La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

lunes, 26 de noviembre de 2007

Consumir juguetes /1

Juego libre, jugar en libertad

"En la playa de interminables mundos los niños juegan". R. Tagore

En su artículo “Los juegos y los juguetes en el contexto educativo”, María Costa Ferrer, Doctora en Pedagogía, Directora del Departamento de Pedagogía de AIJU (ver la web del Instituto Tecnológico del Juguete de Valencia), apunta el hecho de que en nuestra cultura occidental actual es prácticamente inconcebible el juego libre sin juguetes (lo que era bastante más normal, indica la autora del artículo, hasta mediados de siglo cuando no era en absoluto habitual que una niña tuviera 20 muñecas). Y esto es así, con la salvedad de que al menos hasta los dos-tres años, no es el niño el que no concibe el juego sin juguetes sino sus educadores.
Desde los ocho meses y hasta los dos-tres años, cualquier niño puede pasarse horas jugando en el parque, si se lo deja, sin más herramienta que sus propias manos, o sentado en un cubo lleno de agua con un cacito. Un bebé se entretiene mirando las hojas de un árbol o amasando una pelota de plastilina, lo que no significa que nosotros no podamos o no debamos ir introduciendo juguetes y toda clase de cosas para estimularle, siempre y cuando entendamos que el juguete, en relación al tipo de juego que el niño está desarrollando, es secundario. En realidad, no es que el niño no pueda pasársela sin juguetes sino que todo niño, venga de donde venga y esté donde esté, convierte en juguete todo lo que toca.

REGLAS
Tanto si hay juguetes de por medio como si no los hay, en este primer período de la vida del niño el juego es por definición libre. Y por consiguiente hay que evitar el desbordar al niño con una cantidad de juguetes abusiva, darle al niño instrucciones acerca de cómo los debe emplear, exigirle que los “valore”, ya sea por lo que nos costó o por sus “múltiples posibilidades didácticas”, ni sentirnos decepcionados porque los destroza rápidamente o porque su interés desaparece en menos de un minuto. A esta edad, por otra parte, el niño no está ni psicológica ni neurológicamente preparado para ajustarse a reglas, de manera que en ningún caso le da a los juguetes el uso que se supone “debería” darles: una pieza de dominó sirve de instrumento de percusión y un cochecito de colección será despiezado como un lego. Por este mismo motivo, como explica Françoise Doltó, antes de los cuatro años al niño no debería exigírsele (proponérsele, sí, instruirle, darle ejemplo, sí) que recoja los juguetes, guarde las piezas en las cajas y demás: si el niño no puede aun atenerse a reglas para jugar es difícil e intrascendente para él atenerse a las reglas del mantenimiento del orden.

LA CAJA BOBA
En cuanto a la televisión, someter a un niño de cuatro o menos de cuatro años a sesiones de dibujitos animados de más de cinco minutos es secuestrar gratuitamente su energía. No son tanto los contenidos como el tipo de actividad lo que hace que a esta edad la televisión no sea lo más recomendable (es indiferente que lo enchufemos a una película de gángsters como a un vídeo de Los Lunnis). El niño queda prendado de los efectos hipnóticos de lo que está viendo, color, forma, voces, ruidos, movimiento... hasta que sobreviene el aburrimiento que necesariamente sobreviene porque para él esta actividad carece de sentido. El resultado es un niño atontado, apático, que desiste de hacer otras cosas, muy diferente del niño de cinco que ya tiene motivos psicosociales para pedir por sí mismo ver la tele, y la mira activamente, participando y comentando lo que ve.

LA PALABRA
Otra cosa muy distintas son los cuentos. No es necesario esperar a que el niño nazca, cumpla un mes, cuatro meses, un año o cuatro años para empezar a leerle un cuento. Se puede empezar en cuanto uno siente la necesidad de comunicarse y contarle cosas al niño igual que se le canta y habla desde el primer momento. Y es importante aprovechar que el niño aun no coge el libro ni mira las imágenes, para que simplemente oiga las palabras incluso aunque no las entienda mientras él se dedica a cualquier otra actividad: el niño que hace cosas, se mueve, sin embargo, escucha, y no hay que exigirle que se quede quieto y “preste atención”, porque lo está haciendo.

JUGUETES SEXISTAS Y NO SEXISTAS
Desde el punto de vista de la educación en los valores, tiene razón la Dra. Ferrer en que en las guarderías debería haber juguetes para el juego simbólico (muñecas, animalitos, cochecitos, de imitación de oficios, etc.) y no únicamente juguetes didácticos “no sexistas”. Y no sólo porque el juego simbólico sea en sí necesario sino porque los niños deberían tener en la guardería algún juguete del que poder encariñarse (¡es casi imposible sentir especial apego por un puzzle!). Ningún juguete en sí mismo es “sexista”: sexista es la prohibición u obligación de jugar con tal y cual juguete en función de la idea –equivocada desde el momento en que se la quiere «inculcar»–, que se tenga, y se quiera transmitir, acerca del papel de la mujer o del hombre en la sociedad. El que los encargados de las guarderías quieran curarse en salud y evitar cualquier queja por discriminación por parte de los padres no significa que los niños no pidan o no necesiten este tipo de juguete y que es al fin y al cabo el tipo de juguete que curiosamente compran los padres “a pedido”, y los que sin excepción, masivamente, se regalan en los cumpleaños: el que no los haya en las guarderías hace que las niñas no tengan casi oportunidad de jugar con juguetes “de niños” y viceversa, con lo cual conseguimos lo opuesto a lo que nos proponemos. La guardería es un lugar de intercambio, de imitación y de educación mutua, y cuantas más opciones de juego ofrezca, más posibilidades habrá de que los niños aprendan los unos de los otros sin distinción de sexo.
En cuanto a la solidaridad y a la cooperación, como con todo, hay que empezar por casa: el niño tiene que poder participar desde pequeñito en las tareas del hogar (luego en las de cole), aunque eso implique que rompa o ensucie algo, siempre en condiciones que no supongan un peligro. No debe imponérsele, pero sí permitírsele, jugar con el ordenador, encender la radio o la televisión, hablar por teléfono, lavar un plato, cocinar, planchar, cortar un plátano, pasar la fregona, y desde los cuatro meses, comer solo, asearse, peinarse, vestirse, doblar la ropa y bañarse solo siempre que le apetezca, aunque no lo haga “tan bien” como lo haría si a cada paso intervenimos nosotros. Nuestra capacidad para hacerlos partícipes de nuestra vida y de nuestras cosas, nuestra generosidad para promover su autonomía, para hacer que se sientan dueños de sí mismos y co-propietarios (responsables y respetuosos) de lo que les rodea, es lo que hará que los niños sean solidarios, tolerantes y generosos con los demás.

Artículo publicado en la Revista Verdemente

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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