La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Adictos a los psicoterapeutas

Es un fenómeno nuevo en Chile: cada vez hay más aficionados a los psicoterapeutas. Insaciables, como si se tratara de un producto más de su canasta de consumo, deambulan de consulta en consulta, contando sus problemas como quien hablara con un amigo. O se someten a terapias eternas, estableciendo vínculos de dependencia emocional dañinos. ¿Dónde está el caldo de cultivo de esta costumbre?

Por Pía Rajevic

Nada menos que 11 años pasó Antonio (49) psicoanalizándose. El fin de ese eterno proceso no surgió por iniciativa del psicoanalista, sino porque a esas alturas el profesional se había constituido en su gran problema: ``No podía hacer nada sin conversarlo con él, nada era posible sin pasar antes por su consulta a contárselo. Era parte de mi inventario. Derivé en una nueva terapia: un psicólogo me hizo ver la gravedad de esta adicción´´, comenta.

El psicólogo Giorgio Agostini comenta que en Chile hay quienes han pasado psicoanalizándose hasta 17 años, en circunstancias que la Sociedad Psicoanalítica Norteamericana, por ejemplo, consigna que este tipo de psicoterapia no debe durar más de dos años, pudiendo extenderse otros dos años por razones muy justificadas. La tradición europea, por su parte, permite psicoanálisis de hasta seis años. ``El resto es abundar en lo mismo o fomentar dependencias´´, sostiene, refiriéndose a la amplia variedad de psicoterapias que hoy se realizan en el país (desde el psicoanálisis a las de tipo cognitivo) y a algunos excesos que se están cometiendo mediante éstas, no sin antes aclarar que es un problema no tan fácil de identificar, pues en Chile hay mucha necesidad de psicoterapia.

Tiene razón. Baste sólo consignar los estudios que revelan que el 25 % de los chilenos sufre algún tipo de trastorno mental, incluidos los escolares de primero básico. Y sólo el 15% de quienes requieren atención psicológica está en tratamiento. De manera que no se trata de desacreditar la labor de psicólogos y psiquiatras, sino más bien de identificar las razones de una nueva costumbre que excede a esta necesidad real de los chilenos de mejorar su salud mental.

``Felizmente se ha ido superando la falsa idea de que el psicólogo es para los locos, y se legitima el planteamiento de que todo ser normal necesita conocerse a sí mismo para crecer interiormente y para superar las dificultades propias de la vida´´, dice Agostini. Una constatación alegre que a veces se malentiende o de la que se hace mal uso. Una terapia corta puede durar 15 sesiones, mientras otras alcanzan a 60 y hasta 600 horas, como el psicoanálisis, que es la de más larga duración. Pero de ninguna manera éstas pueden extenderse en forma ilimitada en el tiempo. Como comenta la psiquiatra Lina Ortiz, ``toda psicoterapia tiene un principio y un fin, así como para un médico, la finalidad es mejorar al enfermo y darlo de alta´´. De hecho, la ética clínica en tratamientos psicológicos refiere que ``el reto del facultativo es reconstituir la autonomía del paciente´´, según el filósofo español José Marín, experto en ética médica. ``La dependencia del psicólogo es igual que la de las drogas´´, ha advertido.

Así un psicólogo o psiquiatra podría incluso transformarse en médico de cabecera de una persona, siempre y cuando ésta haya resuelto primero el problema que la llevó hasta el profesional. De esta forma, podría consultarlo para un conflicto posterior, tal como alguien consulta médico para curarse de un resfrío fuerte y luego tiene necesidad de tratarse otro que le surge tiempo después.

``La psicoterapia es una instancia en la que se establece que una persona necesita ayuda y para ello se reúne con otra que tiene la capacidad técnica y emocional (el psicoterapeuta) para ayudarla´´, explica la doctora Ortiz. E ir al psicoterapeuta es útil en dos circunstancias: cuando alguien está interesado en su desarrollo personal y quiere lograr un mayor conocimiento de sí mismo, o cuando una persona no puede superar sola conflictos y éstos comienzan a perturbar su vida. Son asuntos que para algunos pueden no tener ninguna significación, mientras a otras les complican la existencia. Lina Ortiz da un ejemplo: que la suegra se vaya a vivir a la casa. ``Algo así, que partió como una circunstancia de la vida, puede transformarse en un problema de grandes proporciones para una persona, quitándole incluso el sueño, entonces es pertinente que busque ayuda para resolver su conflicto´´. El problema es cuando el psicoterapeuta se convierte en una afición.

El tema se puede mirar desde dos ópticas. La primera es la del paciente. Giorgio Agostini reconoce que en los últimos años ha aumentado en las consultas la afluencia de personas que se acercan fundamentalmente para conversar y probar. El 30% de los pacientes se pasearía por distintos especialistas, abandonándolos a la tercera o cuarta sesión, sin quedarse con ninguno y sin asumir terapia alguna. Otro grupo correspondería a personalidades narcisistas o psicopáticas que piden opinión, pero tampoco asumen terapias, y un tercer grupo iría también de consulta en consulta sólo para desafiar a los terapeutas a solucionar algo que de antemano creen imposible de resolver.

Pero además hay otro tipo de personas, no menos importante, que establece relaciones de dependencia con los profesionales y los incorpora a su agenda como quien va a la peluquería o de compras. Ejemplos de este tipo de dependencia entre psicólogo y paciente han sido magistralmente representados en las películas de Woody Allen. ``Hace 15 años que voy al psicoanalista. Le concederé un año más y luego me iré a Lourdes´´, dice uno de sus personajes en el film Manhattan. Para Allen era un asunto extremadamente personal: se sabe que cuando se transformó en un director de cine famoso, en los `70, intentó contratar, como quien tiene su personal trainer, a un psicólogo que trabajara a tiempo completo sólo para él. Ahí se supo que iba al psicoanalista desde 1959. Yendo a ejemplos locales, y obviamente guardando las proporciones, las actrices Paz Bascuñán y Vanessa Miller han declarado públicamente que no pueden vivir sin sus psicólogos.

Tener en la agenda semanal de actividades la visita al psicoterapeuta es una costumbre muy extendida en sociedades desarrolladas, especialmente en la norteamericana, en las últimas décadas, que también está teniendo su eco en Chile. ``Me estoy atendiendo con fulano´´; ``anda a ver a mengano´´, se han transformado en recomendaciones corrientes en los estratos socioeconómicos altos y en menor medida en los medios, pues la salud mental en Chile aún es privativa de unos pocos, debido a sus elevados costos.

``Hay personas que entre sus múltiples gastos se dan gustitos, entre ellos consultar psicoterapeutas y van a los que están de moda, para conversar. Pero finalmente no responden a ninguna terapia´´, dice Agostini. Acerca de las razones que llevan a esta actitud es tajante: ``Antes la sociedad era hospitalaria, pero ha cambiado. Hay mucha soledad y aislamiento. La familia se redujo en tamaño, la gente dedica muchas horas de cada día a trabajar y luego se centra en los hijos. Hoy son pocas las amistades dispuestas a escuchar y el psicólogo se ha convertido en la gran oreja de las personas que están solas y no tienen con quién hablar. Incluso al psicólogo le dan una versión más objetiva de sus conflictos, cosa que no se atreven a hacer con los amigos´´.

En la otra cara de la moneda están los psicoterapeutas, cuya responsabilidad para que este fenómeno se dé es clave ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?, es la pregunta que surge cuando se busca la raíz del problema. Y no son pocos los que se atreven a apuntar a la falta de escrúpulos de algunos profesionales que inician terapias con cualquier persona que se les presenta, independientemente de si tienen verdadera necesidad de ellas; no las derivan a otros especialistas, en caso de no ser profesionalmente los más idóneos para tratarlas; o prolongan indebida e innecesariamente las psicoterapias.

¿Por qué lo hacen? ``Porque les escasean los pacientes, muchas veces por razones económicas, algunos terapeutas se ven obligados a atender a cualquier persona que les consulte, independientemente de si están o no capacitados para resolver sus problemas´´, sostiene Giorgio Agostini. Mientras Lina Ortiz estima que ``el problema estriba en cómo se hace la pega. Porque hay personas que son súper dependientes y se harían dependientes incluso del psicólogo, entonces la actitud del médico es crucial´´.

Ambos profesionales coinciden en la falta de exigencias que hay para ejercer de psicoterapeuta en el país. ``No hay ley de especialidades. No se pide el título de psicólogo clínico para trabajar como psicoterapeuta, basta con el de psicólogo´´, dice la doctora Ortiz. No se exigen postítulos, tal como sucede en Italia, Estados Unidos u otros países europeos, donde aparte de la carrera de seis años, para hacer clínica se requiere de otros tres años de estudios. Agostini trabaja en la elaboración de un proyecto de ley para el registro obligatorio de los psicoterapeutas posgraduados en Chile, de manera que la gente pueda saber quiénes tienen la preparación adecuada para ejercer.

El problema es mucho más serio de lo que se ve a simple vista. ``El daño que se puede hacer es mucho: poner al paciente en contra de otra persona, revolver el ombligo más de la cuenta. La finalidad de las terapias es desarmar y volver a armar psicológicamente a los pacientes. Y a veces, sin darse cuenta, se abre una llave y se deja a la persona sin los mecanismos de defensa que necesita´´, dice Lina Ortiz. El psicoanálisis, por ejemplo, está indicado sólo para individuos sanos, por las dificultades que reviste para alguien con trastornos mentales reestructurarse psicológicamente.

Las malas prácticas terapéuticas pueden ser extremadamente peligrosas. Y en Chile se estaría dando de todo, desde la complacencia con el paciente, con el afán de retenerlo, a fenómenos de transferencia en los que se permite la seducción entre psicólogo y paciente. No es nada inusual: estudios revelan una prevalencia de transgresiones sexuales entre el 7 y 10% de los terapeutas hombres y entre el 1 y 4% de las mujeres a nivel mundial. Un hecho que en Estados Unidos constituye delito y puede significar la revocación de la licencia profesional.

Por eso es conveniente buscar muy buenas referencias cuando se acude a un psicoterapeuta. Vale la pena oír a Agostini, quien dejando claro que no se trata de la norma, sino de una excepción a la regla, se atreve a dar como ejemplo la actitud extrema de un colega que le confidenció: ``Con esta paciente me voy a comprar un nuevo living´´.

Fuente

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



Temas

Lo más importante de este blog son tu experiencia, tus comentarios Your feedback






Form View Counter
ecoestadistica.com