La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

sábado, 24 de noviembre de 2007

Una historia de la cama

Cama, pieza de mobiliario que sirve para descansar o dormir en ella. Por lo general consta de un armazón, o estructura de apoyo, y de un colchón.

LA CAMA EN OCCIDENTE
Existen bastantes indicios de que las camas eran usuales entre la clase gobernante de Egipto, Babilonia y Persia. Entre 1575 y 1075 a.C., la cama egipcia tenía un rebuscado pie decorado con tallas, dorados e incrustaciones. No tenía cabecera, salvo un simple apoyo. Después del siglo VII a.C. los armazones y canapés griegos se convirtieron en importantes piezas del mobiliario, e iban tallados o chapados con marfil, carey y metales preciosos, y algunas veces llevaban patas de plata u oro macizos. Además tenían una sencilla estructura de muelles, que consistía en tiras de cuero entrelazadas. Los etruscos hicieron también lujosas camas parecidas a las de los griegos. En sus tumbas se han encontrado dos armazones funerarios chapados en marfil de los siglos IV y III a.C. Hasta la disolución de la República las camas romanas se caracterizaban por su gran sencillez. Después sobrepasaron en esplendor a las persas, griegas y etruscas. A finales del siglo I d.C., se extendieron hacia Renania versiones más sencillas de las camas o canapés romanos. Sin embargo, en aquellos tiempos las camas todavía eran un lujo para la mayoría de la gente.

En la Europa del siglo VIII, durante el periodo de Carlomagno, se realizaron camas de tubos de bronce. Durante los siglos XII y XIII prácticamente todos los castillos y mansiones señoriales tenían camas, pero los dormitorios entendidos como tales no se configuraron hasta el siglo XVIII. Hasta ese momento, en todos los hogares, las camas simplemente estaban en lo que se denominaba sala y se utilizaban durante el día como divanes. Por la noche se separaban con cortinajes para evitar las corrientes y conseguir una alcoba dentro de otra. De esta forma apareció el dosel que se sujetaba al techo o de las paredes, o colgaba de un armazón que se apoyaba en cuatro postes colocados en las esquinas de la cama. Este tipo de cama era de madera tallada con decoración pintada y se protegía del polvo, los insectos o las miradad indiscretas con unas cortinas laterales. Durante la edad media las colgaduras indicaban la posición económica, y las de la clase acomodada a menudo estaban primorosamente bordadas. Las camas fueron aumentando paulatinamente de tamaño y riqueza hasta que, hacia el siglo XV, adquirieron proporciones enormes, en particular entre la realeza. A finales del siglo XVI los hogares de la clase acomodada de Alemania, Holanda y Suecia tenían magníficas camas talladas que se empotraban en las habitaciones. Los más humildes se conformaban con camas armario, cerradas por puertas costumbre que perduró en el norte y oeste de Europa hasta el siglo XIX.

La cama con dosel, incluido el cortinaje, siguió siendo habitual mucho tiempo después de que se pusieran de moda los dormitorios. En el siglo XVIII se utilizaron distintos tipos de madera —caoba, roble, haya y nogal— y se puso de moda un estilo de tallado más fino. De hecho, fue durante los reinados de los reyes franceses Luis XIV, quien tenía en su haber 413 camas de todo tipo, y Luis XV, cuando la técnica de la construcción de camas refinadas alcanzó su apogeo, combinando diseños elegantes, adornos fantásticos y bello colorido. Los más pobres tenían otros acomodos más elementales para dormir, que iban desde el suelo hasta colchones o jergones de pelo de caballo o paja, que se podían poner sobre un sencillo y estrecho armazón de madera. Los bebés normalmente dormían en un carro pequeño con tres ruedas que se ponía debajo de camas grandes.

La ostentación exagerada, que caracterizaba las camas de épocas anteriores, fue desapareciendo cuando se empezaron a fabricar camas en serie al alcance de todas las clases sociales. El armazón de hierro fue introducido por los franceses a finales del siglo XVIII y se erigió como modelo en muchos hogares europeos. Las camas de latón, que ya resultaban más atractivas, se hicieron en Inglaterra hacia 1830 y perduraron hasta comienzos del siglo XIX. La cama diván actual, introducida en la década de 1930, acabó con la necesidad del armazón, ya que se prescindía de la cabecera y el pie (las pieceras). La comodidad y la sencillez siguen siendo lo que más se tiene en cuenta en los diseños modernos.

CAMAS NO EUROPEAS
Fuera de Europa las camas han adoptado formas distintas. Su evolución está menos documentada que la de sus homólogas europeas pero parece que han sufrido menos cambios con el paso de los siglos. Los maoríes neozelandeses, por ejemplo, dormían según la tradición en esteras hechas de cortezas de madera, mientras que las camas japonesas constaban de un simple colchón (futón) que se apoyaba bien en el suelo sobre tatamis o bien en una plataforma baja de madera. La cama japonesa, asimismo, podía tener una cabecera de madera que soportaba la base del cráneo de quienes dormían en ellas de manera que no se estropearan los complicados peinados que llevaban. Esto también ocurre en las camas de las islas Fiji.

En Nueva Guinea las camas eran de madera y tenían cabeceras talladas con cabezas humanas. Algunas tenían dos pares de ojos para poder vigilar a los espíritus malvados que, según creían, penetraban en la cabeza del que estaba durmiendo. En algunas zonas de África ocurre lo contrario, y el pie es la parte más importante de la cama. Entre las tribus yombe y las de la República Popular de Congo era costumbre que las mujeres solteras durmieran en una cama en la que el pie representaba a una mujer con su prometido y su tío, que era el encargado de negociar las condiciones de su boda.

En el continente americano, los dibujos de los códices prehispánicos de México y los relatos de los cronistas hispanos de la época de las conquistas, se refieren a dos elementos básicos que existían —y aún subsisten— para dormir: el petate y la hamaca. Pétlatl (y de ahí petate) es una palabra náhuatl que designa una estera hecha de tiras entretejidas de hojas de palma que sirve para sentarse y acostarse sobre ella, así como para tapizar muros y suelos. Sobre el significado de petate en América Latina, se sabe que esta voz se conoce en todo el continente hispanohablante, pero no se usa en países como Uruguay, Paraguay, Argentina o Colombia, excepto en frases o modismos.

Hamaca es una palabra que proviene del taíno, el arahuaco de las Antillas, y que fue difundida por los españoles a su llegada al continente. Describe un lecho colgante, generalmente de red, con una malla abierta y suelta y, algunas veces, hecho con un lienzo de tela. Las hamacas se tejen con hilos de uno o varios colores que pueden ser de seda, algodón, fibras de pita o agave, henequén y, últimamente, con materiales sintéticos. En países como Nicaragua, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Puerto Rico, Perú, Venezuela y Colombia se conoce a la hamaca como chinchorro, un término que posiblemente deriva del quechua chunchulli, `tripas menudas'.

Muy común en pueblos y ciudades ha sido también el catre de tijera que se compone de dos largueros y cuatro pies cruzados sobre los que se apoya cuando se despliega. El lecho suele ser de tela resistente o de cuerdas entrelazadas. En las grandes estancias ganaderas de Argentina se ha utilizado tradicionalmente el catre de cuero.

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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