La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

jueves, 9 de abril de 2009

El día que el positivismo lógico murió frente a una chimenea

ÁNGEL DÍAZ

Ambos habían nacido y crecido en la capital del antiguo Imperio Astrohúngaro, en aquel ambiente artístico, erudito y libre que Stefan Zweig definió como 'El mundo de ayer'.

Ludwig Wittgenstein (1889-1951), padre de los positivistas lógicos, para quienes sólo las ciencias y la lógica tenían auténtico significado, nació en una acomodada familia de judíos convertidos al catolicismo. En casa del joven Wittgenstein era habitual ver a celebridades de la talla de Gustav Mahler, quien había seguido idéntico itinerario religioso. Karl Popper (1902-1994), otro de los grandes filósofos de su siglo, provenía de un entorno judío de clase media; aunque emparentado con personalidades como el director de orquesta Bruno Walter (discípulo de Mahler), había sufrido escaseces durante su juventud e incluso perteneció brevemente a las entonces muy revolucionarias Juventudes Socialistas. La filosofía era para él un arma contra el totalitarismo, el mismo que había asolado la Viena de ayer en que ambos vinieron al mundo.

Aquella tarde del 25 de octubre de 1946, viernes, Popper acudía al Club de Ciencias Morales de la Universidad de Cambridge, dirigido por Wittgenstein, a ofrecer una charla debate, moderada por otro gigante de la filosofía, el veterano Bertrand Russell (1872-1970). Fue la única vez que coincidieron los tres. La expectación era alta: unas 30 personas se agolpaban en la sala, tres veces más de las que solían acudir a estos eruditos encuentros. Se rumoreaba que Popper venía dispuesto a desafiar a Wittgenstein, a hacerle ver que los problemas filosóficos (esto es, éticos, morales) existen realmente; que no son sólo laberintos linguísticos.

El neopositivismo ya había recibido un golpe por parte de las matemáticas: no todas las verdades se pueden demostrar con fórmulas, según había probado Kurt Gödel. Tampoco la ciencia, acostumbrada ya a las nuevas dimensiones imaginadas por Einstein y las rarezas de las partículas subatómicas, seguía los férreos postulados de Wittgenstein, quien, sin embargo, reinaba en el mundo académico.

Se decía en Cambridge que Popper, el joven Popper, llegaba dispuesto a arrebatarle el cetro y, de paso, el respeto del viejo Russell, de quien ambos se consideraban herededos. El morbo, en lo personal y en lo filosófico, estaba servido.

Popper, que era cientificista pero no positivista, arrancó arremetiendo contra la invitación que había recibido, que pedía a los invitados proponer algún «puzzle filosófico». ¿Cómo que «puzzle»? La filosofía es mucho más que eso, argumentaba.

Wittgenstein le respondía, según algunos testigos, a voces y alterado, mientras atizaba el fuego junto a la chimenea de la sala. Hasta que no pudo más: «¡Deme un ejemplo de regla moral!», espetó, mientras agitaba el instrumento que aún sostenía en la mano. «No amenazar a los invitados con un atizador», repuso, bravucón, Popper, animado sin duda por la intervención a su favor de Russell: «Wittgenstein, suelte el atizador ahora mismo».

Eso fue, al menos en teoría, lo que pasó, aunque las versiones sobre el incidente varían tanto que Mario Vargas Llosa usaría mucho después este ejemplo para argumentar que la Historia no es una ciencia exacta, que no es posible saber nunca qué ha ocurrido con precisión.

Quizás, y tampoco faltan testimonios en este sentido, aquella tarde no pasó nada de lo anteriormente narrado. Quizás es sólo que los nuevos tiempos necesitaban un mito fundacional, una leyenda que reflejara la muerte del positivismo y el nacimiento de una nueva filosofía de la ciencia. La que pasaría a ejemplificar, precisamente, el osado moralista Popper con su teoría del falsacionismo, opuesta al verificacionismo de los súbditos de Wittgenstein. Opuesta, pero no tanto como para llegar a las manos.

EL CLUB DE LAS CIENCIAS MORALES

«Si, como Wittgenstein creía, la filosofía es un vicio o una enfermedad de la mente, entonces el Club de las Ciencias Morales de Cambridge es un burdel de lujo o una colonia de leprosos», comenta con sorna el profesor indio Arif Ahmed, muy vinculado a una institución en la que, paradójicamente, también reinó el propio Wittgenstein durante los años 40 y 50.

El Club de las Ciencias Morales de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cambridge, por donde han pasado también economistas como John Maynard Keynes y matemáticos como Frank Ramsey, fue fundado en 1874 y, desde entonces, goza de buena salud como centro de debate de todo tipo de problemas éticos y filosóficos. Fue, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, uno de los centros donde se comenzó a gestar la filosofía analítica, gracias a la concentración de grandes pensadores de esta tendencia, empezando por los pioneros G.E. Moore y Bertand Russell (en la imagen), y a la labor de divulgación que realizaba el club publicando los artículos que allí se leían y debatían.

Fuente: www.elmundo.es

2 comentarios:

  1. Uys, con estos temas me siento muy pérdida, pero reconozco que están bien presentados

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  2. no te peocupes, noviembre... ¿quién no está perdido?

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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