La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

viernes, 16 de noviembre de 2007

Dolor Físico, Dolor por Abandono

Sistema Neural de Alarma, Dolor Físico, Dolor por Abandono

Dra. Juana Villarroel, Clínica Psiquiátrica Universitaria, Universidad de Chile.

Introducción
Este tema tiene una base neurobiológica, pero está muy relacionado con distintos aspectos temperamentales de los trastornos de personalidad que se ven en la clínica.
El dolor físico tiene vías y áreas cerebrales definidas y conocidas desde hace mucho tiempo, y actualmente se sabe que el dolor por abandono, que es un tema muy importante en psiquiatría, sobre todo en los pacientes limítrofes que realizan grandes esfuerzos para evitar abandonos reales o imaginarios, tiene bases neurales similares.

Las líneas de investigación han definido este tipo de dolor como un sistema neural de alarma. El dolor por abandono, el dolor social, por rechazo o por falta de cuidado, está descrito popularmente de distintas formas, las que en general aluden al dolor físico; así, se habla de dolor del alma, amor que rompe el corazón, abandonos desgarradores, amores que matan. Antes se pensaba que esta relación era una relación metafórica, poética, pero ahora se sabe que la semejanza es mucho más concreta.

En la actualidad se plantea que habría un sistema de detección de alarma compartido, para el dolor físico de cualquier tipo, ya sea dolor visceral o dolor táctil superficial, y para el dolor social, ya sea por abandono o por negligencia, en niños o adultos. Este sistema de detección o de alarma estaría encargado de detectar señales de peligro para la sobrevivencia, en forma tan eficaz y tan sensible como el sistema que permite detectar dolor físico, porque está en juego la vida, que depende de evitar tanto el daño físico como la separación social.

El dolor físico es definido como una experiencia sensorial y emocional displacentera, asociada con un daño tisular actual o potencial. El dolor social se entiende como una experiencia estresante, desencadenada por la percepción de alejamiento, actual o potencial, de otro o de otros, de importancia social para el individuo que la padece.

Vías del dolor
En la Figura 1 se ven las vías del dolor físico; lo conducen varias vías aferentes desde la periferia, en forma ascendente, hacia la médula, hace un relevo en el tálamo y luego se dirige a la corteza cerebral. Las vías del dolor físico se dividen en dos en el tálamo, según el área de la corteza a la que se dirijan, para codificar aspectos distintos del dolor.

Una vía va hacia la corteza somatosensorial y permite identificar de dónde viene el dolor y qué tipo de dolor es, de modo que se puede diferenciar si se debe, por ejemplo, a una quemadura, a un pinchazo o a frío. La segunda vía va hacia la corteza cingulada anterior (CCA), donde se origina la sensación displacentera de dolor; por lo tanto, la CCA es más importante que la corteza somatosensorial, en términos de sobrevivencia, porque la sensación displacentera de dolor es lo que permite evitar la situación que produce dolor físico.

Desde la década de 1950 se han publicado varios estudios sobre las distintas vías del dolor y su representación en la corteza. Inicialmente, estos estudios se efectuaron en animales a los que se sometía a resecciones de corteza y a lesiones en distintos niveles de las vías del dolor; en la actualidad, se realizan con neuroimágenes.

Los estudios más modernos, realizados en voluntarios, han demostrado que si se produce un dolor somático de cualquier tipo, con una sustancia, con calor, con frío o mediante una punción, el dolor asciende por las vías clásicas hasta dos áreas cerebrales corticales importantes: la corteza somatosensorial y la corteza cingulada anterior dorsal. Las zonas encendidas del SPECT que se ven en la Figura 2 corresponden a las áreas corticales que se activan en la corteza somatosensorial y que son las que definen dónde y cómo duele.

La corteza cingulada determina que el paciente sienta que ese dolor no le gusta y que debe evitarlo (en general, los estudios actuales se realizan con voluntarios, pero se han hecho estudios de todo tipo, incluso cortando corteza en animales, con distinta sofisticación). La corteza cingulada es todo lo que está alrededor y encima del cuerpo calloso y, por tanto, forma parte del lóbulo frontal. La CAA está constituida por las áreas de Brodmann 24 y parte de la 32, que se aprecian en la

Existen varias evidencias de que la experiencia dolorosa física está unida al cíngulo. Una de ellas es la observación que realizó Folz, desde la década de 1960 en adelante, en pacientes con cingulotomía por distintos motivos; entre otros, por dolor crónico intratable, en quienes seguían sintiendo el dolor crónico con la misma intensidad y con las mismas características somatosensoriales, pero a quienes ya no les importaba. La cingulotomía desaferentaba la CCA, de tal modo que, aunque el paciente seguía sintiendo el dolor, ya no sufría por eso, por lo que era un buen tratamiento. Experiencias como esta y otras, en animales, demuestran que este componente sensitivo está dado por la corteza somatosensorial, básicamente S1 y S2, y parte de la ínsula posterior; en cambio, el componente del displacer estaría dado por la CCA, en el área dorsal.

Rainville, en 1997, y Price, en el año 2000, comunicaron los resultados de estudios efectuados con resonancia nuclear magnética (RNM) de flujo, en voluntarios sanos a quienes se produjo dolor de distinta intensidad y se les pidió que calificaran el displacer que sentían frente a ese dolor. Primero enseñaron a los voluntarios que no debían referirse a la intensidad ni a la ubicación del dolor, sino al displacer, calificándolo con un puntaje según una escala visual. Los autores comprobaron que la mayor sensación de displacer se correlacionaba con mayor actividad en la CCA dorsal.

Coghill, en 2003, publicó un estudio en el que demostraba que los individuos constitucionalmente más sensibles al dolor que el promedio perciben mayor displacer ante la estimulación dolorosa y encienden más el cíngulo anterior. Por otra parte, Panksepp, en 1998, observó que los opiáceos disminuyen el dolor físico, pero también disminuyen el distrés que produce la separación en distintos animales, desde ratas hasta monos grandes.

Dolor social
Algunos autores plantean que la experiencia del dolor social es exclusiva o preferente de los mamíferos y que se debería a su necesidad de cuidado materno prolongado, por lo que se relacionaría con estructuras neurales específicas de los mamíferos. De hecho, que la cría sea capaz de sentir dolor ante la separación de la madre, o que la madre sienta dolor ante la separación de la cría, tiene un valor evolutivo para la sobrevivencia.

En los mamíferos hay dos características conductuales que los separan de sus ancestros reptiles: la comunicación vocal, dirigida a mantener el contacto madre-hijo, y el cuidado materno prolongado de la cría, secundario al hecho de que los mamíferos nacen mucho más inmaduros. Esta comunicación vocal no significa lenguaje, sino que pueden ser distintos ruidos guturales que permiten que la madre y la cría establezcan un vínculo, se reconozcan y se cuiden.

Curiosamente, el cingulado es relativamente reciente en comparación con otras áreas de la corteza más primitiva. No es la más reciente de todas las cortezas, pero, en términos filogenéticos, el cingulado habría aparecido más o menos en los mismos periodos en que aparecen estas características. Lo dicho daría motivo para suponer que el cingulado está relacionado con esta adaptación que los mamíferos tienen y otros animales no.

Las vocalizaciones de distrés, los distintos ruidos guturales que la cría puede hacer, necesitan un giro cingulado intacto. Varios estudios muestran que, si se les reseca el cingulado anterior a los ratones, éstos son incapaces de emitir ruidos guturales para llamar a la madre. No quedan mudos; pueden hacer otros ruidos, pero son incapaces de emitir los ruidos relacionados con llamar a la madre para que los proteja.

Kirzinger, en 1982, demostró que la extirpación del CCA en mono ardilla elimina la producción espontánea de vocalizaciones de distrés, similares a las de llamados a la madre.

Robinson, en 1997, había demostrado que la estimulación eléctrica del CCA dorsal, en macacos, producía vocalizaciones espontáneas.
Más recientemente, Hadland, en 2003, observó que la extirpación de la CCA en madres macacos disminuía las conductas de filiación e interrumpía la respuesta materna a las vocalizaciones de distrés de las crías.
Murphy, en 1981, ya había demostrado que a las madres roedoras sometidas a resección del girus cingulado se les moría más de 90% de las crías; en cambio, las hembras con cerebro intacto perdían sólo 1% a 5% de ellas.
Lorberbaum, en varios estudios realizados entre 1999 y 2002, observó que las madres humanas deprimidas respondían menos a sus hijos, tenían menos conductas de cuidado y menor activación de la corteza cingulada, demostrado por RNM de flujo, frente a la llamada o llanto del bebé.

Lo descrito corresponde a aspectos emocionales de la respuesta conductual de distintos mamíferos; sin embargo, llama la atención que la CCA dorsal, a diferencia de la CCA ventral, está relacionada con funciones cognitivas. Estudios realizados con distintos test cognitivos, como el de Stroop, que consiste en observar palabras escritas en distintos colores para determinar si la tinta está o no de acuerdo con la palabra escrita, han demostrado que el cingulado está relacionado con la detección de discrepancias.

También es sensible a conflictos de objetivos, que se observan en situaciones en las que el sujeto debe decidir entre distintas alternativas, y a violación de expectativas; por ejemplo, al animal de experimentación se le crea una expectativa y luego se añaden elementos que le impiden lograrla. Finalmente, la CCA dorsal es sensible a la presencia de errores generales, cognitivos, que al sujeto no le calzan, ya sea ser humano, mono o ratón.

Todas estas funciones cognitivas, dificultades, discrepancias, conflictos de objetivos, violación de expectativas y errores generales activan la CCA dorsal, lo que se puede detectar en la RNM de flujo; así se demuestra que el cerebro se ha dado cuenta de que existe una discrepancia y le avisa a la corteza prefrontal para que diseñe un plan de trabajo que permita resolver la discrepancia. Es interesante saber que la CCA dorsal está relacionada con todas estas funciones cognitivas y, al mismo tiempo, con aspectos emocionales.

En la Figura 5 se observa una situación experimental más reciente, en la que se coloca a voluntarios sanos en una situación simulada, frente a un computador. Se le indica que va a jugar en línea con otras personas, mientras se le hace RNM de flujo. En la pantalla aparecen personajes que juegan, lanzándose entre sí una pelota, y el sujeto se identifica con uno de ellos. El juego está arreglado de tal manera que el sujeto, en ciertos momentos, queda incluido en esta actividad social, porque da y recibe la pelota; en cambio, en otros momentos queda excluido, porque las otras personas, que supuestamente están jugando en línea, empiezan a jugar entre ellos y ya no le lanzan más la pelota al voluntario.

Ambas situaciones se alternan en períodos de varios minutos y se va observando la respuesta de activación de la CCA en la RNM de flujo; se comprueba que, en el momento de la exclusión, el área que se enciende es la CCA dorsal, la misma que se enciende cuando hay una experiencia displacentera frente al dolor. En uno de los últimos estudios, publicado en 2003 en Science y titulado Does Rejection Hurt? , la autora, Eisenberg, que ha escrito toda una línea de artículos similares, demuestra también que el área cerebral que se enciende en estas situaciones es exactamente la misma que se activa cuando se produce un dolor físico displacentero.

Relevancia del sistema de alarma compartido
Si el sistema de alarma ante el dolor, sea físico o social, es compartido, la percepción de un tipo de dolor puede favorecer la presentación del otro tipo. El mismo equipo de investigadores ha encontrado que los sujetos que han sufrido dolor físico en la infancia son más sensibles o vulnerables al dolor social por abandono en su vida posterior.

También se ha demostrado que el aumento del apoyo social, en un sujeto que está sufriendo dolor, puede disminuir la intensidad y el displacer del dolor físico, y, al revés, el apoyo social insuficiente puede aumentar el displacer que el dolor físico causa; lo anterior concuerda con la experiencia que todos tenemos: no es lo mismo tener dolor de cabeza y recibir caricias, que tener sólo el dolor de cabeza. En ratas de laboratorio sometidas a castigo eléctrico para que aprendan a evitar una zona de la jaula, el castigo es menos eficaz cuando se realiza a las ratas en grupo que a cada una sola; o sea, las ratas en grupo son capaces de aguantar mayor displacer que cuando están solas.

Se ha demostrado que los sujetos que tienen adecuado control inhibitorio prefrontal, de un tipo de dolor, controlan mejor el otro tipo de dolor. De hecho, se ha observado que los sujetos que manejan mejor el dolor por abandono social, también manejan mejor el dolor físico; y vice versa, lo que está demostrado mediante estudios con RNM y de otras imágenes. La activación de la CCA dorsal, ante un dolor muy displacentero, activa la corteza prefrontal; en respuesta, ésta comienza a elaborar planes para controlar e inhibir el displacer, produce conductas de retirada de tipo adaptativo o desarrolla actividades para pensar menos en el dolor, como ocurre con la hipnosis. Si se observa el SPECT de un sujeto que está sintiendo dolor, la corteza cingulada estará muy activada; si luego se le hipnotiza, la actividad de esta zona disminuye

Por lo tanto, el control inhibitorio prefrontal puede ser eficaz ante cierta magnitud de ambos tipos de dolor, pero, ante altas magnitudes sumadas, podría mostrarse insuficiente. También se ha encontrado ciertas drogas que podrían tener efecto en ambos tipos de dolor.

Relevancia del control somático del dolor social
Explica el hecho de que algunos sujetos perciban el dolor de abandono en forma biológicamente intensa; ellos no están exagerando, de verdad lo sienten de forma intensa.
Objetiva distintas vulnerabilidades biológicas al dolor social.
Replantea la posibilidad de entrenar el adecuado manejo del dolor, mediante el control inhibitorio prefrontal.
Discusión
Pregunta: En relación con la definición de dolor social ¿cómo se llega a ese concepto?

Dr. Villarroel: Es una definición de científicos de laboratorio, más que psiquiátrica. Está orientada a las conductas observadas en animales de experimentación, ratones o monos, que se podrían interpretar como de pena o de dolor por el abandono, ya sean crías o adultos abandonados.

Pregunta: Se hace una interpretación de un comportamiento.

Dr. Villarroel: Sí.

Comentario: Pensando en patologías más graves, como la esquizofrenia, se han realizado estudios sobre este dolor social en pacientes que tienen dificultades para reconocer al otro, autistas, por ejemplo, en que también la interpretación del otro está ausente. A partir de eso, es llamativo que este fenómeno, que es la interpretación de una conducta, sea un elemento constitutivo común a los mamíferos.

Dr. Villarroel: Algunos autores plantean que sería propio de los mamíferos, y otros, que sería “preferentemente” de mamíferos, no la capacidad de sentir dolor somático, sino el displacer que éste implica; pero eso se describió en animales de laboratorio. Los últimos estudios, realizados en seres humanos, permiten establecer si lo que se siente es dolor, en el sentido que nosotros llamamos dolor, o si sólo es una conducta de retirada. Los mismos autores que siguen esta línea de estudio tienen una línea de estudio paralela, en autismo, en la que han tratado de determinar la capacidad de empatía de autistas y esquizofrénicos, o sea, su capacidad de sentir dolor por otro, de ponerse en el lugar de otro y sufrir con él. Otra línea de investigación, que no es de estos autores, está trabajando la teoría de la mente de las neuronas-espejo, según la cual el sujeto ve al otro como similar a sí mismo y así es capaz de empatizar. Son dos cosas distintas: una es poder reconocer el dolor del otro como dolor; y otra, la capacidad de reconocer al otro como un otro similar. Ambas líneas son interesantes.

Pregunta: En relación con la vulnerabilidad, se puede plantear qué es primero: si es una disposición a amplificar las experiencias, o a ser más vulnerable frente a una experiencia, tanto en lo físico como en el dolor social, o si es posible que exista alguna transmisión de esta vulnerabilidad. Estoy pensando, por ejemplo, en las experiencias transgeneracionales vinculadas a lo traumático. ¿Se puede heredar una mayor disponibilidad al sufrimiento? ¿Existe una modulación genética de esto? ¿Cómo explican estos autores la posibilidad de ir aprendiendo de la experiencia dolorosa, o sea, el proceso de superación del dolor?

Dr. Villarroel: Hay artículos sobre animales de experimentación en los que se demuestra que la capacidad de armar conductas de evitación ante el dolor de una camada de ratones genéticamente similares es bastante pareja, y que es posible, así como en varias otras patologías, separar algunas camadas de ratones más vulnerables al dolor, lo que estaría dado por alguna variable genética, porque son separadas de las otras camadas, y no hay elementos de aprendizaje que puedan influir. Se supone que esos ratones tienen elementos genéticos que influyen en su capacidad para tolerar el dolor.

Comentario: La región cingulada anterior es la zona que se encuentra activada en los pacientes que tienen ansiedad y que viven un proceso de interocepción, es decir, son cada vez más sensibles a los acontecimientos biológicos y a lo que les ocurre, en el corazón, en el sistema simpático y en el parasimpático. Esto lleva a pensar en la relación entre el dolor social y la ansiedad, que quizás tengan el mismo sustrato anatómico, ya que la ansiedad es una respuesta adaptativa, una reacción de alarma del sujeto frente a acontecimientos ambientales. En este sustrato podría también participar un elemento que en este momento está de moda: el apego, en el sentido de que el fracaso del apego entre la madre y el hijo daría lugar a distintos cuadros clínicos siquiátricos en la vida posterior.

Comentario: El cíngulo, si bien no en forma exclusiva, es una de las áreas cerebrales involucradas en la capacidad de los sujetos para darse cuenta de lo que les pasa. Eso también es interesante. Por otra parte, se ha descrito una cepa de ratones que tiene conductas autolesivas, o sea, se muerden a sí mismos, no a sus compañeros; al estimular eléctricamente el cíngulo para que sientan más dolor, en algún momento se logra detener la automutilación. No habría estudios en humanos. En la facultad se está desarrollando una línea de estudio de corteza cingulada en animales y se habla de la posibilidad de hacer estudios en humanos, pero es complicado; por ahora se trata de una línea de trabajo en ratones.

Pregunta: Hay pacientes que se autoagreden y algunos, incluso, encuentran placer en autoagredirse ¿Qué pasa en esos sujetos, en su corteza cerebral?

Dr. Villarroel: No encontré estudios por diagnósticos o por patologías psiquiátricas. Sólo encontré estudios que comparaban la magnitud de la respuesta de activación del cíngulo, frente al mismo estímulo doloroso, en distintos sujetos. Posteriormente, se les mostró fotos de personas que sentían dolor; por ejemplo, un amputado de un brazo, otro que estaba sangrando, y se observó que los individuos más vulnerables a su propio dolor tendían a responder más al dolor de las fotos que estaban mirando. Es probable que estas líneas de investigación estén a cargo de científicos que no son clínicos.

Pregunta: Los antisociales, por ejemplo, constituyen un caso curioso. En ellos pasa exactamente lo contrario; no se inmutan mayormente ante la imagen de sufrimiento del otro. Sería interesante saber qué pasa en la CCA de estas personas.

Dr. Villarroel: Eso sí se ha estudiado y se ha demostrado que la CCA se activa poco en estos individuos, lo que podría explicar el mayor riesgo que tienen de suicidarse, en algún momento.

Pregunta: Siguiendo esa línea, tal vez sea una anosognosia, una pérdida de estos pacientes en escala somatosensorial, de la capacidad para sentir la vivencia corporal del otro.

Dr. Villarroel: Pero no sería una anosognosia como la de los pacientes secuelados vasculares, que no logran darse cuenta de que tienen un defecto. Estos sujetos logran darse cuenta del dolor propio o externo, pero no sienten displacer. En ese sentido, es una anosognosia un poco distinta.

Pregunta: Me llamó la atención que uno de los elementos que utilizaban para describir la intensidad de la experiencia en los ratones fueran las vocalizaciones. Eso presupone la indemnidad de las funciones receptoras de la madre, de elementos provenientes de los sujetos con los cuales se está apegando, y también presupone la indemnidad de las crías, para que tengan la capacidad de hacer la vocalización. Me parece curioso que se haya usado la vocalización como indicador y no otros elementos, por ejemplo, la visión, que se sabe que es muy significativa en el proceso inicial de la crianza, lo mismo que el tacto. ¿Por qué utilizaron específicamente la vocalización?

Dr. Villarroel: Según un artículo leí, sólo por razones prácticas, porque contar el número de agús de las ratitas era más fácil que contar las miradas.

Pregunta: Se podría pensar que es un fenómeno probabilístico y que la vocalización de la rata podría ocurrir por azar.

Dr. Villarroel: No, porque está estandarizado el número de agús que hacen las ratas frente a su madre en situaciones normales. Dejan una grabadora en la jaula, junto a las ratas, durante muchas semanas, luego cuentan el número de agús que han emitido durante varios meses, con un computador. De alguna forma, detectan la intencionalidad del ruido.

La edición y publicación de esta conferencia han sido posibles gracias a un auspicio sin restricciones de Abbott Laboratories.

Medwave. Año 5, No. 4, Edición Mayo 2005. Derechos Reservados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



Temas

Lo más importante de este blog son tu experiencia, tus comentarios Your feedback






Form View Counter
ecoestadistica.com