La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

martes, 20 de noviembre de 2007

La Palabra del psicoanalista es algo más

En el siguiente artículo de Éric Laurent vemos o parece que vemos, cómo lo más importante para el psicoanálisis hoy por lo visto, "aunque no es para todos" (¿?), sí es, meramente, perpetuarse.
En nombre de las teorías de Lacan, mal leídas, o leídas a medias, y olvidándose del tomo en el que enuncia su ética, se le da importancia al papel de la palabra en nuestra sociedad, pero no a cualquier palabra, sino a la del Psicoanalista, anteponiéndola a la palabra incluso que dice al hijo la propia mamá. Esta palabra es aquí denigrada cuando se dice que darle demasiada importancia es "culpabilizar" a la mamá... mezclando escuelas o puntos de vista tan dispares como los de Bowlby (a quien descalifica en especial por "heterodoxo"), Anna Freud, Bethelheim, Melanie Klein, e incluso las psicologías de tipo conductual o experimental que hacen uso de los estudios del psicoanálisis para mantener el control, ser el "amo", como dice Laurent, seguramente aparentando seguir a Foucault o algún anarquismo...), que nada o poco tienen que ver al menos en lo que respecta al papel fundador de la relación entre hijo y madre para el sujeto (la de Melanie Klein sí por ejemplo es una óptica culpabilizadora...)

Amparándose en un saber o discurso (entrecomillado) que nadie o pocos realmente dominan, pretende este psicoanalista ahora quitar importancia a las figuras de la madre y del padre despejando las dudas que éstos –potenciales pacientes o dadores de pacientes, los hijos– pudieran tener acerca de las verdaderas intenciones del psicoanalista: éste nunca pretenderá culpabilizar a nadie, ni a la madre ni al padre. Puede usted, viene a decirnos, recostarse tranquilo años en el diván que nadie va a señalar su responsabilidad en cuanto a la palabra dicha o escuchada, ese aspecto de la palabra no se va a tocar. Vamos aquí a quitarle a usted cualquier peso "angustiante", vamos a separar (usted será el ombligo en mi despacho y en el diván): de la palabra que hablamos es de la palabra que le aleja a usted de su relación con los demás...


Si en algún sitio Lacan distingue entre psicoanálisis puro y aplicado, el único que realmente existe, en tanto existe sujeto (sujeto siempre y únicamente en relación con otros sujetos siendo la primera intermediaria para bien y para mal, la mamá), es el aplicado.


¿Mental?
Éric Laurent
Delegado General de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Analista Miembro de la Escuela (AME) de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, de la École de la Cause Freudienne (ECF), de la New Lacanian School (NLS), de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP), de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL), Escola Brasileira de Psicanalise y de la Nueva Escuela Lacaniana - NEL

Nada es más preciado que la salud mental. Conocemos la anécdota que relata Freud en su obra El chiste y su relación con lo inconsciente de un pobre judío de Viena, Hirsh, que toma el tren para Karlsbad y sus aguas termales. Está en el tren y no tiene boleto. El guarda lo intercepta y le pide que baje del tren. Lo hace y vuelve a subir enseguida a otro vagón. Lo agarran, el guarda le pega y lo echa del tren. Sin embargo vuelve a subir, el guarda lo muele a golpes, etc. Así continua durante un cierto número de estaciones. Al cabo de algunas paradas agitadas, por el mismo episodio, se cruza con uno de sus amigos de Viena que había logrado no ser descubierto por el guarda y que le pregunta: “Pero ¿qué haces aquí?, y Hirsh responde:

“Voy a Karlsbad a tomar baños termales, ¡si mi salud me lo permite!”

La salud mental, es un poco eso. Es permanecer en el tren si nuestra salud mental nos lo permite. La relación entre Hirsh y el guarda nos señala algo profundo: que indiscutiblemente la salud mental existe, pero tiene poco que ver con lo mental, y muy poco con la salud. Tiene relación con el Otro, y con el silencio.
La salud mental es lo que asegura el silencio del Otro, así como la salud es el silencio de los órganos. Jacques-Alain Miller situaba esto diciendo que la salud mental es ante todo una cuestión de orden público. El Witz freudiano señala esta relación al otro del control, decisivo en todas las cuestiones de salud, mucho antes que nos agotemos en querer controlar los presupuestos. Pero también es necesario tener en cuenta esto: en lo que concierne a la salud, el orden público está desplazado por el nuevo estatuto del amo. El nuevo amo está preocupado por las mediciones. Cada vez más los nuevos políticos se centran en la publicación de cifras, índices y sondeos, considerando el resto como retórica y pequeñas frases. Es un uso de las matemáticas sociales muy diferente al de las Luces, donde Condorcet veía a la ciencia matemática esclarecer los impasses del proceso electoral.

El amo antiguo no estaba en absoluto preocupado por las cifras; él enunciaba el orden del mundo. Si una mina de sal producía más de lo que habían establecido los mandarines, urgentemente se la cerraba por el bien del Imperio. Asimismo, el amo del Antiguo régimen no se preocupaba por los sujetos y su salud, sólo se preocupaba por la suya, la del reino venía por añadidura. Es con las Luces, luego con los Derechos del Hombre, que se introduce la preocupación por la salud, y la salud mental. A partir de ese momento el saber considera la organización social, la crítica y la cifra. Desde entonces no deja de trastornar al amo. El saber hace surgir posibilidades -posibilidades de vida y de sobrevida-, de las cuales nadie sabe la utilidad. ¿Es bueno, es malo? Los comités de ética intentan apreciar, evaluar, dividir estos efectos en tonos compatibles no sólo con el amo, sino con la vida. Es necesario seguir detalladamente el embarazo de las definiciones con las que el amo intenta utilizar la ciencia y sus procedimientos para ceñir lo que es deber de Estado en la salud, es decir para legitimar su descompromiso. El Estado contemporáneo, profundamente endeudado, propone una nueva definición del horizonte democrático prometido al ciudadano. Ya no se trata más de asegurar la felicidad ni el bienestar social (Welfare), es necesario ahora limitarse a lo que tiene un efecto científicamente demostrado. En lo que concierne a la felicidad no es mucho. Sin embargo, el amo quiere estar justificado al limitarse a lo que está de este modo reducido, y privatizar el resto.

El psicoanálisis, tolerado entre las dos guerras mundiales en el concierto de las técnicas terapéuticas, fue requerido después de la guerra por los ideales de prevención. Un informe célebre redactado para la Organización Mundial de la Salud por el psiquiatra y psicoanalista heterodoxo John Bowlby iba a hacer aceptar que una de las causas esenciales de las enfermedades mentales estaba enlazada a la falta de cuidados maternales del niño. El representante del psicoanálisis había encontrado la clave: era la madre. Esta fue transformada en aliada de peso en el dispositivo general del Estado. Toda la posguerra está marcada por la creación en los Estados industrializados, de instancias de cuidados maternales: centros de orientación infantil en Inglaterra, CMPPen Francia; en los Estados Unidos centros de consulta (Clinics) en el ámbito de los Estados, incluso de las Municipalidades, sin alcanzar el nivel federal. El género literario de los “Consejos a las madres” fue considerablemente renovado por los psicoanalistas que, desde Winnicott a Betelheim pasando por Anna Freud y los alumnos de Melanie KIein, escribieron guías prácticas para ser usadas por las madres salteándose a la autoridad pediátrica.

Es claro que la Madre, como la piensa el Estado, está en peligro. La OMS ya no cree que la causa esencial de las enfermedades mentales sean los malos cuidados maternales. No se ve, por otra parte, como esta perspectiva no culpabilizaría a las madres, y si se las culpabiliza, es necesario aliviar esta falta con ayuda. El sostén de las madres cuesta muy caro. Ahora no se trata ya de ayudar, sino de promulgar una Carta Internacional de los Derechos del Niño, y de confiar luego a la justicia la inquietud de intervenir cuando los cuidados maternales son distorsionados. No se habla más de niños mal cuidados por su madre, se evoca el maltrato de los niños y se los confía a instituciones cuya definición es más asistencial que científica, lo que autoriza a emplear antes un personal educativo que un personal altamente calificado, y por consecuencia oneroso.
En el mismo movimiento es necesario inscribir las nuevas consideraciones jurídicas sobre el padre. Uno ve aparecer una suerte de Comité de defensa de una especie en vías de extinción: el padre. Uno recuerda todo el bien que él le hace al niño. Los técnicos de la procreación artificial devolverían con urgencia un “Derecho al padre” que pondría al abrigo de las psicosis y otros problemas que tocan a la enfermedad mental. No es seguro que pueda existir un derecho al padre, ni tampoco un derecho al amor. Sin duda las ficciones jurídicas que constituyen el sistema de parentesco de las sociedades complejas juegan su papel, pero la incidencia en el inconsciente del sujeto de la cuestión del padre no se agota con la consideración de su estatuto jurídico. Freud situaba muy bien en El malestar en la cultura el alcance de la nostalgia por el padre -Vatersehnsucht. Sean cuales fueren las medidas de derecho que se tomen, no habrá jamás bastante padre -siempre pediremos más. Una cosa es detener el desmantelamiento de los derechos paternos y las paradojas que esto eventualmente provoca, y otra cosa es el incurable llamado a lo que vendría a asegurar la consistencia del sistema como tal. Con este derecho al padre sólo encontramos un monoteísmo jurídico laico.

El mejor aliado del psicoanálisis es sin duda el psicoanálisis mismo, en su efectividad. Lacan distinguía respecto a esto el psicoanálisis puro y el psicoanálisis aplicado. Contrariamente a una costumbre según la cual la aplicación del psicoanálisis apuntaba a un desciframiento de las producciones de la cultura en el marco edípico y pulsional, se trataba para él de aplicarlo en el campo de la medicina: “terapéutica y clínica médica”. Se espera de nosotros -decía-, la crítica de nuestros resultados, la puesta a prueba de nuestras categorías y el examen de nuestros proyectos terapéuticos. Nosotros retornamos estos tres registros, explícitamente propuestos por Jacques Lacan en 1964 como los de la “Sección de psicoanálisis aplicado” de su Escuela. De este modo proponemos examinar la inserción actual del psicoanálisis en todo el campo producido por la re-engeenering de la distribución de los cuidados psiquiátricos. La transmisión y la transferencia de los cuidados o la recepción en “lugares de vida” fuera del hospital crean toda una zona donde el psicoanálisis puede hacer escuchar proposiciones positivas.

El psicoanálisis no es “para todos”, no tiene su lugar en todos lados, pero en todos lados puede recordar que el sujeto surge de la palabra -ser hablante, ser hablado, hablante ser. A través de los años y las culturas, las estructuras clínicas y las lenguas, evalúa la potencia de la palabra, propone una alternativa al peso angustiante del determinismo científico que no es la esperanza de un milagro. Sitúa el campo de necesario, mantiene el lugar de lo contingente.*

NOTAS
* Eric Laurent tuvo a su cargo la edición de los cinco primeros números de la revista Mental. Revue de psychanalyse appliquée et de santé mentale, publicada por la Escuela Europea de Psicoanálisis, y en tal carácter escribió las respectivas notas editoriales que aquí se publican. Esta corresponde al N° 1, de junio de 1995. Versión corregida de la traducción de María Inés Negri. (N. del E.)
Bitácora Lacaniana El Psicoanálisis Hoy Nº2

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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