La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

domingo, 11 de noviembre de 2007

Quien S.O.S.: profilaxis por favor

En resumidas cuentas, tengo una muy prometedora trayectoria de más de 20 años de tratamientos clínicos, psicoanalíticos, psicológicos de otro tipo y como no, finalmente, psiquiátricos (amén de estudios de Psicología, cursando actualmente el segundo ciclo, y una titulación universitaria en Bellas Artes en la especialidad de Diseño Gráfico) todos los cuales han contribuido (solo gracias a mis fortuitas y afortunadas continuas lecturas de los autores que correspondía) a traerme hasta aquí para dar testimonio tardío (Ferenczi lo hizo hace 70 años pero el suyo fue censurado y tachado de psicótico, y quizás también lo será el mío) de la necesidad de que antes o después desaparezca toda psicología como no sea con intención profiláctica.

El tema de la profilaxis (prevención del trastorno mental) en psicología y psiquiatría, es un tema discutido aunque, a mi entender, en absoluto discutible. En el contexto de las universidades suelen entrenarnos a los futuros psicólogos para el tratamiento o cura del trastorno o disfunción que ya se ha establecido, y el tema de la profilaxis se toca apenas o se elude en lo posible (a veces con la excusa por cierto curiosa de que "no hay que culpabilizar a nadie", cuando de lo que se habla es de corresponsabilidad de todos los componentes sociales en torno a infinidad de cuestiones; pero aquí nadie tiene relación con nada de lo que ocurre a su alrededor; nadie tiene que replantearse su actuación o su forma de proceder; nadie tiene que reparar un error o una negligencia, nadie tiene que intentar siquiera admitir que no sabe e intetnar aprender algo de lo que no sabe... a lo sumo hacer la vista gorda y en todo caso "echar las culpas" al viento.

En psicopatología se nos dice que es difícil o imposible hablar de etiología del trastorno mental y los manuales de psicodiagnóstico que actualmente se usan, el DSM por ejemplo, son exclusivamente descriptivos. No tienen porqué ser distintos, no serían más útiles si lo fueran. Sin embargo al mismo tiempo se nos dice que existen factores predisponentes, precipitantes, mantenedores e inhibidores del trastorno mental, y se nos pide que reflexionemos acerca de ellos en función de casos concretos. Eso significa ni más ni menos, que para cada sujeto y su "particular trastorno mental" (no existe nunca un trastorno mental exclusivamente particular, éste es siempre de índole social porque el inidviduo aislado como tal es una ilusión), existe una etiología fácil de identificar si conjugamos adecuadamente dichos factores, pero imposible de generalizar en términos absolutos "al resto del personal", lo mismo que no podríamos generalizar los patrones del éxito, de la salud, de la bondad, del talento o de la belleza porque las variables que confluyen, las personales, las ambientales, las culturales, las sociohistóricas, por supuesto, son múltiples, y dependen en parte asímismo del azar. Pero las cosas no ocurren porque sí, y la historia de la locura, de la psicología y de la psiquiatría es suficientemente añeja como para decir que ya contamos con suficiente material como para saber qué factores influyen o deben ser tenidos en cuenta para evitar el trastorno mental cuando existe esa posibilidad, cuando depende de nosotros, cuando está en nuestras manos, y no es producto de un suceso ajeno a nuestra voluntad, imposible de controlar, como puede ser una enfermedad probadamente congénita, un accidente, una catástrofe natural, etc. Las opciones en relación al trastono que ya se ha establecido (¡por ejemplo en el niño!) son las de recurrir al psicólogo, a los variados tipos de terapias que se nos ofrecen, tradicionales o alternativas (a veces de por vida), incluida la psicofarmacológica, que actualmente se introduce cada vez más temprano ante el menor indicio de supuesta "irregularidad" conductual del niño. Hoy es moneda corriente que los padres pasen de educar o carezcan de las habilidades o tiempo o energías necesarias para cuidar y educar a sus hijos y opten sin más por ponerlo en manos del terapeuta de turno, en cuanto pueden, delegando toda responsabilidad. Pero los terapeutas no pueden hacer mucho. Los maestros pasan igualmente de entrometerse seriamente en los problemas de conducta de sus alumnos, quizás, con razón, en vista de que pueden ser víctimas de una denuncia o de una agresión incluso física. Pero esa actitud también merece que se la revise.También se recurre a los tribunales cuando la cosa traspasa cierto límite. Padres que denuncian a los hijos e hijos que denuncian a los padres. Finalmente queda la opción de la psiquiatrización crónica del individuo designado como enfermo (tal y como se lo denomina desde la terapia sistémica), aun cuando en muchos casos se la trata como si fueran episodios agudos, reincidencias, gracias a la pródiga intervención de los servicios de atención ambulatorios, centros de día, tratamientos privados, atención por parte de cuidadores especializados a domicilio o la propia familia, etc. Todo esto se debe en parte a que existen motivos no del todo confesables y variados, pero compatibles y/o compartidos, por una parte importantísima de la sociedad en toda su estructura, por mantener esta dinámica que recién ahora se pone en tela de juicio en lo que se refiere a la salud física tal y como se estudia en Psicología de la salud y calidad de vida, rozando tangencialmente la salud en términos psicológicos (y a veces incluso anteponiendo la salud física a la psíquica si eso abarata costos). Porque la motivación del cambio es el coste en términos económicos que supone al Estado cargar con los enfermos, menos que evitarles realmente o paliar su sufrimiento y sanear la sociedad.

Considero que la acción del psicólogo está más bien fuera que dentro del despacho, como agente social. Que no debiera existir en absoluto esa separación entre la actividad o vida profesional y la particular o privada que muchos terapeutas, médicos o psiquiatras pretenden establecer y de hecho establecen, dejando inerme al paciente cuando éste no está dentro del "encuadre" dentro del cual se pretende que se autoencierre aun cuando físicamente no se lo enclaustra en un manicomio, eliminando su derecho a relacionarse con los demás como ser humano, y marginándolo vital, física y espiritualmente. Ni tampoco respecto de aquéllos que no son "pacientes" pero no porque no padezcan un trastorno sino porque su trastrono es del tipo egosintónico: se desenvuelven socialmente de forma aceptable, sintonizan satisfactoriamente con su trastorno pero indefectiblemente a costa de otros.

A falta de una asignatura que trate a fondo el tema de forma específica, es que edito este testimonio, sin mucha ambición, por supuesto, pero a quienes les interese el tema, hay ya y habrá más que suficiente material como para comenzar a indagar en esta linea de acción que nuestra sociedad está pidiendo a gritos que se incluya cuanto antes en "el programa" de nuestra universidad.

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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