La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Freud, el tipo erótico y el amor al prójimo

... El deseo no tiene objeto, salvo, como muestran sus singularidades, aquel accidental, normal o no, que llegó significar, ya sea en un relámpago o en una relación permanente, los confines de la Cosa, es decir, de esa nada en torno de la cual toda pasión humana estrecha su espasmo de modulación corta o larga y de retorno periódico.
La pasión de la boca más apasionadamente atiborrada es esa nada donde, en la anorexia mental, el deseo reclama la privación en el lugar donde se refleja el amor. La pasión del avaro es esa nada a la que se reduce el objeto encerrado en su adorado cofrecillo. ¿Cómo lograría satisfacerse la pasión del hombre sin la cópula que conjuga el ser como falta y esta nada?
... Éste es el sitio desde donde tenemos que amar al prójimo como a nosotros mismos, porque en él este lugar es el mismo.
Seguramente, nada está más cerca de nosotros que este lugar. Para que se entienda, tomaré prestada la voz del poeta que, sean cuales fueran sus acentos religiosos, los surrealistas reconocieron como uno de los suyos entre sus mayores. Me refiero a Germain Nouveau, quien firmaba Humilis.

Hermano, oh dulce mendigo que cantas a todos los vientos,
Ámate como el aire del cielo ama al viento.
Hermano, al conducir los bueyes por los montículos de tierra,
Ámate como en los campos la gleba ama la tierra.
Hermano que haces el vino con la sangre de las uvas de oro,
Ámate como una cepa ama sus racimos de oro.
...
Pero en Dios, hermano, debes saber amar como a ti mismo
A tu hermano, y, sea quien sea, que sea como a ti mismo.

Éste es el mandamiento del amor al prójimo. Desconcertado por su invocación, Freud tiene razón en detenerse en este punto, porque la experiencia muestra -y el análisis articula como un momento decisivo de su descubrimiento- la ambivalencia por la cual el odio sigue como su sombra todo amor por ese prójimo que es también para nosotros lo más extranjero.
¿Cómo no hostigarlo entonces con pruebas que hagan salir de éste el único grito que podrá hacer que lo conozcamos? ...

Y dice antes, Lacan: "Creo que Freud está mucho más cerca del mandamiento evangélico 'Amarás a tu prójimo' de lo que acepta. Porque él no lo acepta, lo rechaza por parecerle excesivo como imperativo, si no se burla de este como precepto por sus frutos aparentes en una sociedad que conserva el nombre de cristiana. Pero se interroga sobre este punto.
Habla del tema en esa obra sorprendente que se llama El malestar en la cultura. Todo está en el sentido del 'como a mí mismo', que termina la fórmula. La pasión desconfiada de aquél que desenmascara detiene a Freud ante este 'como'. Se trata del peso del amor. Freud sabe, en efecto, que el amor a sí mismo es muy grande, lo sabe perfectamente por haber reconocido que la figura del delirio surge de allí. 'Sie liene ihren Wähnen wie sich selbst' (ellos aman su delirio como a sí mismos), escribió. Y designó esta fuerza con el nombre de narcisismo. ...
Sin duda me amo a mí mismo con la pasión viciosa con la que la burbuja vital se empuja a sí misma y se hincha en una palpitación a la vez voraz y precaria, sin dejar de fomentar en su seno el punto vivo desde donde su unidad reventará, diseminada por su propio estallido. En otras palabras estoy ligado a mi cuerpo por la energía psíquica, el Eros que hace que los cuerpos vivos se enlacen para reproducirse, y que él llama libido.
Pero lo que amo, en la medida en que hay un yo donde me fijo por una concupiscencia mental, no es ese cuerpo cuyo batir y cuya pulsación escapan evidentemente a mi control, sino una imagen que me engaña al mostrarme mi cuerpo en su Gestalt, su forma. ... Me amo a mí mismo en la medida en que me desconozco esencialmente, solo amo a otro, a otro [autre] con una a minúscula inicial ... el pequeño otro.
No hay nada sorprendente en que no sea más que yo mismo lo que amo en mi semejante. ..."

Me inclino a creer que hay aquí un equívoco. Lacan quiere presentarnos a un Freud como más cercano al precepto de "Amarás a tu prójimo" de lo que él mismo aceptaría, pero la reflexión que hace nos muestra lo contrario, lo lejos que está en realidad. Freud dice claramente que no entiende este precepto. Que no se puede amar a aquél por el que no sentimos ninguna simpatía. Y en verdad no lo entiende. Freud no entiende tampoco al tipo erótico de personalidad, del que dice que busca más ser amado que amar. Porque el deseo de ser amado del tipo erótico es siempre en co-respondencia con el amor dado. Freud interpreta al tipo erótico como estableciendo una relación de dependencia respecto del otro, pero esa dependencia, que Freud detesta, es una inter-dependencia. Una cosa es amar en el otro a mí mismo porque yo me amo a mí mismo de forma ¡inagotable! como resultado de que amo en mí a otro por identificaciones o reflejos de los otros que configuran mi yo, yo al que esencialmente no conozco, y otra es amar al otro como me amo a mí mismo. Porque no se trata de amar en el otro "algo" del otro sino de amar al otro en sí mismo, íntegro.
Esto requiere que en el amarse a sí mismo exista algo (¿sentimiento de agradecimiento por las identificaciones que nos han sido permitidas?) que me permita ver en el otro lo que sí veo claramente en mí (por ejemplo, que soy producto de esas identificaciones, y el otro también). No se trata de un amor utilitario como el que Freud explica que él experimenta como máximo por el prójimo porque se le parece en esto o en aquello y se le hace simpático, interesante, cercano o comprensible, sino de un amor por el género humano que hace que cualquier sujeto nos parezca cercano por el simple hecho de pertenecer al género humano (o a lo existente).
Lo que no es comprensible es que Freud no comprenda la diferencia entre un tipo de amor y el otro.
Por otro lado, como Lacan bien explica en estos textos (1), ¿cómo no increpar al otro? ¿Es que el amor al otro no incluye ese odio y ese deseo de hacerle gritar de dolor para conocerle y para que él mismo se experimente a sí mismo y se conozca? ¿Qué otra clase de amor es posible?

(1) El triunfo de la religión, Jacques Lacan, Paidós

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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