.
Tres años después, en abril de 1957, Genie (cuarto hijo) nacería con un RH incompatible y con la necesidad de una transfusión un día después de nacer. A los tres meses, el pediatra le diagnosticaba una dislocación congénita de la cadera y necesitaría de una prótesis para sostener ambas piernas. Necesitaba, por tanto, fisioterapia, pero el padre se negó a ello e incluso a que su madre la atendiese. A los once meses tan sólo pesaba 17 libras. A los catorce meses, con fuertes fiebres, le fue diagnosticada una neumonía.
Todos estos problemas tuvieron nefastas consecuencias para Genie, ya que, antes de los veinte meses de edad, quedó encerrada en una pequeña habitación, atada de día a una silla y en un cuna cerrada con rejilla metálica de noche. Desde la habitación no podía ver la calle, ni tampoco ningún elemento interior, ya que estaba vacía; tan sólo sus ataduras y su cuerpo serían su fuente primaria de visión y tacto. Viviría en esta situación hasta los 13 años y siete meses.
El padre no permitía pasar al cuarto, controlando que nadie en la casa hiciese ruido o entablarse una conversación para que Genie no oyese nada. Genie se encargaría de llamar la atención por medio de ruidos que el padre paraba dando fuertes golpes contra la pared de la habitación e, incluso, llegó a imitar a un «perro salvaje», ladrando, sacando dientes y arañando para asustarla, pegándole después.
Al principio, la madre intentaba pasar un rato con Genie cada día, pero fue perdiendo progresivamente la vista, siéndole difícil darle algún cuidado. Su hermano, entonces, sería su principal cuidador, pero el padre se lo prohibiría, obligándole a asustarla actuando, también, como un perro salvaje.
Su dieta era estricta. De ello se encargaba el padre. Tan sólo tomaba comida de bebé, se atragantaba y escupía la comida y su padre se la restregaba por la cara. Genie, creció en estas penosas condiciones.
Cuando tenía doce años, el padre estaba convencido de que moriría pronto. Fue, entonces, cuando la madre buscaría la ayuda de sus padres.
Consiguieron escapar y se quedaron allí. A la tercera semana, la madre de Genie iría a la oficina de bienestar. El trabajador social que les atendió llamó rápidamente a su jefe. Se entrevistó a la madre, y lo que vieron y oyeron hizo que llamasen a la policía, tomando a Genie bajo su custodia. Ese día, el padre se suicidó. Dejaría una nota diciendo que «el mundo nunca lo entendería». Genie sería admitida en el hospital por su extrema malnutrición
Noviembre 1970 - enero 1971.
Genie daba pena. Como casi nunca había llevado ropa, no reaccionaba a la temperatura, fuese frío o calor. Nunca había comido nada sólido, por lo que no sabía masticar y le costaba mucho tragar. Por haber estado tanto tiempo atada a la «silla-orinal», Genie no tenía fuerza en las piernas, por lo que no podía correr, subir escaleras, agacharse..., de hecho, sólo podía andar y con mucha dificultad. Como nunca había mirado a una distancia mayor de tres metros, tenía gran dificultad para enfocar a mayores distancias. Como le pegaban por hacer ruido, había aprendido a suprimir cualquier tipo de vocalización. Sufría
malnutrición, pesaba sólo 59 libras y medía sólo 54 pulgadas. Padecía enuresis y encopresis, tenía el pelo descuidado y estropeado, salivaba copiosamente y escupía sobre cualquier cosa que tuviese a mano. Carecía de socialización alguna, era primitiva y casi inhumana.

Genie utilizaba su cuerpo y objetos para hacer ruido y ayudarse a expresar su frenesí: arañaba el suelo con una silla, sus dedos rascaban los globos, volcaba los muebles, lanzaba objetos y los golpeaba, arrastraba los pies. Genie se vio enfrentada a la tarea de aprender a hablar.
Aunque fuesen verdad las declaraciones de su madre de que había aprendido vocabulario siendo un bebé, era evidente que su entorno no le proporcionó suficientes signos lingüísticos. Sin embargo, era necesario determinar si su cerebro estaba dañado y tenía el necesario desarrollo cognitivo como para adquirir el lenguaje.
Enero l971 - junio 1971.
El pronóstico de crecimiento era pobre en todas las áreas. Se discutía si su deficiencia era congénita o fruto de la deprivación. A pesar de ello, Genie, empezó a progresar en todas las áreas.
Junio 1971- agosto 1971.
Susan Curtiss (1977), nuestra principal fuente de información, manifiesta que conoció a Genie en junio del 71: "era muy pequeña, tan pequeña, tan delgada, tan diferente de una chica normal de catorce años... Tenía un comportamiento desagradable, seguía salivando y escupiendo a todo y todos los que estuviesen a su alcance. También, presentaba comportamientos sociales muy poco aceptables. Se sonaba la nariz en cualquier cosa, a menudo ensuciando su ropa. Cuando se ponía nerviosa se ponía a orinar en cualquier sitio, dejando al «cuidador » a cargo de las consecuencias. Cuando salía de paseo y algo le
llamaba la atención, se acercaba al objeto o la persona y se agarraba sin soltarse hasta conseguir lo que deseaba, especialmente los objetos de plástico. No atendía a ninguna distancia social, se acercaba a las personas en las que se fijaba, y les daba la mano o les agarraba del brazo para acompañarles en su paseo.
Genie se masturbaba excesivamente, lo que resultó ser el comportamiento antisocial más problemático de todos; a pesar de las reprimendas, seguía masturbándose en cualquier sitio. No sabemos si su padre o su hermano abusaron sexualmente de ella, pero lo cierto era que prefería estar acompañada de un hombre, intentando establecer relaciones. Aprender a controlar estos deseos, inclusive ahora, cuatro años más tarde, sigue siendo un problema.
Genie tenía miedo al perro. Se asustaba cuando sentía que podía acercarse, huía de él subiéndose a las mesas, sillas, corriendo..., intentando poner alguna barrera entre ella y el perro. Sus movimientos se volvían más rápidos y era más ágil cuando sentía al perro, lo que choca con el hecho de que normalmente sus movimientos eran muy lentos y actuaba despacio.

Septiembre 1971-1975 (evaluaciones y notas de Curtiss hasta 1977).
• Respuestas retardadas:
Cuando a Genie se le formulaban preguntas o se le pedía que hiciese algo, reaccionaba como si nadie le hubiese hablado. Tan sólo, pasados unos minutos, Genie contestaba a la pregunta o actuaba conforme a lo que se le pidió, aunque hubiesen sucedido cosas o
intercalado conversaciones.
• Comportamiento perezoso:
Genie elegía los modos de actuación que le exigían menor esfuerzo. Delegaba en los demás actividades para las que ella era capaz.
Trataba de realizar el mínimo esfuerzo. Lo mismo ocurría con el lenguaje: omitía frases o palabras que podía pronunciar, tan sólo expresaba lo que le resultase estrictamente necesario y con una o dos sílabas y señalando el objeto. Llegó a adquirir un «comportamiento ritual».
• Uso de gestos y aprendizaje del habla:
Dada su dificultad para hablar, al principio de su aprendizaje, usaba más a menudo expresiones faciales o corporales para comunicarse, inventando su propio repertorio de vocabulario gestual. En octubre de 1971, se evidenciaba que Genie empezaba a ser receptiva a las diversas situaciones lingüísticas de su entorno. En enero de 1972, Genie comenzó a utilizar el lenguaje por primera vez para referirse a un acontecimiento pasado. Genie aprendió a usar el lenguaje para mentir y encubrir la realidad de lo que hubiese sucedido, incluso para hablar acerca de sus fantasías sexuales. No obstante, no lograba
vocalizar correctamente por haber estado tantos años reprimida de hacerlo.
• Afecto y desarrollo social:
Como Genie ha aprendido a expresarse de manera más completa, ha desarrollado un mejor concepto de ella misma y ha aprendido a expresar y controlar sus sentimientos.
• Entrevistas con la madre de Genie:
El trabajador social del hospital realizó entrevistas a la madre de Genie acerca de la vida de ésta antes de ser descubierta. Los informes de las entrevistas no eran fiables, ya que descubrimos que la madre a menudo contestaba en función de lo que ella pensaba que el entrevistador quería oír. Además, se contradecía a menudo de una entrevista para otra. Sólo a través de la observación del comportamiento de Genie pudimos descubrir algunos detalles de su terrible pasado.
• Informes del Departamento de Psiquiatría:
El caso de Genie tiene una implicación directa con la hipótesis de la existencia de un «periodo crítico» para la adquisición del lenguaje. Lenneberg en 1967 formula la existencia del «periodo crítico» para el desarrollo del lenguaje humano que va desde los dos años hasta la pubertad. Este periodo crítico necesita dos condiciones: tener un cerebro humano (lo que implica socialización, comunicación y afectividad desde el nacimiento -Bolwy; cfr. Howe, 1996-) y una estimulación lingüística.
Como resumen de su historial en el Hospital, podemos decir que el equipo de investigación no consiguió definir una línea de investigación coherente para Genie, primando a Genie como objeto de investigación y no como ser humano (de hecho, algunos investigadores la adoptaron con fines partidistas). El caso acabó siendo denunciado, a través de la madre, las subvenciones a la investigación retiradas y todos los principales investigadores encausados. Tras abandonar el hospital, Genie tuvo al menos seis hogares adoptivos, en algunos de ellos con maltrato. Actualmente, vive en un centro de acogida para personas mayores en Los Angeles. Genie cumplirá 45 años el próximo mes de abril.

II. CONSIDERACIONES TEÓRICAS.
Los malos tratos han sido abordados desde áreas legales, médicas, psicológicas, asistenciales, etc. Estás diferentes ópticas nos permiten explicar la diversidad de definiciones y la necesidad de un enfoque multidisciplinar e integrador.
La definición de los malos tratos debe considerar la heterogeneidad del fenómeno, atendiendo a las necesidades físicas y psicológicas del niño y a los diferentes contextos de desarrollo: familia, guardería, escuela, vecindario, comunidad, cultura, etc., para la satisfacción de las mismas.
La interacción necesidades-contexto provee toda una serie de abandonos y abusos que pueden definirse a partir de tres factores: contexto- familiar-extrafamiliar, formas activas-pasivas y aspectos emocionales o físicos afectados.
Otro tres factores que dan cuenta del ser humano al nacer, y de los que Genie careció, son: la incapacidad de sobrevivir por sí mismo, la necesidad del contacto físico y de establecer vínculos afectivos o sociales y una manera de interacción con el entorno que permite la asimilación o acomodación de la realidad, según Piaget.
El primer contexto responsable de la supervivencia El primer contexto responsable de la supervivencia del niño es el familiar. En dicho contexto el niño ha de satisfacer las necesidades primarias físicas y socioemocionales de las que nos habla Maslow.
Genie careció de ambas en el contexto familiar, y de la emocionales -vínculos afectivos seguros- en el hospital, por la diversidad de profesionales implicados en su caso.
Desde este presupuesto, el maltrato es cualquier acción persisente, por parte de los padres, cuidadores o profesionales, que compromete la satisfacción de las necesidades básicas. Genie fue objeto, desde el punto de vista físico, de abusos físicos y sexuales de una manera activa, y de abandono físico de una manera pasiva. Desde un punto de
vista emocional, Genie sufrió maltrato emocional activo y abandono emocional pasivo.
III. DEFINICIONES OPERACIÓN ALES.
Operacíonalizando los términos empleados, y siguiendo a De Paúl et al. (1988), que aplica esta misma metodología a la identificación de factores de riesgo en la infancia en el País Vasco, distinguimos entre abusos y abandonos físicos y emocionales. Podemos definir el abuso físico como cualquier acción, no accidental, por parte de los padres o cuidadores que provoque daño físico o enfermedad en el niño; y el abuso sexual como cualquier clase de contacto sexual con un niño menor de 18 años por parte de un familiar/tutor adulto desde una posición de poder o autoridad sobre el niño. Por su parte, el abandono físico implica que las necesidades físicas de alimentación, vestido, higiene, protección y vigilancia, así como las atenciones médicas, no son atendidas por ningún miembro del grupo que convive con el niño (índices de este tipo de maltrato son: retraso en el crecimiento, enfermedades
o problemas médicos no tratados, malnutrición, falta de higiene, vestido inadecuado, falta de escolarización...); y el abandono emocional como la falta persistente de respuesta a las señales (llanto, sonrisa), expresiones emocionales y conductas procuradoras de proximidad proximidad e interacción de proximidad e interacción iniciadas por el niño y falta de iniciativa y contacto por parte de una figura estable durante los seis primeros años de vida. Indicadores físicos y comportamentales de este tipo de abuso son: retraso en el crecimiento, retraso intelectual y del lenguaje, falta de expresividad, pasividad, tristeza, apatía, indefensión, dificultades para establecer relaciones sociales. En cuanto al abuso
emocional podemos definirlo como cualquier forma de insulto, burla, desprecio, crítica o amenaza de abandono y constante bloqueo de las iniciativas infantiles (desde la evitación hasta el encierro o confinamiento) por parte de cualquier miembro de la familia.
En Genie estos tipos de abusos y abandonos son crónicos, viviendo con ellos hasta el inicio de la adolescencia en el contexto familiar, y posteriormente en alguna forma de abuso emocional en el hospital, con los miembros del equipo investigador, o, inclusive, en casa de alguno de ellos, al ser más objeto de investigación que de tratamiento.
Desde esta perspectiva, nos parece que el modelo ecológico-sistémico de Bronfenbrenner (1979) y los desarrollos de Belsky (1980, 1984, 1993), a partir de dicho modelo, dan perfecta cuenta de este caso.
En concreto, y para integrar el historial de Genie, tenemos en cuenta los subsistemas micro, meso, exo y macro de Bonfrenbrenner (Moñivas, 1998) y el desarrollo ontogenético aportado por Belsky. En el microsistema, anillo del anillo del niño, tenemos en cuenta las características personales, inclusive las que pueden elicitar maltrato, aunque no justificarlo, según diferentes autores (temperamento, temprano de desarrollo ontogenético); en el mesosistema, anillo de la familia, tenemos en cuenta las características y habilidades de los padres, del niño, la interacción madre-padre-niño y el conflicto de pareja; en el exosistema,
el trabajo, los vecinos y la clase social; y el macrosistema, las representaciones
sociales sobre la infancia, la familia, la mujer, la violencia y el castigo físico (Moñivas, 1992). Con respecto al desarrollo ontogenético, tenemos en cuenta la posible historia de malos tratos de los padres. Todo este análisis puede verse en las tablas, diagramas y cuadros que se expondrán en el Congreso. Los dos contextos principales de análisis han sido la familia y el hospital.
IV. CONCLUSIONES.
Aunque el caso de Genie es extremo, permite poner de manifiesto, por la magnitud de todas las conductas implicadas, que toda intervención sobre la violencia debe atender a las necesidades físicas y psicológicas del sujeto y a los diferentes contextos para la satisfacción de las mismas, considerando los factores que permiten definir el maltrato,
que tienen lugar en la interacción necesidades-contexto, y las características del ser humano al nacer y en su desarrollo, así como evaluar las redes sociales de apoyo de toda familia en el momento de la crianza o la actuación desde los Servicios Sociales en cuanto a la prevención y educación socio-familiar.
Desde la investigación, podemos decir que la comprensión del maltrato infantil, así como su capacidad predictiva y preventiva irán en aumento a medida que la interacción entre las variables de los diferentes niveles esté bien establecida y analizada (véase: Ward y Finkeldors, 2000).

AGUSTÍN MOÑIVAS LÁZARO
CARMEN SAN CARRIÓN
Ma CARMEN RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ
E.U. Trabajo Social. Universidad Complutense. Madrid.

sábado, 25 de agosto de 2012

The pane of glass y la revolución psiquiátrica

The pane of glass”, en referencia a lo expresado por una persona con esquizofrenia para explicar lo que sentía se interponía entre ella y el resto de la humanidad, es el título de un libro publicado en 1959 por John Bartlow Martin. En él llamaba la atención sobre las precarias condiciones en las que se encontraban los hospitales psiquiátricos de la época en Estados Unidos, así como las pocas esperanzas de mejoría que abrigaba todavía en esas fechas la numerosísima población (850.000) que estas instituciones encerraban.

Este libro, junto a otros publicados en años anteriores ...  fueron semilla y motor de lo que para algunos fue la tercera revolución psiquiátrica, y no me refiero simplemente a la introducción de los psico-fármacos, sino al movimiento de la psiquiatría comunitaria.

Pero, a diferencia de los otros libros a los que hacía referencia, el de J. B. Martin no incluye fotografías. ...

I. Dentro del manicomio. Exactamente el Columbus State Hospital donde, tras presentar el importante problema que la enfermedad mental supone para la salud americana, describe su estructura y funcionamiento, así como la situación de masificación y penuria asistencial dentro del hospital, donde algunos de sus residentes llegaban a tener períodos de ingreso de hasta 75 años. 2.700 pacientes para 1.800 camas presupuestadas (aún un número modesto comparándolo con los 14.000 asilados en el Hospital Pilgrim de Nueva York).

El hospital se extiende por 333 acres, pero está masificado: más gente entra a los manicomios de Ohio al año que aquellos que inician estudios superiores. En 1955, los pacientes rompieron 1677 cristales en estos edificios.

Entre los 2.700 pacientes mentales en “Columbus (Ohio) State Hospital” hay muchos como estos hombres que simplemente se sientan y esperan durante todo el día.

Estos son los privilegiados en Columbus, aquellos suficientemente bien para salir al exterior sin supervisión. La mayoría se contentan con sentarse y charlar. Pero a esta mujer le gusta hacer ejercicio balanceándose en la rama del árbol.

Un fugado y un nuevo paciente llegan a Columbus. Solo el 4% ingresan voluntariamente, aunque la mayoría de primeros ingresos son dóciles. La mejor oportunidad para la recuperación de un paciente se da cuando llega al hospital, entonces recibe un montón de atención.

Esta paciente ha estado aquí 9 años. Nunca habla y, como muchos otros, prefiere el suelo a una silla.
Un caso de depresión aguda. Este hombre puede permanecer inmóvil cruzado sobre la cama durante horas en un estado de melancolía imposible de mitigar.

Enfermeras y auxiliares sujetan a un paciente recibiendo electroshock. Este tratamiento, junto a los tranquilizantes, mejora el manejo de los internos, aunque algunos doctores niegan su valor como terapia.


II. Pabellón de agitados.Un reportaje sobre los pacientes suicidas y violentos, incluyendo los lúgubres detalles de un terrorífico calvario: el electrochoque” es el subtítulo de la segunda entrega, y después de leer el ambiente institucional y el transcurso de una sesión electroconvulsiva previa a la utilización de anestesia y relajantes musculares, así como algunas de sus “indicaciones”, sin duda que no es exagerado. Escasamente dotados de personal auxiliar, precisamente aquellos profesionales directamente en contacto y por más tiempo con los pacientes, un centenar de pacientes problemáticos podían estar “supervisados” exclusivamente por un cuidador. “Los cuidadores ganan 50 dólares a la semana. Trabajan 44 horas. Algunos trabajan aquí y a la vez tienen otro puesto de trabajo en una fábrica. Esta práctica no ayuda a la eficiencia. Un mal cuidador puede desmontar el trabajo de un buen psiquiatra. Hay dos por pabellón. Más de la mitad son mujeres. La mayoría de cuidadores varones son granjeros u obreros. El hospital lo único que exige para ello es ser ciudadano, residente en Ohio y de entre 18 y 70 años. No todos pueden leer y escribir. Uno es un ex-delincuente, contratado durante la condicional”.


En el multitudinario comedor, donde los problemas pueden surgir de inmediato, un auxiliar dispensa vitaminas, anticonvulsionantes y tranquilizantes a los pacientes del pabellón 8.

Un momento tranquilo en la vida de un paciente violento. Nótense las muñequeras de sujeción. Lleva todas sus pertenencias en los bolsillos.

En cada cambio de turno, las enfermeras del pabellón 8 deben controlar todos los narcóticos. Ayudando a la Srta. Mary Pulsinelly están los cuidadores Robert Rurode y Walter Stratton.

Electrochoque. Enfermeras y cuidadores sujetan a una paciente mientras el Dr. Wilson Shortridge manipula la máquina de choques. Algunos pacientes sufren fracturas durante estos tratamientos.

Este inhóspito cubículo es una “habitación de aislamiento”, reservada para pacientes suicidas, peligroso y problemáticos.

En uno de los destartalados corredores del pabellón 8, un paciente queda como congelado, “atrapando mis nervios”. La plantilla del hospital no se muestran alarmados al verlo; un paciente ha estado haciendo esto durante años.

En uno de los sótanos se encuentra esta “cuna de contención” que antes se usaba para los pacientes violentos, ahora sólo un trasto.


Fotos © Larry Keighley/The Post
Fuente: Psiquifotos

El suicidio de Víktor Tausk

Ha sido sin duda Lou Andreas-Salomé, de quien él fue amante, la que en su Diario de un año proporcionó el retrato de Viktor (o Victor) Tausk que impresiona con más fuerza. Lou percibió en él una energía primitiva, el "animal de presa", como decía Sigmund Freud, y fue sensible al modo en que Tausk se obligaba a pensar "analíticamente": "Desde el principio yo sentí en Tausk esa lucha de la criatura humana, y fue eso lo que me tocó más profundamente. Animal, hermano mío, tú." Nacido en Zsilina, Eslovaquia, en una familia judía de lengua alemana, Tausk pasó su infancia en Croacia, educado por un padre tiránico y una madre masoquista y perseguida. Ya abogado y padre de dos hijos (Marius y Victor-Hugo), se separó de su esposa Martha Frisch-Tausk (1881-1957), y se instaló en Berlín, donde trató de hacer carrera en la literatura. Víctima de una enfermedad pulmonar, se internó en una clínica, y después cayó en una profunda depresión. Al salir viajó a Viena para encontrarse con Martha y sus hijos, e iniciar un juicio de divorcio. Como muchos pioneros de su generación, Tausk se volvió hacia el psicoanálisis esperando que la nueva ciencia lo ayudara a superar los fracasos de su vida amorosa e intelectual. Lleno de entusiasmo, en 1908 comenzó a estudiar medicina, con la ayuda económica de miembros de la Sociedad Psicológica de los Miércoles: Ludwig JekeIs, Paul Federn y Eduard Hitschmann. Tausk se convirtió entonces en uno de los freudianos más brillantes de la primera generación. Obsesionado por el odio al padre, adoptó respecto de Freud una actitud hecha a la vez de rebelión, adoración y sumisión. Tomado en el torbellino de esta relación ambivalente, terminó por acusarlo de que le robaba sus ideas. La Primera Guerra Mundial lo llevó al frente serbio. Después volvió a Viena, y presenció el derrumbe del Imperio Austro-Húngaro. Sus múltiples relaciones amorosas terminaban a menudo en rupturas violentas, lo que lo hundía cada vez más en la desdicha. Además, cuando la crisis económica lo golpeó de frente se encontró en un atolladero. Le pidió entonces a Freud que lo tomara en análisis. Freud se negó categóricamente. Sin embargo, ante la obstinación y el sufrimiento de su discípulo, puso en marcha uno de esos enredos transferenciales a los que estaba acostumbrado en esa época: en enero de 1919 envió a Tausk a analizarse con Helene Deutsch, que a su vez estaba realizando una cura con él.
De tal modo pensaba "controlar", a través de su alumna, el desarrollo del análisis de Tausk. El episodio terminó en un desastre. Tausk, en efecto, dedicaba la mayor parte de sus sesiones a desahogar sus agresiones contra Freud, sabiendo perfectamente que Helene Deutsch se las repetía al maestro. En marzo de 1919, por consejo de Freud, ella detuvo la cura en el momento en el que Tausk estaba por casarse con llde Loewi, una de sus ex pacientes a la que había embarazado. Tres meses más tarde, el 3 de julio, Tausk puso fin a sus días estrangulándose con un cordón de cortina y disparándose un balazo en la sien. Acababa de redactar un texto admirable, que se convertiría en clásico, titulado "De la génesis del aparato de influir en el curso de la esquizofrenia". Entre líneas aparecía la trágica despersonalización que él mismo había padecido en el curso de su relación triangular con Freud y Deutsch. Freud escribió sobre Tausk una nota necrológica elogiosa, y en una carta a Lou Andreas-Salomé incluyó las siguientes palabras: "El pobre Tausk, que su amistad ha distinguido durante cierto tiempo, se suicidó de la manera más radical. Había vuelto cansado, minado por los horrores de la guerra-, se había visto en la obligación de tratar de restablecerse en Viena en las circunstancias más desfavorables de una existencia arruinada por la entrada de las tropas; trató de introducir una nueva mujer en su vida, tenía que casarse ocho días más tarde... pero decidió otra cosa. Sus cartas de adiós a la novia, a su primera mujer y a mí mismo son igualmente afectuosas, dan testimonio de su perfecta lucidez, no acusan a nadie sino a su propia insuficiencia y a su vida frustrada, y por lo tanto no arrojan ninguna luz sobre su acto supremo." Después añadió: "Confieso que no lo echo verdaderamente de menos. Hacía ya mucho tiempo que lo consideraba inútil e incluso una amenaza para el futuro." En 1926, cuando estudiaba medicina, Marius Tausk se encontró con Federn, quien lo recibió con calidez y le habló del padre emotivamente. Más tarde, Victor-Hugo Tausk realizó un análisis gratuito con Hitschmann. Como ocurría a menudo, la comunidad psicoanalítica vienesa tomaba a su cargo a los hijos de un compañero desdichado. Con la intención de saldar las deudas de su padre, Marius Tausk se dirigió a Freud, quien le respondió que no tenía la menor idea de la suma que le había prestado a Viktor Tausk, y que por otra parte el hecho carecía de importancia. 
En 1938, en el momento de la entrada de los nazis en Viena, Jelka, la hermana de Tausk, se suicidó con su marido y el hermano de este último. Las circunstancias del suicidio de Tausk fueron cuidadosamente ocultadas por la historiografía oficial, y la última frase de Freud, censurada por su hija Anna (Anna Freud), no apareció en la edición de la correspondencia del maestro con Lou AndreasSalomé. Anna temía que Marius Tausk se sintiera ofendido por la dureza de Freud respecto de su padre. En 1969 Paul Roazen sacó a luz esta horrenda historia en un libro discutible, en el que Tausk aparecía como la víctima de un complot transferencia¡ fabricado totalmente por Freud. Dos años más tarde, en Talent and Genius, y posteriormente en 1983, en otra obra, Kurt Eissler le respondió, glorificando la bondad de Freud y presentando a Tausk como un personaje odioso, sádico, exhibicionista, y sobre todo enteramente "responsable" de su suicidio. Fue Marius Tausk quien supo encontrar las mejores palabras para hablar de su padre y restablecer la verdad. Este episodio demuestra hasta qué punto Freud era ambivalente cuando enfrentaba ese tipo de rebelión frente al padre, o situaciones que le recordaban los "robos de ideas" de Wilhelm Fliess. También da testimonio de los extravíos M psicoanálisis frente al suicidio en general.

viernes, 24 de agosto de 2012

Modificación de conducta en Tranquility Bay

LOS NIÑOS PERDIDOS DE TRANQUILITY BAY  Elaborado por Anako. TB “Si a los mayores ya no se les puede moldear y controlar, lo haremos con las siguientes generaciones.” LOS NIÑOS PERDIDOS DE TRANQUILITY BAY W.W.A.S.P. (World Wide Association of Speciality Programs and Schools) por Mathieu Verboud y Jean Robert Vaillet Mathieu Verboud Villet CENTROS PRIVADOS DE TORTURA PARA LA REEDUCACION DE ADOLESCENTES “REPROGRAMACIÓN DE LA CONDUCTA” Tranquility Bay “El mundo tiene los ojos fijos en Guantánamo y Abu Ghraib, pero nadie conoce Tranquility Bay, un campo de re-educación en el que niños internos sufren violencia física y lavados de cerebro.” TV3 - TV3 Televisió de Catalunya - El 2 de septiembre del 2007, en un programa de TV3 (Televisió de Catalunya) llamado “30 MINUTS“, emitieron un documental que me dejó tan aterrorizada, tan escandalizada, tan… sin palabras, porque de querer soltarlas todas no sería posible, que he dejado a un lado otros temas para construir un post lo más rápido, breve, descriptivo y contundente posible. Este es el enlace de TV3 (canal de televisión de Cataluña). 

“Mañana comienzan las clases y el nuevo trimestre del curso escolar. Hoy visitaremos unos centros educativos que están triunfando en Estados Unidos, para combatir la rebelión juvenil. Unos centros donde los castigos corporales y psíquicos forman parte de la disciplina impuesta para doblegar a los jóvenes”. Tranquility T2 T3 Uno de los secretos mejor guardados de los Estados Unidos es el de “Tranquility Bay”, un centro educativo estricto como ninguno, que se utiliza como campo de reeducación para niños rebeldes. Uno de estos centros se encuentra en Jamaica. Los padres pagan cantidades muy elevadas de dinero por un centro que más parece un GULAG o una especie de Guantánamo escolar. TB Los chicos reciben castigos corporales considerables aprovechando que la ley lo permite. Es la primera vez que se muestran imágenes de estos centros. Tranquility Bay es un centro de reeducación extremadamente severo donde se maltrata físicamente a los niños internos y se les hace un lavado de cerebro. Es uno de los numerosos centros afiliados a WWASP, un conjunto de empresas dirigidas con mano de hierro por unos empresarios de UTAH, en Estados Unidos, ligados a los valores patriarcales y autoritarios del fundamentalismo mormón. Torturas Actualmente, en los Estados Unidos, hay más de mil empresas privadas que venden sus programas de reeducación infantil. En este mercado de casi 50.000 millones de euros, que crece a un ritmo del 25% anual, WWASP domina desde hace quince años el sector de la modificación del comportamiento. Su especialidad es el internamiento de adolescentes difíciles y la tarifa base es de 24.000 euros al año. Esta red de centros se anuncia por medio de internet, catálogos a todo color, vídeos promocionales y del boca a boca entre los padres que ven WWASP como último recurso. ¿Pero, por qué necesitan un último recurso? Porque tienen miedo de que su hijo pierda el rumbo. El producto que WWASP vende a estos padres asustados suena muy bien. Se llama “modificación del comportamiento” y se resume en dos palabras: castigo y recompensa. WWASP educa a sus internos, tal como se enseña a un animal de compañía. Un ejemplo del repertorio de castigos de estos centros es obligar a los chicos a estar estirados en el suelo durante horas, días o semanas. En cuanto a las recompensas, sólo hay una: la ausencia de castigo. Es la única manera de obtener privilegios, como comer, lavarse, estudiar o llamar a los padres. El capítulo más triste de la historia de estos adolescentes, suele comenzar casi siempre a medianoche, cuando unos desconocidos los sacan de la cama de sus propias casas y se los llevan a la fuerza hacia un destino desconocido. Y, cuando se acaba, todos están marcados para siempre, pero algunos hablan con rabia y odio de sus presuntos educadores, de sus padres y de su país, donde no hay ninguna legislación federal de protección a la infancia.” Tortura El chico de la foto estuvo interno en la Academia Tranquility Bay de WWASP. Las quemaduras de su cuerpo fueron hechas con gas pimienta. Página oficial de WWASP: http://www.wwasp.com/ Página oficial de Tranquility Bay: http://www.tranquilitybay.org/index.php?id=1 Páginas anti-WWASP: http://antiwwasp.com/http://www.paulareeves.com/index.html Vídeo anti-WWASP: http://tu.tv/videos/tranquility-bay-documental# Más información en este blog: http://www.hilodeariadna.net/2007/02/

miércoles, 22 de agosto de 2012

Psicoanálisis y ley: mala praxis


Los psicoanalistas, con motivo de su práctica, se encuentran sujetos a las leyes y normas jurídicas vigentes, siendo civilmente responsables ante lo que se conoce como mala praxis profesional. Por ende, deben obrar con el máximo de prudencia y conocimiento en el despliegue de su puntual actividad especializada. Ahora bien, sabemos que en nuestro país no existe el título universitario de psicoanalista, siendo una disciplina que fundamentalmente ejercen los psicólogos y los médicos, capacitados para ello y con la debida formación. Ya Sigmund Freud colocaba el acento en la exigencia de que no pueda ejercer el psicoanálisis nadie que no haya adquirido títulos para ello mediante una determinada preparación. Y entendía que dicha formación se obtenía por medio de la práctica y del intercambio de saberes en las asociaciones y entidades psicoanalíticas (ver en Obras Completas: “¿Pueden los legos ejercer el análisis?”).

Existe una unidad conceptual y de presupuestos comunes aplicables a quienes se aparten de lo prescripto por la normativa imperante; a saber: la imputabilidad, la causalidad, la dañosidad y la antijuricidad. El concepto de responsabilidad profesional está íntimamente ligado al de imputabilidad, sobre la base de dos factores de atribución: la culpa y el dolo. Ambos factores se vinculan a una operación intelectual de previsión, sea bajo la forma de un efectivo haber previsto (dolo) o de un virtual haber podido prever (culpa). Así, la idea de culpa está dada por actuar con negligencia, imprudencia e impericia; mientras que el concepto de dolo se refiere a la voluntad deliberadamente desplegada hacia un resultado de antijuricidad. Negligencia es la desatención a lo que el específico saber aconseja; imprudencia es el acto u omisión llevado a cabo con ligereza; e impericia es la falta de experiencia y de conocimientos técnicos.

En segundo lugar, la responsabilidad civil siempre presupone una relación de causalidad entre la posible conducta antijurídica del analista y sus consecuencias dañosas. El principio general es el siguiente: cuanto mayor es el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento profesional, mayor será la obligación que resulte de las consecuencias posibles de los hechos. Todo se reduce a la teoría de la causalidad adecuada, referida solamente a aquellos daños que guarden una apropiada y ajustada conexión causal con el hecho generador de la responsabilidad. Difícilmente pueda verificarse un daño en el paciente —sea moral o material, directo o indirecto— si el profesional del psicoanálisis cumple con sus obligaciones básicas, tales como son el deber de abstinencia, de confidencialidad y de proporcionar el tratamiento adecuado, dirigido a lograr un cambio en la posición subjetiva del analizante.

En cuanto a la dañosidad, no se puede incurrir en responsabilidad civil ninguna si el proceder del facultativo no es causa de un perjuicio o menoscabo material o moral. Cabe acotar, siguiendo a Alfredo Orgaz, que se exige la lesión de un interés jurídicamente protegido para poner en funcionamiento la responsabilidad de un psicoanalista en el ejercicio de su profesión. Además, en el caso concreto de existir algún perjuicio hacia el paciente, solamente corresponde considerar los daños y perjuicios presentes y los futuros-ciertos, y nunca aquellos daños meramente eventuales o hipotéticos. La carga de la prueba recae, obviamente, en quien reclama los supuestos daños sufridos. A la vez, cuando la realización del acto por parte del profesional conduzca a resultados desproporcionados en relación a su gravedad, la aludida carga probatoria se invierte y es el propio analista quien debe acreditar su inocencia.

Finalmente, la antijuricidad no tiene otro paradigma que la transgresión concreta de la ley o, mejor aún, del plexo normativo que rige la actividad de los psicoanalistas. Hacíamos referencia al cumplimiento de las obligaciones a su cargo; y decimos entonces que esos deberes —que encuadran la conducta profesional dentro de claros y específicos principios éticos— son obligaciones de medios y no de resultado (y mucho menos obligaciones de garantía). La prestación debida por los facultativos del psicoanálisis consiste en poner los medios, la prudencia y la diligencia (el saber-hacer) en el ejercicio de su actividad, lo que se conoce como obligación de medios. No puede exigirse nunca la obtención de un resultado determinado y concreto (obligación de resultado), ni mucho menos el absoluto aseguramiento de resultados aún incluso frente al caso fortuito (lo que se conoce en la doctrina como obligación de garantía).

La ética profesional se sostiene sobre la oferta de un saber sólido y consistente; actitud que supone el mantener una buena distancia simbólica dentro del encuadre que la práctica requiere para su adecuada concreción. Obviamente, las demandas de amor son latentes y habitualmente se insinúan por debajo de lo manifiestamente explicitado. Más allá de los estilos personales de cada analista, de lo que se trata siempre es de preservar un estricto intercambio significante. Entendemos, entonces, que el trabajo profesional del psicoanalista debe sostenerse sobre el trasfondo de una tenue transferencia positiva sublimada —inevitable en todo vínculo— la que debe ser percibida con cierta claridad al operar en este campo específico; es decir, concientizarla para así no actuarla. Toda transferencia no despejada suele perturbar la actividad concreta del psicoanalista, distorsionando la pertinencia en su tarea puntual.

Juan Manuel Rubio sostiene que la adecuada formación psicoanalítica se asienta sobre cuatro pilares: a) el análisis personal o análisis didáctico; es decir, la experiencia de lo inconsciente vivida en transferencia; b) el análisis de control, llevado a cabo mediante la supervisión de casos cuya práctica se efectúa no de modo aislado, sino como un trabajo sostenido que hace a la propia preparación profesional; c) el estudio constante de los textos sobre la materia (seminarios, grupos de trabajo, programas de formación, cartels, etc.); y d) el intercambio institucional, o sea la relación con otros analistas en una entidad determinada y la realización en ella de actividades teórico-clínicas. La suficiente experiencia para la práctica psicoanalítica se ha de lograr, por ende, cuando el analista se halle habilitado a dar testimonio de ella ante algunos otros, dando razones de sus actos, formándose así un lazo entre teoría y clínica.

Quienes brindan servicios profesionales deben poseer los suficientes conocimientos que les posibiliten ocupar con holgura el lugar del saber. No obstante ello, la humildad supone la resignación de fuertes fantasías de omnipotencia, configurando un valor relevante en la práctica analítica. De allí la importancia de aceptar que otro colega pueda resolver lo que a un analista se le escapa, supone una conducta de integridad ética y se evitan de tal modo perjuicios a los consultantes. Para finalizar, subrayemos que las relaciones profesionales que comienzan y se desarrollan sobre el trasfondo de una confusión de lugares, concluyen desvirtuando finalmente los objetivos que se proponen. Por eso es tan importante sostener el encuadre o dispositivo profesional, dado que éste garantiza la posibilidad de un adecuado despliegue de esta práctica tan especializada En síntesis: ello hace a la transparencia del vínculo. 
Fuente: http://ronaldowright.blogspot.com.es/2011/06/077-psicoanalisis-y-ley-la-mala-praxis.html

Una nota sobre mala praxis en psicoanálisis y otras psicoterapias

La psicoterapia es un terreno fértil para abusos y malos entendidos. Cuáles son los derechos de los pacientes y los límites de la ley. En el país de los psicoanalistas, ¿quién se atreve a cuestionar su saber hacer? Sin embargo, hay buenos y malos especialistas; psicoterapeutas que salvan vidas y curanderos truchos; una mayoría que pone su saber al servicio del interés del paciente y quienes se aprovechan de su poder para abusar de personas en estado de extrema vulnerabilidad. La cuestión es ¿cómo saber a priori cuál es la idoneidad profesional del psicólogo, psiquiatra, psicoanalista o cualquiera de las otras categorías que parecen lo mismo pero no son igual? Es cierto que la llamada "transferencia" que se produce en la relación psicoterapéutica complica la evaluación de los tratamientos. En su transcurso, surgen sentimientos, percepciones e idealizaciones hacia el terapeuta que son reactualizaciones de las relaciones con el padre y la madre. Pero no son reales. "El psicoanálisis es el encuentro particular de dos personas, donde una de ellas está adiestrada para sustraerse a los encantos de la otra. Pero ni la regla de abstinencia que impuso Freud ni las leyes pueden controlar que una persona se enamore", reflexiona el escritor y psicoanalista Germán García. "Aunque pasa muy poco, a mí no me escandaliza que un analista tenga una relación con un paciente. Me parece una debilidad del analista, una caída, alguien que se sale de su lugar. En cuanto a los jueces, que hagan su trabajo", dice García. Pero no todos coincidecen con esta visión. Les guste a los psicoanalistas o no, la falta de regulación y control por parte del Estado más de una vez termina en verdaderos daños. La mala praxis psicológica no es tan fácil de probar como dejar un bisturí en la panza de un operado. Pero que la hay, la hay. Descontrol. En los Estados Unidos hay varios casos de abuso sexual confirmados, y condenas que llegaron a casi los dos millones de dólares. En la Argentina, recientemente una psicóloga fue condenada a pagar 28.000 pesos a su joven paciente por "el romance fogoso" que entabló con él, quien había recurrido a ella a través de la cartilla de una prepaga para tratar su adicción a las drogas. Los camaristas la acusaron de "mala praxis psicológica", en base a artículos del Código Civil que refieren a la responsabilidad profesional, la negligencia y la omisión de cuidados de quien tiene un deber sobre la salud de otro. El Código de Ética que rige a los psicólogos argentinos establece que "no aceptarán como consultantes a personas con las cuales han mantenido vínculos sexuales, afectivos, comerciales, laborales o de otra índole que pudieran afectar de manera negativa el objetivo primordial de su práctica. Si no obstante los recaudos tomados surgiera una relación afectiva importante entre consultante y psicólogo, el psicólogo deberá realizar una derivación del consultante a otros profesionales". Sin embargo, distintos especialistas confirmaron en "off the record" que existen más casos de "abuso de transferencia" por los terapeutas de lo que se dice y se litiga. "Sobre 3.174 procesos judiciales en los que participamos, no hemos manejado más de una decena de casos vinculados a mala praxis de psicólogos y psiquiatras", informa el abogado Fernando Mariona (62), director de la compañía de seguros TPC de responsabilidad profesional médica. "La mayoría de los procesos tienen que ver con episodios de fugas, sobremedicaciones y suicidios. Lo importante es que los datos y órdenes del psiquiatra estén bien asentados en la historia clínica del paciente." El terreno es tan resbaladizo, que las normativas son muy estrictas en algunos países. El experto norteamericano Bruce Gross recomienda a sus colegas no aceptar siquiera regalos, ya que pueden interferir en la relación terapéutica o ser motivo de litigios o investigaciones sobre la ética profesional del psicólogo. Aquí, hay leyes que regulan la práctica de médicos y psicólogos. Éstos también se han dado un Código de Ética que prohibe todo contacto sexual con el paciente, protege sus derechos y exige que los pacientes (o sus familiares) firmen un consentimiento informado, es decir, una aceptación del tratamiento después de haber recibido completa información sobre sus características. Muy pocos psicólogos toman este recaudo. Y apenas el 25 % contrata, en EE.UU., un seguro anti mala praxis. Ilusión. "Cualquier psicoanalista sabe que la transferencia es una ilusión, y entre sus principios éticos básicos está jamás aprovecharse de ella con otro fin que no sea el de tratar el padecimiento de su paciente", enfatiza el psicólogo Hugo Pisanelli (52), presidente de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires. "Esto es un verdadero tabú: así como está prohibido acostarse con la madre, el psicoanalista no puede acostarse con su paciente. Al consultorio se va a hablar. Cualquier otra cosa es sospechosa, y delincuentes hay en todas partes", enfatiza el psicoanalista. Allí está la inefable Giselle Rímolo, autotitulada psicóloga y presunta responsable de la muerte de por lo menos uno de sus "pacientes" por darle una supuesta droga para adelgazar. Más recientemente, los familiares de Juan Castro iniciaron una demanda contra el psiquiatra Rubén Lescano, quien atendía al famoso periodista por su adicción a las drogas. Pero aquí nuevamente se mezclan los tantos. ¿Es responsable el psiquiatra de que un par de amigos de Castro hayan firmado su salida de la internación recomendada en la Clínica Santa Rosa? ¿Es posible tratar a pacientes graves sin asumir algún riesgo? Totem y tabú. El debate no es nuevo en el mundo, pero en la Argentina se mantiene sordo por los intereses en juego y por la especie de "fervor religioso" que despierta el mundo psi. Para empezar a desbrozar este tabú que rodea a los tótems de la salud mental, habría que entender que la formación y las habilitaciones de psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas son diferentes. Con todo, ninguno de ellos está a salvo de cometer alguna de las variantes que van de la negligencia al abuso sexual (ver aparte). Pero mientras unos son conscientes del peligro que entraña el descontrol oficial de sus prácticas, otros creen que basta contar con un grupo de colegas que avalen su técnica y haber leído todas las obras de Freud y Lacan para otorgarles chapa de "yo, argentino". De hecho, en estos momentos arrecia en Francia un debate parlamentario entre los que quieren regular el psicoanálisis como a otras prácticas involucradas en la salud mental y los psicoanalistas que luchan con uñas y dientes para que el Estado no se entrometa en la relación con sus pacientes. Pero ¿cómo evaluar la destreza profesional de un psicoterapeuta? ¿Cómo saber, en el caso de los niños bajo tratamiento, que funciona? " El problema es grave", dice el psiquiatra y psicoterapeuta cognitivo Juan Manuel Bulacio (40). Hay demasiados casos de sugestión, de personas que aplican saberes mágicos bajo el manto de la ciencia, de profesionales incompetentes, como para quedarse tranquilo. " El terapeuta no es ni puede ser el dueño de la vida de los pacientes. Siempre debería explicarle con palabras claras al paciente cómo va a trabajar. En cuanto a éste, una forma de reasegurarse es preguntar a otros especialistas, averiguar si el terapeuta trabaja en una institución reconocida y, en el caso de los niños, participar activamente en el tratamiento del hijo." " Muchas veces se confunde la ideología o la teoría –por ejemplo el psicoanálisis o la terapia gestáltica- con la calidad terapéutica, y no es así. El terapeuta no es mejor por la teoría a la que adscriba sino por su formación, su actualización y su experiencia", sostiene Bulacio. "En este campo hay muchas formas de mala praxis –evalúa-, desde el mal diagnóstico hasta el no planteamiento consensuado de objetivos terapéuticos. Si un paciente viene por problemas laborales –ejemplifica- yo no me metería con sus conflictos conyugales. O tendría que rehacer nuestro contrato terapéutico", explica el director del Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas. " Este tema está plagado de ambigüedades y peleas ideológicas. Los controles de calidad son muy malos y el paciente muchas veces queda a la deriva –reconoce Bulacio-. De esto, no se habla." Por: Alejandra Folgarait Fuente: http://www.ppba.org.ar/articulos/noticias/noticias05.htm

jueves, 9 de agosto de 2012

Violencia como síntoma social

Por Luciana Chairo
lucianachairo@elpsicoanalitico.com.ar
 

Lo que en cada sociedad se presenta como violento no es otra cosa que lo que ella instituye, delineando así sus cercos, como intolerable, no deseable, negativo e, incluso, anormal. A cada momento histórico le corresponde, entonces, un modo particular, un dispositivo sociocultural de expresión e institución de lo connotado como violento.

Actualmente, en nuestra sociedad,  la violencia como tópico social ocupa un lugar central tanto en la agenda política de los gobiernos (en términos de “seguridad”) como en aquello que define una noticia “de tapa” para los medios de comunicación. Cotidianamente se escucha y se observa en la TV una intensa escalada de violencia que tiene como protagonistas a niños, jóvenes y adultos; a mujeres y  hombres; a los sectores más pudientes y a los más vulnerables, sin distinción. En escuelas, en la calle, en hogares y en otras instituciones de nuestra sociedad. Me pregunto, entonces: ¿ha crecido en la actualidad el número de actos violentos? ¿o tal vez sólo se ha puesto una lente de aumento sobre dichos fenómenos? Teniendo en cuenta que  la violencia, en muchos casos, produce un punto de fascinación y, como tal, vende: ¿Acaso se ha convertido ella en uno más de los “espectáculos sociales”, oficiando de marioneta mediática para captar al espectador? Y si a fin de cuentas pudiéramos afirmar que efectivamente ha aumentado el número de casos donde la violencia es el modo de relación predominante: ¿cuáles serían las causas de tal aumento?; ¿cuáles serían las ‘condiciones del Otro’ que habilitan dichos actos?; ¿qué de la respuesta subjetiva en todo este asunto? Interrogantes ambiciosos que nos pueden servir de puntales para comenzar la reflexión.

Decido recortar la violencia en la escuela como un campo de problemas que ha cobrado gran visibilidad en nuestra sociedad actual; a mi entender, no sólo porque efectivamente ocurren, de modo más frecuente, situaciones de maltrato entre sus actores institucionales, sino porque la cobertura mediática de tal asunto parece ser mucho más manifiesta que en otros tiempos históricos, reproduciendo y produciendo así condiciones de posibilidad para su puesta en forma.

Del bullying a la violencia como síntoma social
Bullying, acoso escolar, hostigamiento, definen cualquier tipo de maltrato verbal, físico o psicológico producido entre escolares de forma sistemática y reiterada en el tiempo. Es decir, da cuenta de la violencia entre pares o maltrato entre iguales enmarcado en la institución escuela. Dicho concepto es utilizado para hacer referencia a la intimidación ejercida sobre alguien con el fin de acobardarlo y reducirlo a la pasividad, produciéndole temor. Los autores de referencia en este tema agregan que es un tipo de violencia difícil de identificar y de diagnosticar, por lo tanto también, difícil de eliminar. Su eficacia reside en el silencio del niño agredido ante sus padres o maestros, porque se siente descalificado y ridiculizado por quien lo intimida, lo que bloquea la posibilidad de manifestar su padecer. El bullying plantea siempre un ternario formado por el agresor, la víctima y el grupo de espectadores que sostiene y legitima con la mirada, y su paradojal indiferencia, toda una situación de vulneración y crueldad.

Intentemos imaginarizar el pasaje de la categoría de bullying como diagnóstico estanco e individualizante (a pesar de que nos habla de un vínculo patológico), a la violencia escolar como síntoma social. Pensar en estos términos nos invita a ampliar la lectura de dicho fenómeno, para elucidar las condiciones de posibilidad que en su trama lo originan, y reflexionar acerca de sus posibles consecuencias.
El filósofo y psicoanalista Slavoj Žižek, deslinda diversos modos en que la violencia se inscribe y desde donde puede ser leída. Sigamos a este autor en su planteo sin con esto pretender la captura de un hecho que, por histórico social, escapa siempre a las categorías cerradas en las que se lo intente apresar. Por un lado nos habla de la violencia subjetiva“…aquella que aparece de un modo visible y ejecutada por un agente que podemos definir al instante.” [1] Se percibe como tal en contraste con un nivel cero de violencia; es decir, viene a perturbar un estado de cosas pacífico y conservado. Ahora bien, Žižek nos dirá que si procuramos realizar una lectura lúcida de tal fenómeno, deberíamos producir una distancia operativa de la violencia subjetiva como punta de iceberg visible y explosivo, para adentrarnos en el análisis de aquella violencia que opera en la trama configurada por la estructura social y que condiciona, en gran medida, aquello que se muestra de modo más evidente. La violencia objetiva, entonces, es invisible y se define como la violencia inherente al estado de cosas normal; “son las consecuencias del funcionamiento homogéneo de los sistemas económicos, políticos, culturales” [2] las más sutiles formas de coerción, que imponen relaciones de dominación y explotación, incluyendo la amenaza de violencia. Es decir, es la contraparte de la violencia subjetiva y es ella la que puede dar cuenta de aquello que se presenta como acto manifiesto de violencia. Podemos pensar, entonces, que los efectos devastadores de agresividad que vivimos cotidianamente en nuestra sociedad, quizá respondan en gran medida al modo de ser que ésta se da  para sí en nuestra época; a la reacción producida ante cierta estrategia capitalista que procura, entre otras cosas, borrar las diferencias, homogeneizar y universalizar los modos subjetivos que en su particularidad son profundamente diversos.

Entonces, violencia como síntoma social. Si recortamos la escena de una niña asesinada por sus compañeras por el solo hecho de ser bonita; o jóvenes que destruyen a golpes su aula, filman este acto y luego suben el video a internet;  si sólo focalizamos nuestra atención en el niño que asesina a decenas de personas en el contexto escolar, o en aquel otro que golpea a su maestra porque no lo ha aprobado en el examen… Si decidiéramos recortar de su contexto estas escenas y reducir nuestro análisis a las mismas, creo que lo único que conseguiríamos es redoblar y reforzar la violencia ya instalada. Por un lado, evadimos el hecho de que se trata de “violencias escolares” y no violencia en un único sentido.  Universalizamos y patologizamos un vínculo, o a un joven, quien con su acto en realidad está saturando aquellos instituidos que producen su padecer. ¿Esta lectura es ingenua? Claro que no; considero que se trata de una decisión, toda una estrategia de poder que opera y que sostenemos como sociedad.  El categorizar, nominar y reducir la violencia como síntoma social a la expresión de bullying responsabiliza (incluso judicialmente) a miles de niños y jóvenes de nuestra sociedad, renegando de toda una trama de responsabilidades de las que la violencia en la escuela es sólo un efecto. No sólo eso, sino que esto se reproduce a través de juicios públicos: los medios de comunicación inflan y precipitan dichos actos. La denuncia mediática y masiva de lo impune, es una marca de nuestra sociedad actual.  Se apunta a un debate televisivo  que tiende a un juicio público que banaliza sus causas y consecuencias. Ya hemos mencionado que las noticias sobre violencia venden. El tratamiento de la cobertura mediática en nuestra sociedad actual, hace de la violencia en las escuelas un espectáculo que no invita a una discusión seria sobre el asunto. Hoy es el amo mediático el que administra y regula la información. Decide qué decir y qué mostrar. La violencia, entonces, se fogonea en relaciones mediatizadas por la imagen y sostenidas por pantomimas más bien siniestras.

La crueldad como escenario
Si bien sabemos que la violencia primaria, como la ha denominado Piera Aulagnier, es constitutiva e imprescindible para el advenimiento de un sujeto, la persistencia y consecución de la violencia más allá de ciertos límites, denominada también secundaria, malestar sobrante o “penar de más”, es consecuencia de ciertos dispositivos históricos sociales que construyen y se han sofisticado en la puesta en marcha de un tratamiento del sujeto y de los lazos que facilita el despliegue de la violencia, de lo cruel, como una de sus manifestaciones más extremas. Fernando Ulloa define a la crueldad como aquel flagelo que acompaña al hombre desde el inicio de la civilización. Agrega que se trata de un acompañamiento paradojal, ya que a lo largo de la historia las sociedades han intentado acotar algo de esta expresión pulsional más agresiva. Siguiendo a Freud, pulsión de vida y pulsión de muerte requieren en el sujeto de cierto equilibrio que permita su bienestar y, por ende, la capacidad sublimatoria para el despliegue en sociedad. Esta regulación, dirá Freud, es mediatizada por el superyó, el cual se instituye como una instancia “civilizadora” e impide que la pulsión de muerte lo destruya todo. La profundización de la violencia obedece, entonces, para este autor, a un orden de descomposición y desmezcla pulsional.

Hoy palpitamos una profunda fragmentación de los lazos, la crisis de ciertos ideales y sentidos, la fuerte apatía y la gran paranoia que produce el encuentro con el otro; crisis de los apuntalamientos identificatorios, de las instituciones que amarraban algo de lo más tanático constitutivo del ser humano. Todo esto produce condición de posibilidad para la violencia actual, produciendo así, además, nuevas subjetividades ¿Cómo afecta esto a los niños en edad escolar? Teniendo en cuenta que la mayor parte de su tiempo la transitan en dicha institución ¿qué  estrategias puede darse la escuela para paliar estas situaciones estando actualmente tan instrumentalizada y desprovista de recursos?

Diversos autores, cada cual a su modo, nos hablan de la crisis del sentido y de los valores por la que atraviesa nuestra sociedad. Esto se expresaría en la declinación de ciertas figuras de autoridad como la parental, el docente y la suposición de un saber allí, etc. En función de esta crisis, y teniendo en cuenta los planteos de Freud esbozados más arriba, ¿qué ocurre, entonces, en la actualidad, con la regulación que ejercía la institución de la sociedad, como un todo coherente, sobre las pulsiones más destructivas del ser humano? ¿Qué ha sido en la actualidad del superyó que podía civilizar la pulsión de muerte, que podía lograr que Eros se impusiera sobre Tánatos amarrando algunos de sus efectos? Tradicionalmente, las culturas han localizado modos de tránsito ritualizado para el devenir de la agresión, donde su eficacia resultaba de la conjunción - hecha ceremonia - de lo pulsional y ciertos baluartes identificatorios que están a la mano en el proceso de fabricarse un mundo y una identidad acordes. ¿Qué de los mitos de pasaje para nuestros jóvenes hoy?

Es el amor, dirá Freud, el que inhibe la agresividad. En una educación sin amor, la agresividad tiende a desplegarse libremente al exterior. La declinación de las instancias parentales y la ausencia del amor harían que esta agresividad se desplegara casi por completo hacia el semejante, hacia los objetos.

Ulloa refiere que uno de los dispositivos, núcleo central para el avance de la crueldad, es el de "encerrona trágica”. Esta encerrona cruel es una escena en la que se ponen en forma sólo dos lugares, sin tercero de apelación - tercero de la ley - sólo la víctima y el victimario. La encerrona trágica se da cada vez que alguien, para dejar de sufrir o para cubrir sus necesidades elementales de alimentos, de salud, de trabajo, de lazo, etc. depende de alguien o algo que lo maltrata, sin que exista un terceridad que imponga la ley. En ella prevalece el “dolor psíquico”, un sufrimiento que produce desesperanza de que las condiciones de intimidación alguna vez se transformen.

Lo complejo de este asunto, dirá Ulloa, es que lo esencial de la crueldad aparece velado por el acostumbramiento. “Se convive cotidianamente con lo cruel y muchas veces en connivencia, sobre todo cuando esta palabra, alude a ojos cerrados y a un guiño cómplice.” [3] Vemos algo de esto en nuestras escuelas, donde "la cultura de la mortificación", cultura del acostumbramiento, de lo mortecino, apagado, es el escenario consolidado para el despliegue de lo violento. Se enfrentan niños, pares, unos contra otros en un contexto donde prima la indiferencia y donde no existe la figura de un mediador que regule la crudeza de lo especular.

El silenciamiento y el no miramiento dan cuenta de cierta renegación de lo cruel. Se normaliza la intimidación como modalidad de lazo al otro, normalizando sus efectos. Considero que esto es lo que opera a la base de lo que se denomina bullying, acoso escolar… un modo de lazo instalado socialmente, que se infiltra, de una u otra manera, en todas las instituciones, en todos los vínculos, en los más íntimos, en los más formales, en lo “amigo”, en los pares…

La ternura como libreto
La ternura para Ulloa es “(…) el escenario formidable donde el sujeto no sólo adquiere estado pulsional, sino condición ética.” [4] Si la crueldad excluye al tercero de la ley, en la ternura, este tercero siempre resulta esencial.

La ternura se nutre de dos fuentes: la "empatía" como garantía del suministro de lo “necesario” para la constitución de un sujeto,  y la producción del "miramiento", ese “mirar con considerado interés, con afecto amoroso,” que instituye el  reconocimiento del sujeto y su deseo. La empatía, entonces, garantiza el primer alojamiento que necesita un sujeto para advenir como tal. El miramiento, por su parte, promueve su condición autónoma evitando los abusos que puedan instalarse en dicho proceso.

Teniendo en cuenta lo anterior, considero que necesitamos construir dispositivos, tecnologías, que apunten a la constitución de lazos más tiernos, que operen tanto sobre la queja, la intimidación, la infracción, lo mortecino hecho cultura, como sobre la naturalización de la crueldad a la que los nuevos procesos segregativos parecen acostumbrarnos.

No se pretende con esto realizar una lectura nostálgica de aquello que se ha perdido, ni apostar a recuperar los mismos lazos que operaron en otros momentos históricos (de hecho, ellos han sido, en gran medida, condición de posibilidad para lo que hoy se presenta tan fragmentado.) La propuesta es echar luz sobre las significaciones vigentes de nuestra época, para en ellas advertir la gran mortificación de la que somos protagonistas y padecemos día a día. En función de ello, entonces, inventar nuevos modos de relación al Otro y al semejante, nuevas tramas discursivas, nuevas instancias de mediación, nuevas prácticas, que nos convoquen a habitar lazos animados por el deseo y su ética. 

Notas
[1] Žižek, S. “Sobre la violencia: seis reflexiones marginales”, Bs. As, Paidós, 2009. Pág. 9
[2] Žižek, S., ob. cit.
[3] Ulloa, F. “Sociedad y crueldad”. Entrevista en diciembre de 1999. www.psicomundo.com/foros/egp/sociedad.htm
[4] Ulloa, F. “Sociedad y crueldad”, ob. cit.

Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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