La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

sábado, 28 de enero de 2012

Notas sobre la relación Freud-Ferenczi

Psicólogo Clínico.Indepsi. 1998
Director Indepsi

"Y, si él relatara los acontecimientos, fielmente, como sucedieron, quién podría creer que esta historia de horror, desgraciadamente, es tambien la nuestra! Se supondrá que son las divagaciones sangrantes, nacidas de un cerebro demente". (Sandor Petofi -muerto en combate en 1849-, en "Sandor Ferenczi. Paladín y Gran Visir secreto" de Paul Sabourin, 1985).
Para conocer, al menos en parte, la real naturaleza de este vínculo, es necesario dar un paso mas allá de los hechos históricos para intentar comprender la relación de estos dos personajes -Freud y Ferenczi- e interrogarse por las múltiples implicancias que subyacen a este fascinante encuentro. Un paso que permita vislumbrar el punto donde el "psicoanálisis clásico" y la "terapia activa", por una parte, y el marco teórico psicoanalítico y el bioanálisis, por la otra, se articulan ya no como dominios contrapuestos, sino como una complementación dialéctica fundamental del conocer psicológico. Esta aproximación necesariamente tocará, aunque sea sólo de modo tangencial, las dimensiones humana y afectiva, política y estratégica, teórica y psicológica, metapsicológica, clínica y terapéutica, aludiendo a aquello abismantemente trascendental que surge de la complejidad de este encuentro.
Así, lo humano y lo afectivo nos remite a una amistad que duraría toda la vida, hablándonos de un profundo, continuo e inagotable encuentro que se extiende por más de 25 años y refleja un juego de roles dinámicos que entremezclan al padre y al hijo, al "hermano mayor sin reproches", al testigo sempiterno, al paciente-terapeuta. La mirada de Freud a Ferenczi nos da cuenta del "querido hijo", de su propio deseo de que Sandor se hubiese casado con Mathilde (su hija); del compañero permanente de vacaciones y viajes, del sempiterno corresponsal de más de 2.500 cartas, del paciente del encuentro más allá de todo encuadre. Desde Ferenczi nos encontramos al padre ausente reencarnado en Freud, al intrai-cionable y respetado maestro, al salvador del atribulado mundo afectivo -terapeuta de Ferenczi, de Gizella (su amante y luego esposa), de Elma (hija de Gizella) y de su desgarrador conflicto transfe-rencial-; y finalmente al hijo que en su búsqueda de autonomía se destruye en el deseo de preservar el vínculo con el padre.
La dimensión política del encuentro alude, por un lado, a un Freud estratega, "conductor de almas", decidido a intentar diversos caminos para que su saber forme parte del "logos universal", primero en la díada Freud-Fliess, desde la marginalidad; luego en la díada Freud-Jung, aunando los esfuerzos del mundo "gentil" con el universo "judío"; y finalmente en la díada Freud-Ferenczi, "paladín y gran visir", a quien Freud encomendó considerar si la Asociación Psicoanalítica Internacional necesitaba la estricta disciplina interna propia de toda sociedad científica, y a través de quien luego desarrolló una estrategia para tales efectos. Pero además en esta díada encontramos a un Ferenczi, portavoz freudiano, militante disciplinado y proselitista, incondicional frente a los conflictos (fueran éstos con Jung, Adler, Rank, Groddeck y todos aquellos que divergieran con la "causa" del sabio vienés), bastión del psicoanálisis en Hungría, lugar que Freud en 1013 definiría como "la capital europea del psicoanálisis", y que bajo el liderazgo de Ferenczi llegaría a ser "un centro de intensa y productiva actividad, que se distinguió por una acumulación de habilidades tales como nunca antes se vio en otras sociedades de este tipo". Este Ferenczi presidente de la IPA en 1918, estuvo dispuesto a renunciar a sus intereses, en beneficios de la "causa"; en los momentos de la divergencia prefirió recluirse en la soledad antes que dañar la obra de su maestro; y aún sabiendo de la legitimidad de su logro central, este decir el desarrollo de una nueva concepción de la mente, frente a la disyuntiva, optó por el retiro y el aislamiento.
Por otra parte, la dimensión teórica se nos presenta como un espacio de encuentro y desencuentro, como un escenario último que verá desplegarse el conflicto del saber, de la contención y del límite, de la discrepancia y la reconciliación, y en fin de la profunda humanidad de estos dos actores, incluso ahí donde la historia aún no logra desentrañar la profunda naturaleza de esta relación. Desde esta dimensión nos sale al encuentro un Ferenczi preanalítico, augurando la profundidad del pensamiento que acompañaría a Freud, incluso más allá de donde el maestro aspiró a seguir debido a sus urgentes necesidades político-estratégicas, encontrando al Ferenczi del Amor y de las Ciencias, de la hipnosis, de la homosexualidad y quien a partir del encuentro con Freud en 1908, da paso al discípulo incondicional, pensador nutritivo, al teórico de una serie de ensayos complementarios al psicoanálisis: "Introyección y transferencia", "Teoría de la hipnosis", "Desarrollo del sentido de la realidad y sus estadios", "Estudios sobre el simbolismo", etc., donde conceptos tales como introyección, transferencia y contratransferencia, impulso de muerte (idea propuesta en 1913), complejo de Edipo (incluso antes que la publicación de E. Jones de enero de 1910), relaciones de objetos (1908), y muchos otros se van articulando progresivamente. Revisor de los textos freudianos, y teórico que alcanzará los más elevados elogios que Freud fuera capaz de brindar, es testimoniado en el obituario de Abraham de 1926 "de entre todos aquellos que me siguieron a través de los oscuros caminos de la investigación psicoanalítica, él (Abraham) ganó un lugar tan preeminente que sólo un nombre podría ser puesto al lado del suyo", y en su obituario de 1933, donde Freud declaró que los trabajos escritos de Ferenczi habían transformado a todos los analistas en sus pupilos.
Un Ferenczi psicológico de consenso, de comunión, que da paso a otro metapsicológico, osado, entusiasta, vivaz y poseedor de una "excitante mente especulativa", capaz de fecundar un texto, como "Thalassa, ensayo de una teoría de la genitalidad", que difícilmente puede ser superado en sus alcances tanto onto como filogenéticos, insuficientemente leído, capaz de sorprender por lo hermeneútico, ahí en el límite de la ficción científica, pero que nadie -ni siquiera el propio Jones- osaría calificar de delirante, y de quien Freud dijera: "es posible que exista un bioanálisis tal como Ferenczi lo declarara".
Teórico del lenguaje de la pasión y del lenguaje de la ternura, defensor infatigable de la primera teoría del trauma en su relación con la comprensión de las tempranas relaciones de objetos, autor del "utraquismo" y del "bioanálisis", al límite del paralelismo biológico y somático. Lamarkiano incluso donde la comprensión de la "autoplasticidad" del organismo, tal como él la conceptualizó, tal vez no sea reconocida sino dentro de décadas, Ferenczi nunca se opuso ni denegó del saber psicoanalítico, sino más bien intento expandir ese conocer exactamente en el lugar en que su uso se hacía ideológico.
Desde esta perspectiva, y dejando pendiente "el encuentro en lo clínico", el lugar donde tratamiento y técnica, convergencias y divergencias, revisión e innovación, sitúan uno de los aspectos cruciales del encuentro Freud-Ferenczi, es que surge la radical interrogante de ¿cómo se pudo acallar esta historia?, de ¿qué pudo haber sucedido para que generaciones de analistas marginaran consensualmente todo un cuerpo de conocimiento, por otro lado implícito en innumerables conceptualizaciones contemporáneas?, de ¿cómo un saber que atraviesa el pensamiento de tantos y tantos teóricos: E. Fromm, H. Sullivan, M. Klein, Bion, F. Alexander, W. Reich, D. Winicott, P.Heimmann, sólo por citar unos cuantos, permaneció sistemáticamente silenciado?, y sobre todo ¿qué motivaciones se cristalizaron tras la versión de Jones -no más ni menos humano en sus pasiones que cualquier otro analista, como Jung, como Ferenczi, como Groddeck, y como Freud mismo- encontrando el terreno propicio, a partir de "su tendenciosa versión" al servicio del descrédito, para que encarnándose en la estigmatización de Ferenczi fueran exorcizadas a través de él?.
Estas y muchas otras interrogantes sólo recientemente empiezan a contestarse. Por un lado, la reciente publicación al inglés y francés de la Correspondencia Freud-Ferenczi 1908-1914 y 1914-1919, y por otro el próximo Congreso Internacional: Ferenczi y el Psicoanálisis Contemporáneo, a realizarse en Madrid en marzo de 1998, con la participación de los más recientes estudiosos del tema (Judith Dupont, Pierre Sabourin, André Haynal, Arnold Rachmann, Judith Meszaros y otros) nos saludarán con algunos esfuerzos explicativos por entender dicha situación. Aunque tras ella se despliegue nuestra cuarta herida narcisista. Fuente: indepsi

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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