La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

domingo, 1 de abril de 2012

TDAH “La infancia bajo control”

El pasado viernes 9 de marzo tuvo lugar en la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona un encuentro, bajo el título, Debates sobre la infancia actual. Dicha actividad fue organizada en colaboración con el Centro de Estudio e Investigación del Niño en el Discurso Psicoanalítico (CEREDA), la Sección Clínica de Barcelona y la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona; forma parte de las actividades preparatorias del Forum 3 que se realizará próximamente en Sevilla. Nos reunimos medio centenar de personas, aproximadamente, para compartir la proyección del documental “La infancia bajo control” (“L’enfance sous contrôle”), de Marie- Pierre Jauny, una película realizada porArte (Francia) en el año 2010. Seguidamente, participamos del interesante debate que estuvo presidido por la mesa formada con los siguientes profesionales: Enric Font -maestro y director del CEE Vil·la Joana-, Anna Fornós -neuropediatra y directora asistencial de ASPACE-, Carmen Grifoll -psicoanalista miembro de la ELP y coordinadora del Grupo de Investigación “Clínica amb nens”, Red Cereda- y Mario Izcovich -psicoanalista miembro de la ELP y director de la BCFB-. Trataré de referir algunos de los puntos de la película que más llamaron nuestra atención y sobre algunas de las inquietudes que animaron la conversación posterior. El documental nos enseñó experiencias, entrevistas y proyectos que se están llevando a cabo en diferentes centros asistenciales de Europa, EEUU y Canadá provocando gran preocupación e indignación en todos nosotros. Enric Font subrayaba, especialmente, el factor miedo que produce esta extensión tan amplia del fenómeno, de muchos lugares del mundo. Christopher Lane señalaba en el reportaje (profesor de Historia de la psiquiatría en la Universidad de North Western de Chicago) como el concepto de normalidad se está reduciendo considerablemente. Lo que antes era considerado con el término de “problema” (diferentes tipos de robo, de agresividad, de mentiras…), que formaba parte del desarrollo normal de un niño y de un adolescente, ahora son “trastornos” que los profesionales en nombre de la ciencia previenen y medicalizan. Carmen Grifoll remarcaba cómo se confunden al equiparar violencia e instinto, olvidándose del lenguaje, lo más propio del ser humano. Roland Gori (profesor de Psicopatología en la Universidad de Aix- Marseille I) destacaba en el film, que todas estas actuaciones profesionales se están llevando a cabo bajo la preocupante bandera de la “racionalización médica, sin tener en cuenta el contexto social”. La historia del niño o del adolescente no es tenida en cuenta. El sentido que estos síntomas pueden tomar para un sujeto en el seno de su entorno social y familiar, es borrado totalmente. La palabra del niño no es tenida en cuenta, tampoco su síntoma. Ciertas voces en el film tratan de justificar dichas intervenciones. Jean-Claude Ameisen (médico inmunólogo, Presidente del Comité Consultivo y de Ética del INSERM) justifica que un niño, cuando tiene una conducta con agresividad o con ensimismamiento, es un niño que sufre y, que por lo tanto, es un niño al que hay que ayudar. Sí, podríamos estar de acuerdo, pero tendríamos que abrir un debate que nos permitiera pensar las diferentes modalidades clínicas de intervención disponibles para ayudar a un niño o un adolescente y no solo tener presentes los tipos de evaluación. Las formas que presenciamos en la película bordean lo absurdo. Sin embargo, el documental intercala pequeñas viñetas cinematográficas para introducir ciertas interrogaciones: ¿Dónde están los padres de estos niños? Parecería que los padres andan desbordados con sus trabajos, y desde un supuesto acto de paternidad responsable, depositan a sus hijos a los expertos con evidencias científicas de la ciencia moderna. Alianza que deja al niño solo con su sufrimiento, pero bajo el control evaluativo. Presenciamos, en el film, las actuaciones del Dr. Olivier Revol (psiquiatra infantil en el Hospital Neurológico de Lyon) cómo dirige sus preguntas estandarizadas a Thibaut, un niño de 5 años y 3 meses que está ingresado por agredir a otros niños. Parece que los niños que son señalados como difíciles por la familia o por la escuela en Francia pueden quedar en observación, ingresados durante una semana, sin ver a sus padres. Procedimientos que son una recomendación del INSERM (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica) y que consisten en un examen de salud a partir de los 36 meses de edad. Como comentaba Carmen Grifoll, no vemos ningún interés por la causa, ningún interés por la palabra, por el lenguaje y sus efectos en el ser humano. Por lo tanto, observamos en el reportaje una concepción del niño muy alejada a la concepción psicoanalítica, la que nos proponen Freud y Lacan. El documental sigue el hilo del DSM. El manual de diagnóstico estadístico de los problemas mentales publicado por la Sociedad Americana de Psiquiatría. El DSM que se impuso como referencia mundial en materia de psiquiatría. El DSM que tiene su primera edición en 1952 y que desde entonces se va actualizando, integrando más y más patologías de forma preocupante. Sigue pretendiendo ser una herramienta de diagnóstico y también servir a las definiciones estándares, con fines de investigación. Hasta 1973 la homosexualidad figuraba como un trastorno mental. Por lo tanto, estamos ante un recorrido de 60 años de progresiva implantación, es decir, estamos ante políticas de cambio lento que ponen a prueba nuestra capacidad de resistencia y que hacen que no dejemos de preguntarnos: ¿Hasta cuándo? Como bien señala Roland Gori en el reportaje, los criterios que aparentan ser médicos, no lo son porque implican criterios de orden moral, social y político. Por lo tanto, en lugar de instaurar una claridad diagnóstica, instauran etiquetas de progresiva oscuridad uniformizante, homogenizante. Carmen Grifoll destacaba especialmente este punto, de cómo la psiquiatría ha cambiado en nuestra época, de cómo se ha alejado de la clínica y ha favorecido los fines estadísticos y de investigación. ¿Cómo diferenciar un comportamiento normal de un comportamiento patológico? El documental nos enseña cómo los diferentes países buscan sus instrumentos de medida y de evaluación del comportamiento basados en los criterios del DSM. El niño resulta una suma de datos, curvas y perfiles. Por ejemplo, solamente queremos destacar el aberrante programa informático denominado el “Dominique Interactivo” donde se le pregunta al niño: ¿Ya entraste a una casa rompiendo la cerradura o la ventana? ¿Ya robaste atacando a las personas? ¿Tienes a veces ganas de morir? Una tecnología que pretende eliminar la interpretación del profesional y por ello utiliza el programa informático para que las respuestas del niño ingresen directamente en el ordenador, sin “interferencias” de una posible interpretación del evaluador o del clínico. Mario Izcovich destacaba la imagen de un niño que preguntaba ¿Para qué sirve la escala? Y cómo va cambiando la imagen de la cara del niño a medida que va recibiendo del adulto un discurso indescifrable para él. Dicha secuencia fue rescatada en diferentes momentos del coloquio, desde una pregunta ética que insistía en todos nosotros. ¿Qué se hace con los niños diagnosticados? La respuesta terapéutica que nos enseña el documental pasa por la preocupante medicación sistemática y sin escrúpulos: Ritalina, Risperdal, Seroquel, Prozac… prescribiéndose a niños cada vez más pequeños. No son medicaciones inocuas, Anna Fornós nos detallaba las consecuencias. Ahora, los trastornos de conducta son reducidos a un simple desequilibrio químico, a un cerebro que no funciona bien. Mario Izcovich señalaba como cada época tiene su manera de concebir al niño y destacaba como tres ejes en nuestra civilización contemporánea: que no se tiene en cuenta al sujeto, que el comportamiento del niño es patologizado y medicalizado en exceso. Anna Fornós reflexionaba en positivo en relación a los avances en la neuroimagen, especialmente destacaba su contribución, en su práctica, en el diagnóstico de lesiones cerebrales. Al mismo tiempo destacaba cómo la mujer se embaraza tarde y cómo tiene poco en cuenta el proceso de crianza, de atención a su hijo, como si le faltase espacio mental para atenderlo. Subrayaba la importancia de la interactuación de los elementos biológicos, genéticos, emocionales, del entorno…, en el sentido que el bebé nace vulnerable y con un cerebro que necesitará de mucho tiempo para que acabe de evolucionar, y que sabemos que dicha evolución se produce en el proceso de interacción en el grupo de crianza. Nos recordaba que gemelos separados, genéticamente iguales, son diferentes. También, Anna Fornós, intentaba rescatar lo positivo de las neurociencias. Nos explicaba en qué consiste la epigenética. Destacaba como cuando se habla de activar y desactivar genes, en según qué tipo de enfermedades no genera ninguna alarma social, el cáncer de colon, por ejemplo, pero que cuando se desplaza a los trastornos de conducta las cosas cambian. Evidentemente. Seguía valorando los estudios que se llevan a cabo en las neurociencias, en el sentido que nos ayudan a entender el cerebro como una red de circuitos en continuo cambio, destacando la plasticidad neuronal, y que por lo tanto, que la biología se modifica con el entorno. Enric Font insistía que los niños enfermos mentales necesitan de una respuesta desde la escuela, porque la escuela necesita ser para todos. Apelaba a nuestra responsabilidad social, a que el niño llegue como llegue a la escuela necesita de nuestro buen criterio para ser educado. El film aludía a Rousseau, a que Rousseau se había equivocado y Enric Font lo rebatía. Se preguntaba cómo acercarse al niño que sufre, y subrayaba que el niño tiene que autorizarnos. Sugería que en dicha espera, el adulto, la escuela debe ir tejiendo un vínculo de confianza acompañado de límites también, evidentemente, pero que debe de seguir allí, a la espera. No se trata de dar una pastilla para que el niño deje de molestar, se trata de otra cosa. Los niños perturban, pero están diciendo algo, tiene un sentido aquello que les perturba, si no hay posibilidad de construcción subjetiva no hay posibilidades de encontrar un lugar en el mundo. Se trata de entender que su recorrido educativo pasa por diferentes modalidades de goce, de obedecer y no obedecer, y que por lo tanto nos encontraremos con un recorrido que estará acompañado inevitablemente de síntomas, no podemos prescindir de ellos. Eugenio Díaz, desde el psicoanálisis, se preguntaba: ¿Cómo explicamos todo eso? Enric Font refiere como Thibaut no aprenderá a leer, porqué no quiere aprender a leer, no le interesa por el momento. Y cómo seguir estando a su lado para que se atreva a dar el paso. Carmen Grifoll añadía cómo desde el psicoanálisis se entiende que el sujeto no nace sino que se constituye, y que hay una responsabilidad que atañe al niño, al sujeto. Eugenio Díaz insistió decididamente en el tema de la responsabilidad. Insistió, en dialogo con el documental y las neurociencias, como hay un más allá que apunta a una desresponsabilización, como que habría un terreno complicado, oscuro, que nos aparece sólo insinuado, en relación a tomar a la persona como objeto, a tomar a la persona sin que pueda decidir. Cuestiones éticas de gran envergadura son las que quedaron planteadas en el debate.

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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