La experiencia analítica desde el punto de vista del analizando. Profilaxis. Etica y psicoanálisis. Psicología y poder. Terapias adictivas. La sociedad psicologizada. Mala praxis. Una denuncia
anaclisis [anaclisis] f. (Fisiol. hum.) Decúbito, especialmente el supino. (Estar acostado hacia arriba.) aná ἀνά (gr. ‘hacia arriba’, ‘por completo’, ‘de nuevo’, ‘por partes’) + klī‑ κλῑ‑ (gr. ‘inclinarse, tumbarse’; κρεβάτι, κλίνη ‘lecho’) + ‑sis (gr.) [Leng. base: gr. Antiguo.
En gr. anáklisis ἀνάκλισις con el mismo significado desde Hipócrates, s. V a.C., reintroducido] // En psiquiatría, dependencia emocional, inclinación hacia el ser de quien se depende o que domina, en particular la primera relación objetal que establece el niño, caracterizada por la completa dependencia de éste respecto de su madre.
“–Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.” J. Lacan

viernes, 30 de noviembre de 2007

De lágrimas y de santos, E.M. Cioran

... Hay en todo autor una imagen clave que responde a una obsesión profunda y reveladora. En la obra de Cioran es la imagen de las lágrimas y su corolario, los llantos. Esta curiosa fascinación le perseguirá incluso cuando ya nada le vincule a aquella época, ni a los autores que "habían encantado su juventud", y se piensa en Nietzsche. ... [Tras] En De lágrimas y de santos ... el adiós al lirismo no borrará en él el pensamiento y la imagen que le obsesionan. "Se nos piden actos, pruebas, obras y todo lo que podamos producir son lágrimas transformadas" ... "El destino terrestre nos ha encadenado a esta materia morosa, lágrima petrificada contra la cual nuestras lágrimas, nacidas del tiempo, se rompen, mientras que ella, inmemorial, ha caído del primer estremecimiento de Dios" ... "Deberíamos tirarnos al suelo y llorar cada vez que tenemos ganas; pero hemos desaprendido a llorar... deberíamos poseer la facultad de gritar un cuarto de hora al día por lo menos. Si queremos preservar un mínimo equilibrio, volvamos al grito... la rabia, que procede del fondo mismo de la vida, nos ayudará a ello". ... "Imposible amar a Dios de otra manera que odiándolo. Quien no ha experimentado la emoción de lo absoluto con un puñal en la mano no sospecha lo que significa el terror metafísico de la conciencia" ... "Frente al hombre abstracto, que piensa por el placer de pensar, se alza el hombre visceral, el hombre determinado por un desequilibrio vital que se sitúa más allá de la ciencia y el arte. ... Los hombres no han comprendido aun que la época de las preocupaciones superficiales e inteligentes se ha acabado y que el problema del sufrimiento es infinitamente más revelador que el del silogismo, un grito de desesperación infinitamente más signitivativo que una observación sutil... ¿Por qué nos negamos a admitir el valor exclusivo de las verdades vivas? ...

Del prólogo, Sanda Stolojan
Tusquets Marginales

Poemas de la locura, Friederich Holderlin

... Treinta seis años tenía Friederich Holderlin en 1806 cuando, declarado loco, fue acogido en su casa de Tubinga, junto al Neckar, por el carpintero Zimmer. Treinta y siete más vivió en aquella casa, olvidado del mundo, de sus amigos, de sus contemporáneos, en constante diálogo consigo mismo y con la Naturaleza.

De las muchas páginas que allí escribió, prácticamente todas se han perdido. Estos 49 poemas que aquí se recogen y traducen al castellano son una ínfima muestra de de su actividad intelectual en aquellos años, pero son también lo único que de ellos nos queda. La incuria del tiempo y de los hombres dejó perderse para siempre cuanto el poeta escribió, excepto estos breves textos, desperdigados entre amigos y visitantes ocasionales.

Hemos recogido igualmente, junto a sus poemas, algunos testimonios de sus contemporáneos que arrojan cierta luz sobre los "años oscuros" del poeta.

... En agosto de1806 Sinclair lo traslada a la clínicia del Dr. Authenriecht en Tübingen. Y poco después, a la casa del carpintero ebanista ERnst Zimmer, donde vivirá hasta 1843. Treinta sy siete años en una habitación del Néckar. Todos aquellos que él amara -Schiller, Goethe, Napoleón, Beethoven, Kleist, sus compañeros, sus damas- van encaminándose a la muerte. Hölderlin no lo sabrá nunca. Para él ya no existirá sino aquel recinto, el papel sobre el que escribe sus últimos poemas, su piano, y las visitas a quienes no reconoce. Olvida su nombre. Fecha poemas con cien años de adelanto. .... Cuenta Bettina von Arnim que cuando la princesa von Homburg regaló un piano a Hölderlin, éste cortó casi todas las cuerdas, mas dejó algunas, y sobre ellas improvisaba. Así son los Poemas de Locura. Quizás nadie haya visto nunca de forma tan transparente. Es la Noche Sagrada.

No se puede traducir a Hölderlin. ...

Hiperión

jueves, 29 de noviembre de 2007

¿Por qué falla el Psicoanálisis? Una opinión

1) ¿Que es el psicoanalisis?

Según Freud, el psicoanálisis es:

1. Un método de investigación.
2. Una forma de tratamiento.
3. Una teoría.

El método de investigación consiste en la asociación libre y la interpretación, aplicados a fenómenos como los olvidos, fallidos, sueños y síntomas. La persona debe decir todo lo que se le ocurra, y la interpretación del analista intenta descubrir un significado oculto que habría sido la causa de ese fenómeno. La forma de tratamiento consiste en aplicar el método interpretativo para descubrir los motivos inconscientes, en base al supuesto de que la interpretación correcta tiene efectos benéficos sobre el paciente.

La forma de tratamiento consiste en aplicar el método interpretativo para descubrir los motivos inconscientes, en base al supuesto de que la interpretación correcta tiene efectos benéficos sobre el paciente.

La teoría está compuesta por diversos conceptos e hipótesis. El principal es el concepto de “inconsciente freudiano” y el mecanismo de represión y retorno de lo reprimido: es la hipótesis de que ciertos pensamientos son expulsados de la conciencia (represión), y pasan al inconsciente, pero siguen produciendo efectos en forma simbólica (retorno de lo reprimido) en fenómenos como los sueños, fallidos y síntomas. Se postula que el método interpretativo recorre el camino inverso (del retorno simbólico al motivo inconsciente que lo causó). Otros conceptos psicoanalíticos son el complejo de edipo, la envidia del pene, las fases de la sexualidad (oral, anal, fálica y genital), las instancias psíquicas (yo ello y superyó), las pulsiones.


2. Fallas en el método interpretativo, (ver Grünbaum, Edelson, Van Rillaer, Wittgenstein, Bouveresse).

1. El problema de no considerar las hipótesis rivales. El analista no suele percibir los conceptos freudianos como conjeturas sino como hechos innegables, pero en realidad son hipótesis, y es necesario comparar sus méritos con los de las hipótesis rivales. La evidencia apoya una hipótesis sólo si permite eliminar las hipótesis rivales que tengan igual o mayor plausibilidad (Grünbaum).

2. Crear significados no es descubrir causas. Wittgenstein propone el siguiente contraejemplo: si tiro objetos sobre la mesa y hago asociaciones, también voy a encontrar interpretaciones coherentes, pero no serán las causas de la ubicación de cada objeto. Descubrir causas requiere un testeo en donde se manipulen sistemáticamente los eventos. El método interpretativo no hace tal manipulación sino que genera significados nuevos y los supone causales. La interpretación se basa en relaciones semánticas o fonéticas, y es tan versátil que permite encontrar siempre casos confirmatorios.

3. El problema del sesgo confirmatorio. Se tiende a prestar más atención a los datos favorables a las propias creencias, y a ignorar los datos contrarios. El analista descarta las asociaciones contrarias a su teoría como “resistencias”, e induce asociaciones consistentes con su teoría mediante preguntas tendenciosas. Gracias al sesgo confirmatorio, cada autor confirma sus propios prejuicios teóricos: la sexualidad y la muerte en Freud, los anhelos de espiritualidad en Jung, las fantasías de pechos y penes en Melanie Klein, los juegos de palabras en Lacan.

4. El problema de la sugestión. La sugestión es la influencia del analista sobre el paciente, mediante preguntas tendenciosas y gestos de aprobación o desaprobación. ¿Cómo sabemos si el analista hace interpretaciones correctas o si sólo persuade exitosamente a su paciente con interpretaciones erróneas? Aún si el paciente se convence, la interpretación puede ser incorrecta, y aún siendo incorrecta, puede tener efectos. Dado que los estudios de caso no controlan este problema, el psicoanálisis aún no ha demostrado ser más que una sugestión.


3. Fallas en la teoría, (ver Eysenck, Holmes, Kihlstrom, Van Rillaer, Erwin, Cioffi).

1. Problema de la pretensión de verdad en ausencia de evidencia. Las revisiones de estudios (Eysenck, Erwin, Rachman y Wilson, Van Rillaer, Holmes) muestran que no hay evidencias a favor de ninguna de las hipótesis específicamente freudianas. Hay teorías psicoanalíticas más recientes, pero tampoco hay evidencia a favor de ellas.

2. Inconsciente freudiano y represión. No hay evidencia a favor de estos conceptos, fundamentales para la teoría psicoanalítica. Sí hay evidencia de conductas que la persona no detecta y de causas que la persona ignora. La autoobservación tiene límites, y usualmente se desconocen los factores que controlan la conducta. El concepto de inconsciente que recibe apoyo empírico no es el freudiano, sino el que corresponde a otras teorías no psicoanalíticas.

3. Complejo de Edipo, y conceptos relacionados, como la sexualidad, la muerte, la castración y la envidia del pene. En principio, Freud definió al Complejo de Edipo como el deseo sexual hacia el progenitor del sexo opuesto, y el deseo de muerte del progenitor del mismo sexo (percibido como un rival). Su período central ocurriría entre los 3 y 5 años. Freud lo consideraba universal, y en base a este concepto intentaba explicar el origen de la moral, las neurosis y las características de género, entre otras cosas.

a. Ausencia de evidencia. Para formular la tesis del Edipo, Freud no observó a los niños, sino que especuló a partir de los recuerdos de los pacientes adultos, cuando una metodología de observación directa es preferible a la especulación en base a recuerdos. La evidencia de la psicología infantil muestra que pueden existir diversos grados de afecto y rivalidad, pero normalmente no existen ni deseos sexuales ni deseos de muerte. El aprendizaje moral es un proceso de socialización gradual que no sólo incluye a los padres sino también a los pares y a la comunidad. La socialización de género proviene del trato diferente que se asigna a niños y niñas, que promueve ciertas conductas esperadas según el sexo. Las tesis freudianas de la inferioridad moral de la mujer y de la envidia del pene no son más que el reflejo de la ideología sexista de su época.

b. Falacia de ambigüedad: Las hipótesis tienen una doble existencia, hay un sentido literal para hacer afirmaciones rotundas y llamativas, y un sentido amplio y metafórico que evita la refutación. El complejo de Edipo en sentido literal es un deseo incestuoso y un deseo de muerte, mientras que en sentido amplio es un conjunto de conceptos, tales como amor, odio, celos y rivalidad, que permiten describir cualquier relación humana, o también se lo define como una estructura triangular entre el niño, el objeto de deseo y el portador de la ley. El falo designa al pene, o a todo aquello que se desea (por eso, cualquier deseo puede confirmar la amenaza de castración o la envidia del pene). La homosexualidad es el deseo sexual en sentido estricto, o cualquier relación amistosa entre individuos del mismo sexo. Siempre puede decirse que “el psicoanálisis es otra cosa”.

c. Apelación a lo latente. Es la estrategia de considerar que si un hecho parece contradecir la teoría, en realidad “encubre” otro hecho más profundo que la apoya. Freud interpreta las pesadillas donde muere un ser querido (aparentemente contrarias a su teoría) como la satisfacción de un deseo inconsciente de que esa persona fallezca, o como un autocastigo por otro deseo inconsciente. Cuando Juanito muestra afecto al padre y hostilidad a la madre, Freud interpreta su afecto al padre como formación reactiva a la hostilidad inconsciente, y la hostilidad a la madre como defensa para ocultar su deseo sexual. Cuando un niño sueña con la muerte de su padre, Freud interpreta un deseo de muerte, y cuando sueña con la muerte de la madre interpreta un autocastigo por desear la muerte del padre. Si bien la teoría puede ser falsable en principio, en la práctica es infalsable debido a este mecanismo.

d. Pseudoexplicaciones: el analista pretende explicar una conducta dándole un nuevo nombre. Por ejemplo, no hay otra evidencia de un superyó débil o fuerte que sus mismos efectos. En una explicación científica, en cambio, se relacionan dos o más observaciones independientes. Las instancias psíquicas (yo, ello, superyó) y el Edipo en su sentido amplio son sólo metáforas, no se trata de teorías explicativas sino de formas de describir, pero su apariencia lleva a no investigar las causas reales.


4. Fallas en la justificación del tratamiento, (Ref. Grünbaum, Van Rillaer, Eysenck).

1. Problemas de la observación clínica (Grünbaum). La observación clínica no constituye evidencia probatoria, porque no permite eliminar las hipótesis rivales. Un caso confirmatorio no es una evidencia: un curandero también podría mencionar muchas experiencias confirmatorias, pero esas experiencias podrían ser explicadas mediante hipótesis rivales. Lo mismo ocurre con las experiencias confirmatorias que encuentra un analista. ¿Cómo sabemos si el tratamiento es mejor o peor que su ausencia, o que un tratamiento alternativo? Sabemos que las mejorías pueden explicarse por el paso del tiempo, por el efecto placebo, o por factores inespecíficos como la empatía o la atención. ¿Cómo sabemos que, si hay alguna mejoría, es a causa del tratamiento, y no debido al mero paso del tiempo, o al efecto placebo? ¿Cómo sabemos si la mejoría es temporaria o duradera? ¿Cómo sabemos si la evaluación de la mejoría es correcta o está sesgada? No hay estudios rigurosos de porcentajes de éxitos y fracasos del psicoanálisis, en relación a tratamientos alternativos y a la ausencia de tratamiento.

2. Los resultados de Freud no apoyan la eficacia. Cuando existen datos posteriores, esos datos indican que los pacientes conservaron sus síntomas (Emmy von N, Dora, hombre de los Lobos).

3. Apelación a la resistencia. Es un subtipo de falacia ad hominem. Si el paciente no acepta la interpretación, el analista lo considera una resistencia, y a menudo le asigna valor confirmatorio. Los analistas utilizan la misma estrategia para desechar las críticas, acusando a la exigencia de evidencia controlada (pensamiento crítico) como “la forma moderna de la resistencia”. En “Resistencias al Psicoanálisis” (1925) Freud desestima las objeciones al considerarlas causadas por una hostilidad latente hacia el psicoanálisis.

4. El problema de las remisiones espontáneas: Eysenck calculó que 2/3 de pacientes tienen mejoría espontánea después de 2 años. En cálculos posteriores, se considera que esa proporción puede variar según el tipo de trastorno y la presencia de factores no específicos (ayuda por parte de un médico, profesor, cura, etc.). Este problema es aún más grave considerando la extensa duración de los tratamientos psicoanalíticos.

5. Desinterés por los resultados. Los analistas suelen desestimar la remoción del síntoma en busca de un supuesto cambio profundo, pero no hay evidencia de que logren ni una cosa ni la otra. Los tratamientos son largos y costosos, y no hay razones para considerarlos preferibles a otros tratamientos que sí poseen evidencia de resultados.

6. Sesgo confirmatorio en la evaluación de resultados: el analista tiende a considerar que si el paciente mejora es gracias a la teoría, y si no mejora es por sus resistencias. Cuando Freud (en 1937) enumera posibles explicaciones de los fracasos, sólo toma en cuenta variables del paciente (necesidad de castigo, fuerza de los traumas, fijación libidinal), y en ningún momento evalúa la posibilidad de fallas en el tratamiento. La hipótesis rival obvia, que el psicoanálisis no ha eliminado, es que los fracasos se deben a rasgos del tratamiento (la dependencia respecto al analista, las fallas del método interpretativo), y que las mejorías pueden explicarse por factores ajenos al tratamiento (remisión espontánea, efecto placebo, factores inespecíficos). En esos casos de mejoría, el paciente y el analista pueden caer en la falacia cum hoc, que consiste en atribuir las mejorías al tratamiento, sólo porque ocurren en forma simultánea.


5. ¿Por que a pesar de esas fallas tiene tanta difusión?

En la Argentina, muchos consideran sinónimos los términos “psicoanalista” y “psicólogo”. Aún hoy, la Universidad de Buenos Aires es hegemónicamente psicoanalítica. En EEUU, un 40% de terapeutas sigue utilizando la interpretación de sueños.

1. Desconocimiento de hipótesis rivales. El psicoanálisis se sostiene gracias a la falta de información del público respecto a la psicología científica. En la Universidad de Buenos Aires, se escatima la formación en otras teorías rivales.

2. Divulgación atractiva. Los estudios de caso pueden leerse como una búsqueda detectivesca para develar las profundidades de la mente. Del mismo modo que ocurre en otras pseudociencias, un testimonio anecdótico suele ser más persuasivo que un estudio estadístico. La fascinación por revelar sentidos ocultos es uno de los rasgos que comparte con muchas otras prácticas interpretativas (astrología, oniromancia, lectura de la borra del té).

3. Culto a la persona (Freud, Lacan). Ocurre cuando la adhesión se basa más en la confianza en el proponente que en la evaluación de los méritos de la tesis. Un fenómeno llamativo es la aceptación de una tesis antes de su comprensión (como suele ocurrir con frases de Lacan que no tienen interpretación consensuada, como la de que “el inconsciente se estructura como un lenguaje”). El culto a la persona se manifiesta en falacias de autoridad, y se refuerza por ciertos mitos históricos (el mito del precursor original y el mito del mártir de la verdad).

4. El mismo sistema de creencias contiene falacias que logran inmunizarlo de las críticas. Ya vimos algunos ejemplos: apelación a lo latente, apelación a las resistencias, falacias de ambigüedad, falacias de autoridad. Otros casos son las falacias ad hominem (”para criticar hay haberse analizado”, ”exigir evidencia es ser positivista”), falacias non sequitur (“la hostilidad de tanta gente demuestra que es cierto”, “la duración del tratamiento demuestra que es más profundo”), la reversión de la carga de la prueba (“son los críticos los que deben demostrar la falsedad de la teoría y la ineficacia del tratamiento”).

5. En resumen, en el psicoanálisis lo valioso no es nuevo y lo nuevo no es valioso. Lo propiamente psicoanalítico carece de valor científico. Si la razón es, como dice Russell, el intento de averiguar la verdad en lugar del intento de probar que lo que deseamos es cierto, entonces las fallas del psicoanálisis son ejemplos de fallas en la racionalidad. Esta es una cuestión incluso más básica que la cuestión de la cientificidad: ¿hay buenas razones para adoptar el psicoanálisis como método de investigación, como tratamiento o como teoría?

por Gerardo Primero
www.comportamental.com

Dormir con niños

Ésta es una de mis páginas favoritas. Mia cuenta sus tribulaciones sobre la bi-culturalidad, sobre las costumbres americanas y japonesas, en este caso, relativas al dormir o no dormir con los niños en el mismo futón o en la misma cama.
Mi experiencia, como se la he contado a ella, ha sido en ese sentido, que mi hija me dio claros signos de querer -o poder- ir a dormir sola a su cuarto a los dos meses. Me pareció entonces al menos, bastante evidente, y abandonó su cuco y se instaló en su cuna verdi-azul de barrotes sin ningún problema. Recién mucho más tarde, pasados unos 4 años comenzó a querer compartir nuestra cama, y, nuevamente, seguimos sus directivas. Es decir, las reglas en cuanto a los niños nunca deben externas. No hay más regla que la que surge de la propia evolución del niño.Y esto debiera ser también la primera enmienda psicoanalítica. Es el paciente el que dicta cómo se desarrolla su proceso. Y en esto consiste la escucha. En saber reconocer las sugerencias del niño (en su caso, el paciente).

... I am the mother of two, Japanese/American Biracial daughters. I have found that Bedtime is one of the tricky language times of the day.

Where to sleep? What books to read? What songs to sing? What language to use? Which culture to represent?

It is my hope that these pages will be a resource for other parents with similiar questions.

... Our family kind of defaulted to the Japanese norm of sleeping all together on futons on the floor.

We started in the U.S., with me worried about suffocating or rolling over onto the baby. I did a lot of research online. The U.S. research was sometimes negative, sometimes positive.

... In the end, my Japanese husband reminded me that for hundreds of years, co-sleeping has been the norm in Japan. Also, Japan has a lower (3.4 deaths to 1000 live births) infant mortality rate than the U.S. (8 deaths to 1000 live births). They must be doing something right.

So we slept together on our futon mattress on the floor. Luckily my husband sleeps heavily and wasn't disturbed by Mia's wakings. It was so nice to just roll over and breast feed her (and fall asleep myself sometimes during the process) when she woke for night feedings. I think sleeping on futons on the floor also relieves some of the anxiety of "maybe the baby will fall off the bed." I don`t know if we would try it that way with a U.S. bed.

When we lived in Japan, we slept on three single, futon mattresses laid next to each other on the floor. I slept in the middle.

My husband and I find intimate time together after the baby is asleep. All in all, I was happy with our decision to sleep this way, but I heartily believe it is a personal, lifestyle choice.

Out of 42 responses on the Married in Japan list (Non-Japanese women married or in relationships with Japanese men) 32% said that their child/baby slept either in the family bed or on their own futon/bed next to the parents' bed. 10% said their child/baby slept in a room of their own.

Mia´s Bicultural Bedtime
(Resources for English-Speaking Parents of Japanese/Western Bicultural Children)

miércoles, 28 de noviembre de 2007

La experiencia alucinógena. La comunicación

Esto requeriría un volumen enciclopédico aparte. Pero no es descriptible. No la describen los cuadros de Dalí, no la rozan siquiera aunque es un buen intento. Porque el inconciente es un flujo. Las imágenes no son en ningún modo estáticas, sino un continuum, una experiencia en la que participan todos los sentidos. Se trata de un estado que involucra a casi toda la mente y digo casi porque no pierdes la conciencia de lo que te está ocurriendo. Ése fue al menos mi caso. Alucinaba con conciencia de estar alucinando. Podía sentir cómo el cerebro se parcelaba entre la experiencia alucinógena y el contacto con "la realidad", ahora fantasmagórica. No sé cómo es la experiencia con una droga como el LSD ni con ninguna otra. Pero esto quiere decir que, solo una parte del cerebro participa de la alucinación. La otra se mantiene alerta acerca de lo que le ocurre a la otra y dialogan. "Estás alucinando" le dice una parte a la otra. Pero la otra insiste, persiste, y se impone de alguna manera porque el mundo lo percibes de otra forma que no hace mucho caso de lo que preferiría la "racional", la otra. Lo impregna casi todo y más aun, es como si se integrase al inconciente de las demás personas, al que percibes y con el que conectas palpablemente. Los otros se vuelven cuasitranslúcidos para ti. De ahí que entre pacientes psiquiátricos muchas veces se dé un "diálogo de locos" que no responde a las leyes de la comunicación "normal". Las palabras sobran o adquieren un significado bien claro, amplio. Los gestos muchas veces bastan, más que en la charla cotidiana, y el silencio a veces lo dice todo simplemente porque estás en la mente del interlocutor.
Pero esto mismo puede ocurrirte en la calle. No es necesario el psiquiátrico para que este fenómeno se dé. Hay mucha gente con la que entrecruzas este diálogo silencioso o de inconciente a inconciente. Se da mucho por sobreentendido. Mucho más de lo que creemos. Pero ahora lo ves claro. La comunicación está en el interior. Parte de nosotros está en la cabeza del otro. Hay un flujo inter-mentes. Normalmente hablamos como papagayos, pero cuando no hablamos nos comunicamos igual o a veces más.
Sin embargo esto no ocurre cuando el otro alza barreras. Ocurre a menudo con los psiquiatras por ejemplo. Lo que llaman la distancia prudencial es eso. Impedir que el otro comunique contigo directamente, desde el inconciente, los afectos.

martes, 27 de noviembre de 2007

Dormir en las calles

Mi vida en mi hogar se habíá hecho insoportable, así que muchas veces mi marido me echaba de mi propia casa o yo misma me iba, a las 2, 3, 4 de la madrugada a vagar y a dormir en las calles, en los parques, en los zaguanes, a la vera del Manzanares.
Caminaba y caminaba hasta que caía fulminada en cualquier parte. Hacía frío, pero yo iba con botas de montañista, calcetines de lana largos por sobre los pantalones y un chaquetón viejo de mi marido que me daban el abrigo suficiente. Alguna vez recogí una colcha que alguien había dejado tirada en algún banco.
Uno no cree que jamás haría esas cosas en su vida. Yo no me lo creía. Pero no sentía miedo, sí perplejidad, anonadamiento.
Recogía colillas de la acera para fumar o pedía cigarrillos a cualquiera, o me pedía un café y encomendaba el pago a Dios... Recogía juguetes para mi hija de los contenedores... Una vez cogí un impermeable amarillo roto de Disney, espantoso, y me pareció una maravilla. Ese mismo día me recogieron y me llevaron al hospital. No me desprendí del impermeable amarillo, me lo llevé conmigo.
Creí que al fin me prostituiría.
Intenté varias veces suicidarme, pero no lo conseguí. Prefería un disparo en la sien, que me arrollase inesperadamente un automóvil o un tren. Temía quedarme parapléjica. No tener éxito.

Man at his limit: los valores invertidos


Éste fue, es, un episodio representativo de cuando un sujeto toca fondo.
Este actor, "Kramer", en su papel de cómico, y que en la vida real, profesional, arrastra consigo por lo que se ha dicho una buena dosis de frustración, se siente molesto durante una actuación por el parloteo continuo de un grupo de gente de color, y estalla con insultos y los llama "negros". Algunos que parecen no ver lo que le está ocurriendo al actor, se ríen de lo que aun les parece gracioso... Hay personas que tienen reacciones lentas por lo visto, ante la desgracia y la descomposición ajenas...
Personalmente, aunque se disculpa luego pública y convenientemente, al principio dubitativo, pero luego sintiéndolo realmente, más convencido, mi opinión es la de que desde una perspectiva menos políticamente correcta, tan en uso y tan penosa para muchos, no hay por qué interpretar tan rápidamente que este hombre fuera o sea "un racista". Al llamarlos "negros" lo que estaba diciendo era: "si así me respetáis, así yo os respeto, si así es como os comportáis, justificáis que no se os quiera, ¿para qué venís a verme si no os interesa?", y así, etc.
Está permitido no respetar el trabajo ajeno, pero no nos está permitido estallar en improperios.
Lo primero que te espetan ante lo que no es sino una reacción a una provocación es "no me grites", como si alzar el tono de voz fuera lo inadmisible...
Los valores, invertidos.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Consumir juguetes /3

Lo que está bien y lo que está mal

Quizás lo segundo que hiciera el hombre en este mundo fuera tocar la tierra con sus manos. No sé qué pudo haber sido lo primero. Pero cuando digo “tocar” me refiero al acto conciente de tocar y no al contacto que simplemente se da.
Hoy en día este acto parece estar depreciado. Algunos prefieren que sus –nuestros– hijos aprieten botones y se embosquen ante el video, antes de que anden por la tierra revolcándose y ensuciándose. La consigna, con matices de tono que van desde el castigo verbal, en la mayoría de los casos, hasta la mueca de aprobación solapada o de empatía y condescendencia, en contados casos, es “¡No te ensucies!” y el consiguiente reproche de “¡Cómo te has puesto!”, y esto no cuando el niño está de blanco a punto de salir de casa para ir a tomar su primera comunión, sino cuando está en el parque, jugando. Tenemos que felicitarnos de que al menos el gusto por jugar con la tierra, con la arena y con el agua aun esté inscrito en nuestros genes a pesar de lo mucho que lo condenamos, y de que nuestros hijos insistan instintivamente en hacerlo a pesar de nuestra mayoritaria evidente aprehensión.
A veces la prevención ante esta clase de juego no responde más que a una serie de convenciones sociales de acuerdo con las cuales se te juzgará como buena o mala madre, como persona grata o non grata, en función de que censures o no, respectivamente, la mala costumbre de tu hijo de “ensuciarse” y que, seguramente, estará en función a su vez, de lo que te has gastado en el vestido que le hayas puesto a tu hijo esa tarde. Hay en este sentido una fuerte presión social para que te pronuncies categóricamente al menos en público, en contra de que tus hijos “se ensucien”, tanta que no es recomendable no ceder, no vaya a ser que os marginen a ti y a tu hijo por completo a un rincón oscuro del arenero. Pero esto a veces también se entrelaza con una motivación más profunda. No hay que ser muy perspicaz ni hay que haber leído a Jung (y con toda intención me remito a Jung y no a Freud porque entiendo que el problema no tiene que ver únicamente con lo sexual ni aun en el más amplio sentido, sino con lo moral), para captar el significado que para nuestro inconciente tienen el agua y la tierra, ni para percibir lo mucho que en nuestra sociedad, presuntamente tan “liberada”, se desprecia más la manifestación espontánea de nuestro auténtico ser que, por ejemplo, en contra de las apariencias, cierta liberalidad o el delito sexual...
No es que no debamos “educar” a nuestros hijos para que cuiden su ropa y sus cosas y para que aprendan a asearse o adopten buenos “modales”. En realidad, hasta que un niño no entra en la guardería, es decir, hasta que no entra en contacto con sus congéneres, con la “sociedad”, si ha sido respetado, no es “sucio”. Muy en contra de la creencia generalizada, por naturaleza, si ésta se les respeta, los niños detestan estar sucios. No se le limpia concienzuda y puntualmente el culito a un niño sólo para evitar que se le irrite, sino porque no limpiarlo iría en contra de su integridad como persona. Ningún niño soporta andar sucio. Si luego se vuelve sucio e insiste en mancharse, será simplemente por no ser diferente, por no ser excluído (esto es lo que cualquier niño más teme): se encuentra por primera vez con niños de su edad a los que no parece importarles andar sucios o, más bien, buscan ensuciarse y esto en el peor sentido. Se trata, evidentemente, de niños cuyos padres o cuidadores no han sabido distinguir entre “me encanta estar hecho un asco y dar asco” y “no me queda más remedio que ensuciarme porque todavía no controlo del todo mis movimientos, y sin embargo, me gusta intentar comer solo”, por ejemplo. O “no me queda más remedio que ensuciarme porque aun no sé andar erguido, pero puedo y me gusta gatear”, o “a veces ensuciarme también es un modo de experimentar cosas nuevas y me divierte, pero después me gusta que me limpien”. El niño cuyos padres o cuidadores han sabido entender la diferencia entre uno y otro planteamiento, y que han sabido transmitirle al niño que lo entienden y que entienden cuál es el problema, y que no lo consideran por ello un sucio, y que además dejan que el niño coma solo, gatee, y juegue libremente en la casa y en el parque –siempre que no entrañe algún peligro para nadie–, no siente ninguna urgencia por ensuciarse “a propósito”, como no sea en el contexto de una actividad que por sus características lo requiere; y siempre tendrá conciencia de lo que es la dejadez y de lo que es la higiene, no ya en un sentido externo, funcional, sino y sobre todo, ético.
Es evidente que esta “suciedad”, es decir, la moral o la espiritual, no preocupan tanto como la meramente externa, quizás, justamente, porque la externa, que es a priori la que más se ve, nos parece, con razón, que va ser interpretada como un reflejo de una dejadez moral o espiritual que es la que, en realidad, no se sabe cómo manejar o no se sabe cómo “censurar”. Sólo cuando estamos muy seguros de que una mancha de barro o de tomate en la camisa o en los zapatos no es un reflejo de nada sucio en nuestra psique o en la de nuestros hijos, podemos sentirnos tranquilos: podremos enojarnos por lo mucho que habrá que frotar o por la cantidad de ropita recién estrenada que tenemos que tirar, pero cualquiera entiende la diferencia entre esta clase de enojo y un enojo que apunta a paralizar en lo emocional, la actividad normal de un niño. Porque aunque todos somos más o menos concientes de lo que está bien y de lo que no lo está (es una capacidad innata en el hombre), existen fuertes razones para no ser siempre consecuentes. Y esto no es una negligencia “médica” que podamos denunciar ante los tribunales, y sin embargo, el daño no es menos grave. “Pasar” de lo que sabemos que está mal y que se debe censurar como el “pasar” de lo que no lo está y que deberíamos promocionar, o actuar en contra de lo que se espera, castigando lo que es bueno y aplaudiendo lo que no es bueno en lo más mínimo, no creo exagerar si digo que es tan criminal o nocivo como la negligencia médica más grave, tanto en lo que se refiere a la salud mental del niño como de la comunidad en general, en vista de que el número de personas que padecen enfermedades mentales –cada vez a más temprana edad– no sé si estadísticamente va o no en aumento, pero no parece ni mucho menos que vaya a menguar.


Relativismo moral o del arte de “cuidar las apariencias”

Si como digo, la capacidad para distinguir entre lo que está bien y lo que está mal es innata al hombre, y lo es, esto viene a decir que lo único que podemos enseñar a nuestros hijos y a la sociedad son las normas y las escalas según las que unos valores se aprecian como más deseables que otros y que nuestra sociedad establece para poderse organizar. Es decir, el bien y el mal, se aprehenden directamente, y son lo que son; las normas no. Y el relativismo sólo afecta a esas normas porque pueden ser removibles lo mismo que las escalas de valores si las circunstancias cambian. Pero a veces lo que motiva a imponer unas normas en una sociedad determinada obedece a unas escalas de valores en las que se aprecia un serio desajuste respecto de lo que nuestra comprensión innata de lo que está bien y de lo que no lo está nos dicta. Y es ese desajuste el que conduce a una sociedad a enfermar. Ese producir normas que nuestro ser experimenta como emocionalmente “ilegales”, es lo que envenena nuestras relaciones sociales. ¿Hasta qué punto ese violar continuamente la verdadera naturaleza de nuestro ser en nosotros mismos y en el otro, se puede seguir considerando como inconciente, como algo que el sujeto hace pero ignora que lo hace? Y de ser así, de que se revele como un asunto del que el sujeto no tiene noticias, ¿se vuelve por eso, “diculpable”? No. No se debe disculpar, sino señalar, no con ánimo de acusar, pero sí con toda la intención de acabar con una conducta ilícita que campa por nuestras casas, escuelas y parques a sus anchas. Una mirada basta para saber si la persona actúa a sabiendas de que está destruyendo a un niño o porque no sabe sencillamente lo que hace. En este segundo caso, muy lejos del anterior, la persona se corregirá inmediatamente, e incluso puede que se sienta agradecida porque alguien le sirva de guía en un terreno que no conoce; pero este caso no es tan corriente como el primero. Lo normal es que los sujetos estén delinquiendo muy concientemente de las consecuencias que lo que hacen tendrá sobre los pequeños. Es una falacia el atribuir a estas personas “buenas intenciones” porque no las tienen y saben perfectamente que no las tienen. Basta “rascar” un poquito para que comiencen a excusarse y a delatar sus verdaderas motivaciones, más allá de que éstas respondan en última instancia a que ellos también fueron víctimas de este tipo de abusos psíquicos en su infancia.
No son pocos los niños que muestran el aspecto de haber sido o de estar siendo víctimas de este presunto “relativismo moral”. Y puede que se trate de niños que vayan muy erguidos e impolutos, pero que van así para que “no se vea” por fuera la mancha terrible que hay en su alma y que, por lo visto, no es nada fácil limpiar sobre todo porque hay quien tiene razones muy fuertes para continuar produciéndola.

Consumir juguetes /2

Desear la luna

Un niño sin juguetes ni es más feliz ni más inteligente que aquél al que se le compran juguetes indiscriminadamente. Si a un niño que vive en una sociedad desarrollada y consumista como la nuestra se le niega de manera sistemática un juguete por el hecho de que se lo anuncia en la tele, o porque no se aviene a nuestros gustos, lo que se le está enseñando no es tanto a desobeceder el mandato consumista, cosa que no entiende, como a desconfiar del entorno social, a la vez que se lo descalifica por tener un deseo “impropio”, obligándolo a plegarse al mandato paterno so pena de ser asimilado a eso mismo que se desprecia. Y así encontramos niños precozmente adoctrinados, que con cinco-seis años ya critican la forma de vestir de los demás, se burlan de los que juegan con esos juguetes “proscritos”, etc., tan adoctrinados como esos otros que precozmente nos juzgan según el coche o muñeca que tengamos o la asiduidad de nuestros viajes. El precio que pagaríamos por la defensa dogmática de unas ideas que por el momento el niño no puede manejar del todo, parece muy alto. Si de lo que se trata es de enrolar a los niños en algún ejército, habría que pensar qué clase de ejército es ése y a qué edad y de qué modo y para qué se los enrola: ante todo, habría que buscar el modo de fomentar en nuestros hijos la mayor independencia de criterio posible, atendiendo a sus necesidades internas más que a las imposiciones externas, sean éstas las que sean, concientes de que siempre de algún modo están relacionadas.


Todos los niños son ecologistas natos

Pero si bien es contraproducente oponerse por método a las modas y a las marcas, no por eso hay que renunciar a combatir la pasividad o complacencia de nuestros hijos respecto de la manipulación consumista.
En sus primeros años si se les deja, los niños se llevan todo a la boca, se arrastran por el suelo, lo tocan todo. Paradójicamente somos nosotros los que gradualmente generamos en ellos toda clase de prevenciones, ampliando la distancia entre ellos y lo que los rodea: que esto no se come, que esto no se toca, que esto ensucia, que aquí no juegues... No se puede decir que a los niños no les guste reciclar para jugar todo lo que nosotros deshechamos. ¡Son ecologistas natos! Como los antiguos, perciben el mundo como una continuidad de sí mismos y establecen un vínculo de tú a tú con todo lo que existe, inconcientes de los peligros y ajenos a las “buenas maneras”. Hay que permitirles tener su espacio y adaptar nuestro espacio a sus necesidades en la medida de lo posible, a la vez que con autoridad pero suavemente –no «laxamente»–, se les enseña a cuidar de sí mismos y de las cosas, sin avisarles demasiado pronto o demasiado ruda o groseramente de los peligros y consecuencias desagradables que encierra el tomar contacto con el mundo.


Deseo consumado, consumirse de deseo

No deberíamos interpretar la avidez del niño, ya un poco mayor, por los juguetes y productos que le ofrecen la televisión, los compañeros y los escaparates sino como una expresión más de la avidez y curiosidad del niño por lo que lo rodea. Nosotros deberíamos acompañarlo empáticamente en ese apetito desenfrenado (espiritual, y no en primera instancia material) por todo, redescubriendo en nosotros mismos esa misma avidez, nuestra capacidad de asombro, y no convertirnos en un obstáculo entre su deseo y el objeto de deseo, apagando ese deseo por medio de una prohibición, para fijarlo, a un objeto en concreto (a la larga, casi siempre, en sí mismo, poco relevante).
El entorno social, y no sólo los padres, lo moldea: nosotros no deberíamos, en principio, descalificar indiscriminadamente ese entorno social si mal que bien, más combativamente o menos, continuamos formando parte de él, pero sí servir de tamiz de las influencias y demandas o mandatos del entorno social con los que quizás no estamos muy de acuerdo, en pro de las demandas afectivas internas de nuestros hijos en función de lo que es mejor para ellos y para todos. Y disponemos de un periodo de tiempo relativamente corto antes de que el niño empiece a traer a casa el producto de esas influencias, para anclar en su interior los mecanismos que le permitirán proteger su independencia, su autenticidad y su libertad de elección.
Hay que respetar el derecho del niño a explorar y controlar su propio cuerpo, a su ritmo, a relacionarse con el nuestro y el de los otros, a respetar la que para nosotros y los otros es la distancia óptima, a explorar la naturaleza, su entono, a moverse y manejarse en el mundo, a conocer la naturaleza de las cosas, a explorar los límites, a explorar su personalidad y a poner a prueba la nuestra, a expresar sus deseos, que no a complacerlos automáticamente. La demora indefinida o no, en la satisfacción de los deseos, interponeniendo entre la demanda y la satisfacción de la demanda un diálogo (“Ah, qué bonito. Fíjate, yo tenía uno parecido... ¿Y ese otro te gusta? ¿Y por qué no te gusta?”, etc.), como bien lo explica Françoise Doltó en sus libros, es un modo de establecer el niño contacto con sus pulsiones, de conocerse a sí mismo, independizar el deseo por ese objeto concreto que despierta en él ahora su deseo del deseo en sí. Porque, como lo explica suficientemente bien la misma autora, lo que el niño muchas veces en verdad desea es más que nada, expresar su deseo que, a diferencia de las necesidades, que deben ser satisfechas realmente por una cuestión de supervivencia, puede satisfacerse de forma imaginaria. Pero la frustración sistemática, arbitraria o abusiva de los deseos resulta a la larga tan nociva para la salud como la prodigalidad sin límite.
No podemos exigirles a nuestros hijos una militancia a la que a nosotros, si cabe, nos llevó años de rodeos acoplarnos. Sí podemos incentivar su interés por lo que los rodea interesándonos no ya por la cosa objeto de su interés sino por el interés que experimenta, por su manera de interesarse, respetando su derecho a interesarse incluso por aquello que a nosotros no nos interesa. No debemos poner el acento en el objeto de deseo sino en la capacidad de nuestros hijos para desear, para conectar con sus propios sentimientos y motivaciones, y para involucrarse en las cosas de esta Tierra: como dice Françoise Doltó, el niño siempre tiene razón en su deseo aunque no podamos cumplirlo: siempre ha habido idiotas que han deseado la luna, pero de no ser por ellos, no hubiéramos llegado a la Luna. Debemos confiar en que si los respetamos, antes o después nuestros hijos sabrán como nosotros o mejor que nosotros, seleccionar.

Consumir juguetes /1

Juego libre, jugar en libertad

"En la playa de interminables mundos los niños juegan". R. Tagore

En su artículo “Los juegos y los juguetes en el contexto educativo”, María Costa Ferrer, Doctora en Pedagogía, Directora del Departamento de Pedagogía de AIJU (ver la web del Instituto Tecnológico del Juguete de Valencia), apunta el hecho de que en nuestra cultura occidental actual es prácticamente inconcebible el juego libre sin juguetes (lo que era bastante más normal, indica la autora del artículo, hasta mediados de siglo cuando no era en absoluto habitual que una niña tuviera 20 muñecas). Y esto es así, con la salvedad de que al menos hasta los dos-tres años, no es el niño el que no concibe el juego sin juguetes sino sus educadores.
Desde los ocho meses y hasta los dos-tres años, cualquier niño puede pasarse horas jugando en el parque, si se lo deja, sin más herramienta que sus propias manos, o sentado en un cubo lleno de agua con un cacito. Un bebé se entretiene mirando las hojas de un árbol o amasando una pelota de plastilina, lo que no significa que nosotros no podamos o no debamos ir introduciendo juguetes y toda clase de cosas para estimularle, siempre y cuando entendamos que el juguete, en relación al tipo de juego que el niño está desarrollando, es secundario. En realidad, no es que el niño no pueda pasársela sin juguetes sino que todo niño, venga de donde venga y esté donde esté, convierte en juguete todo lo que toca.

REGLAS
Tanto si hay juguetes de por medio como si no los hay, en este primer período de la vida del niño el juego es por definición libre. Y por consiguiente hay que evitar el desbordar al niño con una cantidad de juguetes abusiva, darle al niño instrucciones acerca de cómo los debe emplear, exigirle que los “valore”, ya sea por lo que nos costó o por sus “múltiples posibilidades didácticas”, ni sentirnos decepcionados porque los destroza rápidamente o porque su interés desaparece en menos de un minuto. A esta edad, por otra parte, el niño no está ni psicológica ni neurológicamente preparado para ajustarse a reglas, de manera que en ningún caso le da a los juguetes el uso que se supone “debería” darles: una pieza de dominó sirve de instrumento de percusión y un cochecito de colección será despiezado como un lego. Por este mismo motivo, como explica Françoise Doltó, antes de los cuatro años al niño no debería exigírsele (proponérsele, sí, instruirle, darle ejemplo, sí) que recoja los juguetes, guarde las piezas en las cajas y demás: si el niño no puede aun atenerse a reglas para jugar es difícil e intrascendente para él atenerse a las reglas del mantenimiento del orden.

LA CAJA BOBA
En cuanto a la televisión, someter a un niño de cuatro o menos de cuatro años a sesiones de dibujitos animados de más de cinco minutos es secuestrar gratuitamente su energía. No son tanto los contenidos como el tipo de actividad lo que hace que a esta edad la televisión no sea lo más recomendable (es indiferente que lo enchufemos a una película de gángsters como a un vídeo de Los Lunnis). El niño queda prendado de los efectos hipnóticos de lo que está viendo, color, forma, voces, ruidos, movimiento... hasta que sobreviene el aburrimiento que necesariamente sobreviene porque para él esta actividad carece de sentido. El resultado es un niño atontado, apático, que desiste de hacer otras cosas, muy diferente del niño de cinco que ya tiene motivos psicosociales para pedir por sí mismo ver la tele, y la mira activamente, participando y comentando lo que ve.

LA PALABRA
Otra cosa muy distintas son los cuentos. No es necesario esperar a que el niño nazca, cumpla un mes, cuatro meses, un año o cuatro años para empezar a leerle un cuento. Se puede empezar en cuanto uno siente la necesidad de comunicarse y contarle cosas al niño igual que se le canta y habla desde el primer momento. Y es importante aprovechar que el niño aun no coge el libro ni mira las imágenes, para que simplemente oiga las palabras incluso aunque no las entienda mientras él se dedica a cualquier otra actividad: el niño que hace cosas, se mueve, sin embargo, escucha, y no hay que exigirle que se quede quieto y “preste atención”, porque lo está haciendo.

JUGUETES SEXISTAS Y NO SEXISTAS
Desde el punto de vista de la educación en los valores, tiene razón la Dra. Ferrer en que en las guarderías debería haber juguetes para el juego simbólico (muñecas, animalitos, cochecitos, de imitación de oficios, etc.) y no únicamente juguetes didácticos “no sexistas”. Y no sólo porque el juego simbólico sea en sí necesario sino porque los niños deberían tener en la guardería algún juguete del que poder encariñarse (¡es casi imposible sentir especial apego por un puzzle!). Ningún juguete en sí mismo es “sexista”: sexista es la prohibición u obligación de jugar con tal y cual juguete en función de la idea –equivocada desde el momento en que se la quiere «inculcar»–, que se tenga, y se quiera transmitir, acerca del papel de la mujer o del hombre en la sociedad. El que los encargados de las guarderías quieran curarse en salud y evitar cualquier queja por discriminación por parte de los padres no significa que los niños no pidan o no necesiten este tipo de juguete y que es al fin y al cabo el tipo de juguete que curiosamente compran los padres “a pedido”, y los que sin excepción, masivamente, se regalan en los cumpleaños: el que no los haya en las guarderías hace que las niñas no tengan casi oportunidad de jugar con juguetes “de niños” y viceversa, con lo cual conseguimos lo opuesto a lo que nos proponemos. La guardería es un lugar de intercambio, de imitación y de educación mutua, y cuantas más opciones de juego ofrezca, más posibilidades habrá de que los niños aprendan los unos de los otros sin distinción de sexo.
En cuanto a la solidaridad y a la cooperación, como con todo, hay que empezar por casa: el niño tiene que poder participar desde pequeñito en las tareas del hogar (luego en las de cole), aunque eso implique que rompa o ensucie algo, siempre en condiciones que no supongan un peligro. No debe imponérsele, pero sí permitírsele, jugar con el ordenador, encender la radio o la televisión, hablar por teléfono, lavar un plato, cocinar, planchar, cortar un plátano, pasar la fregona, y desde los cuatro meses, comer solo, asearse, peinarse, vestirse, doblar la ropa y bañarse solo siempre que le apetezca, aunque no lo haga “tan bien” como lo haría si a cada paso intervenimos nosotros. Nuestra capacidad para hacerlos partícipes de nuestra vida y de nuestras cosas, nuestra generosidad para promover su autonomía, para hacer que se sientan dueños de sí mismos y co-propietarios (responsables y respetuosos) de lo que les rodea, es lo que hará que los niños sean solidarios, tolerantes y generosos con los demás.

Artículo publicado en la Revista Verdemente

sábado, 24 de noviembre de 2007

The business card



I hadn't realized, when I was taking it, that Alice, at that point in the middle of a lying down on the pavement protest, was reflected in the car door; I was interested only in the psychoanalyst's business card. But the reflection makes it all the stranger.


Uploaded on September 18, 2007 by antisyzygy (flickr)

Sujeción mecánica y aislamiento. Protocolo

Protocolos que regulan el uso de medidas restrictivas en el curso de la hospitalización

Comité de Ética Asistencial (CEA)
Sagrat Cor Serveis de Salut Mental. Martorell (Barcelona)

Recepción: 10-03-04 / Aceptación: 17-03-04




INTRODUCCIÓN

La atención a una persona afecta de un trastorno mental que requiera una hospitalización, ha de basarse siempre en un trato que garantice el respeto absoluto a su dignidad como persona y el respeto de todos sus derechos. No obstante, la persona afecta de un trastorno mental, y sobre todo en situación de crisis aguda, de forma frecuente tiene disminuida su competencia y, por tanto, su autonomía, lo cual da lugar al uso de medidas terapéuticas restrictivas, que se inician con el ingreso involuntario, y otra serie de medidas restrictivas que se indican durante la hospitalización. Las medidas restrictivas son la contención mecánica, el aislamiento, permanencia en sala hospitalización-observación (régimen de unidad) y restricción de comunicaciones con el exterior (visitas, teléfono y correo).

El uso de medidas restrictivas durante la hospitalización han de ser siempre medidas con finalidad terapéutica y, por tanto, incluidas en el plan de tratamiento global del paciente y han de cumplir con los siguientes criterios:

  1. Indicación individualizada y limitada en el tiempo.
  2. Medida terapéutica excepcional.
  3. Se requerirá siempre la indicación del terapeuta responsable. En situaciones excepcionales y por motivos de urgencia, el personal de enfermería podrá tomar la decisión, pero con comunicación inmediata a un terapeuta responsable que valorará la indicación.
  4. Siempre se intentará indicar la medida menos restrictiva posible.
  5. En ningún caso se podrá indicar una medida restrictiva como castigo o intimidación al paciente.

PROTOCOLO DE CONTENCIÓN MECÁNICA

Introducción

La atención psiquiátrica tiene que basarse en el respeto a la dignidad de la persona humana que se concreta en tutelas y promoción de los derechos humanos y legales, que van implícitos en el paciente por el hecho de ser persona. Entre estos derechos se encuentra el respeto a su autonomía, el derecho a la vida, el derecho a la libertad, el derecho a la intimidad, el derecho a la integridad corporal y el derecho a no ser sometido a tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Por todo esto la utilización de medidas coercitivas de contención física como métodos extraordinarios con finalidad terapéutica, según todas las declaraciones sobre los derechos humanos referentes a psiquiatría (Declaración de Naciones Unidas, Federación Mundial de la Salud Mental, O.M.S.); sólo resultarán tolerables ante aquellas situaciones de emergencia que comporten una amenaza urgente o inmediata para la vida y/o integridad física del propio paciente o de terceros, y que no puedan conjurarse por otros medios terapéuticos.

A nivel institucional es responsabilidad de todos los miembros del equipo asistencial el detectar e intuir conductas o situaciones que puedan poner en peligro la seguridad del paciente o de terceros con la finalidad de prevenir y evitar el uso de contenciones físicas. Después de la detección, los mecanismos de contención a utilizar serán:

  • Contención psicológica.
  • Contención ambiental.
  • Contención psicofarmacológica.

Cuando finalmente la contención física resulta inevitable, esta ha de ser siempre una medida puntual que ha de durar el menor tiempo posible.

Indicaciones

La única indicación admisible de la contención física es ante situaciones que supongan una amenaza urgente e inmediata para la vida o integridad física del propio paciente o de terceros. Esta situación se corresponde con:

a) Cuadros de agitación psicomotora y/o comportamientos heteroagresivos de riesgo para la integridad física.

b) Comportamientos autoagresivos que puedan implicar riesgo vital.

Las nombradas «contenciones físicas preventivas» únicamente estarán indicadas cuando se correspondan con alguno de los supuestos anteriores.

Procedimiento para la indicación de la contención física

a) La indicación de la contención física irá siempre a cargo del médico (de la unidad o médico de guardia) después de la valoración del paciente. En situaciones de gran urgencia y siempre que se cumplan las indicaciones, el personal de enfermería podrá tomar la decisión, pero comunicándolo inmediatamente al médico para que valore la indicación.

b) Una vez indicada y ejecutada la contención física, se procederá a su registro tanto por el médico que la indica como por el diplomado/a de enfermería que la ejecuta. La hoja individualizada de registro de la contención física recoge:

  • Criterio por el cual se indica la sujeción.
  • Nombre, número de colegiado y firma del médico.
  • Fecha y hora del inicio y la finalización.
  • Persona/s que la llevan a cabo.

c) La evolución y seguimiento de la medida terapéutica tiene que quedar registrada por el médico en la historia clínica (curso clínico) y en las hojas de seguimiento de enfermería por el diplomado/a de enfermería.

d) La contención física se realizará siempre en una habitación individual, que disponga de las condiciones adecuadas de seguridad e intimidad (cama sujeta al suelo, ausencia de elementos de riesgo, lejos de la vista de otros pacientes,...).

e) Existirán diversas modalidades de contención física dependiendo del estado psicomotor del paciente, tendiendo siempre a recurrir a la menor contundencia (ver metodología adjunta).

f) Los elementos utilizados para la contención física (cintas, etc.) tendrán que reunir las condiciones adecuadas (longitud, textura, presión) para evitar posibles lesiones o erosiones al paciente (ver metodología adjunta).

g) Mientras dure la contención física el personal de enfermería tiene que garantizar:

  • Control de las constantes, seguimiento y observación del estado general del paciente.
  • Satisfacción de las necesidades básicas: ingesta de alimentos y líquidos, evacuación, cuidado e higiene personal.
  • Cumplimiento del tratamiento farmacológico prescrito.
  • Observación directa del paciente con una frecuencia máxima de 15 minutos, mientras dura la contención.

h) El médico responsable del paciente evaluará periódicamente la indicación, debido a que como medida extraordinaria y por su contundencia ésta tendrá que finalizar en el mínimo tiempo posible.

Información

Evaluando el riesgo e indicada la contención física por cumplir los criterios, se tiene que realizar de forma continuada información, acompañamiento y apoyo tanto al paciente como a la familia, dada la contundencia y afectación que la medida produce.

Si la indicación de contención física se produce en el curso de un ingreso voluntario; y se aprecia la necesidad por indicación clínica de conversión a ingreso involuntario, se informará al juzgado de la conversión, con la finalidad de garantizar los derechos legales del paciente.

Metodología de aplicación de la contención física

Definición

La contención física supone la inmovilización parcial o generalizada de la mayor parte del cuerpo a la que se somete al paciente, sujetándolo a la cama.

Objetivo

Garantizar la seguridad del paciente o de terceros que no ha resultado posible por otros medios terapéuticos empleados (acompañamiento, régimen ambiental y psicofármacos).

Profesionales que intervienen

La contención física la materializan el/la diplomado/a de enfermería y auxiliares de clínica, en presencia del médico que la ha indicado, a excepción de las situaciones de gran urgencia, en que el médico puede no estar presente en el momento de la contención.

Métodos de contención

Existen básicamente dos grandes sistemas de contención física:

a) Contención abdominal (específica en psicogeriatría).

b) Contención de extremidades.

Material para la sujeción

a) Tendrá que estar guardado en el control de enfermería, en un lugar de fácil acceso y cómodo. Será responsabilidad de la enfermería del turno, comprobar que el sistema de sujeción esté completo y en buen estado para su uso.

b) Para cada sistema de contención existen diferentes elementos:

Para la contención abdominal:

  • Cinturón abdominal.
  • Faja abdominal.
  • Faja abdominal con cierre imán.

Para la contención de extremidades:

  • Cintas para las muñecas.
  • Cinturón estrecho y cintas para los tobillos.

Se aplican con cierre de imán o botón de fijación.

Procedimiento

a) Siempre que el nivel de conciencia del paciente lo permita, antes de proceder a una restricción de sus movimientos, se le ha de explicar el método de sujeción que va a utilizarse y los motivos para aplicarlo, pues con esto se conseguirá una mejor colaboración y un menor esfuerzo.

b) Cuando se ha tomado la decisión de sujetar al paciente, la acción tendrá que ser rápida y en cooperación con varios miembros del equipo terapéutico (mínimo 3 personas).

En la contención abdominal:

  • Colocar al paciente semiincorporado en la cama, verificando que el método escogido no afecte a los movimientos respiratorios.
  • La cinta abdominal tiene que colocarse por encima del paciente, a nivel lumbar, ajustando cada extremo a un soporte fijo o al somier de la cama.
  • La faja abdominal tiene que colocarse justo en el abdomen, cruzando sus cintas por la espalda a nivel lumbar y sujetando los extremos a un soporte fijo o al somier de la cama.
  • La faja abdominal con cierre de imán tiene que sujetarse por sus dos extremos al somier de la cama, de forma que quede tensa.

A continuación, situamos al paciente encima y le ajustamos la faja a nivel abdominal.


En la contención de extremidades:

  • Situar al paciente en posición cómoda y con las diferentes partes del cuerpo, correctamente alineadas.
  • Utilizar material blando con el fin de impedir la fricción sobre la piel.
  • En caso de disponer de cinturón estrecho, lo fijaremos al somier de la cama por sus extremos y a continuación le colocaremos las cintas en los tobillos.
  • Si no disponemos de cinturón estrecho, fijaremos un extremo de la cinta a un soporte fijo o somier de la cama, ajustando el otro extremo al tobillo o muñeca del paciente mediante cierre de imán o botón de fijación.

Al finalizar todo el proceso de contención tenemos que:

  • Confirmar que las correas no comprimen ningún vaso que impida la circulación sanguínea.
  • Comprobar que el paciente tiene libertad de movimientos pero que en ningún caso pueda producirse lesiones.

Riesgos

a) El conocimiento de los riesgos físicos y psicológicos derivados de la contención física, es útil en la prevención de los mismos:

En la contención abdominal:

  • Ahorcamiento.
  • Dificultad respiratoria.
  • Compresión nerviosa.

En la contención de extremidades:

  • Obstaculización de la circulación sanguínea (cianosis).
  • Compresión nerviosa.
  • Edemas.
  • Hematomas.

Riesgos generales:

  • Alteración de la integridad cutánea.
  • Caídas.
  • Broncoaspiración.
  • Incontinencia.
  • Estreñimiento.
  • Riesgos psicológicos (depresión, confusión, aislamiento social...).

Y en general, todas las complicaciones derivadas del inmovilismo (pérdida de fuerza y tono muscular, inestabilidad en la deambulación, rigidez y contractura, dependencia...).

PROTOCOLO DE AISLAMIENTO

Definición

Regulación del aislamiento como medida terapéutica, entendido como la reclusión de un paciente en habitación cerrada, restringiendo sus movimientos y actividades a dicho espacio del cual no se le permitirá salir durante el tiempo indicado por su responsable terapéutico. El periodo de tiempo de dicho régimen de tratamiento ha de ser el mínimo imprescindible.

Objetivos

Crear las condiciones necesarias para que resulte más eficaz el tratamiento global de pacientes que por su estado de importante perturbación, sea necesario como coadyuvante la reducción de estímulos externos y la limitación de espacios físicos como medida de «contención».

Se trata de una medida menos restrictiva que la contención física y ha de ser considerada siempre como una alternativa previa a ésta.

Siempre se ha de limitar al tiempo mínimo estrictamente necesario y el paciente ha de disponer de las condiciones adecuadas para garantizar su seguridad y atención necesarias por parte del personal de enfermería.

Indicaciones

Serán tributarios de dicho régimen:

a) Pacientes con comportamientos heteroagresivos o en estados de gran inquietud psicomotriz, en los que sea beneficioso la reducción de forma temporal de estímulos externos y el establecimiento de límites más seguros y contenedores.

b) Paciente que por su estado de confusión, desorganización conductual o disgregación psíquica, requieran de forma temporal una restricción de espacios físicos y movimientos como medida terapéutica.

c) Pacientes con procesos orgánicos intercurrentes que requieran reposo absoluto y medicación controlada (procesos orgánicos que requieran reposo en cama).

Procedimiento para la indicación del aislamiento

a) La indicación de un régimen de aislamiento corresponderá siempre al terapeuta responsable del paciente (médico y/o psicólogo) tras la valoración del mismo. En situaciones de urgencia y siempre que se cumplan las indicaciones, el personal de enfermería podrá tomar la decisión, pero comunicándolo de inmediato al terapeuta responsable que valorará la indicación.

b) La indicación ha de constar siempre en la hoja individualizada de indicaciones terapéuticas y recogida en el curso clínico de la historia clínica del paciente.

c) La indicación de aislamiento se ha de limitar al tiempo estrictamente necesario y, por tanto, ha de ser revisada periódicamente por el terapeuta responsable.

d) El espacio físico en el que se ejecuta la indicación de aislamiento (habitación) ha de reunir las condiciones de seguridad, intimidad y confort adecuados. Se ha de valorar con sumo cuidado si el régimen de aislamiento en habitación se ha de realizar con la puerta cerrada con llave, dado el riesgo que puede suponer. Siempre valorar el régimen de habitación con puerta cerrada sin llave.

e) Mientras dure la indicación de aislamiento en habitación se han de garantizar los cuidados básicos de la persona (higiene, comida, líquidos, etc.), así como un control y acompañamiento del paciente.

f) Se ha de proporcionar información previa de la medida indicada al paciente y también posteriormente a la familia.

PROTOCOLO DE PERMANENCIA EN SALA DE HOSPITALIZACIÓN-OBSERVACIÓN (Régimen de unidad)

Definición

Regularía la indicación de permanencia en la Unidad de Hospitalización como medida terapéutica, restringiendo sus movimientos y actividades a dicho espacio, sin restringir la relación con el resto de personas ingresadas en la unidad. Únicamente estaría limitado el acceso del paciente a espacios exteriores abiertos de la unidad (cafetería, jardines, etc.). Resulta una medida menos restrictiva que el aislamiento, y siempre dicho régimen ha de ser indicado por el responsable terapéutico del paciente.

Objetivos

Generalmente durante los primeros días del ingreso de un paciente (habitualmente no conocido) o en cualquier momento evolutivo del mismo, es necesario para llegar a un diagnóstico más adecuado y conocer mejor el estado clínico del paciente, permanecer en un régimen de observación en la unidad, que no sea excesivamente restrictivo, ni limite el aspecto relacional del mismo, pero que evite determinadas actuaciones que impulsivamente pueda tener (fugas, desorganización conductual, etc.).

Indicaciones

La indicación de régimen de unidad se dará en las siguientes situaciones:

a) Situaciones en las que se requiera ofrecer unos límites seguros para el paciente (riesgo de fugas, etc.).

b) Control de conductas perturbadoras (estados confusionales, desorganización de conductas, etc.).

c) Protegerlo de posibles impulsos autoagresivos.

Procedimiento para la indicación de régimen de unidad

a) La indicación de un régimen de unidad corresponde al terapeuta responsable del paciente, tras la valoración del mismo. En situaciones de urgencia y siempre que se cumplan las indicaciones, el personal de enfermería podrá tomar la decisión, pero comunicándolo de inmediato al terapeuta responsable que valorará la indicación.

b) La indicación ha de constar siempre en la hoja individualizada de indicaciones terapéuticas, y recogida en el curso clínico de la historia clínica del paciente.

c) Como cualquier medida restrictiva, se ha de evaluar periódicamente, para que la duración de la misma sea el tiempo imprescindible.

d) Se ha de informar previamente de la medida individual al propio paciente y posteriormente a la familia.

PROTOCOLOS DE RESTRICCIÓN DE COMUNICACIONES CON EL EXTERIOR

El ingreso de un paciente en el hospital no implica de forma sistemática restricciones en la comunicación del mismo con el exterior (llamadas, visitas, recepción-emisión de correo, etc.). El paciente hospitalizado y familiares, deberán respetar las normas del hospital de las cuales han de tener información.

En determinadas circunstancias puede ser necesario limitar el derecho de comunicación con el exterior, que estará siempre en relación al estado clínico del paciente. La indicación de dicha limitación correrá siempre a cargo del terapeuta responsable del mismo, deberá limitarse al tiempo imprescindible y será recogida en la hoja individualizada de indicaciones terapéuticas.

Visitas

a) El paciente tiene derecho a recibir visitas, en un régimen de confidencialidad, y en los horarios marcados por el centro para tal fin. En ningún caso (salvo las restricciones contempladas) se prohibirán las visitas por el hecho de ser un ex-paciente del centro.

b) El paciente tiene derecho a rechazar una visita. En ningún caso se impondrá una visita en contra de la voluntad del mismo.

c) Las visitas serán informadas por el personal asistencial de:

  • La prohibición de proporcionar al paciente objetos potencialmente peligrosos (cortantes, punzantes, cinturones, etc.), medicamentos no prescritos u otras substancias. En situaciones excepcionales pero de duda o sospecha razonable, se revisará cualquier objeto o paquete proporcionado por las visitas.
  • La no conveniencia de proporcionarle objetos de valor o cantidades elevadas de dinero ante el riesgo de extravío o substracción.

d) Las visitas podrán ser restringidas, siempre por indicación del terapeuta responsable y con la conveniente información a paciente y familia, en las siguientes situaciones:

  • Cuando en el curso de la hospitalización, las visitas puedan alterar o tener repercusiones desfavorables en el tratamiento y evolución del paciente.
  • Cuando por el estado clínico y/o régimen de estancia (contención física, aislamiento, etc.), resulte conveniente la eliminación de estímulos externos.
  • A veces, al inicio de la hospitalización, puede ser conveniente de forma totalmente transitoria un distanciamiento de toda o determinados miembros de la familia por la especial situación de conflicto relacional con los mismos.

Teléfono

a) El paciente hospitalizado tiene derecho a llamar y recibir llamadas del exterior, siempre de acuerdo con las normas de uso del teléfono del centro:

  • El centro dispone en sus instalaciones de teléfono de uso público, desde el cual se pueden efectuar llamadas al exterior.
  • Dentro de cada unidad de hospitalización existen instalaciones telefónicas, en las cuales el paciente puede recibir llamadas del exterior, en horarios y limitación de tiempo, establecidos en cada una de ellas; de las cuales ha de estar convenientemente informado.

b) Las llamadas telefónicas podrán ser restringidas (parcial o totalmente) tanto en su emisión como en la recepción por indicación del terapeuta responsable, en:

  • Cuando las llamadas telefónicas puedan alterar o repercutir desfavorablemente en su tratamiento y evolución.
  • Cuando por el estado clínico del paciente hagan desaconsejable las mismas.
  • De dicha medida de restricción deben estar informados paciente y familia.
  • Como normativa general del centro, no está permitido el uso y tenencia de teléfonos móviles.

Correo

a) El paciente hospitalizado tiene derecho a recibir y enviar cartas, manteniendo la intimidad y confidencialidad de su contenido.

b) El correo tanto en su emisión como recepción podrá ser restringido, siempre por indicación del terapeuta responsable, en situaciones relacionadas con el estado clínico del paciente y en que exista una sospecha justificada de:

  • A través del correo pueda recibir del exterior substancias u objetos peligrosos y/o no permitidos.
  • Puede ser conveniente la retención del correo, cuando se sospeche que el contenido del mismo puede perjudicarle o se sospeche el envío de documentos que puedan perjudicarle en el futuro.
  • Habrá que valorar la retención del correo, en situaciones que por el estado clínico del paciente hagan conveniente el no envío del mismo (estados delirantes, trastornos paranoides graves, etc.).

c) Como normativa general del centro no está permitido el uso y tenencia de ordenadores portátiles y por tanto la emisión y recepción de target="_blank"
correo electrónico.

Fuente: Revistas Hospitalarias

Una historia de la cama

Cama, pieza de mobiliario que sirve para descansar o dormir en ella. Por lo general consta de un armazón, o estructura de apoyo, y de un colchón.

LA CAMA EN OCCIDENTE
Existen bastantes indicios de que las camas eran usuales entre la clase gobernante de Egipto, Babilonia y Persia. Entre 1575 y 1075 a.C., la cama egipcia tenía un rebuscado pie decorado con tallas, dorados e incrustaciones. No tenía cabecera, salvo un simple apoyo. Después del siglo VII a.C. los armazones y canapés griegos se convirtieron en importantes piezas del mobiliario, e iban tallados o chapados con marfil, carey y metales preciosos, y algunas veces llevaban patas de plata u oro macizos. Además tenían una sencilla estructura de muelles, que consistía en tiras de cuero entrelazadas. Los etruscos hicieron también lujosas camas parecidas a las de los griegos. En sus tumbas se han encontrado dos armazones funerarios chapados en marfil de los siglos IV y III a.C. Hasta la disolución de la República las camas romanas se caracterizaban por su gran sencillez. Después sobrepasaron en esplendor a las persas, griegas y etruscas. A finales del siglo I d.C., se extendieron hacia Renania versiones más sencillas de las camas o canapés romanos. Sin embargo, en aquellos tiempos las camas todavía eran un lujo para la mayoría de la gente.

En la Europa del siglo VIII, durante el periodo de Carlomagno, se realizaron camas de tubos de bronce. Durante los siglos XII y XIII prácticamente todos los castillos y mansiones señoriales tenían camas, pero los dormitorios entendidos como tales no se configuraron hasta el siglo XVIII. Hasta ese momento, en todos los hogares, las camas simplemente estaban en lo que se denominaba sala y se utilizaban durante el día como divanes. Por la noche se separaban con cortinajes para evitar las corrientes y conseguir una alcoba dentro de otra. De esta forma apareció el dosel que se sujetaba al techo o de las paredes, o colgaba de un armazón que se apoyaba en cuatro postes colocados en las esquinas de la cama. Este tipo de cama era de madera tallada con decoración pintada y se protegía del polvo, los insectos o las miradad indiscretas con unas cortinas laterales. Durante la edad media las colgaduras indicaban la posición económica, y las de la clase acomodada a menudo estaban primorosamente bordadas. Las camas fueron aumentando paulatinamente de tamaño y riqueza hasta que, hacia el siglo XV, adquirieron proporciones enormes, en particular entre la realeza. A finales del siglo XVI los hogares de la clase acomodada de Alemania, Holanda y Suecia tenían magníficas camas talladas que se empotraban en las habitaciones. Los más humildes se conformaban con camas armario, cerradas por puertas costumbre que perduró en el norte y oeste de Europa hasta el siglo XIX.

La cama con dosel, incluido el cortinaje, siguió siendo habitual mucho tiempo después de que se pusieran de moda los dormitorios. En el siglo XVIII se utilizaron distintos tipos de madera —caoba, roble, haya y nogal— y se puso de moda un estilo de tallado más fino. De hecho, fue durante los reinados de los reyes franceses Luis XIV, quien tenía en su haber 413 camas de todo tipo, y Luis XV, cuando la técnica de la construcción de camas refinadas alcanzó su apogeo, combinando diseños elegantes, adornos fantásticos y bello colorido. Los más pobres tenían otros acomodos más elementales para dormir, que iban desde el suelo hasta colchones o jergones de pelo de caballo o paja, que se podían poner sobre un sencillo y estrecho armazón de madera. Los bebés normalmente dormían en un carro pequeño con tres ruedas que se ponía debajo de camas grandes.

La ostentación exagerada, que caracterizaba las camas de épocas anteriores, fue desapareciendo cuando se empezaron a fabricar camas en serie al alcance de todas las clases sociales. El armazón de hierro fue introducido por los franceses a finales del siglo XVIII y se erigió como modelo en muchos hogares europeos. Las camas de latón, que ya resultaban más atractivas, se hicieron en Inglaterra hacia 1830 y perduraron hasta comienzos del siglo XIX. La cama diván actual, introducida en la década de 1930, acabó con la necesidad del armazón, ya que se prescindía de la cabecera y el pie (las pieceras). La comodidad y la sencillez siguen siendo lo que más se tiene en cuenta en los diseños modernos.

CAMAS NO EUROPEAS
Fuera de Europa las camas han adoptado formas distintas. Su evolución está menos documentada que la de sus homólogas europeas pero parece que han sufrido menos cambios con el paso de los siglos. Los maoríes neozelandeses, por ejemplo, dormían según la tradición en esteras hechas de cortezas de madera, mientras que las camas japonesas constaban de un simple colchón (futón) que se apoyaba bien en el suelo sobre tatamis o bien en una plataforma baja de madera. La cama japonesa, asimismo, podía tener una cabecera de madera que soportaba la base del cráneo de quienes dormían en ellas de manera que no se estropearan los complicados peinados que llevaban. Esto también ocurre en las camas de las islas Fiji.

En Nueva Guinea las camas eran de madera y tenían cabeceras talladas con cabezas humanas. Algunas tenían dos pares de ojos para poder vigilar a los espíritus malvados que, según creían, penetraban en la cabeza del que estaba durmiendo. En algunas zonas de África ocurre lo contrario, y el pie es la parte más importante de la cama. Entre las tribus yombe y las de la República Popular de Congo era costumbre que las mujeres solteras durmieran en una cama en la que el pie representaba a una mujer con su prometido y su tío, que era el encargado de negociar las condiciones de su boda.

En el continente americano, los dibujos de los códices prehispánicos de México y los relatos de los cronistas hispanos de la época de las conquistas, se refieren a dos elementos básicos que existían —y aún subsisten— para dormir: el petate y la hamaca. Pétlatl (y de ahí petate) es una palabra náhuatl que designa una estera hecha de tiras entretejidas de hojas de palma que sirve para sentarse y acostarse sobre ella, así como para tapizar muros y suelos. Sobre el significado de petate en América Latina, se sabe que esta voz se conoce en todo el continente hispanohablante, pero no se usa en países como Uruguay, Paraguay, Argentina o Colombia, excepto en frases o modismos.

Hamaca es una palabra que proviene del taíno, el arahuaco de las Antillas, y que fue difundida por los españoles a su llegada al continente. Describe un lecho colgante, generalmente de red, con una malla abierta y suelta y, algunas veces, hecho con un lienzo de tela. Las hamacas se tejen con hilos de uno o varios colores que pueden ser de seda, algodón, fibras de pita o agave, henequén y, últimamente, con materiales sintéticos. En países como Nicaragua, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Puerto Rico, Perú, Venezuela y Colombia se conoce a la hamaca como chinchorro, un término que posiblemente deriva del quechua chunchulli, `tripas menudas'.

Muy común en pueblos y ciudades ha sido también el catre de tijera que se compone de dos largueros y cuatro pies cruzados sobre los que se apoya cuando se despliega. El lecho suele ser de tela resistente o de cuerdas entrelazadas. En las grandes estancias ganaderas de Argentina se ha utilizado tradicionalmente el catre de cuero.

El concepto de amar. Lo inentendible en Freud

... Uno de los reclamos ideales (como los hemos llamado) (ver nota(68)) de la sociedad culta puede ponernos sobre la pista. Dice: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo»; es de difusión universal, y es por cierto más antiguo que el cristianismo, que lo presenta como su mayor título de orgullo; pero seguramente no es muy viejo: los seres humanos lo desconocían aun en épocas históricas. Adoptemos frente a él una actitud ingenua, como si lo escuchásemos por primera vez. En tal caso, no podremos sofocar un sentimiento de asombro y extrañeza. ¿Por qué deberíamos hacer eso? ¿De qué nos valdría? Pero, sobre todo, ¿cómo llevarlo a cabo? ¿Cómo sería posible? Mi amor es algo valioso para mí, no puedo desperdiciarlo sin pedir cuentas. Me impone deberes que tengo que disponerme a cumplir con sacrificios. Si amo a otro, él debe merecerlo de alguna manera. (Prescindo de los beneficios que pueda brindarme, así como de su posible valor como objeto sexual para mí; estas dos clases de vínculo no cuentan para el precepto del amor al prójimo.) Y lo merece sí en aspectos importantes se me parece tanto que puedo amarme a mí mismo en él; lo merece si sus perfecciones son tanto mayores que las mías que puedo amarlo como al ideal de mi propia persona; tengo que amarlo sí es el hijo de mi amigo, pues el dolor del amigo, si a aquel le ocurriese una desgracia, sería también mí dolor, forzosamente participaría de él. Pero si es un extraño para mí, y no puede atraerme por algún valor suyo o alguna signficación que haya adquirido para mi vida afectiva, me será difícil amarlo. Y hasta cometería una injusticia haciéndolo, pues mi amor se aquilata en la predilección por los míos, a quienes infiero una injusticia si pongo al extraño en un pie de igualdad con ellos. Pero si debo amarlo con ese amor universal de que hablábamos, meramente porque también él es un ser de esta Tierra, como el insecto, como la lombriz, como la víbora, entonces me temo que le corresponderá un pequeño monto de amor, un monto que no puede ser tan grande como el que el juicio de la razón me autoriza a reservarme a mí mismo. ¿Por qué, pues, se rodea de tanta solemnidad un precepto cuyo cumplimiento no puede recomendarse como racional? Y si considero mejor las cosas, hallo todavía otras dificultades. No es sólo que ese extraño es, en general, indigno de amor; tengo que confesar honradamente que se hace más acreedor a mí hostilidad, y aun a mi odio. No parece albergar el mínimo amor hacia mí, no me tiene el menor miramiento. Si puede extraer una ventaja, no tiene reparo alguno en perjudicarme, y ni siquiera se pregunta si la magnitud de su beneficio guarda proporción con el daño que me infiere. Más todavía: ni hace falta que ello le reporte utilidad; con que sólo satisfaga su placer, no se priva de burlarse de mí, de ultrajarme, calumniarme, exhibirme su poder; y mientras más seguro se siente él y más desvalido me encuentre yo, con certeza tanto mayor puedo esperar ese comportamiento suyo hacía mí. Y si se comporta de otro modo; si, siendo un extraño, me demuestra consideración y respeto, yo estoy dispuesto sin más, sin necesidad de precepto alguno, a retribuirle con la misma moneda. En efecto; yo no contradiría aquel grandioso mandamiento si rezara: «Ama a tu prójimo como tu prójimo te ama a ti». Hay un segundo mandamiento que me parece todavía menos entendible y desata en mí una revuelta mayor. Dice: «Ama a tus enemigos». Pero si lo pienso bien, no tengo razón para rechazarlo como si fuera una exigencia más, grave. En el fondo, es lo mismo (ver nota(69)).
En este punto creo escuchar, de una voz grave y digna, la admonición: «Justamente porque el prójimo no es digno de amor, sino tu enemigo, debes amarlo como a ti mismo».
Comprendo ahora; es un caso semejante al de «Credo quia absurdum(70)» .
Ahora bien, es muy probable que el prójimo, si se lo exhortara a amarme como se ama a sí mismo, diera idéntica respuesta que yo y me rechazara con iguales fundamentos. No con idéntico derecho objetivo, según creo yo; pero lo mismo opinará él. Es verdad que entre las conductas de los seres humanos hay diferencias; la ética las califica de «buenas» y «malas» con prescindencia de las condiciones en que se produjeron. Hasta tanto no se supriman esas innegables diferencias, obedecer a los elevados reclamos de la ética importará un perjuicio a los propósitos de la cultura, puesto que lisa y llanamente discierne premios a la maldad. Uno no puede apartar de sí, en este punto, el recuerdo de lo acontecido en el Parlamento francés cuando se trataba la pena de muerte; un orador acababa de abogar apasionadamente en favor de su abolición: una tormenta de aplausos apoyó su discurso, hasta que desde la sala una voz prorrumpió en estas palabras: «Que messieurs les assassins commencent!(71)». ...

De El malestar en la cultura, S. Freud, 1920-30 Obras Completas. PsikoLibro

A Paul Claudel

Camille Claudel a Paul Claudel
Montdevergues, 3 de marzo de 1930.

Querido Paul,

Hoy, 3 de marzo, es el aniversario de mi secuestro en Ville-Evrard: hace 17 años que Rodin y los marchantes de obras de arte me enviaron a hacer penitencia a los asilos psiquiátricos. Después de apoderarse de la obra de toda mi vida sirviéndose de B. para ejecutar su siniestro proyecto me hicieron cumplir años de prisión que bien se merecerían ellos. B. no era más que un agente del que se sirvieron para tenerte al margen y utilizarte para dar este audaz golpe que salió tal y como habían planeado gracias a tu credulidad y a la de mamá y de Louise. No olvides que la mujer de B. es una antigua modelo de Rodin: ahora ves la maquinación de que fui objeto. ¡Qué bonito! ¡todos aquellos millonarios lanzándose contra una artista indefensa! ya que los señores que colaboraron en tan buena acción son todos más de 40 veces millonarios.
¡Parece que mi pobre taller, algunos pobres muebles, algunos útiles construidos por mí misma, mi pobre menaje todavía excitaban su codicia! Como la imaginación, el sentimiento, lo nuevo, lo imprevisto que surge de un espíritu desarrollado es algo que les está vedado, cerrados de mollera, cerebros obtusos, eternamente ciegos a la luz, les hace falta alguien que les provea. Ellos lo decían: "nos servimos de una alucinada para encontrar los temas".
Tendría que haber al menos algunos estómagos agradecidos que supieran compensar a la pobre mujer a la que despojaron de su genio: ¡no! ¡una casa de locos! ¡ni siquiera el derecho a tener mi propia casa..!
(...)

Camille Claudel

Retrato de C. Claudell, técnica mixta sobre tablero por L.K., 1996

Camille CLAUDEL, 1864-1943

Fille d'un conservateur des hypothèques, Camille Claudel naît le 8 décembre 1864 à Fères-en-Tardenois, petite cité de l'Aisne. Elle passe son enfance à Villeneuve-sur-Fère, habitant le presbytère que son grand-père, le docteur Athanase Cerveaux, avait acquis. Aînée de quatre ans de Paul Claudel, elle impose à celui-ci, ainsi qu'à leur soeur Louise, sa forte personnalité. D'après Paul, ayant annoncé son désir d'être sculpteur, elle prévoyait aussi que Paul serait écrivain et Louise musicienne.

Très tôt convaincue de sa vocation de sculpteur, elle obtient, en 1881, d'aller à Paris faire ses études. Elle entre alors à l'Académie Colarossi et y a pour maître d'abord Alfred Boucher puis Auguste Rodin. C'est de cette époque que datent les premières oeuvres qui nous sont connues : La Vieille Hélène (Coll. Part.) ou Paul à treize ans. (Châteauroux) Rodin, impressionné par la solidité de son travail, la fait entrer comme praticienne à son atelier de la rue de l'Université en 1885 et c'est ainsi qu'elle collabora à l'exécution des Portes de l'Enfer et au monument des Bourgeois de Calais.

Ayant quitté sa famille pour l'amour de Rodin, elle travaille plusieurs années au service du maître et aux dépens de sa propre création. Parfois les créations de l'un et de l'autre sont si proches qu'on ne sait qui du maître ou de l'élève a inspiré l'un ou copié l'autre. De plus, Camille Claudel se heurte très vite à deux difficultés majeures: d'une part, Rodin ne peut se résoudre à quitter Rose Beuret, sa compagne dévouée des débuts difficiles et d'autre part, certains affirment que ses oeuvres sont exécutées par le maître lui-même.
Elle tente de s'éloigner et l'on perçoit bien cette tentative d'autonomie (1890-94), tant dans le choix des thèmes que dans le traitement, avec des oeuvres comme La Valse (Paris, Musée Rodin) ou La Petite Châtelaine (Paris, Musée Rodin). Cette mise à distance va jusqu'à la rupture définitive en 1898.
Blessée et désorientée, Camille Claudel voue alors à Rodin un amour-haine qui la mènera à la paranoïa et l'enfermement psychiatrique. La rupture est narrativisée dans l'oeuvre à juste titre célèbre qu'est l'Age mûr.(Paris, Musée d'Orsay).

Elle s'installe alors 19 quai Bourbon et poursuit sa quête artistique dans une grande solitude malgré l'appui de critiques comme Octave Mirbeau, Mathias Morhardt, Louis Vauxcelles ou du fondeur Eugène Blot. Celui-ci organise deux grandes expositions, espérant la reconnaissance donc un bénéfice moral et financier pour Camille Claudel. La critique est élogieuse mais Camille Claudel est déjà trop malade pour en être réconfortée.

Après 1905, les périodes paranoïaques de Camille Claudel se multiplient et s'accentuent. Selon elle, Rodin retient ses sculptures pour les mouler et se les faire attribuer, l'inspecteur des Beaux-Arts est à la solde du maître, des inconnus veulent pénétrer chez elle pour lui dérober ses oeuvres. Elle vit alors dans une grande détresse physique et morale, ne se nourrissant plus et se méfiant de tous.

Son père, son soutien de toujours, meurt le 3 mars 1913 et elle est internée le 10 mars à Ville-Evrard puis transférée , à cause de la guerre, à Villeneuve-lès-Avignon où elle meurt trente ans plus tard, le 19 octobre 1943.

Marcel Proust

... Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar del agua de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. Yo me impacientaba porque no me habían traído aun las cosas para empezar a vestirme. Daban las doce, y Francisca aparecía. Y durante varios meses seguidos, en ese Balbec que tanto codicié, porque me lo imaginaba batido por las tempestades y perdido entre brumas, hizo un tiempo tan seguro y tan brillante que cuando venía a descorrer las cortinas nunca me vi defraudado en mi esperanza de encontrar ese mismo lienzo de sol pegado al rincón de la pared de afuera y de un inmutable color, que impresionaba, más aun que por ser signo del estío, por su colorido melancólico, cual el de un esmalte inerte y ficticio. Y mientras que Francisca iba quitando los alfileres de las impostas, arrancaba telas y descorría cortinas, el día de verano que descubría ella parecía tan muerto, tan inmemorial como una momia suntuosa y milenaria que nuestra vieja criada despojaba cuidadosamente de toda su lencería antes de mostrarla embalsamada en su túnica de oro. ... Marcel Proust


R.D. Laing

--- Knots (Nudos) R.D. Laing (extracto) People can act very strange. At least ... I think they act very strange. And maybe other people think that I am the one who’s acting very strange. Do you know the feeling? Effective comunication is difficult to construct. There are some many knots in human understanding ... Can you unite these ones? There must be something the matter with him because he would not be acting as he does unless there was therefore he is acting as he is because there is something the matter with him. He does not think there is anything the matter with him because one of the things that is the matter with him is that he does not think that there is anything the matter with him therefore we have to help him to realize that the fact that he does not think that there is anythingthe matter with him is one of the things that is the matter with him. There is something I don’t know that I am suposed to know. I don’t know what it is I don’t know,and yet I am suposed to know,and I feel I look stupidif I seem both not to know it and not to know what it is I don´t know. Therefore I pretend I know it. This is nerve-ranking since I don’t know what I must pretend to know. Therefore I pretend to know everything. I feel you know what I am supposed to know. But you can’t tell me what it is. Because you don’t know that I don’t know what it is. You may know what I don’t know, but not that I don’t know it, and I can’t tell you. So you will have to tell me everything. Absurd, isn’t it? But very real as well. I’m sure you have had similar experiences. What can we do to better our communications? How can we avoid to feel bad? How can we avoid that other persons feel bad? if ( "true" == "false" )... R D Laing

Ronald Laing, the radical psychiatrist, psychoanalyst and psychotherapist who profoundly altered our understanding of mental illness, was the founder of just one organisation - the Philadelphia Association.

Born in Glasgow in 1927 R D Laing studied medicine at the University of Glasgow and went on to become a psychiatrist. His first experiment in changing the way people designated the mentally ill took place at Glasgow’s Gartnavel Hospital where he and colleagues radically altered the treatment regime in a long-term women's ward.

Laing moved to London to work at the Tavistock Clinic and trained as a psychoanalyst at the Institute of Psychoanalysis. Laing had for many years been engaged with continental philosophy and in a series of books published in the course of the 1960s he sought to develop what he called ‘an existential-phenomenological foundation for a science of persons’ and sought to set out a description of the experience of those labelled schizophrenic. Such people, Laing argued, suffered from ontological insecurity, a lack of faith in their own and others' reality which led them to create false self systems to fend off psychological and emotional catastrophe. Laing wanted to make madness and the process of going mad comprehensible, and to a great many people, including many of those afflicted, he did so convincingly. The discourse of the 'mad', he showed, if listened to in the right spirit could make a sense of its own. This was to be the line of thought that Laing would pursue for many years in The Divided Self (1960), Self and Others (1961), Sanity, Madness and the Family (1964) and The Politics of Experience (1967). (After this his writings became more diffuse, sometimes arguably self indulgent, but still capable of great insight). (Leer+)


Explicando a Laing

... Como libro pionero en su consideración de la esquizofrenia, y también por su carácter revolucionario y sus afirmaciones heterodoxas (pese a basarse completamente en análisis clínicos y emplear Esterson y Laing un lenguaje cuidadosamente clínico y objetivo, una tendencia no siempre presente en otros libros de Laing, como The Politics of Experience, de 1967 o Knots, de 1970). Sanity, Madness and the Family fue un libro polémico que recibió numerosas críticas. La primera y más obvia - y algo de lo que Esterson y Laing eran conscientes tras su publicación - es que, como apuntamos previamente, no se publicaron los datos del grupo de control formado por familias no esquizofrenogénicas, donde las interacciones y comunicación no estuvieran basadas enel uso de dobles vínculos y comunicaciones de doble sentido. Pese a que un grupo de control es absolutamente imprescindible para un estudio científico serio, el tiempo ha jugado a favor de las afirmaciones de Laing y Esterson en su obra, puesto que en investigaciones empíricas recientes sobre la influencia del factor familiar en la esquizofrenia, como las de Nevid, Rathus y Greene, se ha demostrado el papel fundamental de la familia en el desarrollo de una personalidad independiente.Objetividad y estilo que se repetirían en el estudio sobre comunicación y patología conjunto con Phillipson y Lee en 1966, Interpersonal Perception, un análisis de los modos de comunicación en parejas.(ontológicamente segura, diría Laing) o el recurso, por presión familiar, a defensas esquizofrenogénicas.La publicación de este libro tuvo, sin embargo, consecuencias más a largo plazo, y no sólo dentro del contexto médico, para la carrera y reputación de Laing. Algunas críticas no bien documentadas llegaron a afirmar que Laing se oponía al concepto mismo de familia, y que lo consideraba una célula de organización social enferma que aliena y destruye al individuo. A esta percepción errónea de las afirmaciones de Laing no ayudó, precisamente, su estrecha relación con David Cooper, pensador radical en lo tocante a la familia (suyos son libros con títulos tan reveladores como The Death of the Family (1971) o The Language of Madness (1978) , en los que la familia se compara a una granja donde los adolescentes son cebados como cochinillos para luego ser“sacrificados” al dios de la cruel y homogeneizadora sociedad). Así, a raíz de la publicación casi simultánea de estas obras de Cooper (que Laing consideraba radicales ya en ese momento), se identificó a Laing con las ideas extremadamente violentas y revolucionarias de su colega. La misión que Cooper se impuso en sus publicaciones eraincitar a la revolución y a la destrucción de la organización social tradicional, cargando las tintas en la familia, como origen de los males sociales, incluso en individuos aparentemente sanos y adaptados. En la obra conjunta de Laing y Cooper, Reason and Violence (1964), las partes escritas por Laing nunca son tan radicales en sus planteamientos como las de su colega, que se aproxima en ocasiones al marxismo puromás que a la práctica psiquiátrica. Así, se ha criticado a Laing por culpar a los padres de los pacientes esquizofrénicos de la aparición de síntomas en sus hijos, sin embargo, su intención en este libro con Esterson, y en otras obras posteriores, no era rechazar y demonizar la familia en sí, sino mostrar cómo la locura no es algo que surjaespontáneamente del paciente mismo, sino, más bien, como el resultado de un mecanismo de presión social. Las familias de este estudio son familias disfuncionales (lo que no significa que todas lo sean), que producen en el individuo que es tratado por locura una serie de condiciones patológicas (llamados síntomas esquizofrénicos), queno son sino una expresión patológica de la disfunción de toda la familia. Tampoco negó Laing que los esquizofrénicos tuvieran problemas para operar en su vida diaria; Laing reconoce la dura y traumática experiencia de la locura, si bien disiente en la interpretación más “clásica” de los orígenes de ésta, y prefiere buscarlos en el ámbito de la interexperiencia, es decir, en el campo de los intercambios sociales. La locura tienesu origen no en trastornos dentro de uno mismo, sino que surge de la relación entre personas (véanse Laing y Esterson 1964; y Laing, H. Phillipson y A.R. Lee 1966). ... Méndez García, Carmen (2004)



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