La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

martes, 20 de noviembre de 2007

Janet Frame. Un ángel en mi mesa


Nueva Zelanda, 1990. T.O.: An Angel at my Table. Director: Jane Campion. Guión: Laura Jones, a partir de la autobiografía de la escritora neozelandesa Janet Frame. Fotografía: Stuart Dryburgh, color. Música: Don McGlashan. Don McGlashan. Intérpretes: Kerry Fox, Karen Fergusson, Alexia Keogh, Iris Churn, K. J. Wilson, Melina Bernecker, Andrew Binns, Glynis Angell.

Un ángel en mi mesa (An Angel at my Table, 1990) es el segundo largometraje de la realizadora neozelandesa Jane Campion y primero que conoció estreno comercial en nuestro país. Se trata de un film rodado para la televisión que, a lo largo de 158 minutos, reconstruye la vida de Janet Frame (1924) -según el Nobel de Literatura australiano Patrick White "la más considerable novelista neozelandesa actual"- dividiendo la acción en tres episodios cuyos títulos recogen, precisamente, los de la trilogía autobiográfica de dicha autora.

En el primero (To the Is-Land, 1982), Janet, segunda de las cuatro hijas de dos humildes granjeros, es una niña gorda, sucia y aureolada por una encrespada mata de cabellos pelirrojos que, en medio de la pobreza y las burlas de sus condiscípulos, siente nacer en su interior la vocación literaria. La curiosidad ante el despertar de la sexualidad, después de una menarquia tardía, y el celo por preservar su intimidad corren paralelas al aislamiento social y las conductas bulímicas que habrían de ser una constante a lo largo su vida.

El segundo episodio (An Angel at my Table, 1984), que comienza entre juegos de adolescentes inventando nubes fálicas, se centra en el proceso de madurez de la escritora y documenta sus años de formación hasta el fracaso en la tarea docente que asume como maestra. Su inquebrantable timidez, sus silencios y su fealdad alimentan la poesía de su mundo interior, entregado a la literatura - "mi único amor" -, pero la obligan a apartarse de cuantos la rodean mediante excusas con las que finge permanentes ocupaciones. El episodio prosigue con el internamiento de Janet en la Unidad de Psiquiatría, a raíz de un torpe intento de suicidio, que supondrá su primera experiencia cercana a la sinrazón, de la que saldría de vuelta a casa con un confuso diagnóstico de esquizofrenia, (Dementia praecox) como le traducen sus hermanas tratando de restar impacto a la sonoridad del término clínico. Un posterior reingreso en unidad de larga estancia resultaría mucho más traumático, ya que le serían aplicados más de doscientos electrochoques - "cada uno equivalente al miedo que se siente ante una ejecución", recordará - a lo largo de los ocho años que duró su internamiento. La cámara recorre con detalle y en silencio los rincones del asilo, deteniéndose en los rostros inexpresivos de los alienados y en sus gestos sin sentido, mientras el personal tratante cumple su misión con frialdad funcionarial, sin apenas una mirada compasiva ante el terror o las convulsiones rítmicas de los músculos de cada miembro, que son reflejadas lentamente, en primer plano.

De la terrible experiencia sufrida durante su ingreso escribirá en la autobiografía que da título al film: "Las seis semanas que pasé en el hospital Seacliff en un mundo que nunca hubiera pensado que pudiera existir, fueron para mí un curso condensado de los horrores de la locura. Desde mis primeros momentos allí, supe que no podría volver a mi vida normal ni olvidar lo que vi. Muchos pacientes confinados en otros pabellones no tenían nombre, sólo apodo; sin pasado, sin futuro, sólo un Ahora encarcelado; una eterna tierra del presente, sin horizontes que la acompañen". Durante el encierro lee vorazmente a los clásicos y empieza a escribir. Gracias a su primer libro de cuentos, El lago: relatos (1952), con el que ganó el premio Hubert Church de relatos cortos, se salva en el último momento de la lobotomía que estaba programada como alternativa ante el fracaso de las sucesivas estrategias terapéuticas, según le comunica su médico sin demasiadas explicaciones.

El tercero (The Envoy from Mirror City, 1985) narra el viaje europeo de Janet y sus estancias en Londres y París, hasta recalar a orillas del Mediterráneo en una recién descubierta Ibiza, buscando el acomodo más barato y asequible que ofrecía la isla a finales de los cincuenta. Aquí, en los años pioneros del hippismo, disfruta por primera vez de los placeres del sexo con un mediocre poeta americano, entre los quejidos desgarrados del cante jondo y la guitarra flamenca, que sirven de fondo musical a las escenas de amor libre entre playas vírgenes y noches en vela, provocando el escándalo de mujeres enlutadas que friegan las baldosas de rodillas, mientras cotillean y murmuran, portadoras de los prejuicios más rancios de la España profunda.

De nuevo sola, vuelve a Inglaterra tratando de trabajar como enfermera, lo que le provoca un nuevo trauma al ser rechazada de modo expeditivo por sus antecedentes mentales, en una clara demostración de la crudeza indeleble del estigma psiquiátrico. En consecuencia, es ella quien solicita su hospitalización voluntaria, buscando la protección que la aleje de la sombra aciaga de un nuevo intento de suicidio. Allí conocerá al médico que iluminará el resto de sus días al poner en cuestión el diagnóstico que la llevó al encierro desde una posición psicodinámica más comprensiva. Su propuesta de exorcizar la amargura narrando con detalle la experiencia le permitirá regresar a su patria liberada de su siniestro pasado, dedicándose definitivamente a la escritura con éxito considerable en el panorama literario.

La película pone en tela de juicio la delgada línea que separa la normalidadde la anormalidada partir del caso verídico de la escritora: una persona dotada con una imaginación desbordante, que la ramplonería social considera enfermiza, es víctima de una impericia profesional que la somete a un encierro que tiende a normalizaraniquilando las diferencias. Otros internos no tendrían la suerte que tuvo Janet, y nada ni nadie, ni hombre ni ángel, vendría a redimirlos de un trágico final, como a Nola, su amiga, de la que escribirá: "desgraciadamente no había ganado un premio; fue devuelta al grupo conocido como 'las leucotomías'; les hablaban; las llevaban de paseo; las arreglaban con maquillaje y pañuelos de flores cubriendo sus cabezas rapadas. Eran silenciosas, dóciles; sus ojos eran grandes y oscuros, y sus caras pálidas".

Fuente: Psiquiatría 24X7

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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