La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

lunes, 22 de diciembre de 2008

Mobbing a escala universal

Es curioso constatar cómo la mayor parte de los estudios que se encuentran en la red sobre el papel de la sociedad en lo que se refiere a los factores psicológicos que afectan al individuo partan de un análisis de la sociedad capitalista, y desde un punto de vista marxista según el cual, son los modelos económicos los que determinan la psicología individual en la medida en que caracterizan los tipos más o menos abusivos de intercambio o explotación de las personas, actuando así también sobre las familias, sometidas al sistema, como marcos de enfermedad.
No he encontrado ningún artículo que no analice el tema desde un punto de vista no abstracto. "La sociedad capitalista" no es un ente abstracto sino un conjunto de personas; quienes imponen un sistema x, son personas. No se analiza a los individuos que perpetúan el abuso o explotación de otros (éstos nunca van a "consulta"). No se analiza su psicología. Solo se analiza la psicología del sujeto afectado por la conducta de estos otros sujetos inanalizables, por lo que se ve. Y esto se constata en el día a día. Salvo en casos en los que la violencia es extrema (ha habido un asesinato o ha habido maltrato físico demostrado) estos sujetos pasan al otro lado de la valla y comienza su posible "análisis". Que si son o no psicópatas, que si distinguen entre el bien y el mal...
Mientras tanto, se permite que estos sujetos ocupen plaza en los centros de poder. Y por centros de poder no me refiero naturalmente solo a la empresa capitalista, sino a cualquier puesto de poder: en la empresa, en el gobierno, en las instituciones, en las universidades, en los laboratorios... Parece haber una relación natural aunque no se deba o no se pueda generalizar a todos los sujetos, entre la psicopatía y la capacidad para alcanzar ciertos puestos. El ocupar ciertos puestos subyuga al crítico o al guardián de la sociedad de manera que estos individuos campan a sus anchas. Pero esto no es particular de las sociedades capitalistas, como la historia se ha encargado, y se encarga todos los días, de demostrar.
El incluir el factor histórico-cultural-materialista en los estudios no basta para analizar el efecto devastador que ciertos sujetos ejercen sobre otros sujetos. La crisis económica actual no se debe a factores abstractos sino a personas que han delinquido. La actual crisis del sistema capitalista no se debe a factores abstractos sino a personas que han jugado con la vida de otras. Se puede considerar como un mobbig a escala universal.

Dos fuentes que se pueden consultar:
Jean Paul Sartre, un compromiso histórico, Antonio Gorri Goñi
Apuntes críticos sobre la economía capitalista como principio trascendental de las sociedades históricas según Juan Bautista Fuentes Ortega, Ernesto Quiroga

lunes, 24 de noviembre de 2008

Cerebro y experiencias místicas

El cerebro está profundamente implicado en las experiencias místicas
Se producen gracias a una red neuronal distribuida por todo el cerebro, según un estudio

Un nuevo estudio realizado por neurocientíficos canadienses ha descubierto que las experiencias místicas se producen gracias a una red neuronal que se encuentra distribuida por todo el cerebro. Un grupo de monjas carmelitas participó en diversas pruebas mientras sus cerebros eran analizados con imágenes de resonancia magnética, poniendo al descubierto la gran cantidad y diversidad de regiones cerebrales implicadas en las experiencias místicas. No existe por tanto una región específica del cerebro para la espiritualidad, pero en cambio se confirma que cualquier cerebro está preparado para vivir experiencias místicas, según los autores de la investigación. Por Vanessa Marsh.

Los neurocientíficos Mario Beauregard y Vicent Paquette, de la universidad de Montreal, en Canadá, han realizado un estudio en el que se ha utilizado la técnica de imágenes de resonancia magnética (fMRI, que permite registrar la actividad cerebral, para identificar los cambios en el cerebro cuando un individuo atraviesa una experiencia mística. El estudio se realizó con la colaboración de monjas carmelitas.

El estudio lo publicó en 2006 la revista Neuroscience Letters, pero Beaugerard acaba de publicar un libro, titulado The Spiritual Brain, en el que desarrolla los resultados de la investigación con las monjas carmelitas y plantea que con sus trabajos ha quedado comprobado que las experiencias místicas pueden ser documentadas y que tienen un origen inmaterial. La revista World Magazine acaba de publicar asimismo una entrevista con Beaugerard y la coautora del libro, la periodista Denyse O'Leary.

Durante la investigación, se midió la actividad cerebral de un grupo de monjas de la orden de las Carmelitas cuando éstas se sentían en un estado subjetivo de unión con Dios. Se descubrió así que la experiencia implicaba diversas partes del cerebro, como la corteza orbitofrontal central, el lado derecho de la corteza temporal media, los lóbulos parietales inferior y superior derechos, la corteza izquierda prefrontal media o la corteza cingulada anterior izquierda, entre otras.

Según informa al respecto Scientific American en su edición del 3 de octubre, de este estudio se desprende que los estados místicos profundos, o la experiencia religiosa, implican una amplia gama de regiones cerebrales, más de las que anteriores estudios habían establecido.

La investigación tenía como principal objetivo verificar una hipótesis formulada en la Universidad de California en San Diego hace una década, conocida como "punto de Dios". Esta hipótesis situaba la experiencia mística en el lóbulo temporal y se basa en el estudio de numerosos enfermos de epilepsia del lóbulo temporal, que con frecuencia relatan experiencias místicas.

Según la investigación de Beaugerard, sin embargo, el "punto de Dios" no existe en el cerebro, ya que cuando una persona vive una experiencia mística, todo su cerebro se ve implicado, señala Nature, si bien queda de manifiesto que el cerebro tiene la capacidad de vivir experiencias místicas y que por tanto cualquier persona, independientemente de si comparta o no una fe religiosa, es susceptible de vivir estas experiencias.

Para definir las funciones cerebrales implicadas en la experiencia mística fueron analizados los cerebros de 15 monjas carmelitas durante tres estados mentales diferentes. En dos de ellos, las monjas debían cerrar los ojos y recordar una experiencia social intensa. En un tercero, debían revivir una experiencia intensa de relación con Dios que hubieran tenido anteriormente.

Durante el experimento, fueron recogidas imágenes de resonancia magnética de cortes transversales del cerebro cada tres segundos, y del cerebro completo cada dos minutos. Una vez registrada la actividad cerebral, los científicos compararon los patrones de activación en las distintas situaciones (el recuerdo social y el místico), descubriendo las áreas del cerebro que se activaban con más fuerza durante la experiencia mística que en los otros casos.

Todo el cerebro implicado
De esta forma descubrieron que la memoria espiritual vigoriza varias regiones cerebrales durante estos recuerdos, como el núcleo caudado, que es la región del centro del cerebro relacionada con el aprendizaje, la memoria o el enamoramiento (de ahí, tal vez, la sensación de amor incondicional a la que aluden los místicos).

También descubrieron otra zona cerebral activada, la corteza insular o ínsula, vinculada a las emociones y a los sentimientos, y que podría estar en el origen de las emociones agradables que suelen asociarse a las conexiones con lo divino.

Por último constataron que también se activó el lóbulo parietal del cerebro (relacionado con la conciencia espacial), lo que podría explicar la sensación de hallarse inmerso en algo mucho mayor que nosotros mismos típica de este tipo de experiencias.

Según los investigadores, la cantidad (una docena) y diversidad de regiones cerebrales implicadas apunta a que el fenómeno de la espiritualidad es altamente complejo en el ser humano. De hecho, estos estados se producen gracias a una red neuronal que se encuentra distribuida por todo el cerebro, asegura Beauregard.

Beauregard explica sobre los resultados de su investigación que anteriores estudios neurológicos se han centrado en la relación entre la meditación y la oración, pero no sobre la experiencia mística en sí misma, por lo que eligieron a las monjas carmelitas contemplativas debido a su tradición mística. Los estudios neurológicos anteriores sobre estos procesos se han desarrollado con monjes budistas, practicantes de la meditación, y franciscanos, practicantes de la oración, por lo que la investigación de Beaugerard constituye un desarrollo de las investigaciones anteriores.

Necesidad de comprender
El interés por definir el papel del cerebro en la experiencia mística ha ido aumentando con la llegada de nuevas tecnologías de medición de la actividad de las neuronas. Conocer lo que sucede durante la oración o la meditación o durante episodios inspirados de fervor religioso a nivel neuronal podría ayudar, señalan los científicos, a inducir este tipo de experiencias de manera artificial, dado el efecto positivo que parecen tener en el ser humano.

Por otro lado, a los científicos les resulta importante comprender mejor las bases neuronales de un fenómeno que ha jugado siempre un papel central en todas las culturas y tiempos, de la misma forma que les interesa conocer las bases neuronales de la emoción, la memoria o el lenguaje.

Tal y como explica Mario Toboso en otro artículo de Tendencias21, el descubrimiento de las facultades espirituales en el cerebro ha suscitado todo un debate científico. Mediante modernos sistemas de análisis de imágenes cerebrales se han ido identificando en laboratorio las regiones del cerebro que incrementan o disminuyen su actividad en las experiencias religiosas.

Se han realizado asimismo estudios que implicaban ejercicios de meditación profunda, basada en el uso de imágenes mentales, o de oraciones, dando lugar a una nueva ciencia denominada neuroteología, que estudia la neurología del sentimiento religioso y de la espiritualidad.

Voluntarios de diversas confesiones religiosas han sido analizados en sus momentos de meditación, en investigaciones realizadas por especialistas como James Austin (del Instituto Tecnológico de Massachussets o Andrew Newberg y Eugene D'Aquili, de la Universidad de Pennsylvania.

Capacidad trascendente del cerebro
Estos últimos descubrieron por ejemplo que, en el estado de meditación profunda, se desactivan regiones del cerebro reguladoras de la construcción de la propia identidad, lo que permite que el sujeto pierda durante su práctica el sentido del propio yo individual, que establece la frontera entre él mismo y todo lo demás, y se sienta así integrado en una totalidad única transcendente.

Asimismo, las imágenes cerebrales obtenidas por medio de la tomografía computerizada por emisión de un solo fotón (SPECT), sobre voluntarios en meditación, han revelado una actividad inusual de la región prefrontal dorsolateral y un decaimiento de la actividad del área de orientación del lóbulo parietal, que procesa la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo en el mismo: determina dónde termina el propio cuerpo y comienza el espacio exterior.

En conclusión, de este conjunto de investigaciones, que todavía no pueden considerarse concluyentes, se desprende que el cerebro alberga la capacidad de conectar con una realidad que transciende la de los objetos, tanto físicos como mentales, percibida habitualmente, lo que confirma una experiencia común descrita por las diferentes tradiciones religiosas.

Al mismo tiempo, estas investigaciones ponen de manifiesto únicamente lo que realmente podemos saber, es decir, las reacciones cerebrales ante determinadas experiencias, pero en ningún caso pretenden establecer el carácter espiritual o místico de estas experiencias, ni mucho menos explicar o demostrar una realidad trascendente más allá de la percibida ordinariamente.

Domingo 14 Octubre 2007
Vanessa Marsh
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http://www.tendencias21.net/El-cerebro-esta-profundamente-implicado-en-las-experiencias-misticas_a1827.html

La enfermedad psicosomática

Leo este artículo de la EPBCN: "El asma bronquial es una dolencia que, según el momento de su aparición, su forma y frecuencia, puede constituir una enfermedad psicosomática o un trastorno funcional. Al igual que en la úlcera, su aparición es episódica, alternándose períodos agudos con períodos asintomáticos. Clásicamente, suelen ser episodios de corta duración, desde algunos minutos hasta horas, después de los cuales el paciente recupera por completo su capacidad funcional. También pueden presentarse casos del llamado "mal asmático" con gran resistencia a la medicación y cuya severidad indique el ingreso hospitalario o que en un período el paciente sufra cierto grado de obstrucción respiratoria todos los días.

Dejando de lado, después de haber leído atentamente, las explicaciones fisiopatológicas brillantemente expuestas por la Medicina, voy a intentar trazar algunos rasgos, algunas rasgaduras, de lo que sería psicoanalizar esta enfermedad, es decir, más allá de lo que el asmático nos muestra, cómo se produce lo que nos muestra, 'cómo respira'.

La construcción de la historia del asmático comienza en la infancia por el miedo de perder el amor de su madre, a la que, por otra parte, parecen llevar sobre sus bronquios. Accesos de desesperación y cólera constituyen una habitual forma de relación entre el niño y su madre. Para algunos el asma representa una crisis de llanto inhibida y para otros un grito reprimido. La observación clínica revela ansiedad, timidez, restricciones sexuales y agresivas y bloqueo emocional, características éstas que acercan al asmático hacia las fobias y las posiciones depresivas.

Al nacer, cuando la respiración se transforma en una constante, el niño comienza a ser esclavo del aire. Encrucijada donde el aire viene a romper el circuito cerrado madre-hijo y viene también a dar entrada a la materia intangible de la voz, materia imprescindible para decir e irremediablemente perdida en el decir. Como esclava del aire, entonces, la respiración pasa a ser el eje de expresiones características: suspiro, llanto, sollozo, grito, alarido, risa. Cierta rigidez precipita la crisis asmática como angustia y, al mismo tiempo, como recuperación del amor, manifiesto en las emociones desencadenadas en los testigos, por lo general, familiares. Al mismo tiempo y durante el ataque se reconoce una sensación de vergüenza y de culpabilidad.

Dada la íntima vinculación entre la angustia y la respiración, puede que las variaciones del ritmo, las interrupciones transitorias y otras modificaciones de la función, sean manifestación de pequeñas y continuas modificaciones psíquicas y expresión de leves cantidades de angustia. El papel de las sensaciones respiratorias en la angustia explica el hecho de que toda angustia sea percibida, hasta cierto punto, como una especie de ahogo. Las graves perturbaciones que se observan en el asma representan un anhelo pasivo, receptivo y nos permitimos especular que el ataque es un equivalente de la angustia, una reacción ante una pérdida, un grito interno que reclama de la madre ayuda, protección y amparo. Al mismo tiempo, deja de estar angustiado, ahora los angustiados son sus familiares. Deja de estar angustiado, ahora teme morir de asfixia, aunque en realidad, teme saberse mortal y tanto más lejos estará de ese saberse mortal –motor de vida-, cuanto más temor tenga a morir. Hasta la próxima."

Toda enfermedad es psicosomática desde que se descubrió que mente y cuerpo funcionan a una. No hay separación mente-cuerpo. De manera que las cosas se expresan bien mediante la psique de forma directa, en la conducta, en el carácter, en las crisis, bien en el cuerpo mediante una enfermedad, un golpe, un traspié. El origen puede que sea aparentemente somático pero está interrelacionado con los sucesos psíquicos.
El asma puede sobrevenir en cualquier circunstancia y a cualquier edad, no necesariamente por temor a perder a la madre aun cuando la sensación de pérdida o separación remitan al vínculo con la madre en primera instancia. Las enfermedades, incluso el asma, pueden aparecer en cualquier momento de la vida por asociación con un conflicto lo suficientemente grave como para causarlas. Bien puede ser en relación con la madre, en relación con la relación de la pareja parental conflictiva, bien por la mala praxis de un psicoanalista, un fracaso, una vida difícil de sobrellevar, y demás. La angustia ante la pérdida (cualquier tipo de pérdida) cuando no tiene salida psicológica mediante el habla, baja las defensas y aparece la enfermedad.
Hay personas que viven arrastrando años un conflicto emocional no tratado (o no bien tratado) y antes o después enfermarán.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Qué es un hijo para una madre

Cuando recuerdo el sufrimiento, cuando siento de nuevo cómo vuelve, y leo por ahí magistrales textos que intentan definir qué es un hijo para una madre, exhibiendo los conocimientos de teoría psicoanalítica, que si el hijo es el tan deseado falo, o la leve revisión de Lacan de que sí, de que sí existe el instinto maternal (gracias, Lacan), de que una mujer no es mujer hasta que no tiene un hijo... me revuelvo ante el falocentrismo de los ortodoxos, porque qué tiene que ver el clítoris con el falo, si el clítoris es una parte de nuestro sexo como la vagina, está de paso, lo mismo que todas nuestras zonas erógenas. No puedo establecer ninguna relación entre tener un hijo y tener un falo. Ninguna relación. Quien ha estado a punto de perder un hijo por culpa de la idiocia de mujeres fálicas, que sí, también existen, de juezas, de psicólogas, de psiquiatras, mujeres y hombres que no comprenden lo que es un hijo para una madre porque los estudios freudianos se basaron en mujeres bien sin hijos, bien fálicas, enfermas todas, no en mujeres normales cuyo sentido de la maternidad se aleja a pasos agigantados de todo ese maremagnum de teorías que ya son rancias, o como diría Maud Mannoni, pura ficción. Cuando te enfrentas a la posibilidad de que te quiten a un hijo, por el mero hecho de que NO te han entendido, por el mero hecho de que descansando plácidamente en las teorías obtusas de un hombre que no conseguía ver en una mujer más que un falo deseado, envidiado y perdido, lo cual es increíble, porque la idea persiste, y se nos ve como personas incompletas, carentes de lo que debe tenerse, y no como seres simplemente deseantes de todo y de cualquier cosa, igual a como desea un hombre. Porque eso es lo que se deriva de las afortunadas revisiones e interpretaciones de Lacan, aunque a veces lo diga en voz baja, lo entremezcle en un discurso inaudible e incomprensible para muchos.
Las mujeres amamos a nuestros hijos porque los hemos deseado como tales.

Tierra de penumbras

miércoles, 15 de octubre de 2008

Anything else, Woody Allen (II)

Aunque para algunos críticos esta película es "infumable", para mí es la mejor de sus películas. No tanto artísticamente como de contenido. Como dice la nota anterior Woody Allen aquí se "deconstruye" y nos deja entrever algo muy profundo de sí mismo.
Todos sabemos que Woody Allen pasó su vida de diván en diván (o de silla en silla). Aquí por primera vez nos muestra qué es un psicoanalista pero por oposición al personaje que representa él mismo y que incita a su partenaire a la acción: a desembarazarse de su novia neurótica que le es infiel pero que a la vez le dice que le necesita como a un padre, de su representante que se cuelga de él como si de eso dependieran su carrera y su vida, y también de su psicoanalista que a cualquier pregunta del muchacho responde con otra pregunta. No sirve para nada, nos dice, una novia neurótica (y hemos visto a Woody Allen con muchas), no sirve de nada un representante que basa su vida en su representado, ni un psicoanalista que es como ir a hablar con una pared. Woody Allen casi suplica, empuja al muchacho para que abandone esa vida asfixiante y rehaga su vida libre de esas ataduras.
Pero no es fácil. Le toma al viejo Allen (aparentemente, solo aparentemente repleto de paranoias, porque son justificadas todas ellas), toda la película convencer al muchacho de escapar de esa vida inútil e insípida de la que él ya no podrá escapar. No es fácil para nadie cortar lazos con aquéllos a los que te has (o te han) enganchado. La operación de abandonar para siempre la consulta del psicoanalista es particularmente compleja. Su aparente neutralidad, su aparente saber sobre uno más que cualquiera, son un gancho muy fuerte que te hace creer que allí, con él, encontrarás lo que desesperadamente buscas. Pero detrás del diván, generalizando, suele haber un sujeto que no tiene respuestas ni para su propia existencia. Y es eso lo que en esta película por primera vez delata Allen. Bravo.

Anything else, Woody Allen (I)

Anything Else
Woody Allen
Dreamworks Pictures

With the exception of Bergman-inspired chamber dramas and Fellini-inspired magical realism, Woody Allen's films are usually viewed as comedies. Yet in spite of Marx Brothers slapstick, intellectual wit and Catskills rimshots, the comedy in a Woody Allen film often plays second fiddle to Allen himself. That is, the never-ending neuroses, adultery, Dostoevsky references and suspiciously clean New York City streets are as Woody as any pratfall or tart one-liner. As a result, the man has transcended comedy to become his own genre, and what's surprising about Anything Else is how it wreaks havoc with that genre's most precious icon: Woody himself.

Like its distant cousin Deconstructing Harry, Anything Else is best understood by the unpopular stance of admitting a distinction between Woody Allen the man and Woody Allen the character. Harry deconstructs the man, begging forgiveness for any links between his art and the tabloids. Seemingly in response, Anything Else deconstructs the character, giving us a grim view of who he might become.

The Woody character is staple in Allen's films, and has been portrayed by a number of people besides Allen, running from hilarious and original (John Cusack in Bullets Over Broadway and Sean Penn in Sweet and Lowdown) to vulgar mimickry (Kenneth Branagh in Celebrity). In Anything Else, the Woody character is Jerry Falk, a 21-year-old comedy writer. Naturally, he is bookish and forever in therapy, loving women more as a concept of beauty than as people, and struggling with how the intricacies of commitment impinge on an already fragile identity.

Jerry could be Annie Hall's Alvy Singer 20 years younger, just more into commitment and bad at quitting on anyone, be it his pathetic agent (Danny DeVito), his noncommunicative shrink or any girl. As the film opens, we learn that Jerry has fostered a relationship with an aspiring comedy writer, David Dobel (Allen himself), a miserable public school teacher 40 years Jerry's senior. The relationship does not play to mentor-student expectations, however; David is the antithesis of the Woody character. Yes, he is a well-read genius who uses such words as hebetudinous and is paranoid about anti-Semitism. But he is also vehemently anti-psychoanalysis and anti-intellectual, given to using firearms and of the belief that Los Angeles is actually a good place for writers. For David, life is not summed up by quoting Freud or Kant but by quoting a cab driver: "You know, it's like anything else."

The rest of the story involves Jerry's dying relationships: with his agent, his shrink and primarily his flighty live-in girlfriend Amanda (Christina Ricci). Amanda, like Jerry, has an older counterpart in her mother Paula (Stockard Channing), who could be the nightclub singer she wants to be if only she'd grow up and leave her daughter's nest. What follows in the relationship between Amanda and Jerry is one of the "I love her but she's crazy but I love her but this relationship is a dead shark" stories that comprise so much of the Woody Allen genre.

And just as you get comfortable, the film subverts that same genre. If Jerry is a younger, idealistic Alvy Singer, then David is an aged, disillusioned Alvy, dumped by Annie and on a maddening downward spiral. David could be the bleakest character Allen has played, even more so than the pill-popping, whoring Harry. He is the worst side of the Woody character, stripped of most humor, genuinely antisocial and resistant to help from doctors or a friend like Jerry. He comes off as having all the answers to life, but it's a life that exists in his own paranoid mind.

So the Jerry and David conversations become warning sessions, not just between a ranting coot and an upstart kid but also between different generations of the same Woody. David in his 60s is telling Jerry in his 20s to avoid all the mistakes Alvy made at 40 — after all, look where it got him. Thus therapy is bad. Thus Los Angeles is salvation. Thus Jerry should drop the girl and move on. Or else. David and Jerry seem to be Woody the man's chance to clean up some of Woody the character's psychological baggage.

Similarly, though to a much lesser extent, Channing's Paula could be a burnt-out Annie Hall, back in New York after failing in LA and hanging on to some false ideal of youth. This makes her the grown-up mirror of Amanda, or Woody's archetypal foil, the Kamikaze Woman. It's an interesting parallel that doesn't play out much more than in jokes on mother-daughter role reversal, the idea being that Amanda is warning Paula as David is warning Jerry. Ricci's spot-on Woody Allen timing (while waltzing around in her underwear, no less) is impressive, but her character, while certainly one of the more entertaining, flails toward the end — unfortunately, women are rarely the actual fabric of the Woody Allen genre. They tend to be embroidery.

As David, Allen deserves more props than he will ever get. Not just funny, but truly complex, it's more of a performance stretch than when he whisper-sang in Everyone Says I Love You. Plus, he finally gets to demonstrate what child psychologists call "acting out." Allen, two meatheads and a crowbar — it's sweet revenge 60-some years in the making.

Ever the European art film geek, Allen sums up the story's point of view in a line of dialogue that obliquely references Luis Buñuel's Discreet Charm of the Bourgeoisie. It occurs, appropriately enough, outside a movie theater, but in a very Woody turn it is an arbitrary extra who gets the line. In alluding to Buñuel's existential view of social mores — that we ludicrously stick to them against better judgment — Allen makes a very David-esque comment about Jerry's lack of action in life. It's a highfalutin' riff designed to be missed by many, but it helps deflate the biggest myths about Woody Allen the character: that Woody Allen the man likes him, much less is him.

"But is it funny?" someone wants to know.

For a Woody Allen movie, you know, it's like anything else.

— Tony Nigro (tony@superheronamedtony.com)

domingo, 12 de octubre de 2008

El monstruo del Lago Ness y la transferencia

¿Cómo se llega tras veinte años de psicoanálisis a desear ser una pordiosera? ¿Cómo se llega a desear desembarazarse de todo lo mundano para vagar por las calles, vestida siempre con las mismas ropas, andrajosas, ya, rebuscando en los botes de basura con un crío en brazos? ¿O cómo se llega a creer que se está iluminado, que tu hijo es Jesucristo redivivo, que hablas con un anciano en el parque cuyo espíritu es el de tu abuelo a quien echas de menos? ¿Cómo se llega a ser captado por una especie de secta que te conduce sin que puedas mirarlos a la cara, creyendo que estás en manos de los enviados del cielo, que han venido a por ti para conducirte lejos, muy lejos de tu casa para que no se te ocurra ni volver? ¿Cómo es posible que creas que el hospital es el Cielo o la misma mafia? ¿Cómo es posible que veas vampiros, personas horrendas con cara de rata que desfilan mientras tú las observas con pánico desde tu camilla, verdaderamente espantada? ¿Cómo puede ser que creas que te convertirás en la destructora del universo o en la sirvienta de un grupo de delincuentes? ¿Cómo es posible todo esto?
Ya decía Woody Allen, que el psicoanálisis te invita a sumergirte en el inconciente para dejarte luego en la superficie.. Y nunca escuché nada más cierto. Nuestro inconciente está plagado de miedos, de terrores, de absurdos, de ilusiones, de deseos, de creencias estúpidas, de anhelos, de monstruos... Pero son pocos los psicoanalistas, si es que hay alguno, capaz de acompañarte en ese viaje a lo profundo al que es necesario llegar para exorcizarlo. Te recuestas y te quedas allí donde estás buscando y rebuscando en tu mente palabras que asociadas, en apariencia, libremente no te llevan a ningún lugar. El psicoanálisis se basa en la técnica de cómo hacer para que vuelvas la próxima sesión a ese mismo diván. Pero no te da respuestas ni herramientas para encontrarte contigo mismo hasta las últimas consecuencias. En su mayoría los psicoanalistas rehuyen analizar tus acting-outs que son justamente la ventana por donde escapa un atisbo de tu locura. Permanecen en silencio o te preguntan que por qué lo has hecho. Y nada más. Y sin embargo ésa es la puerta por la que deben entrar. La fobia social no se combate hablando de bobadas día tras día durante veinte años. la fobia social, se combate enfrentándote cara a cara con lo que para ti son las personas en tu inconciente, es decir, monstruos aterradores. Ésa es la transferencia que deberían curar.

martes, 7 de octubre de 2008

Miedo al lobo. Bettelheim y los cuentos de hadas

Los niños no necesariamente padecen terrores nocturnos, pero es fácil insuflárselos. No necesitan luces encendidas por la noche ni dormir con los padres más allá de los dos meses. Eso no quiere decir que cuando crecen y entablan relaciones sociales más o menos perdurables que ocasionalmente (y, digamos, necesariamente) puedan generarles angustias, no puedan comenzar entonces a padecer miedos, pedir luces por la noche, no querer andar por la casa a oscuras, o incluso instalarse en la cama de sus padres. Pero eso ocurre una vez los niños son mayores y toman conciencia por primera vez y de forma paulatina de los peligros que a todos nos acechan.
Pero cuando ha habido un buen diálogo con el feto, un buen recibimiento, una voz dulce que disipe cualquier angustia, los más pequeños pueden dormir plácidamente casi todas las noches, horas y horas seguidas.
Pero los terrores nocturnos se dan en la mayoría de los casos y el motivo son los padres, padres poco cautos. Suele tratarse del tipo de diálogo que mantienen con el hijo, o entre sí, un diálogo tramposo, que toma al niño como si de un inútil mental se tratara. Las ambigüedades, las explicaciones poco afortunadas que hacen estallar en mil pedazos las fantasías y las ilusiones de los niños, los "sustos" que se les hacen "en broma"... los cuentos de hadas contados de tal forma que despiertan miedo a cualquier cosa... No. Bettelheim no se equivoca cuando explica que esos cuentos sirven a los propósitos inconcientes del niño. Solo que se equivoca en cuanto a cuáles son esos propósitos. Y se equivoca porque siguiendo la tónica edípica proyecta sobre el niño lo que son los traumas y conflictos irresueltos de los padres. De manera que el cómo y el cuándo se cuentan al niño esos cuentos es más importante que los cuentos mismos. Hay que vaciar los cuentos de entonaciones macabras que den a entender al niño que cuando se habla de la madrastra o la bruja mala se está hablando del niño que no tiene por qué tener la menor intención de matar al padre o a la madre, deshacerse de algunos de ellos. Esas fantasías, plausibles en algún momento del desarrollo (no comprobadas en todos los casos), hay que desintegrarlas colocando al niño justamente en el lugar del personaje favorito. Príncipes, princesas y hadas...
Esos terrores nocturnos con el tiempo quizás desaparecen, o no, pero inconcientemente permanecen y se convierten en fobias sociales. Terror a la gente.

viernes, 12 de septiembre de 2008

La angustia

Quien no ha padecido angustia difícilmente puede describirla ni hacerse una idea de lo que significa. De hecho muchos psiquiatras te preguntan por la diferencia que hay entre ansiedad y angustia. Te dicen, si es lo mismo.
La angustia se padece sin que pueda explicarse muy bien por qué se la padece aunque haya circunstancias en las que la causa se nos aparece con claridad porque ha sido inminente.
Pero quiero hablar de esa angustia que oprime el pecho, la faringe, que te agujerea el estómago, y que es una secuela del abandono, de la indiferencia, de la negligencia y que aparece de repente, como un ataque, porque la causa ha quedado anclada para siempre sin remedio en el pasado y tú no puedes hacer nada al respecto.
La angustia no es ansiedad. La angustia es una secuela de algo que ha pasado. La ansiedad mira al presente y al futuro y no te agujerea. La ansiedad es temor flotante.
La angustia no es temor ni miedo porque la catástrofe ya ha sobrevenido. No hay nada que temer ya. La castración a que hace referencia la escuela psicoanalítica, ya ha tenido lugar. Ya te han partido el corazón. Ya han hecho contigo lo que nunca debieron haberte hecho.
El temor a la castración hace referencia a la posibilidad de que castren tus posibilidades de crecimiento. No tiene nada que ver con la castración fálica, con el temor a que te extirpen lo que no tienes si eres mujer, al menos. La castración se ejerce en el pecho. Te oprime. Es un regurgitar de un acontecimiento nefasto en mi caso, la negligencia médica, el abandono por parte de un/a profesional, la omisión de auxilio.
La sensación es la de que alguien te arranca el corazón, apoya su mano sobre tu pecho hasta dejarte casi muerta.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Acabando con Sandor Ferenczi

No saben cómo hacerlo.
Tras la edición de su Diario Clínico de 1932, Sin simpatía no hay curación, en el que Sandor Ferenczi denuncia muchos de los tópicos freudianos, los psicoanalistas no saben cómo hacerlo.
¿Cómo hacerlo? ¿Se puede seguir siendo psicoanalistas como lo hacíamos hasta ahora o debemos volvernos todos "ferenczianos"?
El Diario Clínico de Ferenczi los ha dejado desnudos ante su imagen en el espejo que hasta ahora les ofrecía el recio y adorado retrato de Freud. No tienen dónde mirarse.
Ya no se puede continuar en la linea de Jones, desacreditando a Ferenczi, no. No tan abiertamente. No podemos seguir llamándolo psicótico. No.
Ahora encontramos en cambio páginas memorables, que lo rescatan del injusto silencio. Pero ¿cómo hacerlo sin que a nosostros nos tilden de psicóticos, afeminados, sensitivos, enfants terribles..? Es sencillo.
Lo denigramos subrepticiamente diciendo por ejemplo: "El padre de Ferenczi fue un simpático librero.." (http://www.rosak.com.ar/autores/ferenczi.htm) para luego añadir "A partir del combate con el nihilismo terapéutico, Freud había elaborado una teoría de la neurosis y la psicosis que excedía considerablemente el marco de la clínica. Siempre consciente de su propio genio y de la importancia de su descubrimiento, sabía dominar sus afectos y mostrarse implacable con sus adversarios. Sobre todo, amaba la razón, la lógica, las construcciones doctrinarias. Más intuitivo, más sensual y más femenino, Ferenczi buscaba en el psicoanálisis el modo de aliviar el sufrimiento de sus pacientes [¡vaya!]. De modo que las grandes hipótesis generales lo atraían menos que las cuestiones técnicas. Era más inventivo que Freud en el análisis de las relaciones con el otro. En una carta de 1908 descubrió la existencia de la contratransferencia, al explicarle su tendencia a considerar los asuntos del enfermo como suyos propios. Dos años más tarde, [las comillas son mías] Freud conceptualizó la noción [las comillas son mías] para hacer de ella una apuesta esencial en la situación analítica. Es decir que el intercambio epistolar entre los dos hombres tenía la función de hacer surgir nuevas problemáticas que después servían para nutrir la doctrina común." [las comillas son mías] También podemos ir a por él desde el título: "Un psicoanalista peculiar, soñador y sensitivo: Sándor Ferenczi. El Enfant terrible del psicoanálisis. (1873-1933)" (http://www.topia.com.ar/articulos/5cl-imonzon.htm).
¿Era un psicoanalista peculiar y "femenino" Ferenczi?
No. Era simplemente un psicoanalista. Quizás, en su época, y hasta hoy, uno de los muy pocos, al que valga la pena no silenciar.

martes, 5 de agosto de 2008

Abandono de persona y omisión de auxilio

Dentro de la Mala praxis médica, o mala práctica o negligente práctica de la medicina, se encuentran las figuras penales, no solo aplicables al ámbito de la salud y de los profesionales médicos, denominadas "Abandono de Persona" y "Omisión de Auxilio".

En realidad, los médicos –y cualquier otro ciudadano- puede entenderse bajo esta figura del Código Penal Argentino, ya sea por acciones u omisiones por las cuales se genera colocar en peligro a la persona afectada, independientemente de la futura aparición o no de un daño efectivo o concreto sobre ella (lesión y/o muerte) como consecuencia sobreviniente.

De ocurrir esto, corresponde un aumento de la pena ya impuesta por el evento anterior.

El Código Penal de la Nación contempla entonces dos tipos de delitos distintos según lo previsto en sus artículos 106 y 108: Abandono de persona y omisión de auxilio respectivamente. Ambos son dolosos, es decir, debe existir intención de dañar, o dicho de otra manera conocer y no actuar.

Ninguno enuncia taxativamente "paciente", pero los dos enuncian "peligro" como común denominador. En relación directa con la medicina, esto se traduciría en abandono de paciente

Dice el Art. 106: "El que pusiere en peligro la vida o la salud de otro, sea colocándolo en situación de desamparo, sea abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse y a la que deba mantener o cuidar o a la que el mismo autor haya incapacitado, será reprimido con prisión de seis meses a tres años.

La pena será de reclusión o prisión de tres a seis años, si a consecuencia del abandono resultare un grave daño en el cuerpo o en la salud de la víctima.

Si ocurriere la muerte, la pena será de tres a diez años de prisión".

Art. 108: "Será reprimido con prisión... o multa..., el que encontrando perdido o desamparado un menor de diez años o a una persona herida o inválida o amenazada de un peligro cualquiera, omitiere prestarle el auxilio necesario, cuando pudiere hacerlo sin riesgo personal o no diere aviso inmediatamente a la autoridad".

Es bien claro que estos artículos pretenden la defensa de sujetos en estado de minusvalía e incapacidad, exigiendo un proceder solidario a cualquier integrante de la comunidad, y definiendo una obligatoriedad especial para quienes tienen ciertos oficios y profesiones con funciones de protección como policías, guardavidas, enfermeras, bomberos, médicos, personal de defensa civil, empleados que realizan tareas de control y seguridad de pasajeros. El estado de minusvalía e incapacidad –basándome en el penalista Fontán Balestra– se da por la pérdida de la aptitud para la auto valía y puede ser determinada por causas intrínsecas del sujeto (minoridad, extrema vejez, patologías orgánicas o psiquiátricas) o extrínsecas al sujeto (violencias traumáticas, accidentes, intoxicaciones etílicas, adicciones).

Quien en el ejercicio de la profesión, desamparara o abandona, negando o no realizando la atención y/o el cuidado necesario que sabemos, deben y pueden brindar, creando entonces una situación de peligro para la salud o la vida donde queda colocada la persona, esto definiría el delito.

La existencia de intencionalidad y de conocimiento de la puesta en peligro por la situación que creamos define el carácter doloso es decir, la intención.

Si consecuentemente a la situación de peligro creada ocurre como resultado agregado lesiones o muerte, sigue siendo doloso y corresponderá más pena según nuestro Código.

En la negligencia –carácter culposo– no existe intencionalidad para causar lesiones o muerte, aunque tenemos conocimiento de que con la actitud negligente puedan llegar a suceder. Se confía en que no suceda lo que se sabe que podría suceder, pero dicha figura penal nada incluye sobre creación y colocación de situación de peligro, sino causar lesiones (Art. 94 Código Penal) o muerte (Art.84 Código Penal).

En la omisión de auxilio, los médicos no crean la situación de peligro ni se coloca en ella a la persona, sino que la encuentran en la situación de peligro ya instalada y, sin riesgo personal, no se brinda el auxilio necesario.

Se entiende por necesario que la calidad del auxilio a prestar debe ser la suficiente para solucionar o evitar el peligro existente, y conforme a las circunstancias de medios, tiempo, modo y lugar. Los médicos son una autoridad para la ley, dada su función y la obligación legal de atención impuesta por la Ley 17.132, artículo 19, inciso 2°; pero cuando existe riesgo personal para la prestación del auxilio también deben avisar y solicitar colaboración a la autoridad (personal policial o de bomberos), para poder actuar según el caso (excitación psicomotriz severa, lesionados en accidentes diversos y en sitios o situaciones de difícil acceso).

Fuera de estas situaciones de peligro amenazante, obviamente también se omite auxilio cuando encontramos personas heridas o inválidas y no se lo brindamos.

Debe considerarse como herido o inválido a menores o personas enfermas o lesionadas que estén imposibilitadas de auto procurarse auxilio o auto valerse.

Ahora bien, determinadas formas de omitir auxilio pueden posteriormente llegar a relacionarse con los previstos en el abandono de persona.

No es infrecuente que las demandas incluyan conjuntamente imputaciones por ambos delitos.

Omisión de auxilio es la infracción que comete el médico que es llamado y que se niega, sin justa causa a prestar sus servicios.

Abogados y médicos debemos estar preparados para enfrentar esta nueva época en que nos toca actuar: los abogados, siendo custodios de la legítima defensa de los intereses comunes, y los médicos actuando con un alto grado de profesionalismo y responsabilidad, dando todo, pero sin arriesgar nada.

Cabe enfatizar que indudablemente pesa sobre el médico el deber

-legal, moral y ético- de prestar asistencia a un enfermo grave o urgente, prestación que, en principio, no admite condicionamiento alguno y, mucho menos, de orden formal o material.

Este deber de carácter imperativo, reconoce inicialmente una fuente de rango legal: el Código Civil en su Art. 1074 el cual sanciona toda conducta omisiva que resulte perjudicial a otro en la medida que una disposición legal ordene la actividad omitida

Por otro lado el artículo 106 es de aplicación compleja a los profesionales de la salud, porque es difícil pensar que un profesional pueda actuar con dolo, con la posibilidad de prever la muerte de un paciente, y sin embargo no hacer nada y dejarlo librado a su suerte".

Fuente: http://www.monografias.com/trabajos17/abandono-de-persona/abandono-de-persona.shtml

Tu trabajo como analista

Tú, que no te has pasado 20 años tirada en un diván, pasas de largo por estas páginas.
Te estás preparando para ser psicóloga. Tienes prisa por abrir consulta. Ése será tu negocio y tendrás el poder que te dan tus estudios para enrolar pacientes.
Has estudiado a fondo las técnicas, la metodología experimental, y la psicoanalítica. Combinarás ambas. La conductual y la cognitiva y la psicoanalítica y la sistémica. Y de tus propios problemas no sabrás nada. No sabrás nada de la contratransferencia. Se te olvidará. En cuanto tengas a un paciente que te viene con preguntas, todo se te olvidará.
Por eso no dejas comentarios en estas páginas. Porque te da igual. No has repasado los módulos de ética.
Hace poco me dijo escandalizada una psiquiatra: "¡Pero éste es mi trabajo!" ¿Mi trabajo? ¿Qué trabajo? Abre una tienda de abalorios. Que ése sea tu trabajo. El lamento de un paciente que viene a tu consulta no es "tu trabajo".

domingo, 27 de julio de 2008

Mala praxis

Aunque es difícil determinar si y cuándo se ha producido daño psicológico por la mala praxis del profesional que es denunciado por lo penal y/o a la Comisión Deontológica, ésta se puede identificar según se den o no algunos de los siguientes criterios:

1. Imprudencia: empleo de técnicas que le psicólogo no domina; el tratamiento es ineficaz, se emplea de manera incorrecta o produce efectos no esperados
2. Negligencia: el profesional aun sabiendo cómo se emplean ciertas técnicas no las practica con precisión; no poner los medios necesarios para la actuación psicológica
3. Explotación: se saca provecho de la superioridad que se tiene sobre el cliente, en relación a honorarios, sexual o conducta en general
4. Mentira, falsedad y engaño: se experimenta con la persona sin su consentimiento: grabaciones, tests, etc. que violan sus derechos de autonomía; cuando se dan informes ambiguos o en beneficio de una de las partes en litigios. Cuando se crean falsas expectativas.
5. Ruptura del secreto y confidencialidad: no se mantiene la custodia de los documentos, se viola la intimidad de la persona o se emplean técnicas que invaden la intimidad de la persona
6. Abandono: el psicólogo deja de atender a la persona con riesgo para ella
7. Discriminación: por razones de género, etnia, cultura, religión, etc.
8. Conducta deshonesta de colegas: intrusismo, cobro de honorarios bajo mínimos, daño en la imagen pública de la profesión, ejercicio profesional indigno, captación incorrecta de clientes, empleo de tests fotocopiados, monopolio y etiquetado discriminatorio de colegas
9. Impericia: empleo de técnicas que le psicólogo no domina, o las aplica de manera inadecuada

Se previene la mala práctica aplicando sistemáticamente el consentimiento válido, la formación permanente, evitando malentendidos, evitando crear expectativas falsas y manipular al cliente.

Tomado de Etica de la intervención profesional, Andrés Chamarro Lusar y otros, UOC

miércoles, 16 de julio de 2008

Autenticidad en psicoterapia

La palabra "autenticidad" proviene del verbo griego "authenteo", tener autoridad, gobernar a alguien y del sustantivo "authentés" el que obra por sí mismo, es autor o ejecutor.

En latín y ahora en castellano, la palabra significa el autorizado o quien hace fe de algo.

Al hablar de autenticidad en psicoterapia, la polisemia histórica del término converge con todas sus connotaciones, dado que todas ellas tienen plena aplicación:

1º/ El terapeuta es alguien que tiene tanta autoridad, que puede gobernar e incluso tiene una situación de privilegio, casi mágica, sobre su cliente. "Todo cuanto el terapeuta hace y dice, en el transcurso de la sesión, tiene valor simbólico", solía repetir el prof. Cencillo, en sus clases.

2ª/ El terapeuta y su cliente son creadores de un bien fugaz, limitado en el tiempo, pero de insondable valor en sus consecuencias. Ambos son coautores: el terapeuta pone el significante, elige qué técnica de intervención va a usar, cuando aplicarla y cómo la va a adaptar a este cliente particular que tiene ante sí, mientras el otro llena de sentido tal aplicación, cargándola con los significados de su biografía. En otro momento, se invierte el orden, el cliente pone el significante, los hechos de su vida y el terapeuta con su hermenéutica busca el significado, o al menos, la comprensión eidética de las apariencias conductuales

La autoría y autoridad del terapeuta han de hacer la oportuna adaptación "in fieri" de los recursos que vaya empleando, porque ni todo vale para quienquiera que sea el cliente, ni toda devolución del terapeuta es oportuna indiscriminadamente, en cualquier circunstancia y momento.

Cada sesión es una creación original, efímera en su construcción e irrepetible, porque es una relación entre personas. La variable que da autenticidad a la sesión tal vez sea que se desarrolle de un modo muy diferente al previsto, porque junto a los saberes, la estrategia del terapeuta o sus reacciones empáticas, convergen los intereses y peculiaridades del cliente, su necesidad de evolucionar y crecer y sus resistencias para mantener la arquitectura del viejo sistema de adaptación. Todo ello son fuerzas creadoras que interactúan entre sí.

"Es auténtico un terapeuta que se vale de todos las técnicas para curar a sus pacientes; pero es ilegítimo aquel que usa cualquier técnica para demostrar que es un buen terapeuta" (Berne, Principios de Tratamiento en Grupo)

Un buen terapeuta es un profesional que reúne una serie de condiciones que lo capacitan y aseguran su competencia profesional. Yo matizo la expresión de Berne, en el sentido que no considero ilegítimo usar correctamente las técnicas siempre que se respeten las exigencias éticas del rol y las necesidades reales del cliente.

CONDICIONES DEL TERAPEUTA

Para ser un buen terapeuta pienso yo que son exigibles ciertas condiciones, a saber:

1.- Formación básica de Psicología, psicopatología y, al menos, dos procedimientos terapéuticos.

Es obvio que un terapeuta debe saber Psicología y Psicopatología puesto que son el campo específico de su acción.

En cuanto a la exigencia de dominar, al menos, dos procedimientos terapéuticos, es significativo el dato que suministra Carmen Bartres, en un documento reciente del Colegio de Psicólogos, que enumera "250 formas diferentes de psicoterapia, cada una de ellas con sus clínicos fundadores, sus entusiastas seguidores, además de cientos de usuarios" (Deontología Prof., Col. Psicólogos, junio 1999); pero aun siendo revelador el dato, la razón de esta exigencia es evitar el fundamentalismo radical o la bisoñez rígida que se deriva de no conocer más que una sola escuela, por el riesgo de pensar que ésta tenga toda la verdad.

2.- Formación en Antropología Cultural:

Nuestra existencia es, radicalmente una realidad cultural. No sólo las normas, valores, aspiraciones e ideales del Padre, también los modos de pensamiento, sus contenidos, nuestra experiencia, expresividad y las funciones que realizamos en la vida desde el Adulto y, por paradógico que parezca, nuestra afectividad, sus límites y permisos, nuestros juegos lúdicos, los sueños, fantasías y deseos son fenómenos culturales.

Las realidades culturales no sólo nos influyen, a veces, nos instrumentalizan."Las realidades culturales, dice Cencillo, son portadoras de significado, mediaciones de otras realidades humanas". Por ejemplo, ser español es, evidentemente, un constructo cultural; y, en determinados casos y circunstancias, la consistencia de esta realidad cultural puede superponerse y hasta postergar a otra realidad más óntica como pueda ser la consideración de ser persona humana. A mayor abundamiento, las realidades culturales, aun siendo un producto humano, son instrumentalizadas como un poder tiránico que somete al hombre a su dictado: pensemos en determinadas prácticas de índole religiosa, como la palinodia o la flagelación, que desmerecen la dignidad humana.

Por otra parte, los héroes, valores, símbolos y paradigmas que nos proponen los mitos religiosos, los cuentos y narraciones épicas en el florido lenguaje analógico, que es el mismo que el de la sintomatología, corresponden al acervo cultural común, pero son operativos funcional y/o disfuncionalmente en el plano psíquico individual.

Hay un "nous poietikos", según lo denominaba Alejandro de Afrodisia, o "intelectus agens" que llamarían más tarde los averroistas, que tiene carácter colectivo. Posteriormente, Hegel lo llamó Espíritu Objetivo para explicar la objetividad e intemporalidad de las realidades culturales.

A mi modo de ver, el terapeuta ha de ser consciente:

1. De la estructura cultural que le atañe a él tanto como a su cliente, porque ambos la comparten.
2. Del proceso en tanto que "intelectus agens". El terapeuta ayuda a su cliente a adaptarse a su cultura o a desarrollar su proyecto existencial de ir haciéndose como persona dentro de su cultura.

Pero, cuidado, puede haber un malestar de la cultura. No todos los ídolos que se nos ofrecen son sagrados, ni todos lo valores respetables, ni podemos asumir sin crítica cualesquiera ideales o aspiraciones que se nos ofrecen. Y, mediando contrato, tampoco podemos dejar a nuestro cliente desarmado frente a las proposiciones culturales.

La profesora Caro, en un artículo de 1999, dice: "la enfermedad se construye desde el discurso de subculturas médicas populares... Cada subcultura ofrece explicaciones diferentes de la enfermedad y construye modelos sobre la fisiología, la personalidad humana y las formas de tratamiento. Cada modelo está basado en un punto de vista particular del mundo, una epistemología y un grupo de valores". Hasta aquí la cita de Caro. En definitiva, la profesora Caro está proclamando el peso abrumador que el encuadre sociocultural tienen para definir incluso la enfermedad o la salud. Sólo a título de ejemplo, propondré el caso de dos santas católicas: Santa Catalina de Siena y Santa Liberata cuyo mérito principal para estar en los altares es haber sufrido anorexia en ambos casos, enfermedad que, en el encuadre social y cultural de sus respectivos momentos históricos, pasó como "sacrificio supremo ", "ofrenda de vida a la Divinidad", " capacidad inmensa de penitencia".

Para no perder esta perspectiva, ni estar ayunos de estas inquietudes, es fundamental que haya una formación básica al respecto.

3.- Entrenamiento de la empatía:

En mi opinión, la psicoterapia es, fundamentalmente, un proceso reparentalizador. El terapeuta es un "authentés", alguien con autoridad porque tiene un papel de mentor, guía, orientador, padre en definitiva, que ha de comenzar dando acogida incondicional a su cliente como persona.

La empatía consiste en comprender al cliente tal cual es, sin entrar a juzgar, ni valorar lo que hace o dice. Para ello, el terapeuta ha de estar entrenado en escuchar con todos los poros de su cuerpo y prestar atención tanto a la conducta verbal como no-verbal de su cliente.

En mi opinión, el uso del método fenomenológico es la mejor arma para conseguir que la empatía sea eficaz y no quede reducida a una mera repetición huera de sentido. Este punto será el eje central de mi intervención en la Mesa Redonda sobre Epistemología del A.T..

4.- Curiosidad investigadora:

El terapeuta ha de contar con la curiosidad intelectual y aun personal necesarias para acopiar datos y alcanzar comprensión, sobre la significación de las conductas de la persona real que tiene ante sí. En el plano de trabajo del Adulto, la psicoterapia es una investigación aplicada a la persona concreta, con quien estamos trabajando. Esto tampoco quiere decir que hayamos de invadir al cliente con encuestas inquisitoriales, ni arqueológicas. El cliente va a compartir todo cuanto pueda ser significativo, sin empujarle. El terapeuta ha de limitarse a estar receptivo, mostrar interés por el proceso existencial del cliente y esforzarse en comprenderlo.

En esta investigación aplicada, si utilizamos el método fenomenológico, postulado por Berne, nos habremos de limitar a:

1. Ser descriptivos
2. Enfatizar lo individual

Minkowski, ha llegado a decir que la enfermedad mental no es

más que la exageración del carácter individual, que paraliza el impulso vital y el sentido hacia la integración. El paciente vive en su mundo particular (como todos nosotros, añado yo) y efectúa un contacto distorsionado con la realidad (como todos nosotros, sigo añadiendo yo), que no es compatible con los valores establecidos por el sentido común. Y ésta me parece que es la variable que hace "enfermo", poco firme, "in-firmus", ese contacto.

En multitud de ocasiones, sobre todo cuando somos principiantes, tendemos a empezar la casa por el tejado. Nos preocupamos de saber si nuestro cliente tiene el impulsor Complace, el mandato No vivas, si juega a Rincón, si hay una exclusión del Padre o cuales puedan ser sus rebuscos preferidos; pero no nos hemos interesado por saber quién es, como es su subjetividad, qué hace en la vida, qué significado tiene el síntoma que motiva su consulta, cual es su valor simbólico, cómo encaja en su encuadre afectivo y sistema de relaciones, que intencionalidad mantiene y cuales sean los "beneficios" que tal conducta acarrea al cliente.

5.- Disciplina clínica:

La psicoterapia, tanto si la entendemos como proceso conversacional o como experiencia confrontadora tiene unos límites que es preciso mantener, así como la distancia adecuada entre cliente y terapeuta. Trabajando con un esquema humanista, el rol de terapeuta puede ser secundario, pero no dejamos de estar en él; media un compromiso que está sujeto a una deontología profesional. Tanto si entendemos la psicoterapia como una actividad médica, como si la consideramos una actividad reconstructiva, el trabajo del terapeuta ha de estar presidido por un diagnóstico, responder a una hipótesis, debe presentar la consistencia metodológica adecuada y ser controlado de algún modo. Sin diagnóstico, no hay posibilidad de establecer hipótesis clínica; sin esta, la elección de técnicas y procedimientos de intervención será aleatoria o arbitraria y fortuito el resultado.

6.- Meticulosidad técnica:

El terapeuta ha de mantenerse dentro del procedimiento de intervención que haya elegido y acompañar al cliente, según sea el ritmo de trabajo de éste. Todos los terapeutas, cuando hemos empezado, nos ha acuciado la necesidad de demostrar que somos eficaces y "curamos" al cliente. Tal urgencia deberá ser tratada en supervisión, porque el que evoluciona y cambia es el cliente, a su aire y al margen de las prisas que le corran al terapeuta.

7.- Implicación personal:

La implicación de terapeuta tiene tres vertientes:

7.1.- De una parte está su implicación como persona, que se refiere a la disponibilidad personal, aceptación contratransferencial, objetivos del proceso cuya consecución comparte con el cliente, medios que él pone a disposición del cliente, etc..

7.2.- De otra parte, está la implicación de terapeuta con su propio desarrollo personal. A este respecto, y con relación a los analistas transaccionales, Berne, en el libro citado, dice: "lo que sucede en la terapia depende tanto del método elegido por el terapeuta como de su compromiso en lo que se refiere a su propio desarrollo. Las sucesivas etapas en que se va concretando este compromiso se manifiestan por el grado en que el terapeuta tiene consciencia de sí mismo, como un ser viviente en un mundo real" .

Peñarrubia dice que la terapia del terapeuta no termina nunca y alude al consejo o mantra socrático de conocerse a sí mismo.

Yo les voy a contar la práctica de los indios Naskapi. Estas personas viven en las selvas de la península del Labrador de Canadá y se sostienen de la caza. Presentan el grado más ínfimo de sociabilidad ; ni siquiera tienen consciencia tribal; carecen de religión, no mantienen, por tanto, ni clero ni jerarquía y tampoco presentan organización política.

Estos indios que viven en células unifamiliares, cada día se retiran a su lugar escogido para hablar con su Mistapeo, es decir con su"amigo incondicional habitante secreto de su propio corazón", que es lo que significa la palabra Mistapeo. El Mistapeo de los naskapi es el otro yo, personalizado en uno mismo, residente en el propio corazón, con quien conviene dialogar con harta frecuencia.

Si me permiten la traslación, un tanto subrrealista, sería como el A3 confrontando a P2,A2 y N2.

7.3.- Por último, la implicación que concierne al terapeuta transaccional está referida al rol necesariamente activo que mantiene en su quehacer. Berne, al igual que hicieran Ferenzi, Stekel, Jung y por supuesto Sullivan, criticó la pasividad del analista freudiano y no le convenció la lentitud de la asociación libre. Su prurito era "hacer curaciones con el menor número de sesiones posibles" otorgando al terapeuta un rol altamente directivo, mediando en todo caso el contrato de tratamiento y el de intervención.

Froom Reichman dice que "nuestros clientes no vienen a que les demos explicaciones, sino a que les ofrezcamos una experiencia". Crear ese espacio abierto donde quepa la experiencia es nuestro reto como humanistas. En A.T. llamamos contrato de tratamiento a la creación de ese espacio abierto a la experiencia terapéutica.

Hasta aquí las condiciones previas para hacer "autenticus" a un terapeuta.

Cabe preguntarse si existe también una autenticidad en la psicoterapia, en el transcurso del proceso mismo de la terapia, diferenciada de la autenticidad del profesional que la realiza.. A mi modo de ver, la respuesta es afirmativa y tiene una serie de connotaciones que voy a ir desgranando

AUTENTICIDAD DENTRO DEL PROCESO

1.- Reconstrucción del poder personal:

El A.T. pone énfasis en devolver al cliente el poder que le es inherente como persona para que se convierta en "authentés", autor de su vida y promotor de su desarrollo.

En este sentido, la autenticidad del trabajo del terapeuta consiste en hacer fe, recuerden la acepción latina de la palabra, autentificar cualesquiera consecución o logro de su cliente, cualificar las habilidades de que hace gala y reconocer los méritos a que hubiere lugar, con justicia. Ello representa una función de apoyo, fundamental en psicoterapia; pero, en el caso concreto del A.T., si atendemos a la escuela de la Redecisión de los Goulding, es una condición previa a poder efectuar con éxito una intervención.

Por si fuera poco, las caricias, y particularmente las que Jorge Oller llama atributivas, tienen una relevancia especial, toda vez que están orientadas en esta dirección reconstructiva del poder del cliente.

2.- Configuración de la autonomía:

A lo largo del proceso, hemos de tener en perspectiva el principio de autonomía, que considera al ser humano como un sistema abierto, libre para adoptar decisiones y asumir la responsabilidad de su vida y su desarrollo personal.

Para lograr este propósito, es preciso que el cliente conozca su argumento de vida y decida qué partes deja inertes, qué desea redecidir y qué nuevas habilidades quiere desarrollar. Es decir, el cliente habrá de revisar viejas decisiones argumentales, que se consolidaron, han llegado a configurar rasgos de la identidad de su persona, pero le otorgan rigidez o dificultan su adaptación a la circunstancia actual.

En congruencia con el principio de autonomía y para hacer fe del mismo, en el interior de la sesión de terapia, el cliente se ve precisado a tomar decisiones que le conciernen en relación al proceso mismo: aceptar el contrato de tratamiento, modificarlo, aplazar un determinado asunto, etc..

3.- Aletheia:

A mi modo de ver, la terapia es un proceso de revelado similar al que ocurre con una placa fotográfica, cuando el negativo se hace positivo y la figura recupera la forma y adquiere sentido.

La "aletheia" es un proceso de descubrimiento, en cuyo seno lo que era forma pasa a ser fondo, mientras éste deviene en forma. Al terapeuta le compete estimular la exploración sea histórica, sea fenomenológica, sea conductual o existencial., para ayudar al cliente a comprender sus vivencias con la mayor precisión posible y con las connotaciones biológicas, emocionales, relacionales y cognitivas que sean adecuadas.

Un beneficio inequívoco de la terapia ha de ser que el cliente incremente su consciencia y consiga una mejor comprensión de sí mismo.

Este es un paso arriesgado en muchos momentos, tanto para el terapeuta como para el cliente, porque tal revelado no puede hacerse sin dolor. Habrá que desmontar el constructo cognitivo o emocional instalado, las "deformaciones paratáxicas" que decía Sullivan, para efectuar el revelado, una comprensión nueva, con las reestructuraciones cognitivas y las revisiones emocionales que sean precisas.

El terapeuta arriesga entrar en una fase de resistencia e incluso perder al cliente, si se precipita y va delante de él. Por su parte, el cliente se ve impelido a reconocer sus errores y rectificar, incluso su "weltanschaung".

Todo esto es muy incómodo y poco divertido, pero es necesario y es, ante todo, un ejercicio de honestidad y lealtad del terapeuta con su cliente.

4.- Reto al cambio:

4. El rol del terapeuta es también el de provocador, alguien que

propone cambios de conducta. Tal intervención puede responder a múltiples objetivos:

* aliviar tensiones
* comprobar que la persona es capaz de actuar de forma diferente
* recuperar autoestima

Los éxitos parciales son la clave del éxito general de la terapia. A veces, hay que leer con justeza en la conducta, porque la propia patología del cliente tiende a descalificar el logro, sólo porque es parcial y no obtuvo "todo" el resultado que se había propuesto.

También el terapeuta es auténtico cuando reta al cliente a que estructure un proyecto de vida, un compromiso diacrónico de desarrollo personal, que lo convierta en un verdadero "authentés" de su vida, alguien que promueve su futuro y está preparado para responder con eficacia a los emergentes.

5.- Fiabilidad de análisis:

Otro de los objetivos de la terapia es asegurar el bienestar bio-psico-social del cliente. Este estado de bienestar holístico, en el plano psicológico comienza desde el momento que el cliente, con la ayuda del terapeuta, comprende la significación de sus vivencias.

Desde nuestra perspectiva, es elemental aceptar que hay una semiótica de la conducta: las vivencias personales condensan la historia personal, tienen un valor simbólico, encierran una intencionalidad, se insertan en la dinámica de la interacción social y afectiva, etc..

El bienestar, digo, comienza cuando el cliente es capaz de ver su esfuerzo histórico de adaptación y comprende la complejidad del trabajo que se ha tomado en pro de su supervivencia psíquica. A partir del momento que la persona comprende la significación de su vivencia y desentraña su valor simbólico, la intencionalidad y la congruencia interna de una vieja decisión, se hace gracia del dolor o sufrimiento que le haya podido acarrear tal decisión.

En otro sentido, tal aletheia le permite aceptarse y reconciliarse con su poder de decidir. La persona deja de tener una lacra lacerante que lo estigmatizaba y lo condenaba a repetir como Sísifo un circuito de conducta infortunado y recupera libertad, a medida que abandona la compulsión del hábito o las servidumbres del rasgo caracterial.

La autenticidad del terapeuta en este punto es capital, porque ha de "hacer fe" y respetar, absolutamente, la autoría y congruencia de las viejas decisiones, adoptadas dentro del marco de referencias del cliente.

Los intereses, planteamientos ideológicos, creencias y valores del terapeuta no son filtro de análisis, ni deben intervenir, con objeto de poder ver la coherencia interna del cliente en todas sus decisiones anteriores, aunque estas hayan llegado a ser contraproducentes.

En este sentido, es fundamental mantener la distancia terapéutica y hacer las devoluciones que correspondan con suma delicadeza, siempre en perspectiva del afán de supervivencia psíquica que ha inspirado los pasos de nuestro cliente hasta hoy.

6.- Respeto a la singularidad del cliente:

El protagonismo es del cliente. El es quien decide, quien se pone bien o no y quien resuelve o no su problema. El terapeuta es un ayudante, que acompaña, pero no va a reivindicar méritos, aunque sí es responsable de los fallos técnicos que pudieran darse dentro del proceso.

En este punto, creo que el terapeuta ha de ser generoso en sus reconocimientos al cliente y no usurpar el trabajo de éste.

La autenticidad del terapeuta transaccional, en la medida que es una persona que se implica con su cliente, la veo también en el cuidado con que ha de formular las confrontaciones, orientaciones y aun consejos que pueden surgir en un proceso de terapia, cuidando de no invadir al cliente, ni atropellar las características de su marco de referencias.

A este respecto, un terapeuta respetuoso con su cliente ha de diferenciar, sinceramente, el saber técnico o científico del saber empírico, de su experiencia y opiniones personales que vierta. Es decir, habrá de evitar el abuso de autoridad y no camuflar bajo otros epígrafes el suministro de actitudes, opiniones o planteamientos ideológicos personales.

En resumen, es un auténtico terapeuta, el terapeuta "authentés" que ayuda a su cliente a convertirse en otro "authentés".

Fuente: http://www.cop.es/colegiados/m-00407/AUTENTICIDAD.HTM

miércoles, 7 de mayo de 2008

Violencia

Una madre pide que la libren de su hija ante la violencia de ésta
R. A.. 07.05.2008

Una madre cordobesa decidió ayer dar un paso al frente para poner freno a los abusos de que es objeto por parte de su hija. Públicamente, a través de una llamada telefónica a la Cadena SER, explicó que su hija de 13 años se ha convertido en un problema del que no puede hacerse cargo. Aseguró haber interpuesto varias denuncias por malos tratos.

La relación de la niña con un chico mayor de edad y con antecedentes penales desató los problemas. Las cosas empeoraron con el embarazo de la menor, que quiere tener el niño frente al criterio de su madre, que ayer señaló: "Su conducta es superagresiva, desafiante y manipuladora. Dice: no voy al colegio, y no va. Si le dices: vete, se lía el follón e insulta, amenaza y agrede".

La mujer aseguró que quería renunciar a la tutela de la menor, pero que la Junta de Andalucía se ha negado. Por el momento, la única solución planteada es que asista a un centro para tratar el trastorno de conducta.

El precedente asturiano

Hace ahora un año se conoció un caso similar en Asturias, donde la madre de una menor de 13 años pidió al Principado que se hiciese cargo de la tutela de la pequeña ante su propia incapacidad para controlarla.

En aquel caso, las administraciones también se opusieron inicialmente a ello, pero al final accedieron, aunque criticaron que la madre recurriese a los medios de comunicación para hacer presión.

"Ya no sé qué hacer con mi hija"
20MINUTOS.ES / ATLAS. 25.04.2007 - 01:02h

En un artículo publicado en elcomerciodigital.com, una mujer, Mónica López, quiere que "los Servicios Sociales se hagan cargo" de su hija de apenas 13 años.

La razón de esta petición es la irreplimible conducta que ha alcanzado su hija. En los últimos dos años se ha escapado en dos ocasiones y suma cuatro denuncias por robos y agresiones a menores. "Yo más no puedo hacer por ella; a no ser que quieran que la ate dentro de casa para que no se escape".

Insiste en que "ni mi marido ni yo no somos capaces de controlarla. Hemos ido a decenas de cursos y terapias y seguimos todas las pautas que nos recomiendan para la educación de adolescentes, pero no sirve de nada".

La última huida

Su hija se fue de casa con su novio rumbo a Alicante sin dinero. "Se fueron tres días y pese a que denuncié la desaparición en Comisaría, no hicieron nada y fue ella la que al final regresó cuando le dio la gana. Iban sin dinero. ¿Qué más podría hacer en Alicante que robar o prostituirse?".

De hecho, su madre tiene pruebas para pensar que su hija roba. Anteriormente ha recibido en su casa cuatro denuncias "por robar un MP3, por pegarle a otra niña...Los profesores e incluso vecinos del barrio se quejan continuamente de su comportamiento agresivo. Es muy violenta".

Dime con quién andas...

La madre cree que gran parte de su pésimo comportamiento se debe a la compañía de su novio, "que tiene 19 causas pendientes y con el que su hija durmió todo el fin de semana en una chabola".

Mónica denuncia que no recibe apoyos. "La Fiscalía de Menores no hace nada porque la niña tiene menos de catorce años".

Ante esta situación, hace dos meses Mónica inició los trámites para solicitar que el Principado asuma la tutela de la menor, petición para la que aún no ha recibido respuesta. "Primero fui a La Calzada, luego a Oviedo...Pero me dicen que esto es muy lento y que lleva un proceso largo. Mientras, mi niña sigue en casa y no podemos hacer nada para controlarla".

La madre ha salido ahora la luz porque quiere denunciar "la pasividad" de los organismos públicos ante situaciones como la suya, "mientras que para otros temas se dan mucha más prisa en retirar la tutela".

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Fuente: 20 minutos

sábado, 26 de abril de 2008

Francesco Tonucci, Los niños de la calle

Ya hace muchos años leí un artículo de Francesco Tobucci que me gustó. Me gustó particularmente por su crítica a la ausencia de los niños en la ciudad, a la ciudad prohibitiva para que los niños se desplacen por ella con libertad. Desafortunadamente las ciudades siguen siendo prohibitivas para que esto ocurra. No ya por los automóviles, también por el peligro que conlleva el aumento de la pederastia. Dadas las circunstancias, personalmente yo no permitiría a mi hija o a mi hijo de nueve años bajar solo o sola a comprar el pan o chucherías, ni ir solo o sola a la casa de su tía ni aunque viviera a la vuelta. No soy yo la culpable de que las calles no lo permitan.
Pero lo que quiero destacar es más que nada, el hecho de que ya está todo dicho y redicho en lo que a la educación de nuestros hijos respecta. Ya está todo escrito. Es bien cierto que en esto o en aquello, los distintos autores disienten. Winnicott por ejemplo da mucha importancia al objeto transicional. Es uno de sus temas más difundidos. Y sin embargo, el niño bien acogido por su madre no necesita de ningún objeto transicional. Casualmente el objeto transicional se hace necesario solo más tarde, cuando enfrentado a la sociedad, y a medida que va separándose de su madre, el niño se angustia. De hecho los adultos nos servimos también de objetos transicionales cuando experimentamos nostalgia por algo o por alguien, esto es, cuando elaboramos un duelo. Ésa es mi experiencia y si no me equivoco también la de F. Doltó. Françoise Doltó comparte poco con otros psiconalistas, pero mantiene la existencia del complejo de Edipo. El complejo de Edipo (o de Electra) son producto de una mala acogida del niño y fundada por la actitud de los padres uno respecto del otro (rivalidad, envidia, celos) en cuanto a su papel en relación al hijo. El niño no nace ni se fecunda con complejo edípico. Es una construcción que los padres y solo los padres engendran tal y como mantienen Ferenczi y Kohut tras una correcta lectura del librillo de Sófocles. Pero una vez superadas estas a veces peligrosas confusiones producto del querer perpetuarse psicólogos y psicoanalistas a costa del niño o del paciente, o por "no salirse" peligrosamente de la ortodoxia, ¿en qué se diferencian Bowlby, Doltó, Winnicott, Ferenczi... y Tobucci? ¿Y en qué se diferencian Piaget y Vygotsky?
Mucho antes de leer a Vygotsky, yo había leído a Piaget y NUNCA se me ocurrió que éste no contemplara incluso aunque no lo expusiera los aspectos interactivos y socioculturales, la zona de desarrollo próximo en la que se produce el aprendizaje del niño. No sé hasta ahora si es que YO leía mal a Piaget y recomponía a mi manera su teoría, o si mi lectura era lo suficientemente exacta como para que estos detalles no se me perdieran o se me aparecieran como implícitos en el conjunto de la teoría piagetiana. Lo que es evidente es que el niño, independientemente de los factores contextuales, por mucha ayuda que reciba de los adultos, de los expertos o de su grupo de iguales, aprenderá únicamente aquello que pueda acomodarse a lo que ya ha asimilado.
De manera que nuevamente me pregunto, ¿qué hay de nuevo? ¿Realmente leen los libros los que dicen que leen libros? ¿Estamos realmente tan ciegos que lo que debiera hacerse evidente a a cualquiera porque está delante de su nariz, no se torna evidente?
¿No es evidente que atestadas las calles de automóviles, es imposible que salga un niño solo a la calle? ¿Y no es evidente que si el niño va a todos los sitios en coche no aprende a conocer lo que es su habitat y que por consiguiente no podrá ser independiente? Los padres podemos ir con él a todas partes y aun así, si realmente nos lo proponemos, podemos brindarle todas las oportunidades para que aprenda a conducirse autónomamente. Podemos enseñarle las reglas de la ciudad en la que vive. Podemos impulsarlo a que hable sin temor con los vecinos, con el panadero, con el charcutero, con otros niños.
La ciudad y la locura social no dan lugar a que el niño se pasee libremente, no hasta alcanzada cierta edad.
Dice muy bien Tobucci que el jovencito que coge la moto sin lugar a dudas se va a estrellar porque no tiene ni idea de dónde está. Doltó dice: no debemos proteger a nuestros hijos al punto de no comprarle una moto si nos lo pide y está a nuestro alcance. El niño debe responsabilizarse de los riesgos que corre. ¿Estos autores se contradicen? No. Un jovencito podrá no matarse en su moto siempre y cuando haya aprendido a caminar y antes a gatear, y a conocer su ciudad. Y podrá no matarse con la moto si la ciudad se reestructura de manera tal que no haya necesidad de ir a ningún sitio ni con moto ni con coche.
El problema medioambiental al que nos enfrentamos es lo suficientemente alarmante como para que nos decidamos a poner el freno al disparate en las calles en las que el peatón no es nadie.
Pero los verdaderos responsables no quieren escuchar.

Francesco Tonucci, La ciudad de los niños

lunes, 24 de marzo de 2008

Ecología de los sistemas humanos

“El ser humano desde el punto de vista orgonómico es, igual que el resto de los seres vivos, un fragmento de energía cósmica especialmente organizada.”

(W.Reich)


Ecología de los sistemas humanos en el nuevo paradigma,
Xavier Serrano Hortelano

LAS “VACAS LOCAS” EN UN SISTEMA ENLOQUECIDO
Hace algunos meses era actualidad en Europa el problema de las “vacas locas". Se describía mucho lo que ocurría, las enfermedades que contagiaban y las matanzas de miles y miles de ellas como medida preventiva. Pero de lo que se hablaba poco era sobre los orígenes de esa enfermedad. Estos especímenes han sufrido ya los estragos del animal humano, del supuesto animal superior, y curiosamente nos ha repercutido. Lo que hemos creado se está volviendo hacia nosotros y aparte de las razones fisiológicas, es evidente que la búsqueda de la productividad, y por lo tanto la idea economicista de tener, -como se dijo en su día,- “carne para todos” se ha logrado en condiciones realmente antiecológicas, de hacinamiento, de separación tenprana de los terneros de la madre, de alteraciones hormonales, y por lo tanto de grave alteración de los ritmos biológicos.

De hecho, hace ya algunos años que se hicieron experimentos que demostraban ya esta tesis. H. Maturana describe uno de ellos en su libro, El árbol del conocimiento: ”separaron de las madres durante unos días a corderitos recién nacidos para luego devolvérselos. El corderito crece, camina, sigue a su madre y no revel anada diferente hata que comienzan sus interacciones con otros corderos pequeños. Estos animales les gusta jugar corriendo y darse golpes con la cabeza. Los corderitos separados de la madre no lo hacen durante horas. No sabe, y no aprende a jugar; permanece apartado y solitario.” Este biólogo se pregunta: ¿Qué pasó ? Y su respuesta es clara: “No podemos dar una respuesta detallada de lo ocurrido pero el hecho de que este animal se comporte de manera diferente revela que su sistema nervioso es diferente del resto como resultado de la deprivación materna transitoria que ha sufrido. Durante las primeras horas despuñes de nacer al corderito su madre lo lame persistentemente, pasándole la lengua por todo el cuerpo. Al separarlo, hemos impedido esta interacción y todo lo que conlleva de estimulación táctil, visual y probablemente, contactos químicos de varios tipos. Estas interacciones se revelan en el experimento como decisivas para una transformación estructural del sistema nervioso que tiene consecuencias aparentemente muy remotas del simple lengüeteo como es el jugar. Todo ser vivo comienza su existencia con una estructura unicelular particular que constituye su punto de partida. Por esto la ontogenia de todo ser vivo consiste en su continua transformación estructural, en un proceso que, por un lado, ocurre en él sin interrupción de su identidad ni de su acoplamiento estructural a su medio desde su inicio hasta su desintegración final, y, por otro lado, sigue un curso particular seleccionado en su historia de interacciones por la secuencia de cambios estructurales que éstas han gatillado en él. Por tanto, lo dicho para estos corderitos no es una excepción.”

Este ejemplo que nos habla por tanto de la importancia que tienen las variables de los ecosistemas en el proceso de ontogénesis (desarrollo madurativo). Y también de las consecuencias que tienen estas nuevas variables constrictivas impuestas (y que Maturana llamaría “interacciones destructivas”) en los ecosistemas circundantes. Por ello da igual hablar de las vacas que de los bosques, de las gallinas o de los seres humanos, porque son alteraciones que en el fondo corresponden a dinámicas que van contra la natura de cualquier ser vivo. Ir en contra del ritmo biológico, al evitar las dinámicas afectivas amorosas de los primeros tiempos, supone una agresión biológica externa, que condiciona el proceso de organización de esa estructura. (Leer artículo completo)

martes, 11 de marzo de 2008

TDAH

El Presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano ha concedido la máxima condecoración al único movimiento popular de fármaco vigilancia que ha sido capaz de meter en cintura a las multinacionales farmaceúticas en este escabroso asunto del TDAH(1). Ver artículos previos en autismo. Los italianos, al ver la "epidemia" del TDAH en Italia, han reaccionado creando un movimiento aconfesional y apolítico, llamado Giu´ le mani dai bambini (Quita la mano de los niños) Ver http://www.giulemanidaibambini.org/ (Los vídeo clip no deje de verlos, por favor) apoyados por la RAI (Radio Televisión Italiana), decenas de Universidades y colectivos de artistas y profesionales sanitarios. No puede comprenderse que habiendo en España tantos periodistas especializados en la sección de Salud de los más importantes diarios y revistas, ninguno se haya hecho eco de la existencia de este movimiento. El citado movimiento, formado por personal voluntario, ha hecho comprender al conjunto de la sociedad italiana que el incremento de diagnósticos de trastornos psiquiátricos y el aumento exponencial de suministro de drogas psiquiátricas a los niños, es una emergencia sanitaria que había que atajarse, especialmente el TDAH, buque insignia de los trastornos basura.
Han surgido las primeras leyes que prohíben expresamente los cribados mediante cuestionarios psiquiátricos en las escuelas, pues bajo la apariencia bondadosa de "luchar" por la prevención, está demostrado que en los países donde se llevan a cabo esas prácticas poco éticas y fraudulentas, aumenta el consumo de las drogas psiquiátricas que se recomiendan como tratamiento para el TDAH. Cuando, además, esos cribados tratan de disfrazarse de "investigación", resulta que los "investigadores principales" tienen conflictos de intereses con las compañías farmacéuticas que fabrican y venden esos fármacos. Como Vds. saben esos conflictos de intereses significan, en la mayoría de los casos, que el investigador se ha beneficiado económicamente de esa compañía, de una o de varias de ellas; o bien, el investigador principal deja su teléfono ofreciéndose a resolverle las dudas a los padres, con lo que sin duda acabará llenando la consulta...
Con los más diversos pretextos se han hecho cribados en muchas escuelas italianas con cuestionarios psiquiátricos sin la menor señal de alarma de las autoridades sanitarias y educativas . Es raro que esas autoridades no se hayan preguntado por qué no se hacía el cribado sobre otras enfermedades, y se ejerciera poco control sobre las recomendaciones sanitarias y éticas que deben estar presentes en los procesos de cribado. Los procesos de cribado no son inocuos, pues pueden aparecer falsos positivos y falsos negativos. Como falsos positivos, hay niños que sin haber demandado voluntariamente asistencia médica, pueden verse tratados al final con medicamentos con peligrosos efectos secundarios, precisamente, por haber participado en una prueba de cribado. Otros niños, como falsos negativos, pueden dejar de recibir una asistencia necesaria. Otros efectos son la ansiedad que se crea en las familias y en el niño, la exposición a efectos iatrogénicos, gastos económicos, etc. Se crea ansiedad en los maestros a los que se les pide que rellenen cuestionarios, valorando ciertos comportamientos de los niños sin conocer el alcance que tendrán sus contestaciones, porque nadie se lo ha explicado ni están suficientemente informados de qué papel juegan en todo el proceso, y sin saber exactamente qué es lo que está pasando y por qué se demandan de ellos unos juicios de valor. Nadie les dice que su respuesta puede contribuir a que se diagnostique a uno, o más niños, con una enfermedad psiquiátrica de carácter crónico y contribuir a etiquetar a un niño de por vida. Nadie en su sano juicio puede intuir que las preguntas de los cuestionarios, aparentemente sin importancia, pueda derivarse un juicio psiquiátrico tan severo. Al no existir ninguna prueba médica, el diagnóstico es exclusivamente clínico, y por lo tanto tiene un componente altamente subjetivo.

Hay veces que en esas pruebas de cribado sólo se busca la propaganda interesada del trastorno como método indirecto de aumentar las ventas de medicamentos. Prueba clara de ello es que en ocasiones las pruebas de cribado no la realizan todos los niños, por ejemplo, de una escuela. Si la enfermedad que se trata de detectar fuera realmente algo grave, sería nada ético, e injusto, que unos niños se beneficiaran de esas pruebas preventivas y otros no. Hay otras muchas cuestiones que deben tenerse en cuenta. Así que es lamentable que por desidia, ignorancia, exceso de confianza o connivencia hayan fallado todos los sistemas de control de aquellas personas que ocupan puestos de responsabilidad para cuidar de la salud, educación y bienestar de los niños.

Todo lo que ahora vivimos en España con el TDAH, lo han vivido antes los italianos: una enorme eclosión de TDAH . Pero la respuesta del pueblo italiano a través del movimiento Giu´ le mani dai bambini ha sido capaz de salir al paso del tremendo ataque a la salud de los niños italianos para vergüenza de políticos, agencia de medicamentos, ministerios de sanidad, inspecciones médicas, ministerios de educación, inspecciones educativas, directores escolares, Academia de Ciencias Médicas..., que es a quienes correspondería no permitir que mediante cuestionarios ridículos se pueda decir que un niño tiene una enfermedad crónica y que debe de medicarse de por vida, que no se supervisen los documentos concretos de las pruebas de cribado, que no se controle quién financia esas pruebas o quién las promueve, si la investigación trata de descubrir algo nuevo, o es simplemente una réplica de estudios previos y por tanto de escaso valor científico, que no se controle la veracidad de la información que se da a los padres, que no se vigile la naturaleza del documento donde los progenitores otorgan el consentimiento informado, donde los niños expresen su "asentimiento" si tienen edad para ello, donde haya cláusulas y garantías reales para daños por efectos secundarios, que deben ser expuestos de modo exhaustivo a los progenitores y muchas otras medidas que personas mucho más preparadas que el que escribe podrían proponer para evitar que los derechos de los niños a su propia salud sean avasallados.

En España hay 600.000 niños amenazados.

Leer artículo completo en http://autismointegral.blogspot.com

sábado, 2 de febrero de 2008

Pierre Clastres. Entre silencio y diálogo

Los salvajes, como se sabe, desaparecen desde que en el siglo XVI el Occidente triunfante ha lanzado su técnica, su moral y su fe a la conquista de los Trópicos. Las culturas “primitivas”, tal vez demasiado frágiles, y desarmadas en un combate tan desigual, se apagan una tras otra; y, así desposeídos de sí mismos, esos hombres diferentes que devuelven al primer silencio selvas y sabanas en adelante desiertas, se ven condenados a la extinción y la muerte, pues pierden el gusto por la vida. Un balance tan trágico y la conjunción permanente entre la expansión de la civilización europea y el aniquilamiento de las culturas primitivas obligan a preguntarse si no se trata de algo muy distinto de un accidente sistemático. En efecto, más allá de las matanzas y de las epidemias, más allá de este singular salvajismo que el Occidente transporta consigo, parecería existir, inmanente a nuestra civilización y constituyendo la “triste mitad de sombra” en la cual se alimenta su luz, la notable intolerancia de la civilización occidental ante las civilizaciones diferentes, su incapacidad para reconocer y aceptar al Otro como tal, su negativa a dejar subsistir aquello que no es idéntico a ella. Los encuentros con el hombre primitivo se han producido casi siempre con el estilo de la violencia, grosera o sutil. O, con otras palabras, descubrimos en el espíritu mismo de nuestra civilización, y a lo largo de su historia, la vecindad de la violencia y la razón, en tanto la segunda no logra establecer su exigente reinado si no es mediante la primera. La Razón occidental remite a la violencia como su condición y su medio, pues lo que no es ella se encuentra en “estado de pecado” y cae entonces en el terreno insoportable de la irracionalidad. Y es de acuerdo con este doble rostro de Occidente, su rostro completo, que debe articularse el problema de su relación con las culturas primitivas: la efectiva violencia de que éstas son víctimas no es extraña al humanismo, no es sino el signo visible de una proximidad más lejana con la razón; y esta dualidad no define menos nuestra civilización por el hecho de hallarse enmascarada. Todo ocurre, pues, como si nuestra cultura no pudiera manifestarse si no es contra lo que ella califica de irracionalidad. Lo que nuestra historia atestigua, desde el Renacimiento, es que esta intención de repulsa pudo cumplirse en la doble circunstancia favorable de la expansión política y del proselitismo cristiano. Con todo, es preciso señalar que aquélla estaba ya presente en la aurora griega de nuestra civilización, puesto que entonces los hombres se dividían en civilizados y bárbaros, la violencia no se manifestaba aún sino en el lenguaje. ¿Y cómo no recordar ahora ese otro reparto entre razón e irracionalidad del que nos habla Michael Foucault? Pues una curiosa analogía dibuja la forma de un destino común a la Locura y al Salvajismo, identificados negativamente por la doble división en la cual el aniquilamiento de las culturas primitivas hace eco a la “gran reclusión de los pobres”. No se desea resucitar, sin duda, la antigua trinidad en que el salvaje y el loco, junto con el niño, mantenían para Occidente la misma relación con el adulto civilizado. Trátase sólo de que tanto el alienado como el salvaje se hallan vinculados de manera idéntica con la razón, para la cual son esencialmente extraños,
peligrosos y por ende objetos de exclusión o de destrucción. Demente en Europa o salvaje en América, uno y otro se ven promovidos a pesar suyo a este parentesco nacido de la negativa de Occidente a mezclarse con esos lenguajes extraños.
Y quizá sea en nombre de ese mito característico de nuestras maneras de pensar –el salvaje y el loco como fronteras de la razón– que a veces se deba asistir a encuentros sorprendentes: Artaud entre los tarahumaras. Sería injusto, no obstante, desatender las voces que se elevan en defensa de los salvajes: de Montaigne y Léry a Diderot y Rousseau, no se dejó de recordar que la verdadera barbarie no siempre era la que se creía y que a menudo las instituciones y costumbres de esos pueblos lejanos estaban inspiradas por una gran sabiduría. El salvaje se convirtió pues rápidamente en el “buen salvaje”. Existía una diferencia muy clara entre la manera como ocurrían el encuentro y el contacto de Europa con los primitivos y la función que éstos asumieron, desde su descubrimiento, en el pensamiento de ciertos escritores. ¿Mas cabe por ello estimar que esos puntos de luz “compensan” de alguna manera la naturaleza profunda de la relación civilización-salvajismo? No lo parece, pues lo que los poetas y los filósofos nos ofrecen, más que una búsqueda confusa de ese diálogo al cual no podía suscribir Occidente, es una crítica política o moral de su propia sociedad. Por consiguiente, el hecho de transformarse en tema literario o filosófico no cambiaba en nada lo que el salvaje veía ante todo en Europa: su violencia.
De este modo, en lugar de una debilidad congénita de las civilizaciones primitivas por la cual se explicaría su decadencia tan rápida, lo que la historia de su advenimiento deja traslucir aquí es una fragilidad esencial de la civilización de Occidente: la necesaria intolerancia en la cual el humanismo de la Razón halla a la vez su origen y su límite, el medio de su gloria y la razón de su fracaso. ¿Acaso no lo es esta incapacidad de hecho, ligada a una posibilidad estructural, para iniciar un diálogo con culturas diferentes?
En este caso no es sorprendente que la relación básica entre civilización occidental y civilizaciones primitivas se repita de cierta manera, en el nivel de la etnología, para conferir a esta ciencia cierta ambigüedad y marcar su posición con un color particular. En nuestra opinión, la ambigüedad específica de nuestra disciplina reside en la oposición entre su “tierra natal”, sus medios y su finalidad por una parte, signos de nuestra cultura que se despliega, y su objeto por la otra, constituido por el conjunto de esas civilizaciones primitivas, cuyo rechazo del campo de su propio lenguaje, precisamente, exige la nuestra. La paradoja de la etnología está en que es al mismo tiempo ciencia, y ciencia de los primitivos; en que, absolutamente desinteresada, realiza mejor que cualquier otra actividad la idea occidental de ciencia, pero eligiendo como objeto lo que está más alejado de Occidente: ¡lo asombroso, por último, es que la etnología sea posible! En un extremo depende de la esencia misma de nuestra civilización; en el otro, de lo que le es más ajeno; y ello revela ante todo una suerte de contradicción insólita entre el origen de la etnología y su intención, entre lo que la fundamenta como ciencia y lo que investiga, entre ella misma y su objeto. La etnología, el sentido de su proceder, de su nacimiento y de su proyecto, deben comprenderse sin duda a la luz de la gran división realizada entre Occidente y el mundo de los hombres primitivos.
La etnología, ciencia del hombre, mas no de cualquier hombre, se halla de acuerdo por naturaleza, podría decirse, con las exigencias del pensamiento científico, pues se mueve en el universo de la división: ésta, por otra parte, era quizá la condición de posibilidad para una ciencia de este pensamiento reconocido tan sólo mediante la separación.
Y esta cualidad de la etnología se expresa en el hecho de que constituye un discurso sobre las civilizaciones primitivas y no un diálogo con ellas. No obstante, aun cuando sea experiencia de la división, o más bien por ello mismo, la etnología parece ser el único puente extendido entre la civilización occidental y las civilizaciones primitivas. O, si aún es posible un diálogo entre esos extremos separados, la etnología es la que permitirá que Occidente lo entable. No, sin duda, la etnología “clásica”, marcada inevitablemente por la oposición –de la cual nació– entre razón e irracionalidad, y que por lo tanto incluye en sí el límite adecuado para la negativa al diálogo, sino otra etnología a la cual su saber permitiría forjar un nuevo lenguaje infinitamente más rico; una etnología que, superando esta oposición tan fundamental en torno de la que se ha edificado y afirmado nuestra civilización, se transformaría a su vez en un nuevo pensamiento.
En un sentido pues, si la etnología es una ciencia, es al mismo tiempo algo distinto. Este privilegio de la etnología, en todo caso, es lo que nos parece indicar la obra de Claude Lévi-Strauss: como inauguración de un diálogo con el pensamiento primitivo, encamina nuestra propia cultura hacia un pensamiento nuevo.

En: Pingaud, B. y otros, Lévi-Strauss: estructuralismo y dialéctica. Editorial Paidós. Buenos Aires, 1968.

Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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