La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

sábado, 17 de noviembre de 2007

Anoréxicos

Anorexia y enfermedad mental

Si la psicología es el intento por comprender el alma humana activamente para acceder y responder espontánea y empáticamente a sus manifestaciones y necesidades, no existe para el psicólogo un “objeto” de estudio en el que los otros y el mismo psicólogo no estén implicados. La psicología, entendida como aplicación del conócete a ti mismo y como “ciencia de la comunicación”... debería tener como objetivo el establecer el psicólogo una comunicación (efectiva y reparadora) con el otro, y el diagnóstico, que no es propiedad del psicólogo sino del diagnosticado, debería ser empleado no para poner distancia poniendo sobre el otro algo que existe únicamente y dinámicamente “en relación a” y “en su relación con”, sino para saber situarse uno y situar al otro en relación consigo mismo, lo mismo que empleamos el saber que alguien está contento porque ha pasado bien un examen, o que se muere de hambre porque no ha almorzado.
Seguramente toda enfermedad psíquica sobreviene porque la persona que la sufre ha sido tratada como un objeto, y bajo amenza, cada vez que su conducta era percibida como indeseable y el mensaje, la enseñanza que recibe desde antes incluso de nacer, es: entre tú y yo no hay nada. O “tú no vas a manipularme”.
Si un sujeto nace con una predisposición a convertirse en anoréxico es porque ya lo era, de alguna manera, en la mente de su madre, o de cualquiera con alguna autoridad directa o indirecta en torno a ella. Si no traía esa predisposición, pero de todos modos enferma, algo en el mundo relacional en el que se halla atrapada tuvo que empujarla. No es por tanto su enfermedad de lo que se trata, sino de una situación que comparte porque antes que nada le fue impuesta: y si accede a compartirla es por lealtad, pero antes porque todo intento de sublevarse u oponer resistencia empleando las mismas técnicas de autodefensa que pudo haber aprendido del entorno, le fueron subliminal, severa, e inmediatamente censurados. La psique aislada sana o enferma no existe. Y la terapia individual estricta es frustrante para aquél que es solo víctima propiciatoria. Más que de anoréxicos se trata de “anorexizados”, y más que en la anorexia, deberíamos centrarnos en la capacidad de anorexizar a los otros como patología que debemos prevenir o “curar”, lo que evitaría el tener que someter a la persona a extenuantes prácticas “terapéuticas” centradas en ella, como si la enfermedad y ella fueran una misma cosa con la que nadie más tiene nada que ver. Siempre hay “un enfermante” o más de uno, que debieran llamar antes nuestra atención y es absolutamente imposible continuar actuando, familia, sociedad y profesionales, como si no supiéramos que estos “enfermos” son sólo uno de entre mil agujeros en un tejido psicosocial que está en mal estado con el que comulgamos complacientemente sin hacer al respecto nada.
Pero los “enfermantes” no acuden al terapeuta “para dejar de enfermar a los demás” (su “patología” no es “auto-incapacitante”), y si acuden por otro motivo, tienen herramientas para manipular y dejar fuera de juego al “mejor terapeuta”... La única opción que “nos” queda (a cualquiera que pueda “detectarlos”), es la de no esperar a que golpeen a la puerta sino “tratarlos” (gartuitamente, por cierto) en “plena calle”: el mundo es el despacho.
En el caso del anoréxico, si, como se dice, empieza queriendo emular a modelos y actrices (éste es solo un signo tardío de la enfermedad), será porque tal y como nos los muestran o se muestran, estos personajes no sólo son físicamente agraciados, sino que, y es fundamental, parecen tener y aspirar a tener un control absoluto sobre su existencia y sobre los demás. Estar gordo o fofo, no es signo de autocontrol sino de entrega a los impulsos, agresivamente, en algunos casos, pero en otros, como expresión de dependencia respecto de un deseo o de una necesidad o de un quebrantamiento de la voluntad; y una persona a la que de niño se ha humillado por mostrar abiertamente sus deseos e impulsos, llegado un punto, no puede permitirse continuar por ese camino.
Cuando intentamos acercarnos al enfermo de anorexia, por otra parte, nos encontramos con que el rechazo es total. Porque no es que se haya quedado en los huesos sino que los exhibe porque éstos son su rostro más duro. La anorexia seguramente coincide con un rechazo de la condición de mujer, y/o de la sexualidad, pero esto no es lo que la provoca en primera instancia. La hiperexigencia e intolerancia del anoréxico respecto de las debilidades ajenas cuando su día a día es la más patética y vacía de las existencias, hacen de la anorexia, a mis ojos, una parodia muy extrema de lo que el anoréxico ha visto a su alrededor, y por consiguiente, la única manera que encontró para poder “desenvolverse en sociedad”. Probablemente él/ella no consiga verse en el espejo, pero él/ella es el espejo, el reflejo de lo que han hecho las personas con las que ha intentado infructuosamente tener algún contacto, y que sentían ellas mismas rechazo por todo contacto humano o, mejor, por todo lo humano, entendiéndose aquí “humano” como sinónimo de “debilidad”. Pero las personas parodiadas no se sienten en absoluto aludidas: ellas tampoco ven nada –o hacen como que no ven–, porque también tienen una visión de sí mismas distorsionada –quizás no de su cuerpo–, notoriamente para mejor, y no parece que pudieran reconocerse ni siquiera en ese elocuente espejo que a tan alto precio es confeccionado para ellas.
La insistencia en torno al "look" influye. Pero, una vez establecidos la delgadez, sí, pero sobre todo el autocontrol y la capacidad para controlar a los demás como el ideal, el peor peligro está en que no haya una persona en la que la criatura pueda volcar su angustia, por el momento leve, y de la que obtener urgentes respuestas reparadoras tras cada intento por parte del entorno social de socavar su seguridad desde antes incluso de la escuela. Recurrir a mujeres gorditas para publicitar jabón o hacer películas del tipo de Bridgette Jones, no va a ocultar el hecho de que quienes están detrás de las "gorditas", no son ellos mismos ni actitudinal ni intelectualmente, “gorditas”. De hecho, ya hay por todas partes actrices y personajes públicos de renombre que no son precisamente delgados, que están ahí y que sin embargo, no parece que sirvan de contraejemplo a nadie.
La anorexia no es signo de especial brillantez: el buen rendimiento académico, la disciplina y la capacidad de racionalización son en este caso una compensación y no se debería hacer mucho hincapié en ellos si no se quiere “promover” la enfermedad... Sí es signo del énfasis que las personas afectivamente influyentes del entorno ponen en que el mundo entero se ciña “a sus pautas” que sólo ellas tienen derecho, además, a cambiar; de la obligatoriedad de dar una imagen "perfecta" y de la obtención de "éxito", según esas mismas pautas: a veces se trata de seguir la moda u oponerse sistemáticamente a ella, o de hacer una selección muy precisa de lo que es o no es admisible, desde una marca de zapatos hasta los amigos, como condición, medida o promesa de "éxito" y aceptación. Es signo de la denigración expresa o soterrada de la afectividad del otro en general y de las tendencias femenino-maternas en particular en todo su espectro –a veces estas personas “sobreprotegen” a sus hijos, amigos, parientes y pacientes, como si fueran prácticamente “débiles mentales” y no personas que están “en vías de”: esta clase de sobreprotección, que no es una expresión “femenino-maternal”, encubre y/o expresa una crítica constante del otro porque no puede valerse por sí mismo–, y de cualquier actividad no remunerada, no competitiva o que no reporta status. Estas personas, que se hacen idealizar y emplean varas de medir extremadamente estrictas, son socialmente "hábiles", con lo que la admiración que siente un niño (o un enfermo) al que no se entrena en esas mismas habilidades, a la postre va siendo desplazada por un a veces precoz y anticipado sentimiento de fracaso. Los futuros anoréxicos suelen vivir la vida “virtualmente” a través de estos sujetos, que no son necesariamente la madre, en lugar de tener vida propia, y una vez que desarrollan la enfermedad, siguen haciéndolo.
Como paradoja, esas mismas personas ansían profundamente que sus hijos (y el mundo), sean no ya un fiel reflejo de sí mismas sino los encargados de materializar sus aspiraciones personales. Y están convencidas de que, sin entrenarlas/os para conseguirlo, con solo ellas desearlo, sus hijas e hijos y el mundo entero, llegarán a hacerlo, por mucho que éstos den continuamente signos de que, en parte por su causa, no lo están consiguiendo.
Para terminar diría que la anorexia, en estos momentos, posiblemente deba entenderse como una ocupación más en nuestra sociedad, en la que muchas niñas y algunos niños por lo demás “normales”, caen, empujados por un pragmatismo y un perfeccionismo mal entendidos de un entorno espiritual e intelectualmente pobre en el que las apariencias priman, y que abierta o encubiertamente los reprueba y humilla.

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Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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